TU MAGIA Erase un rey que adoraba a su hijo, el príncipe, y lo educaba con la didáctica más esmerada. El rey le enseñó que no existen las islas, que no hay Dios, y que tampoco existen las sirenas en el mar. El hijo aprendió eso, y todo lo demás que su padre le había enseñado. Cuando creció, su padre lo envió a recorrer el mundo para que acrecentara sus conocimientos y su experiencia de vida. Navegando por los mares, el barco del príncipe fue a recalar en un grupo de islas. Allí se detuvieron, y el príncipe descendió con su cortejo. Un hombre grande, con una galera alta y un manto negro de mangas anchas, blancas por dentro, salió a su encuentro: - ¿Qué es esto? -preguntó el príncipe-. - Una isla -respondió el hombre-. - ¿Y tú quién eres? - Yo soy Dios -dijo el hombre-. El príncipe miró a su alrededor. De pronto, avistó entre las vegetaciones, mujeres hermosas, con la mitad del cuerpo en forma de peces. - ¿Y esas quiénes son? - Son sirenas -dijo el hombre-. - No puede ser. Me has mentido. Mi padre me enseñó que no hay islas, ni Dios, ni sirenas. - Vuelve a tu casa y dile a tu padre que él te ha mentido. Dile que lo has visto todo con tus propios ojos y repróchale a él su mentira. El príncipe se embarcó. Regresó a su casa, fue corriendo a ver a su padre y con furia le gritó: - Padre, ¿por qué me has mentido? - No te he mentido hijo. ¿Por qué estás tan agitado? - Me has mentido. En mi viaje encontré islas, sirenas y también a Dios. - ¿Quién era Dios? - Era un hombre que estaba en la isla. - ¿Y cómo estaba vestido? - Con una galera alta, un abrigo negro, grande, de anchas mangas, negras por fuera y blancas por dentro. - No era Dios. Era un mago. Te engañó con su magia, hijo. Ahora vuelve y dile que es un mago y que es un mentiroso. Así se hizo. Cuando el príncipe retornó a la isla le dijo al hombre: - Mi padre me dijo que tú eres un mentiroso, que eres un mago, y que todo lo que has hecho son trucos de ilusión y que... Estaba tan enojado que las palabras lo asfixiaban y no podía terminar de hablar. El hombre sonrió con dulzura: - Esta vez tu padre te dijo la verdad. Es cierto, soy un mago. Pero... - ¿Pero qué? -gritó el muchacho, ansioso, angustiado-. - Pero hay algo que tu padre no te dijo. - ¿Qué cosa? - Que también él es un mago. Desconcertado, cabizbajo, hundido bajo su perplejidad, el príncipe retornó a su casa y le transmitió al padre el mensaje del mago. - ¡Dice que tú también eres mago! - Es cierto, hijo, es cierto. - ¿Entonces? -exclamó con la voz teñida de llanto-. Entonces no hay islas, no hay Dios, no hay sirenas, lo he perdido todo, padre, todo. - No hijo, no lo has perdido. Estás creciendo. Hasta ahora viviste en un mundo construido por mí. Ahora tendrás que ser tú mismo un mago, y de tu magia dependerá el mundo que tengas. Jaime Barylko ORACIÓN DE UN PADRE POR SU HIJO ¡Oh Dios! Dame un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo; Un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota, y honrado, humilde y magnánimo en la victoria. Un hijo que nunca doble la espalda cuando debe erguir el pecho; un hijo que sepa conocerte a Ti, y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento. Un hijo cuyo corazón sea claro, cuyos ideales sean altos, un hijo que se domine a sí mismo antes de pretender dominar a los demás, un hijo que aprenda a reír pero que también sepa llorar, un hijo que avance hacia el futuro, pero que nunca olvide el pasado. Condúcelo, te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos, allí déjalo aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan. Y después que le hayas dado todo ésto, te suplico entregarle suficiente sentido del buen humor, de modo que puede ser siempre serio, pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio, dale humildad para recordar siempre la sencillez de la verdadera sabiduría, y la mansedumbre de la verdadera fuerza. Entonces yo, me atreveré a murmurar: ¡No he vivido en vano! Amén Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad; Beatriz Medellín - Colombia [email protected] http://elistas.egrupos.net/grupo/semillas ®. Todos los derechos reservados.
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