El movimiento de software libre no está orientado a decirle a los programadores CÓMO deben desarrollar software. No existe algo como UN modelo para desarrollar software ético y social. Los autores de un programa pueden usar el modelo de desarrollo que les plazca (el modelo «open source» es el más popular), mientras el producto respete la libertad de los usuarios.

Por ejemplo, yo desarrollo un módulo de Python para hidráulica de tuberías y canales. Esa pieza de software está muy lejos de ser «open source»: fue trabajo de un solo hombre, no hubo retroalimentación de ninguna comunidad y no he publicado el código fuente en Internet. Pero ES software libre porque yo, su principal usuario, y las pocas personas que han recibido una copia, gozamos de las cuatro libertades. Yo tengo total libertad sobre mi programa por obvias razones. Y aquellos compañeros con los cuales he compartido una copia, han recibido también el código fuente junto con una licencia que les garantiza sus libertades esenciales.

Incluso si nunca hubiese compartido una copia del software, este seguiría siendo libre de un modo trivial.

Creo que la raíz de dicha imprecisión se debe a que la mayoría del software libre entra en la denominación «open source», y que, también, la mayoría del software «open source» es libre. Hay que recordar que el concepto de software libre no incluye consideraciones técnicas sobre el desarrollo o funcionalidad del programa.

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