El libro Yoga Darshana Upanishad (de Dattatreya)
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CAPITULO PRIMERO: YAMA
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I.1. El gran yogui Dattatreya, magn�nimo se�or, es �l, vishnu, el grande, 
el de los cuatro brazos, que reina absolutamente sobre la ciencia del 
yoga.
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I.2. As� pues, su disc�pulo favorito, Samkriti Maharshi, un d�a que estaba 
a solas con su santo guru, inclin�ndose ante �l, le habl� juntando las 
manos en se�al de respeto.
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I.3. �Ens��ame, se�or, esta ciencia del yoga, con sus ocho miembros, 
pues s� que conociendola me convertir� en un liberado en vida 
(jivanmukti)�.
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I.4. Vishnu le respondi�: �esc�chamen bien Samkriti, te voy a ense�ar 
el yoga�.
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I.5. Los ocho miembros son: abstenciones (yama), observancias 
(niyama), posiciones (asana), control de la energ�a fundamental 
(pranayama), abstracci�n sensorial (pratyahara), concentraci�n 
(dharana), meditaci�n (dhyana) e interiorizaci�n completa (samadhi).
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I.6. Las diez abstenciones son: no causar da�o, comunicarse con 
sinceridad, no robar, moderaci�n en los placeres sensuales, 
compasi�n, ecuanimidad, fortaleza de esp�ritu, confianza (en alcanzar 
el objetivo), moderaci�n en la dieta y limpieza.
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I.7-8. No causar da�o a nadie en acto, palabra o pensamiento, es 
ahimsa, seg�n el veda, pues atman esta presente en todo, inaccesible 
a los sentidos, en todos los seres.
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I.8. Reconocer a atman en todo es el ahimsa verdadero, como afirman 
los sabios.
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I.9-10. Lo verdadero es lo que se percibe por la visi�n, el oido y los 
otros sentidos, pues todo lo que existe es brahman, como dicen los 
que saben.
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I.11. No codiciar con el pensamiento el bien ajeno, sea paja, oro, joyas 
o perlas, es la honradez. 
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I.12. Y en el atman no ver su contrario, es ser mas honrado a�n: as� se 
expresan los que saben.
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I.13. Practicar la moderaci�n sensual, aplicando tu esp�ritu sin 
distracci�n a la b�squeda de brahman, y absteni�ndote de las mujeres 
en acto, palabra y pensamiento, incluso de tu propia esposa, salvo en 
los dias siguientes a la regla.
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I.14. Tener compasi�n es contemplar al pr�jimo en acto, palabra o 
pensamiento, como si fueses t� mismo: as� se expresan los que 
saben.
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I.15. Comportarse siempre de la misma forma con respecto a 
cualquiera, hijo, amigo, esposa, enemigo, es ecuanimidad.
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I.16. La octava abstenci�n (fortaleza de esp�ritu) es no ceder a la 
debilidad de encolerizarse contra los enemigos, a�n cuando ellos te 
provoquen.
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I.17-18. Fortaleza de esp�ritu es saber que el conocimiento despierta 
por el renunciamiento al mundo y el estudio de las escrituras 
sagradas, conjuntamente con la fe en lo que afirma el veda: "yo soy 
atman y nada m�s".
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I.19. Se progresar� en el camino del yoga ahuyentando la gula del 
alimento que se sirve.
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I.20-22. Mantener limpio el cuerpo frot�ndolo con barro y agua: as� se 
purifica el exterior.
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I.21. Pero no hay que olvidar la pureza de esp�ritu que consiste en 
saber que se es puro en el fondo de uno mismo.
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I.22. Pues el atman es puro, a diferencia del cuerpo que es impuro: 
quien lo olvide, a�n lavando su cuerpo, lo perder� todo, como el 
insensato que, dejando el oro, coge el pu�ado de tierra.
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I.23-24. El yogui que se sacia con la ambros�a de conocimiento tras 
haber abandonado el mundo no tiene ning�n deber que cumplir.
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I.24. Si imagina tenerlo no tendr�a derecho a ser llamado sabio.
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I.25. Conocer atman es comprender que no existe nada que valga la 
pena hacer en el mundo; as� pues, es preciso, por medio de las 
abstenciones, llegar a comprender el atman como id�ntico al 
inmutable brahman.
