VELASCO Y LA REFORMA AGRARIA DE 1969.
                                      Por: Augusto Caña Mamani “Sinshi Cahuide”
 
PRIMISA DE REFLEXION MENTAL Y ESPIRITUAL:
Desde hace cinco siglos, hemos caminado por la senda del derrotismo, donde 
nuestras manos y pies fueron atados con cadenas del colonialismo español; donde 
nuestro cerebro también fue ofuscado por el fuste de la religión inquisidor de 
Vaticano y nuestro espíritu desmoralizado cayó al hoyo de  pasividad. Así, 
durante siglos inacabables, la casta opresora nos miraba como hombres 
inferiores sin futuro, como demografía dominada sin propio porvenir, como un 
pueblo rezagado sin esperanza de mañana. Ahora, sobre esta fragua del avatar de 
todos los tiempos, debemos pensar en lo GRANDE Y FUNDAMENTALMENTE en lo 
nuestro: Sólo en pensar en el Gran cambio, habremos dado el primer paso para 
lograr las metas y objetivos comunes de nuestra liberación.
 
AUGE IMPERATIVO DEL GAMONALISMO CRIOLLO:
Antes del 24 de junio de 1969; solamente por decir en Cusco: Todo usufructo 
agrario estaba en manos del irascible gamonalismo y del latifundismo 
terrateniente; donde el campesino-indígena, cual parias desheredados en la 
pobreza, eran considerados como ciudadanos desminuidos, hombres para ser 
explotados por otro hombre. Así, el gamonalismo criollo de ascendencia castiza 
Iberiana, con la venia de regimenes y políticos fariseos de rostro occidental; 
con su banal ejercicio de poder de dominio, explotaban las mejores y fértiles 
tierras del milenario Cusco.
 
Las haciendas como vieja estructura del sistema de despojo y explotación 
poseían el 80% del predio agrario: Este mismo problema existía en todo el 
territorio del país. Las muchas reivindicaciones de los campesinos-indígenas de 
poncho y hojota que rebasaban al grito de ¡Tierra o muerte! Fueron ahogados en 
sangre, escarnio, torturas, masacres, desapariciones, juicios y presidio; como 
ocurrió en la vísperas del Navidad de 1962; donde 18 comuneros mártires de 
Mollebamba, Quispicanchi – Cusco; alevosamente fueron acribillados con disparo 
de una metralleta hecho por el gamonal Julio P. Luna, usurpador de la hacienda 
de “Ninabmaba”. Este asesino, nunca fue puesto preso, ni siquiera un minuto, 
más al contrario, el gobierno de Belaunde, mandó una brigada de rangers para 
proteger la hacienda del criminal.
 
Por estar cerca de los hechos de sangre, todavía soy testigo ocular de aquella 
matanza indígena de Quispicanchi; al siguiente día cuando estaba sentado en la 
puerta de la iglesia, ve pasar el desfile de los féretros en la plaza de Urcos. 
También esta visto que los Alcaldes, gobernadores, abogados, mayordomos y 
castas privilegiadas mestizos, del aquel entonces, eran parientes e hijos de 
los gamonales que, con uña y dientes defendían la posición de las tierras; 
aquellos gamberros, montados en sus briosos corceles y fuste en mano hacían 
trabajar a los hacienda-runas (los pongos) quienes posean un pedazo de predio 
agrícola del gamonal en las punas de “su área” para el sustento personal y por 
ello, estaban obligados a trabajar gratis toda la semana para su “señorial 
patrón”.
 
El 10 de enero de 1964; cuando llegué a Nazca, ICA, Cañete de ruta a Lima, ve 
las mismas visitudes de injusticia en los latifundios del gamonalismo costeño; 
más soberbio, mas racista y aliado tradicional de la oligarquía que tuvo el 
poder de dominio en el corral colonialista del llamado Perú. Lamentablemente 
aquí hay una diferencia marcada entre lo andino y de los jornaleros costeños: 
El ayllu quechua de los andes y el markanaka Aymara del Altiplano que son 
símbolos de un ideal de justicia, de igualdad, de armonía comunal, de 
solidaridad comprobada y de intimidad indisoluble con nuestra Pachamama-Madre 
tierra; en su resistencia sin pausa de siglos, nunca fueron abatidos como cuna 
del grandiosos civilización Tawantinsuyano. En cambio, los hombres raquíticos y 
desnutridos que vivían bajo el resabio racista de indios y que trabajaban en 
los inmensos predios de la costa, solo estaban inmersos en la sobrevivíencía 
como simples jornaleros y nunca tuvieron ideales de recuperar las tierras, 
tampoco reivindicaron la verdadera reversión como unidades de producción 
mancomunado como lo es, en los andes.
El 03 de octubre de 1968; conscripto como sargento del ejercito peruano (BIB 
“Cahuide” 211; Cuartel Mariscal Cáceres – División blindada de Rimac) estuve en 
la, gesta revolucionaria del general Juan Velasco Alvarado. Desde aquel 
entonces, en el Perú hubo un gran cambio, las nubes grises que ofusco por 
siglos nuestro porvenir, poco a poco fueron disipando para avizorar la alta 
montaña del resurgimiento nacional. Aquel soldado apodado “Juan sin miedo”, 
abrió las puertas grandes de la historia peruana, atizó la sangre autóctona 
invocando a Túpac Amaru como símbolo de su revolución y nuestro pueblo (al 
despecho de los opresores antagónicos) por primera vez respiró las atmósfera 
nacionalista y bajo el acorde de la marcha militar “pasan los peruanos”, 
también aprendió la capacidad de ser nosotros mismos y organizarnos con toda 
independencia para retomar nuevamente nuestra Pachamama-Madre Tierra vía la 
dación de la Ley de Reforma Agraria.
 
