LECTURAS INTERESANTES Nº 98
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  AREQUIPA                                                              MARZO 3 
DE 2006
  
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  Un punto de vista desde el marxismo
   
  Indigenismo y «socialismo del siglo XXI»: sólo la lucha del proletariado 
podrá liberar a la humanidad de la barbarie capital
  Júlio Rodrigues <[EMAIL PROTECTED]>
   
            U

  no de los componentes ideológicos que nutre el llamado “socialismo del siglo 
XXI” es la defensa del legado étnico precolombino. De manera general, es 
también un tema propio de los Foros Sociales Mundiales y del movimiento 
altermundialista. Heinz Dieterich, uno de los gurú de este movimiento y 
animador del “socialismo” chavista, ha expresado a propósito de la celebración 
del V Centenario del “Descubrimiento de América”, que “ya estaba claro que la 
invasión de 1492 al hemisferio occidental había sido la primera globalización 
neoliberal de la naciente superpotencia europea” y que además el neoliberalismo 
contemporáneo es la “continuación orgánica de los 500 años de explotación de 
las burguesías atlánticas”. Según esta visión ahistórica, el sistema de 
explotación impuesto desde Europa por los conquistadores sería la expresión de 
la barbarie, la destrucción y el egoísmo, mientras que el capitalismo defendido 
por Chávez y sus acólitos, sería “más humano”, a tal punto que conduciría nada
 más y nada menos que al “socialismo”. El mismo Chávez ha explotado el 
sentimiento de rechazo hacia el genocidio perpetrado por los colonizadores 
sobre la masa indígena, para imponer una visión manipulada de la historia, la 
cual tiene en realidad la intención de hacer creer al proletariado, que una 
población privada de sus necesidades más básicas, orgullosa de ser pobre, 
hundida en la miseria y en la precariedad, iguales todos pero en pobreza, sería 
lo más cercano al “paraíso perdido” de las comunidades precolombinas, el 
estadio ideal en el cual no habría ambiciones ni egoísmo, valores propios del 
“neoliberalismo salvaje”. Nada más ajeno a la visión marxista, la cual ha 
explicado a través de su método, el materialismo histórico, no sólo las 
condiciones históricas en las cuales surge el capitalismo, sino también la 
necesidad de su derrocamiento por el proletariado, que se apoyará en la 
utilización de los avances en las fuerzas productivas alcanzadas por este 
sistema, para hacer
 posible la sociedad comunista, la cual, lejos de significar la precariedad y 
el imperio de la necesidad, será la sociedad de la abundancia. 
   
  Génesis y evolución del capitalismo siglos XV-XVI 
   
    En el proceso de acumulación originaria de capital1, jugaron un gran papel, 
como señalaba Carlos Marx, la conquista, la esclavización, el robo, el 
asesinato y la violencia; el descubrimiento de los yacimientos de oro y plata 
en América, el exterminio y sometimiento de la población indígena, “el saqueo 
de las indias orientales y la conversión del continente africano en cazadero de 
esclavos negros”, formaron parte fundamental de los albores de la producción 
capitalista. El avance económico del capitalismo en estos siglos se apoyó, por 
un lado, en la expropiación a la población campesina europea de las tierras de 
cultivo (el caso de Inglaterra es particularmente ilustrativo) y en el 
sometimiento de esa misma población por parte de la burguesía al régimen del 
trabajo asalariado, revistiendo estos hechos un carácter violento e inhumano, 
favorecidos por una legislación aplicada con especial rigurosidad en Francia e 
Inglaterra, que perseguía “a sangre y fuego a los expropiados”. Destaca
 Marx, que esta masa de población no pudo incorporarse, o ser absorbida por la 
industria manufacturera con la misma rapidez con que eran obligados a abandonar 
su acostumbrado modo de vida, por lo que muchos de ellos terminaron 
convirtiéndose en mendigos, vagabundos y ladrones. La burguesía, no conforme 
con haberlos desarraigado, los persiguió propinándole los castigos más 
horrorosos, ¡para que se pusieran a trabajar!2. Es decir, la violencia impuesta 
por la burguesía naciente en el continente europeo, fue complementada con la 
violencia practicada durante la conquista y colonización de las Indias 
Occidentales.
   