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CAPITULO SEGUNDO: NIYAMA
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II.1. He aqu� ahora las observancias (niyama): autodisciplina, 
contentamiento, creer en lo real, saber dar, devoci�n o sumisi�n a lo 
absoluto, estudio de s� mismo, humildad, abandono y repetici�n de un 
mantra; te las voy a explicar.
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II.2. La autodisciplina, han dicho los sabios, es ayunar en los tiempos 
prescritos a fin de mortificarse. Pero m�s profunda es la ascesis de 
esp�ritu cuando se buscan los �porqu�s y c�mos� de la transmigraci�n 
y el m�todo para liberarse de ella.
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II.3-5. Es sin duda un bien estar contento con lo que se gana dia tras 
dia, al azar de la vida; pero mucho mejor es el contentamiento de que 
se goza por el renunciamiento, hasta conocer a brahman.
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II.6. Por la escritura y por la tradici�n se est� seguro de que el mundo 
existe: eso es lo que el sabio llama la creencia en lo real.
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II.7. En cuanto a saber dar, es el hecho de distribuir a los sabios 
versados en la escritura lo que se ha ganado justamente o lo que se 
recibe, por suerte, sin haberlo buscado.
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II.8. Cuando el coraz�n se ha liberado del deseo sensual y de las 
pasiones, cuando se habla sin mentira, cuando se obra sin violencia, 
puede decirse que se practica realmente la devoci�n.
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II.9. En cuanto al estudio de s� mismo, es creer en la realidad del 
mundo (sat), en el conocimiento infinito (cit), en la beatitud perpetua 
(ananda) y en la permanencia de brahman.
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II.10. La humildad es avergonzarse de toda acci�n que el veda o las 
reglas usuales juzguen mala y que se haya cometido por debilidad de 
car�cter.
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II.11. El abandono es creer sin restricci�n ni duda alguna en lo que 
ense�a la escritura y atenerse a ella, ocurra lo que ocurra, aun cuando 
el guru intente hacer creer otra cosa.
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II.12. La repetici�n constante de un mantra (japa) esta prescrita por el 
veda, los rituales, los puranas los dharma shastras y las epopeyas.
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II.13-14. Se puede hacer japa de dos maneras: pronunciando o en 
silencio; ahora bien, japa pronunciado, puede ser en voz alta o baja, y si 
se efect�a silenciosamente, puede ser murmurado o estrictamente 
mental.
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II.15. Ciertamente, con japa en voz alta se obtienen los beneficios 
prometidos por las escrituras, pero el japa murmurado es mas 
poderoso a�n.
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II.16. En cuanto al japa mental, se considera mil veces mas eficaz, 
pues los mantras no dan los frutos esperados si, por desgracia, los 
oyen otras personas; por eso, es preciso hacer japa mentalmente.
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CAPITULO TERCERO: ASANAS
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III.1. Escucha ahora como mantener las nueve posiciones: svastika, 
vajra, padma, vira, badhra, siddha, mayura, sukha.
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III.2. Mantenerese bien derecho con la cabeza erguida y cruzar de forma 
adecuada las piernas� para colocar los dos pies en el hueco de las 
rodillas dobladas; esto es svastikasana.
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III.3. Sentarse directamente sobre los dos tobillos es vajrasana.
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III.4-5. Colocar los dos pies sobre los muslos con las plantas hacia 
arriba, cogiendo el pulgar del pie izquierdo con la mano derecha y el 
pulgar del pie derecho con la mano izquierda, es padmasana, con la 
que se vence a la enfermedad.
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III.6. Sentarse con el cuerpo erguido y doblar la pierna izquierda para 
que el pie toque el muslo; esto es virasana.
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III.7. Doblar las piernas sin cruzarlas y colocar los talones contra el 
perineo con las manos sujetando los dos pies, se denomina 
badhrasana.
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III.8. Modificar la posici�n (anterior) de los dos pies para cruzarlos 
contra el perineo se denomina siddhasana.
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III.9-10. Colocar las palmas de las manos en el suelo, con los codos 
doblados a la altura del ombligo y levantar el cuerpo horizontalmente, 
con la cabeza recta y el cuerpo tenso como un bast�n, se denomina 
mayurasana.
