Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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  El siguiente art�culo aparece en la p�gina editorial de El Espectador
de hoy.  Como siempre la pluma de Alvaro Tirado Mej�a va cargada del
conocimiento del historiador.  El �ltimo p�rrafo bien le puede caer a
m�s de uno de nuestros contertulios.
  Que lo disfruten!

-- 
Fernando Guzman
[EMAIL PROTECTED]

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         Intervenci�n y otras hierbas
    
    �LVARO TIRADO MEJ�A
    
    Es m�s espectacular hablar de intervenci�n militar que de otras
    alternativas. Cada cual tiene derecho a opinar, pero es cierto que los
    conceptos expresan intereses.
    
    En caso de tomar textualmente la avalancha de noticias y comentarios
    sobre las relaciones de Colombia con Estados Unidos, estar�amos a las
    puertas de una invasi�n militar. Fidel Castro se�ala como posibles
    blancos a India y a Colombia; El Mono Jojoy anuncia plomo contra los
    gringos; la derecha norteamericana magnifica las dificultades
    colombianas, para impulsar su visi�n militarista, y muchos de nuestros
    columnistas proponen escenarios en los cuales no faltar�a sino la
    fecha para que se produzca la intervenci�n militar.
    
    Aunque sus posibilidades sean remotas, tal eventualidad no puede
    descartarse si tenemos en cuenta la situaci�n interna del pa�s, la
    historia del hemisferio y el nuevo contexto internacional. Nadie puede
    negar los efectos de la crisis colombiana. Tampoco es aconsejable
    ignorar la historia y las acciones intervencionistas de Estados
    Unidos. Por lo dem�s, no son tranquilizantes la actuaci�n de la Otan
    al margen de la ONU en Yugoslavia, o las palabras de Pierre Mauroy,
    presidente de la Internacional Socialista, al abrir la conferencia
    socialdem�crata en Buenos Aires, sobre la necesidad de modificar la
    Carta de la ONU para permitir la intervenci�n so pretextos
    humanitarios.
    
    Ser�a conveniente mirar las cosas con m�s calma. Por falta de visi�n
    global, en Colombia tenemos la tendencia a magnificar nuestra
    situaci�n. Estados Unidos es la potencia mundial y esto le implica
    compromisos en todo el globo, con prioridades como las derivadas del
    colapso ruso, la cuesti�n China, sus relaciones con una Europa que
    trata de unificarse, los problemas de Israel y el mundo �rabe, los de
    Asia, �frica y, por supuesto, los de Latinoam�rica, su patio trasero.
    
    Aun en nuestro continente, Colombia no es el centro de sus
    prioridades. En primer lugar est�n: M�xico, con quien comparte Nafta,
    frontera, migraci�n y agudos problemas de narcotr�fico; Venezuela, su
    principal proveedor de petr�leo y sobre el cual pesan serios
    interrogantes respecto a su futuro democr�tico; la estabilidad
    econ�mica de Brasil, pa�s que representa el sesenta por ciento de la
    poblaci�n y de la econom�a de Suram�rica. Tambi�n cuentan la quiebra
    ecuatoriana, el delicado proceso pol�tico en Chile, la inestabilidad
    paraguaya, los interrogantes democr�ticos sobre Fujimori, la retirada
    del Canal de Panam� o la inestabilidad que produce el narcotr�fico en
    los microestados del Caribe. Ante tal cuadro, no pareciera l�gico
    optar por una intervenci�n militar en la zona, la cual potenciar�a los
    problemas.
    
    Aunque en el momento de las decisiones hay unidad, la pol�tica
    exterior norteamericana se expresa en varias voces: Departamento de
    Estado, Pent�gono, DEA, Departamento de Comercio, etc�tera, que, de
    acuerdo con sus visiones particulares, no tienen un mensaje
    uniforme. Por otra parte, el Congreso norteamericano es copart�cipe de
    la pol�tica exterior, lo que se trasluce en la visi�n republicana de
    la mayor�a, la cual contrasta con la dem�crata del Ejecutivo.  Durante
    el mandato de Samper, la DEA y el Pent�gono mandaron la parada. En la
    actualidad tiene m�s perfil el Departamento de Estado, que traduce la
    posici�n del presidente Clinton de apoyar el proceso de paz y la
    salida pol�tica.
    
    Es m�s espectacular hablar de intervenci�n militar que de otras
    alternativas. Cada cual tiene derecho a opinar, pero los conceptos
    expresan intereses. Entre otros, los de quienes magnifican el problema
    colombiano para que no se mire a otros lados, los de quienes creen que
    los asuntos se arreglan a bala, y los de ciertos colombianos que
    ilusamente piensan que el problema se lo solucionar�n desde afuera,
    mientras ellos disfrutan en Miami.

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