    Es necesario tener en cuenta, que el régimen capitalista surgió en el seno 
la sociedad feudal y paulatinamente fue socavando las bases que la sustentaban: 
convirtió al siervo de la gleba en un “vendedor libre de fuerza de trabajo” 
despojándolo de todos sus medios de producción, “eliminó las reglamentaciones 
propias de los gremios que impedían el desarrollo de la producción y la libre 
explotación del hombre por el hombre.”3. La burguesía resultó entonces una 
nueva clase explotadora (suplantando a la vieja aristocracia feudal), producto 
de un largo desarrollo y de una serie de transformaciones en el modo de 
producción; la creación del mercado mundial se correspondía con esa necesidad 
de la burguesía de dar salida a sus mercancías; el crecimiento de las fuerzas 
productivas (perfeccionamiento de las técnicas de producción, así como los 
progresos en los medios de comunicación), abrió un amplio campo de acción a la 
burguesía, lo que le permitió incorporar nuevas regiones del mundo
 convertidas entonces en mercados potenciales. “No son pues los grandes 
descubrimientos los que traen consigo el desarrollo del capitalismo, sino, al 
revés, es el desarrollo del capitalismo en Europa lo que permite esos 
descubrimientos, ya sea en el plano geográfico, ya sea en el de las técnicas. 
Colón, como Gutemberg, es el producto del desarrollo histórico del capital.” 
(1492: “Descubrimiento de América”. La burguesía celebra 500 años de 
capitalismo. Revista Internacional N° 70, Corriente Comunista Internacional.) 
   
  El “paraíso perdido” de las comunidades precolombinas.
   
   Cabe preguntarse entonces, en qué situación se encontraba la población 
indígena que habitaba el continente americano al momento del contacto con los 
europeos. En principio, fueron los mismos progresos que materialmente lograron 
algunas tribus americanas, lo que les permitió conformar verdaderos imperios, 
como el Azteca o el Inca. A cada paso logrado en la apropiación de los recursos 
naturales, utilizando métodos cada vez más avanzados (ampliando así la 
producción para mantener una masa poblacional en crecimiento), correspondió un 
cambio en las relaciones sociales y de dominio político que se establecía no 
sólo al interior de éstas comunidades, sino también, con respecto a otras 
tribus. El dominio de zonas a través de la guerra, el saqueo o el sometimiento, 
se convirtió en un factor fundamental para el aprovisionamiento o la obtención 
de nuevas tierras cultivables; de igual manera el pago de tributos y la 
construcción de un complejo y eficiente sistema administrativo de
 recaudación, fueron aspectos importantes en la aparición de una autoridad 
central (Estado) manejado por un linaje que concentraba poderes militares y 
religiosos, sobre una comunidad de súbditos.4 
    
  De esta forma, la división en clases privilegiadas y tributarias, la guerra, 
el saqueo, el Estado, la esclavitud a que eran obligados los prisioneros de 
guerra, no eran desconocidos para estas culturas. Es cierto que no pueden 
compararse históricamente con los métodos de explotación y el control brutal 
del Estado capitalista actual. De igual manera, no se trata de subestimar la 
crueldad, el terror y el exterminio, como métodos para someterlas; sin embargo, 
tampoco se puede tener una visión según la cual, los hombres no sufrían ningún 
tipo de sojuzgamiento, eran tratados todos por igual y todo era armonía y 
felicidad. Cabe resaltar, que aun cuando las altas culturas centroamericanas, 
andinas o mexicanas lograron progresos en el crecimiento de las fuerzas 
productivas, eran sumamente vulnerables a los cambios climáticos naturales, a 
las enfermedades, haciendo de sus vidas una faena muy dura, al borde del 
peligro que representaban las hambrunas, las sequías o las inundaciones.   Por
 más que muchas de estas culturas practicaran la solidaridad y la cooperación, 
ello no impidió que algunas desaparecieran como consecuencia del bajo 
desarrollo de las fuerzas productivas o de las guerras. Si llegaron a practicar 
una producción colectiva y un consumo que se efectuaba bajo un régimen de 
reparto directo de los productos, fue porque el desarrollo de las fuerzas 
productivas que habían alcanzado, hacían prácticamente imposible que un 
individuo pudiera actuar y subsistir separado de la comunidad; por 
consiguiente, era imprescindible un trabajo mancomunado para asegurar las 
necesidades más vitales y la protección frente a amenazas externas. 
   