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III.11. En cuanto a los d�biles que adopten cualquier postura f�cil, �sa 
ser� para ellos sukhasana.
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III.12-13. Hay que esforzarse en las posturas, pues si se dominan 
completamente se reinar� sobre los tres mundos.
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III.13. No obstante, habr� que ejercitarse a continuaci�n en pranayama.
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CAPITULO CUARTO: FISIOLOGIA SUTIL
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IV.1. La medida del cuerpo es de ochenta y seis dedos; en su centro 
arde un gran fuego, tan brillante como el oro fundido.
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IV.2. A dos dedos del ano, justo encima del sexo, est� un tri�ngulo 
(muladharachakra); as� lo explican los que saben.
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IV.3. En cuanto al nudo del ombligo (kanda), se encuentra en medio del 
cuerpo, a nueve dedos de muladhara; su di�metro es de cuatro dedos 
y parece un huevo de gallina; una vaina lo envuelve, y el ombligo 
propiamente dicho se ve en su centro.
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IV.6. En el nudo del ombligo esta situado sushumna y setenta y dos mil 
nadis resplandecen a su alrededor, �oh Samkriti!; solamente catorce 
son importantes.
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IV.7-8. Sushumna, ida, pingala, sarasvati, pusha, varuna, hastijihva, 
yashasvini, alambusa, kuhu, vishvadara, payasvini, shankhini y 
gamdhara.
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IV.9. Pero tres destacan sobre todo: sushumna, ida y pingala.
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IV.10. La mas importante de todas, con mucho, es sushumna, que los 
adeptos del yoga llaman brahma-nadi.
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IV.11-12. Dos dedos mas abajo que el ombligo est� alojada kundalini.
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IV.12. Est� formada por tierra, agua, aire, fuego, eter, pensamiento 
(manas), personalidad (ahamkara) e inteligencia (buddhi).
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IV.13. Ella es quien gobierna la acci�n de los diez alientos vitales 
(prana) y la asimilaci�n de los alimentos en torno al nudo del ombligo; 
enroscada sobre si misma, tiene la boca colocada sobre el agujero de 
brahman.
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IV.14. A su izquierda esta ida; pingala se encuentra a su derecha.
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IV.15-17. Al lado de sushumna se encuentran kuhu y sarasvati; 
gamdhara y hastijihva corren paralelas a ida por delante y por detr�s, 
envueltas, a su vez, por varuna, pusha y yahasvini; shankini envuelve a 
gamdhara. Tendida desde el ano hasta el ombligo se ve, por �ltimo, a 
alambusa.
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IV.18-19. Paralela a sushumna, del color de la luna llena, esta kuhu; ida 
y pingala llegan hasta la nariz, a la altura de las dos fosas nasales; 
yahasvini llega al pulgar del pie izquierdo; pusha va hasta el ojo 
izquierdo, paralela a pingala.
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IV.20-22. Payasvini alcanza la oreja derecha y sarasvati la lengua; 
hastijihva va hasta el pulgar del pie derecho; finalmente, gamdhara 
llega al ojo derecho, mientras que vishvadara se queda en el nudo del 
ombligo.
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IV.23. Hay diez alientos vitales que los yoguis denominan: prana, 
apana, vyana, samana, udana, naga, kurma, krikara, devadatta y 
dhananjaya.
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IV.24-25. De estos diez, cinco son importantes: prana, apana, vyana, 
udana y samana; pero, a su vez, de estos cinco, destacan dos: prana y 
apana, a los que profesan culto los grandes yoguis; no obstante, prana 
es el principal.
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IV.26. El prana es omnipresente; en la garganta, la nariz, el ombligo y el 
coraz�n, reside permanentemente.
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IV.27. El apana, por su parte, reside en el ano, los muslos, las rodillas 
y, en general, la parte inferior del cuerpo, hasta el ombligo.
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IV.28. El vyana esta en la cabeza, las orejas, los ojos, el cuello y, en 
general, hasta la altura de los hombros.
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IV.29. Udana habita los miembros y samana todo el cuerpo; los otros 
cinco alientos vitales habitan la piel, los huesos y la carne.
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IV.30-32. La funci�n de prana es regular la respiraci�n y la tos; la de 
apana las excreciones, vyana produce los sonidos; samana re�ne, y 
udana hace levantarse; �sta es la ense�anza.
