From: Francisco Arias Solis <[EMAIL PROTECTED]> To: aa-dh <[EMAIL PROTECTED]> Subject: La libertad Date: S�bado 12 de Septiembre de 1998 08:54 AM LA LIBERTAD. �La Libertad, Sancho, es uno de los m�s preciosos dones que a los hombres dieron los Cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la Libertad, as� como por la Honra, se puede y se debe aventurar la vida.� Miguel de Cervantes. LAS DOS GRANDES PERSPECTIVAS SOBRE LA LIBERTAD. El problema de la libertad ha solido plantearse de dos maneras inconexas, sin preocuparse excesivamente de ponerlas de acuerdo, menos a�n de derivar una de otra, o ambas de una ra�z com�n. La filosof�a -y la teolog�a- se han ocupado largamente del tema de la libertad humana, o de la libertad del hombre como tal; de lo que podemos llamar su libertad personal. Las disciplinas pol�ticas y sociales, y quiz� todav�a m�s la pr�ctica pol�tica, han reivindicado las diversas libertades de que el hombre puede gozar como miembro de una sociedad o comunidad pol�tica, digamos como ciudadano; y secundariamente de la libertad de una sociedad en su conjunto, de la libertad de un pueblo, pa�s o naci�n. Pronto se ha visto que la llamada libertad �pol�tica� no es simple ni un�voca, que tiene muchos condicionamientos, que a su vez se articula con otras libertades: econ�mica, social, etc. Pero rara vez se ha establecido una conexi�n adecuada entre las dos grandes perspectivas sobre la libertad. De lo cual la v�ctima probable ha sido, naturalmente, la libertad misma. La cosa es a�n m�s aguda. Resulta, parad�jicamente, que las ideolog�as teol�gicas (y a veces filos�ficas) que m�s en�rgicamente han afirmado la libertad �esencial� del hombre han descuidado lamentablemente las dem�s libertades, por lo visto menos esenciales, las que se refieren a su vida efectiva sobre la tierra, en sus relaciones con los dem�s hombres, en su capacidad de proyectarse y decidir dentro de la sociedad. A lo largo de la historia hemos visto c�mo los que profesaban el cristianismo y se proclamaban solidarios de una concepci�n que afirma sin restricciones la libertad humana no han tenido reparo en apoyar -o promover- diversas formas de opresi�n pol�tica: el absolutismo, la teocracia, las dictaduras. Por otro lado, la libertad no se cae de la boca de muchos que profesan ideolog�as seg�n las cuales el hombre no es libre, est� determinado biol�gica, social o econ�micamente, la libertad es una ilusi�n. Sin embargo, hablan de libertad, la reclaman con insistencia, se quejan de su falta, proponen como ideal la �liberaci�n� -que previamente han declarado imposible, que est� excluida radicalmente de su concepci�n del hombre. �Mala fe por ambas partes? Sin duda. La inconsecuencia es palmaria. Mientras, de un lado, se concede al hombre una libertad �ntima, fundamental, que en modo alguno puede perder, se lo priva de las libertades concretas en que esa libertad podr�a manifestarse y realizarse, de las que constituyen el contenido efectivo de su vida. De otro lado, se intenta convencer al hombre de que todo est� determinado y a la vez, t�cticamente, se invoca una libertad contradictoria. Uno se pregunta c�mo esto puede suceder; c�mo los hombres aceptan estos dos falaces complejos de �ideas�. C�mo no invitan a los que proclaman la libertad humana a extraer las consecuencias de ello y dejar que el hombre viva libremente sobre la tierra. No se comprende tampoco c�mo se admite que reclamen la libertad los que no creen que pueda existir y, cuando dominan, se encargan de que en modo alguno exista. Pero la mala fe nunca es una explicaci�n satisfactoria por lo menos no es suficiente. Los fen�menos sociales son muy complejos. La mayor�a de los hombres viven apoyados en un sistema de creencias cuya conexi�n no es intelectual, sino vital; la incoherencia l�gica rara vez es descubierta; se apoyan alternativamente en convicciones que se excluyen, pero cuya exclusi�n no les es patente. Si no fuera as� la manipulaci�n de los hombres ser�a muy dif�cil. A la hora de ejercer la m�xima responsabilidad, que es vivir, es cuando se ponen a prueba todas las ideas, y de las falsas, incoherentes, contradictorias, suplantadoras de la realidad, no se puede vivir. Las vidas individuales de tantos hombres de nuestro tiempo quedan en descubierto, fracasadas, no ya en su realizaci�n (esto en alguna medida es inevitable) sino en sus proyectos. No es que el hombre no llegue a ser lo que quiere, sino que descubre que no ha querido -no ha podido querer- lo que cre�a que estaba queriendo. Y es que como dice una copla de esta vieja tierra del Sur: �T� quer�as irte / y no te marchabas. / Yo quer�a irme, / pero me quedaba�. Francisco Arias Solis e-mail: [EMAIL PROTECTED] URL: http://www.arrakis.es/~aarias Aviso: Se ruega a los internautas pongan en su p�gina el banner o logotipo de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm Gracias ----------
