Sobre Gaza y cuestiones de actualidad, un punto de vista diferente, pero
absolutamente importante.
Waldir
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LA IZQUIERDA LUNATICA
Pilar Rahola. BARCELONA
No soy judía, estoy vinculada ideológicamente a la izquierda y soy periodista.
¿Por qué no soy antiisraelí, como la mayoría de mis colegas?
Conferencia Política de AIPAC, 2008.
Washington.
Buenos días.
Es un honor para mí, estar entre ustedes.
El título de mi conferencia es:
La izquierda lunática.
“Maten a ese cerdo infiel”. Con esa simple orden, enviada por un imán, la vida
de un profesor francés, Robert Redeker, cambió para siempre el 19 de septiembre
de 2006. Internet multiplicó la amenaza en decenas de webs islámicas, y la
dirección de su casa, sus números de teléfono, los datos de sus hijos, fueron
publicados. Desde ese día, toda su familia vive bajo protección policial, y ha
tenido que abandonar su trabajo, su domicilio y cambiar de vida. Su crimen,
haber escrito un artículo en el diario francés Le Figaro titulado: “What should
the free world do while facing Islamist intimidation?”. En ese artículo,
Redeker defendía la libertad de las democracias y alertaba del peligro del
Islam radical. Y por defender la libertad de nuestra sociedad, ha perdido su
propia libertad. En su reciente libro “Atrévete a vivir”, explica su vida en la
clandestinidad. Una vida condenada al exilio interior, en su propio país. Por
ejemplo,
no ha podido anunciar la muerte súbita de su padre, por miedo a ser
descubierto. Miembro de la revista de la elite de izquierdas “Le Temps
Modernes”, fundada por J. P. Sastre, se ha visto abandonado por los líderes de
izquierda franceses, que han atacado su crítica al Islam. Y así, como Salman
Rushdie, como Talisma Nasreem, como Ayan Hirsi Ali, también Robert Redeker, ha
descubierto que una parte de la izquierda europea está traicionando a la
libertad. Él habla de los peligros del fascismo islámico, que amenaza,
aterroriza, esclaviza y mata. Y sus compañeros de la izquierda, lo acusan de
islamofobo y racista. Él denuncia la pasividad del mundo ante la esclavitud de
la mujer, la ablación del clítoris, el uso de niños bombas, el fanatismo
terrorista. Y sus compañeros de la izquierda, le acusan de no ser respetuoso
con otras culturas. Él, como yo, como muchos, defiende un Islam libre de
fanáticos, dictadores, terroristas y totalitarios.
Y nuestros compañeros de la izquierda nos dejan solos ante esa defensa. Él
asume, pues, la responsabilidad moral de defender la carta de derechos humanos,
ante el acoso del islamismo radical, que es la nueva ideología totalitaria a la
que se enfrenta el mundo. Y los compañeros de la izquierda, traicionan ese
mismo compromiso moral. Es decir, estamos en un momento de la historia que
exige una defensa firme de la libertad. La izquierda, tendría que liderar esa
defensa. Y sin embargo, desgraciadamente, no está a la altura del momento
histórico que vive la humanidad.
¿Por qué? ¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda europea de su
compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Londres, o
en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no lo hacen contra
la dictadura birmana? ¿Por qué no hay manifestaciones, en contra de la
esclavitud de millones de mujeres, que viven sin ningún
amparo legal? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en
los conflictos donde el Islam está implicado? ¿Por qué no ha
liderado nunca la lucha a favor de las víctimas de la terrible dictadura
islámica de Sudan? ¿Por qué nunca se ha conmovido por las víctimas de los actos
de terrorismo en Israel? ¿Por qué no considera la lucha contra el fanatismo
islámico, una de sus causas principales? ¿Por qué no defiende el derecho de
Israel a defenderse y a existir? ¿Por qué confunde la defensa de la causa
palestina, con la justificación del terrorismo palestino? Y la pregunta del
millón, ¿por qué la izquierda europea, y globalmente toda la izquierda, solo
está obsesionada en luchar contra dos de las democracias más sólidas del
planeta, Estados Unidos e Israel, y no contra las peores dictaduras? Las dos
democracias más sólidas, y las que han sufrido los atentados más sangrantes del
terrorismo mundial. Y la izquierda no está preocupada por ello.