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IV.33-34. Naga hace eructar; dhanamjaya llena el vientre; kurma 
permite cerrar los ojos; el hambre viene de krikara; en cuanto a 
devadatta, �oh Samkriti!, es el que nos produce el sue�o.
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IV.35-38. Los dioses reinan sobre los nadis: el dios de sushumna es 
shiva, vishnu es el de ida y brahma de pingala; a viraj la sarasvati, a 
pushan el nadi pusha y a vayu varuna; la hastijihva a varuna, la 
yahasvini al sol; varuna custodia tambi�n la alambusa, y el dios del 
hambre kuhu; la luna reina sobre los dos nadis gamdhara y shankhini, 
prajapati sobre prayasvini, y soma sobre vishvadara.
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IV.39-42. En ida se mueve la luna, y el sol en pingala; por eso, cuando 
el prana de pingala entra en ida, se dice que se orienta al norte; se 
orienta al sur cuando, por el contrario, el aliento va de ida a pingala. La 
luna y el sol se unen en el interior del cuerpo cuando el aliento reside 
all� donde se encuentran los dos nadis, ida y pingala.
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IV.43-45. Es el equinoccio de primavera cuando el aliento esta en 
muladhara y es el equinoccio de oto�o cuando el aliento esta en la 
cabeza. El prana, como el sol, recorre los signos del zod�aco, cada vez 
que se inspira, se retiene el aliento y finalmente se espira.
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IV.46-47. Por �ltimo, un eclipse de luna se produce cuando el aliento 
llega a la sede de kundalini siguiendo el conducto de ida; y, cuando 
sigue el de pingala para llegar a kundalini, es un eclipse de sol.
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IV.48-49. El monte meru esta en la cabeza y kedara (monte del 
Himalaya) esta en la frente; has de saber que entre los dos ojos cerca 
de la nariz est� benar�s; kurukshetra (campo de batalla en la Bhagavad 
Gita) se halla en el pecho; en el coraz�n esta la confluencia de los rios 
sagrados ganges, yamuna y sarasvati; el kamalalaya, por fin, se sit�a 
en la base de la columna vertebral. 
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IV.50. Preferir los tirthas (lugares de abluci�n) reales a los que oculta el 
cuerpo, es preferir vulgares lentejuelas a diamantes depositados en la 
mano.
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IV.51. Tus pecados ser�n borrados, aunque hagas el amor con tu 
mujer o, incluso, con tu propia hija, si practicas las peregrinaciones en 
tu cuerpo, de un tirtha a otro. 
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IV.52. Los verdaderos yoguis que profesan un culto a su atman no 
necesitan tirthas de agua ni dioses de madera y de barro. 
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IV.53. Los tirthas del cuerpo sobrepasan infinitamente a los del mundo, 
y el tirtha del alma es el mas grande: los dem�s no son nada junto a �l.
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IV.54. El esp�ritu, si est� manchado, no puede ser purificado en los 
tirthas en que se ba�a.
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IV.55. Lo mismo que un jarro que contiene alcohol no ser� purificado 
por el agua, aun cuando lo lavases cien veces. 
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IV.56. Sin embargo, el agua del conocimiento, impartido por los 
maestros de yoga purificar� el esp�ritu manchado, pues es la de un 
verdadero tirtha.
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IV.57. Shiva habita en tu cuerpo: ser�as necio ador�ndolo en las 
im�genes de piedra, o de madera, con ceremonias, devociones, votos 
o peregrinaciones.
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IV.58. El verdadero yogui mira en si mismo, pues sabe bien que las 
im�genes son talladas para ayudar a los ignorantes a aproximarse al 
gran misterio. 
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IV.59. El �nico vidente verdadero es el que ve el brahman real, �nico y 
sin segundo, como id�ntico a su atman.
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IV.60-63. Y despu�s, por el renunciamiento, comprender�s: yo soy 
atman; entonces ver�s que el atman habita en el fondo de todos los 
seres; y la visi�n del omnipotente, del supremo brahman 
imperecedero, te librar� de todo dolor.
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CAPITULO QUINTO: PURIFICACION DE LOS NADIS
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V.1-2. Habiendo ajustado tu actitud a lo que ense�an las escrituras 
sagradas, habiendo purificado todo exceso de sensualidad y aprendido 
lo que es el yoga, con esp�ritu sereno y veraz, podr�s iniciar la pr�ctica.