Así en base esencial de la política transformadora del gobierno revolucionario 
que respondió con solemne compromiso patriótico, con vocación irrenunciable de 
justicia social y de imperativo necesidad de revertir la tierra para quien la 
trabaja y los mas necesitados; a partir del aquel venturoso 24 de junio de 
1969; el general Juan Velasco Alvarado, bajo el marco de un  mitin 
multitudinario, promulgó la Ley de Reforma Agraria No. 17716. Esta norma estaba 
dirigida a servir como herramienta legal del desarrollo nacional; 
fundamentalmente estaba llamado de hacer la tarea de transformación de los 
postulados del gobierno revolucionario de la fuerza armada y del pueblo 
auténticamente nacionalista.
 
La dación de aquella Ley de la reforma Agraria de hace 39 años; no fue una ley 
de despojo, sino, fue una ley de justicia social para el hombre que hunde sus 
manos a la tierra y crea riqueza. El sector campesino organizado que como 
unidad de producción fue la mejor garantía para la conducción de la tierra, un 
esfuerzo tesonero para beneficiar a la sociedad en su conjunto. Esta norma se 
aplicó en todo el país, sin favorecer a determinados grupos o intereses ajenos. 
Aquella reversión de la tierra al campesinado peruano (sin temores ni 
resquemores como decía Velasco) fue una necesidad histórica de modificar 
radicalmente la estructura agraria de la nación.
 
Sin embargo la oligarquía y el gamonalismo cavernario, como ogro bicéfala, 
siempre han tenido la intención de boicotear y truncar el avance revolucionario 
en materia de proceso agraria; tanto, la maquinaria de conspiración orquestó el 
golpe antirrevolucionario del general Francisco Morales Bermúdez, el llamado 
“Felón traidor” y  soplón filo chileno de la segunda fase. La Reforma Agraria 
fue atacado por todos los frentes, a esto se suma el desquicio criterio del 
marxismo alienante criollo que infiltrados socavaron el real funcionamiento de 
la aquella norma. Pese que en los andes la tierra fue devuelta a sus auténticos 
dueños y allí con férrea resistencia fue defendida y hoy triunfalmente 
sobrevive; pero en la costa, la Reforma Agraria cayó al saco roto, no por culpa 
del gobierno, sino, por falta de voluntad para defender los derechos 
conquistados: A esto también se suma la derogatoria de aquella ley por el 
japonés Alberto Fujimori, quien mediante el Decreto Supremo 02-91, sepultó todo 
vestigio de la reforma agraria Velasquista.
 
Ahora la historia es otra, otro también los actores; el gamonalismo con rostro 
neoliberal, vuelve a germinar sistemáticamente su raíz y sus tentáculos de 
dominio, surge la chilenización de las tierras, vía venta legal de predios 
agrícolas que esta orientada a la desnacionalización de nuestro país. 
Finalmente Alan García Pérez, como fiel “perro hortelano” del imperialismo 
globo colonial, mediante su Decreto Supremo No. 1015, se ha propuesto rematar 
al mejor postor, las tierras de las comunidades campesinas. De hecho, la guerra 
esta avisada y los tambores ya atizan el fuego del solevante y nuestra 
generación tiene que aportar su sangre; por que hoy: Nunca más permitiremos que 
vuelvan a secuestrar a nuestra sagrada Pachamama-Madre Tierra. Esta epónima 
palabra del general Velasco, en nuestro ser y nuestra conciencia  etno 
nacionalista, siempre debe estar vigente y presente: “¡Al hombre de la tierra, 
ahora le podemos decir en alta voz, inmortal y libertaria como Túpac Amaru: 
Campesino, el patrón ya no comerá mas tu pobreza! ¡Viva el Perú señores!”
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