Desde mi perspectiva de librepensadora, vinculada históricamente al pensamiento
de izquierdas racional, me veo obligada a acusar a una parte de la izquierda,
la que hace más ruido en periódicos y calles, de ser profundamente
reaccionaria, antimoderna y antioccidental. Y, por todo ello, cómplice del
avance del totalitarismo en el mundo. Nuevamente, ¿por qué? Estas son las
patologías del pensamiento que detecto en los intelectuales y líderes más
ruidosos de la izquierda, desde Noam Chomsky hasta José Saramago, desde Michael
Moore, hasta Hugo Chávez o Evo Morales: no superación de la herencia dogmática
estalinista; simplismo antiamericano; odio exacerbado a Israel; antisemitismo
inconsciente. Es decir, hoy en los periódicos, en las universidades, en algunas
cancillerías y en muchos libros, no tenemos líderes de izquierdas comprometidos
con la
libertad. Tenemos líderes de una izquierda lunática capaz de minimizar al
terrorismo, banalizar a la Shoá, ignorar el sufrimiento de la mujer y
justificar dictaduras terribles. Esos líderes, y esa corriente de opinión,
explican el odio que hoy sufre Israel en el mundo, y especialmente en Europa.
Un odio que va de la mano del odio que sufre, a su vez, Estados Unidos.
1.- Permítanme analizar la primera patología, la Herencia dogmática estalinista
y el antiamericanismo. Aunque el muro de Berlín ha caído, y con él la mayoría
de las dictaduras comunistas, aún no ha caído el muro que muchos militantes de
izquierdas mantienen en su propio cerebro. Así, algunos grandes dogmas
estalinistas están intactos y condicionan los análisis de sus herederos. No es
una casualidad que, durante décadas, el estalinismo criminalizara a Israel, y
la izquierda actual lo continúe haciendo. No es una casualidad que, durante
décadas, se considerara a las organizaciones palestinas terroristas, como
fuerzas de liberación, y la izquierda actual continúa minimizando el terrorismo
palestino y despreciando a las víctimas judías. No es una casualidad que,
durante décadas, considerara a Estados Unidos como el paradigma de la maldad
política, y la izquierda continúe obsesionada con Estados Unidos. De hecho, la
mayoría de actitudes
antiamericanas se deben a los anteojos con que la izquierda lunática mira al
mundo. Son anteojos furibundamente antiamericanos. De manera que, si alguien es
amigo de USA, es mi enemigo, y si alguien es enemigo de USA, es mi amigo. Y
así, tipos de extrema izquierda acaban siendo amigos de Irán. Les une el odio a
Estados Unidos, el odio a Israel y el desprecio genético hacia los valores
occidentales. Es decir, les une el desprecio profundo a la libertad. Sin duda,
el paradigma de la imbecilidad de esta izquierda dogmática se llama Hugo
Chávez. Pero en Europa muchos profesores universitarios, escritores con
prestigio y grandes intelectuales, piensan igual que Chávez. Solo se distinguen
por ser más sutiles en la expresión de sus prejuicios.
Por supuesto, la crítica a las políticas de Estados Unidos o Israel, son
legítimas y algunas, muy necesarias. Pero el fenómeno actual va mucho más allá
de las críticas razonables. Se trata de una brutal criminalización del derecho
de Israel a su existencia y a su defensa, acompañada de una mirada tierna sobre
el terrorismo palestino. Y en el caso de Estados Unidos, tampoco abunda la
crítica razonable. Abunda el prejuicio, el maniqueísmo y la obsesión. En Europa
y América Latina, este fenómeno es especialmente virulento.
