Los "dioses andinos" retornan con Evo Morales
CARLOS VALDEZ
Associated Press
LA PAZ - Curan enfermos desahuciados, ahuyentan ladrones de las casas y hacen 
"milagros" casi imposibles. Estas calaveras "reviven" cada año, una semana 
después del Día de los Difuntos, y salen a festejar con los vivos una parranda 
en su honor.
Son cráneos de muertos desconocidos que la gente llama "ñatitas" y los venera 
como si fueran el santo de familia. Se trata de una mezcla de paganismo y 
religiosidad que a las clases medias les parece irreverente, pero que cada año 
gana mayor notoriedad en los sectores populares.
La festividad tiene su origen en la época prehispánica cuando los antiguos 
habitantes de estas tierras veneraban a sus muertos, los sacaban de sus tumbas, 
les cambiaban de ropa y comían junto con ellos, dice el antropólogo Milton 
Eizaguirre.
Nelly Gutiérrez se gana la vida adivinando la suerte en los naipes, y una 
semana después de la fiesta de Todos los Santos lleva en una urna de vidrio a 
sus cuatro calaveras a recibir bendiciones de la Iglesia católica. El asunto 
acaba en una fiesta en honor de la osamenta. "Estas almitas me han dado todo", 
dice, y señala a cada una por su nombre: Juanito, Javier, Guillermo y 
Guillermina. "Adivinó" sus nombres a través del sueño.
Esta costumbre forma parte de una compleja cosmovisión de los rituales andinos 
que han perdurado gracias a que se han fundido con las creencias católicas.
"La religión andina está muy mezclada con los ritos de la fe católica y es muy 
difícil separarlas. Cada una se apropió del espacio espiritual de la otra para 
sobrevivir", dice Eyzaguirre.
Pero hay diferencias que perduran. La muerte no es un concepto totalitario 
entre los indígenas como lo es para los cristianos. "En el mundo andino es 
cíclica; cuando una persona muere debe generar vida".
Tampoco el diablo es un espíritu maléfico del todo. Los mineros veneran a un 
demonio al que llaman "tío" y que "habita" en las profundidades de las minas, 
recuerda el antropólogo.
A él los mineros piden protección cada vez que bajan a las profundidades a 
arañar el mineral a punta de dinamita.
Estos rituales a los "dioses tutelares andinos" tan comunes en Bolivia han 
sobrevivido por más de 500 años casi ocultos, pero recién en los últimos meses 
han ganado estatus y han ingresado el Palacio de Gobierno desde que Evo Morales 
_el primer indígena que gobierna Bolivia_ fue elegido presidente en enero.
La religión andina está ligada al calendario agrícola en esta región del 
occidente boliviano donde floreció la cultura de los incas. Las ofrendas a la 
Pachamama (madre tierra) comienzan en agosto para ahuyentar a los espíritus 
maléficos de la época seca y para pedir buenas cosechas.
Las ofrendas consisten en fetos de llama, dulces de azúcar de varios colores, 
coca y otras yerbas que un yatiri (sacerdote indígena) hace arder en una 
hoguera mientras musita plegarias a los "achachilas", dioses que habitan en las 
montañas.
En todas las ceremonias públicas en las que participa Morales, sobre todo en la 
región del occidente habitada por quechuas y aymaras, está presente una ofrenda 
a la Pachamama.
En marzo, sus paisanos sacrificaron una llama blanca y con la sangre regaron la 
tierra reseca de Orinoca, una pequeña aldea de casas de barro en medio de 
aridez del altiplano donde el mandatario era pastor de ovejas en su infancia.
Antes de juramentar el cargo Morales, que es aymara, fue "entronizado" como si 
fuera una reencarnación del inca el 21 de enero en una ceremonia ritual en las 
ruinas arqueológicas de Tiwanacu. Allí floreció una de las culturas más 
antiguas del continente.
A mediados de año el mandatario despidió con una ceremonia ritual en el Palacio 
Presidencial a su vicepresidente Alvaro García para que le fuese bien en su 
primera misión oficial a Washington donde debió gestionar la ampliación de unas 
preferencias arancelarias en favor de Bolivia.
"Estos ritos han sobrevivido porque llegan muy adentro de la gente. En el 
momento de una emergencia política como la de ahora salen a flote, se enfatizan 
públicamente porque es parte de decir aquí estamos", señala el sacerdote 
católico y antropólogo jesuita Xavier Albó.
Durante siglos los conquistadores españoles no pudieron extirpar estas 
prácticas consideradas idolatrías y la Iglesia católica tuvo que asimilarlas 
para conquistar a sus nuevos devotos.
Recientemente Morales intentó una separación a la inversa con el rótulo de 
descolonización para suprimir la enseñanza de la fe católica en escuelas de esa 
confesión y tuvo que enfrentarse al rechazo popular, recuerda Albó.
En las ciudades las ofrendas a la Pachamama se hacen para pedir salud y buenos 
negocios.
Doña Ivette Felipez se gana la vida vendiendo desde hace 20 años estas ofrendas 
en un lugar típico de la ciudad de La Paz conocida como la calle de las brujas.
Hay "mesas" para la salud y los negocios. Es esta última, entre los elementos 
de la ofrenda se destaca un billete de un dólar impreso en papel simple con la 
imagen de George Washington. "Es para que te vaya bien los negocios", dice.
Y es que el mundo de la religiosidad andina no está reñido con la modernidad. 
Más bien es con ella que ha logrado sobrevivir.

 
 
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