  La teoría marxista del socialismo.
   
    Cuando decimos que el capitalismo representa el mayor avance alcanzado por 
la humanidad en el desarrollo de las fuerzas productivas, expresado en un 
control cada vez mayor de las fuerzas naturales a través de los conocimientos 
científicos y la aplicación de éstos con creciente rigurosidad al campo de la 
producción, con lo que la humanidad ganó la posibilidad de librarse de la 
penuria, las enfermedades o el hambre (lo cual sólo será posible de manera 
definitiva tras la abolición del sistema capitalista y el desarrollo del 
comunismo), no estamos justificando el exterminio de etnias enteras durante la 
llamada “conquista y colonización de las indias occidentales”, o porque 
tengamos una visión “eurocentrista”, como podrían acusarnos los sectores de la 
izquierda del capital o izquierdistas que hoy hacen loas al “socialismo del 
siglo XXI”. 
   
    El llamado “descubrimiento” no puede verse sólo como el producto de la 
ambición de Colón o de los españoles, o como algo fortuito, que pudo o no haber 
pasado, ahorrándole a la humanidad el sufrimiento. Tal como lo explica Marx en 
el Prólogo de la contribución a la crítica de la Economía Política, el modo de 
producción capitalista es la expresión de una serie de cambios en la 
producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de las 
fuerzas productivas, a las cuales corresponden determinadas relaciones de 
producción. El capitalismo se sirvió de este desarrollo de las fuerzas 
productivas para imponerse, obligando a numerosas culturas a adoptar sus 
relaciones de producción, basadas en la explotación del trabajo asalariado. 
   
    Sin embargo, el capitalismo al igual que otras sociedades de clase del 
pasado no es eterno, ya que como agrega Marx en el texto antes citado: “Al 
llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales 
de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción 
existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las 
relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De 
formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten 
en trabas suyas y se abre así una época de revolución social.” Estas 
contradicciones se expresan, históricamente, desde el momento en que el 
capitalismo ya no puede encontrar nuevos mercados en los cuales reproducir sus 
relaciones de producción, agudizando así la crisis de sobreproducción, es 
decir, el hecho de que la producción de mercancías generadas es inmensamente 
mayor que la capacidad de los mercados existentes para absorberla. Ya a 
principios del
 siglo XX, la imposibilidad de encontrar nuevos mercados, debido a que las 
principales potencias desarrolladas de entonces ya se los habían repartido, 
marcan el final de la fase de ascendencia, abriendo un período de confrontación 
entre los países más desarrollados por un nuevo reparto de mercados, lo que 
llevó a la I Guerra Mundial, dando paso a la fase de decadencia, caracterizada 
por las confrontaciones bélicas y una destrucción cada vez mayor de fuerzas 
productivas. Llegado a ese punto, lo que le queda al capitalismo es explotar de 
manera más brutal los mercados existentes, llevando a las diferentes burguesías 
del mundo a arreciar la explotación y los ataques contra las condiciones de 
vida del proletariado. Tanto en su período de ascendencia como en la 
decadencia, el capitalismo es un sistema que ha vivido de la explotación del 
trabajo asalariado; es un sistema en el cual la acumulación de capital sólo se 
produce abaratando cada vez más la mano de obra, lo que resulta en un
  incremento de la pobreza, el hambre y la miseria. 
   