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V.3-6. Af�rmate en atman, escucha bien lo que ense�an los maestros, 
inst�late en un ashram situado en un lugar agradable en lo alto de una 
colina, a orillas de un rio, o en un bosque, no lejos de un bosquecillo 
de bilva (arbol sagrado), y ejerc�tate en las posturas, cuidando tener el 
cuerpo recto, inm�vil y con la boca cerrada. Fijando los ojos en la punta 
de la nariz, ver�s en ella el disco de la luna, destilando gota a gota la 
ambros�a.
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V.7-9. Introduciendo el aire inspirado por ida hasta el vientre, meditando 
sobre el fuego que arde en medio del cuerpo, percibir�s en ti el sonido 
(nada) perpetuo; entonces, expulsar�s el aire por el canal de pingala.
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V.10. Luego har�s lo mismo sustituyendo ida por pingala; practica as� 
al menos tres veces al dia 
y seis tandas cada vez.
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V.11. As� lograr�s purificar tus nadis; tu cuerpo se tornar� luminoso, 
resplandeciente, a causa del fuego interior, y oir�s claramente el 
sonido m�stico.
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V.12. Tendr�s entonces que purificar el propio atman.
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V.13. En efecto, aunque eternamente puro, luminoso y hecho de 
beatitud, tu atman esta como oscurecido, manchado por la suciedad de 
la ignorancia.
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V.14. Gracias al conocimiento verdadero, podr�s quitar el fango y 
devolverle su pureza.
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CAPITULO SEXTO: PRANAYAMA
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VI.1-6. He aqu� el control del aliento; 
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VI.2. Es preciso saber que los tres tiempos que acompasan su 
respiraci�n no son otros que los fonemas que constituyen el pranava 
(AUM). 
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VI.3. Cuando haces descender el aire hasta tu vientre por ida, medita 
en la letra A, durante al menos diecis�is medidas. 
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VI.4. Cuando retienes el aire en ti, medita en la letra U, durante al 
menos diecis�is medidas, al tiempo que haces resonar OM. 
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VI.5. Y cuando rechazas el aire por el canal de pingala, medita en la 
letra M, procurando ocupar treinta y dos medidas.
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VI.6. Ese es el verdadero pranayama.
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VI.7-10. Haz descender de nuevo el aire por el canal de pingala, 
meditando en la letra A, durante al menos diecis�is medidas. Ret�n 
luego el aire en ti, meditando en la letra U y esforz�ndote en retener el 
aire durante sesenta y cuatro medidas repitiendo el pranava. Y, para 
terminar, expulsa el aire siguiendo el canal ida, meditando en la letra M 
durante al menos diecis�is medidas.
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VI.11. Si practicas este control durante seis meses, ser�s maestro; al 
cabo de un a�o, ver�s a brahman; por eso, debes esforzarte sin cesar.
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VI.12-14. Inspirar el aire es puraka; retenerlo como se llena una olla, es 
lo que se llama kumbhaka; la espiraci�n se llama rechaka. El control 
hace transpirar; es el efecto menos interesante; con mayor practica 
hace temblar; los que mejor lo ejecutan adquieren el poder de 
levitaci�n; cuanto mejores son, mas se elevan.
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VI.15-17. Mediante el control es cierto que purificas a fondo tu esp�ritu; 
entonces tu gloria se distingue rodeando tu cuerpo de luz. El esp�ritu y 
el aliento se unen y se establecen en atman; entonces es cuando, 
impulsado por el control, puede elevarse el cuerpo del adepto.
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VI.18. Por el saber asi adquirido se consigue la liberaci�n del samsara 
(cadena de renacimientos); se puede entonces abandonar puraka y 
rechaka, y limitarse a kumbhaka; todos los pecados se borrar�n y se 
obtendr� el conocimiento mas elevado.
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VI.19. Por el pranayama el esp�ritu se torna claro y sutil, los cabellos 
grises recuperan su color, nada hay que no se pueda lograr. Por eso 
debe practicarse una y otra vez el control del aliento.