2.- La segunda patología, el Antiisraelismo sin complejos, y el antisemitismo
inconsciente. Sin duda, el odio exacerbado a Israel marca las pautas de los
periódicos del mundo. Ningún otro conflicto sufre una distorsión informativa
como éste; Israel es el único país del mundo que tiene que pedir perdón por
existir, perdón por defenderse y perdón por no desaparecer. Sus acciones
militares son elevadas a la categoría del horror. Sus víctimas son despreciadas
y sus enemigos son considerados héroes. La clave está en la frase que dijo el
Premio Nóbel Imre Kertesz, judío húngaro que sufrió el Holocausto: “Cuando veo
en la televisión los tanques israelíes, una idea me atraviesa el alma: Dios
mío, que bien que pueda ver la estrella judía sobre los tanques israelíes y no
cosida sobre mi ropa como en 1944. No soy imparcial ni puedo serlo: dejo la
imparcialidad a los intelectuales europeos que juegan a ese juego de forma tan
malvada...”
Así es. Lejos de ser la histórica víctima judía que se arrastraba por los
ghettos, era perseguida como una rata y era asesinada, hoy el judío eleva un
país de la nada, investiga, inventa, ganas premios internacionales y vence en
todas las guerras que le plantean. Y esa imagen del judío victorioso, a pesar
de siglos de persecución y exterminio, es insoportable para muchos. El primer
pecado de Israel, es no sucumbir. Esa fuerza que le ha permitido sobrevivir a
guerras letales y a millones de enemigos, es lo que más indigna a la izquierda
lunática. ¿Por qué? Porqué es genéticamente antisemita.
Por supuesto, nadie de esa izquierda reconoce que es antisemita. Hablan de
solidaridad con el pueblo palestino, de crítica racional a Israel, de
compromiso con la libertad. Veamos los conceptos. Primer concepto: solidaridad,
palabra tótem de la izquierda europea e internacional. Sin embargo, es una
solidaridad tuerta, que llora con un único ojo, solamente por las víctimas
palestinas, pero que aplaude la masacre en una escuela judía, o en un autobús,
o en Universidad Monte Scopus. Y si se solidariza con la causa palestina, nunca
lo ha hecho con la causa judía. Esa izquierda aplaudiría la desaparición de
Israel, y nunca se ha sentido cómoda con su existencia. Por tanto, no es
solidaridad con las víctimas. Es odio hacia Israel.
Otro concepto: crítica racional. No existe en la práctica totalidad de los
análisis. Lejos de encontrar reflexiones equilibradas, solo encontramos una
reducción extrema y maniquea del conflicto, que convierte a Israel en un ente
malvado, y a los palestinos, en víctimas puras. Así, durante años la mayoría de
los analistas convirtieron a Arafat en una especie de Che Guevara árabe, héroe
de la lucha de los pueblos. Su corrupción, su autoritarismo, su violencia nunca
fueron objeto de crítica, y a nadie le interesó saber qué hacían los palestinos
con los miles de millones de dólares que llegan a la autoridad palestina, desde
todos los lugares del mundo. Cada palestino ha recibido, per cápita, el doble
que los europeos por el Plan Marshall. ¡Y hay pobreza! ¿Por qué? A nadie le ha
interesado
formular esta pregunta, porqué es más fácil culpar a Israel de los males
palestinos, que intentar saber qué responsabilidad tienen los palestinos, en su
propia miseria.
Y finalmente, el concepto de compromiso con la libertad. Oigo esa expresión en
todos los foros propalestinos europeos. “¡Estamos a favor de la libertad de los
pueblos!”, dicen con ardor. No es cierto. Nunca les ha preocupado la libertad
de los ciudadanos de Siria, de Irán, del Yemen, de Sudan, etc… Y nunca les ha
preocupado la libertad destruida de los palestinos que viven bajo el extremismo
islámico de Hamás. Solo les preocupa usar el concepto de libertad palestina,
como misil contra la libertad israelí.