    Sin embargo, no es suficiente que las condiciones históricas estén dadas 
para un cambio revolucionario de la sociedad, hace falta la acción de una clase 
que actúe como sujeto de transformación. Es el proletariado, o la clase 
asalariada, debido a que es la clase explotada y productora de la sociedad, 
capaz de desarrollar una consciencia revolucionaria, quien dará al traste con 
el capitalismo. La posibilidad del comunismo, se abrió desde el momento en que 
el capitalismo entró en decadencia, pero sólo será posible a través de una 
revolución proletaria mundial (no construyendo “paraísos socialistas” 
nacionales), que destruya de raíz las relaciones capitalistas de producción y 
disponga para beneficio de la humanidad, todos los avances de las fuerzas 
productivas alcanzadas hasta ahora, con lo cual el proletariado y demás capas 
explotadas de la sociedad podrán librarse del “imperio de la necesidad” y 
construir una sociedad donde reine la abundancia.
   
    La “explicación” chavista de la necesidad del socialismo.  Según la visión 
de los teóricos del “socialismo del siglo XXI”, el capitalismo estaría acabado 
como experiencia civilizatoria, debido a que sólo ha dejado a su paso miseria y 
destrucción de pueblos y culturas. 
   
  Las regiones periféricas del capitalismo, estarían en el atraso; la 
democracia realmente participativa habría sido truncada por el imperio de las 
transnacionales foráneas. La “solución” a esta situación sería un “socialismo 
adaptado” a nuestras necesidades.5. Se trata en fin de cuentas, de “hacer 
realidad” las promesas de emancipación (justicia, libertad, igualdad social, 
democracia) que prometió el pensamiento ilustrado burgués. No pretende acabar 
en el fondo, ni con la propiedad privada (sólo plantea su sustitución en 
términos jurídicos por la propiedad colectiva en manos del Estado), ni con la 
explotación del trabajo asalariado, ni las relaciones mercantiles, que son los 
fundamentos del capitalismo, sólo pugna por hacerlas “más justas”, “más 
humanas”, “más adaptadas”, a las especificidades venezolanas. 
   
    En el mito chavista del “socialismo” sólo existen pobres contra ricos, 
naciones poderosas contra naciones pobres. Constituye una visión ahistórica, 
(aun cuando presume de “marxista”) que llega hasta el extremo de remontar el 
neoliberalismo, ¡nada más y nada menos que al siglo XV! como lo ha expresado 
“brillantemente” Heinz Dieterich. Para nada cuenta el análisis de la evolución 
de las fuerzas productivas y la forma como esta situación se expresó en 
determinadas fases por las que ha atravesado el capitalismo. Las 
contradicciones del capitalismo serían “solucionables” precisamente a través de 
la “profundización de la democracia”, es decir, manteniendo la dominación 
ideológica y la explotación de la burguesía sobre el proletariado. Ya este 
último no sería el sujeto histórico de transformación, sino que lo serían los 
desposeídos, los marginados, los excluidos, consistiendo dicha transformación 
en la “conquista de la democracia”. No sólo es una visión ahistórica sino 
retrógrada y
 fundamentalista, al pretender que “la vía al socialismo” sería posible 
imitando sociedades del pasado. En esto consiste la “novedosa teoría del 
socialismo del siglo XXI” un verdadero veneno para el proletariado, que nada 
tiene que ver con una visión de clase, marxista. 
   
    Para mantenerse como clase explotadora y tener un dominio ideológico sobre 
el proletariado, la burguesía ha creado la ilusión de la democracia, de la 
igualdad social, de la justicia. No es incorporándose a la legalidad burguesa 
(inclusión de los derechos de los pueblos indígenas en la constitución 
bolivariana) como éstos van a poder salir del abandono, de la miseria a que han 
sido reducidos por el capitalismo. No es soñando con “paraísos perdidos” que el 
proletariado va a poder librarse de la explotación capitalista; no es viendo 
con nostalgia el pasado, emulando estadios históricos donde reinaba la 
necesidad y la precariedad que podrá construir una perspectiva de 
transformación real y de futuro. El capitalismo una vez que destruyó las 
culturas precolombinas, imponiendo sus relaciones de producción, fue incapaz de 
incorporarlas a su sistema, cayendo éstas en una situación en la cual quedaron 
privadas de todo medio de subsistencia, condenadas a convertirse muchas de 
ellas en masas
 de indigentes que hoy deambulan por las calles de las principales ciudades del 
país. No serán las lágrimas de cocodrilo, ni la apología de su lucha contra los 
invasores que hoy pregonan hipócritamente Chávez y sus acólitos lo que las 
sacará de esta situación; sólo la lucha del proletariado, cuyo objetivo es la 
destrucción del capitalismo y de sus instituciones, es la única vía no sólo 
para liberarlas de ésta pesadilla, sino para construir el socialismo. La 
solidaridad del proletariado no se limita a la cooperación propia de la 
subsistencia, para soportar resignadamente la explotación; la destrucción de la 
explotación y la barbarie capitalistas son la mayor y más genuina expresión de 
la solidaridad de clase. 
   