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VI.20-24. Si practicas el control del aliento inspirando profundamente el 
aire, al alba y en el crep�sculo, antes de que amanezca, o al mediodia 
si lo prefieres, ret�n tu aliento en la punta de la nariz, en el ombligo o en 
los dedos de tus pies, y lograr�s vivir cien a�os. Pues el aliento esta 
bien dominado si se retiene en la punta de la nariz; si lo retienes en el 
ombligo, la enfermedad no har� presa en ti, y si es mantenido en los 
dedos de los pies, tu cuerpo se tornar� brillante.
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VI.25-30. Bebe el aire inhal�ndolo por la boca con ayuda de la lengua: 
no tendr�s jam�s sed ni hambre y no conocer�s jam�s la fatiga. Si 
mantienes el aliento en la ra�z de la lengua, podr�s beber la ambros�a y 
conocer�s la verdadera felicidad. Inhal�ndo por ida y conserv�ndo el 
aliento entre las dos cejas, beber�s el nectar y mantendr�s siempre tu 
cuerpo con buena salud. Ayud�ndote con las dos nadis (ida y pingala) y 
conduciendo el aire hasta el ombligo, ser�s preservado de todo mal. Y 
si durante un mes entero bebes el n�ctar gota a gota, inhalando el aire 
tres veces al dia y conserv�ndolo conforme a las reglas en un punto 
elegido de tu cuerpo, ning�n mal procedente de los vientos o la bilis 
podr� jam�s herirte.
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VI.31. Las enfermedades de los ojos son curadas por el aliento en la 
frente, as� como las de los oidos por el aliento retenido en los oidos, y 
las jaquecas por el aliento retenido en el fondo de la cabeza.
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VI.32-35. As�, en la postura llamada svastikasana, teniendo bien 
dominado el esp�ritu, haciendo ascender suavemente apana y 
repitiendo el pranava, el adepto debe, con sus manos, aislarse del 
mundo exterior; sus pulgares cerrar�n sus dos oidos, sus �ndices 
cerrar�n sus ojos y otros dedos sus dos fosas nasales; mantendr� as� 
el apana en el interior de su cabeza hasta conocer la beatitud, pues el 
aliento alcanzar� entonces la puerta de brahmarandhra.
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VI.36-51. En ese momento, el sonido (nada, bajo la forma de la s�laba 
m�stica OM) se manifestar� de pronto como si se soplara en una 
caracola; ser� luego como un trueno y, cuando el aliento llegue por fin a 
lo alto de la cabeza, oir�s el fragor de una cascada de monta�a, y tu 
atman, complaci�ndose en este ruido, se mostrar� en verdad a ti...
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CAPITULO S�PTIMO: PRATYAHARA
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VII.1-4. Escucha ahoralo que se llama la retirada de los sentidos; 
consiste en obligar a �stos, de forma expresa, a volverse sobre s� 
mismos, mientras que su verdadera naturaleza es dispersarse en el 
exterior. Por otra parte, la verdadera retirada de los sentidos es ver el 
brahman en todas las cosas, como ense�aban los rishis. Hagas lo 
que hagas, bueno o malo, hazlo hasta el dia de tu muerte percibiendo 
en ello el brahman; eso es la retirada de los sentidos.
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VII.5-9. Celebrar el ceremonial de los ritos solemnes o dom�sticos 
seg�n las reglas del veda y percibir en ellos el brahman: eso es la 
retirada de los sentidos. Puedes conducir tambi�n el aliento por tu 
cuerpo, de un lugar a otro, desde los dientes hasta la garganta, o 
desde la garganta al pecho, desde el pecho hasta el ombligo y desde 
el ombligo hasta muladhara, donde mora kundalini; hasta las caderas 
y los muslos, hasta las rodillas, las pantorrillas y hasta los dedos de 
tus pies; eso tambi�n es la retirada. 
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VII.10-14. Si obras as�, se desvanecer�n tus pecados y desaparecer�n 
tus enfermedades, como ense�an los que saben...
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CAPITULO OCTAVO: DHARANA
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VIII.1. Y ahora dharana, de la que conocemos cinco clases, referentes a 
los cinco elementos con sus hom�logos corporales. En el espacio en 
el centro del cuerpo debe mantenerse el espacio exterior y, del mismo 
modo, el aire exterior debe ser mantenido en el prana y el fuego en el 
fuego del abdomen; se deben mantener tambi�n las aguas en los 
l�quidos del cuerpo y la tierra en las partes terrosas; eso es dharana, 
�oh Samkriti!