Una terrible consecuencia se deriva de estas dos patologías ideológicas: la
Manipulación periodística. Finalmente, no es menor el daño que hace la mayoría
de la prensa internacional. Sobre el conflicto árabo-isaelí NO SE INFORMA, SE
HACE PROPAGANDA. La mayoría de la prensa, cuando informa sobre Israel, vulnera
todos los principios del código deontológico del periodismo. Y así, cualquier
acto de defensa de Israel se convierte en una masacre y cualquier
enfrentamiento, en un genocidio. Se han dicho tantas barbaridades, que a Israel
ya no se la puede acusar de nada peor. En paralelo, esa misma prensa nunca
habla de la ingerencia de Irán o Siria a favor de la violencia contra Israel;
de la inculcación del fanatismo en los niños; de la corrupción generalizada en
Palestina. Y cuando habla de víctimas, eleva a la categoría de tragedia a
cualquier víctima palestina, y camufla, esconde o desprecia a las víctimas
judías.
Acabo con un apunte sobre la izquierda española. Muchos son los ejemplos que
ilustran el antiisraelismo y el antiamericanismo que definen el ADN de la
izquierda global española. Por ejemplo, un partido de izquierdas acaba de
expulsar a un militante, porqué ha creado una web de defensa de Israel. Cito
frases de la expulsión: “Nuestros amigos son los pueblos de Irán, Libia y
Venezuela, oprimidos por el imperialismo. Y no un estado nazi como el de
Israel”. Otro ejemplo, la alcaldesa socialista de Ciempozuelos cambió el día de
la Shoá, por el día de la Nakba palestina, despreciando, así, a más de 6
millones de europeos judíos asesinados. O en mi ciudad, Barcelona, el
ayuntamiento socialista ha decidido celebrar, durante el 60 aniversario del
Estado de Israel, una semana de “solidaridad con el pueblo palestino”. Para
ilustrarlo, invitó a Leila Khaled, famosa terrorista de los años 70, actual
líder del Frente de Liberación de Palestina,
que es una organización considerada terrorista por la Unión Europea, y que
defiende el uso de las bombas contra Israel. Y etcétera. Este pensamiento
global, que forma parte de lo políticamente correcto, impregna también el
discurso del presidente Zapatero. Su política exterior cae en todos los tópicos
de la izquierda lunática y, respecto a Oriente Medio, su actitud es
inequívocamente pro-árabe. Estoy en condiciones de asegurar que, en privado,
Zapatero considera a Israel culpable del conflicto, y la política del ministro
Moratinos va en esa dirección. El hecho de que el presidente se pusiera una
Kefia palestina, en plena guerra del Líbano, no es una casualidad. Es un
símbolo. España ha sufrido el atentado islamista más grave de Europa, y “Al
Andalús” está en el punto de mira de todo el terrorismo islámico. Como escribí
hace tiempo, “nos mataron con celulares vía satélite, conectados con la Edad
Media”. Y, sin embargo, la
izquierda española está entre las más antiisraelíes del planeta. ¡Y dice ser
antiisraelí por solidaridad! Esta es la locura que quiero denunciar con esta
conferencia.
CONCLUSIÓN.
No soy judía, estoy vinculada ideológicamente a la izquierda y soy periodista.
¿Por qué no soy antiisraelí, como la mayoría de mis colegas? Porqué, como no
judía, tengo la responsabilidad histórica de luchar contra el odio a los
judíos, y, en la actualidad, contra el odio a su patria, Israel. La lucha
contra el antisemitismo no es cosa de judíos, es obligación de los no judíos.
Como periodista, estoy obligada a buscar la verdad, más allá de los prejuicios,
las mentiras y las manipulaciones. Y sobre Israel no se dice la verdad. Y como
persona de izquierdas, que ama el progreso, estoy obligada a defender la
libertad, la cultura, la convivencia, la educación cívica de los niños, todos
los principios que las Tablas de La Ley convirtieron en principios universales.
Principios que el islamismo fundamentalista destruye sistemáticamente. Es
decir, como no judía, periodista y de izquierdas tengo un triple compromiso
moral con Israel. Porqué,
si Israel fuera derrotada, serían derrotadas la modernidad, la cultura y la
libertad.
La lucha de Israel, aunque el mundo no quiera saberlo, es la lucha del mundo
AM ISRAEL JAIM. AMÉN.
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