  Aug. /Octubre 2005
    
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  NOTAS
    
    1 “Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el 
proceso de disociación entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de 
su trabajo, proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales 
de vida y de producción, mientras de otra parte convierte a los productores 
directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no es, pues, 
más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de 
producción.” C. Marx, La llamada Acumulación Originaria .El Capital. Tomo I. 
Cap. XXIV
    2 Estas leyes fueron aplicadas en Europa entre los siglos XV y XVIII. Como 
un ejemplo de lo que contemplaban, un estatuto aprobado durante 1752 en 
Inglaterra establecía que: “Los mendigos sin licencia y mayores de catorce años 
serán azotados sin misericordia y marcados con un hierro candente en la oreja 
izquierda, caso de que nadie quiera tomarlos durante dos años a su servicio.” 
Marx, La acumulación Originaria. 
    3 En el “Prólogo de la contribución a la critica de la economía política”, 
Marx señala que ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen 
todas las fuerzas productivas contenidas en su seno y que jamas aparecen nuevas 
y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales 
hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. La ampliación de las 
rutas comerciales, la producción manufacturera, la conversión del dinero en 
capital, fueron progresos que mostraban el desarrollo de las fuerzas 
productivas, siendo el signo de que un nuevo modo de producción estaba 
surgiendo y con el una nueva clase explotadora, la burguesía. Este desarrollo 
de las fuerzas productivas se veía obstruido, por el antiguo aislamiento y 
autarquía del modo de producción feudal, lo que condujo a su decadencia y 
definitiva desaparición. 
    4 “Los mexica (etnia o pueblo que formó la base de la civilización azteca), 
debieron asegurar el suministro de los productos de primera necesidad y la vía 
que escogieron fue la conquista. De esta forma fueron obteniendo tierras en que 
sembrar y aseguraron la reproducción del sistema. A ese motivo obedecen la 
prolongada guerra contra Chalco y la conquista de Huaxteca. Ambas siguieron a 
agudas crisis de hambre en la metrópoli. El tributo proporcionó al estado un 
elevado volúmen de ingresos. Cada una de las 38 provincias tenía asignada una 
cantidad en la que figuraban alimentos (maíz, frijol, chía), objetos de lujo, 
textiles, materias primas y mercancía-moneda.” Historia de Iberoamérica. 
Prehistoria e Historia Antigua. Sociedad para la Conmemoración del V centenario 
del descubrimiento (1992). Editorial Critica. Tomo I. (p.380). En el caso de 
los Incas, tenemos que: “Parece ser que el móvil principal de las conquistas 
incaicas fue el ansia de poder, el ideal imperialista, pues ningún
 enemigo los amenazaba seriamente. , ni se hallaban necesitados de más espacio 
vital para asegurar su subsistencia. Los ejércitos incaicos, lo mismo que otros 
ejércitos imperialistas, estaban formados en gran parte por tropas reclutadas 
entre los pueblos sometidos.”. Arellano, F. (1986). Una Introducción a la 
Venezuela Prehispánica. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.    
5 “Apoyados en la experiencia histórica, podríamos demostrar que la forma 
capitalista utilizada en Venezuela hasta el presente no tiene capacidad para 
eliminar la pobreza, la desigualdad y la injusticia social y , en consecuencia, 
no es viable para construir una verdadera democracia; ello ha demostrado que 
ésta sólo puede ser lograda por y en un socialismo originalmente nuestro, que 
responda a nuestras propias especificidades.”. Mario Sanoja . El Socialismo 
venezolano del siglo XXI. Cultura y procesos económicos. Question N° 37, Julio 
2005 

Guillermo Vásquez Cuentas
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