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VIII.3-4. Pronuncia el mantra YAM-VAM-RAM-LAM en el orden adecuado; 
este tipo de dharana te librar� del pecado. Desde los pies hasta las 
rodillas, el cuerpo pertenece a la tierra; de las rodillas al ano, es el 
agua; desde ah� hasta el coraz�n, es el fuego, y el aire hasta el centro 
de la frente; la cabeza pertenece al espacio (akasha).
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VIII.5-6. En la tierra se ve brahman. Vishnu en la parte acuosa. 
Maheshvara (Shiva) habita en el fuego. Ishvara habita en el aire y shiva 
en la parte de tu cuerpo que pertenece al elemento espacio.
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VIII.7-8. Puedes, tambi�n, si lo prefieres, meditar solamente en shiva 
para liberarte de todo mal; lo ver�s en tu atman lleno de sabidur�a y 
beatitud, morando en purusha, principio �nico de este mundo.
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VII.9. Y con todo tu esp�ritu mirando fijamente al no-manifestado, 
carente-de-forma e indefinible, comprobar�s que el principio �nico, 
bajo la forma del pranava, no es otro que tu atman; es entonces 
cuando, retrayendo tus sentidos, te unir�s a tu atman.
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CAPITULO NOVENO: DHYANA
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IX.1-2 Pasar�s entonces a la meditaci�n profunda, por la que se 
destruyen para siempre los lazos de la transmigraci�n (samsara). Con 
humildad absoluta, se medita sobre el se�or, el 
brahman-verdad-realidad, el brahman-pura-trascendencia. As�, el 
verdadero yogui, libre de las leyes de la existencia, para siempre casto 
y viviendo todas las cosas, medita sobre ishvara, comprendiendo �yo 
soy �l�.
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IX.3-5. Y puede meditar tambi�n sobre ishana, la verdad, el 
conocimiento no dual, puro, eterno y sin pasado, lo mismo que sin 
presente ni futuro; sutil, incognoscible, imperceptible, sin olor ni sabor, 
no mensurable; el �nico que no es otro que atman, 
ser-conciencia-beatitud (sat-cit-ananda).
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IX.6. Comprendiendo �yo soy este brahman�, alcanzar�s la liberaci�n.
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CAPITULO D�CIMO: SAMADHI
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X.1-2. Cuando aparece en ti el conocimiento verdadero de la unidad de 
tu atman con el atman c�smico, es lo que se llama samadhi, pues el 
atman es en verdad id�ntico al brahman omnipresente, perpetuo, �nico 
y sin segundo. 
�
X.3. Puedes as� comprender que sus formas son ilusorias; no es 
dualidad, ni mundo fenom�nico, ni tampoco transmigraci�n.
�
X.4. As� como el espacio dentro de la olla no es distinto del espacio que 
la rodea, as� tambi�n no hay mas que un atman, y solo los ignorantes 
lo llaman jivatman o ishvara.
�
X.5-6. Debes decirte en verdad: �yo no soy ni cuerpo, ni aliento vital, ni 
sentidos, ni pensamiento, ni ninguna otra cosa; pues yo soy el testigo 
�nico; �yo soy shiva!, �yo soy shiva! S�, yo soy el brahman; soy extranjero 
en este mundo, no hay nadie junto a mi. As� como la espuma y las olas 
nacen en el oc�ano y en �l se disuelven, as� tambi�n, el mundo naci� 
de mi y en mi se disuelve�.
�
X.7-8. El que sabe eso alcanza de golpe la inmortalidad convirti�ndose 
en purusha. Y la conciencia universal, omnipresente y luminosa, 
resplandece en su coraz�n: as� alcanza el brahman.
�
X.9-11. Si no ve nada mas que �eso�, permaneciendo siempre en 
samadhi, es para siempre el brahman y ve su alma en �l; el mundo se 
desvanece entonces; ya no queda mas que la alegr�a. 
�
X.12. Call� entonces Dattatreya, y Samkriti, ya apacig�ado, busc� 
refugio en su alma y no conoci� m�s la inquietud.
�
Tal es la upanishad.




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