Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Castro, el tercer ojo y el balserito

Carlos Alberto Montaner

El ojo pol�tico es una extra�a facultad que muy poca gente posee. Consiste
en ver los sucesos de otra manera. Una manera helada, carente de emociones,
como de forense desvelado. Fidel Castro lo tiene. Ante cualquier suceso
importante su tercer ojo se pone en movimiento y espont�neamente le ofrece
una lectura diferente, servicial, �til para sus �nicos prop�sitos en la
vida: mantenerse en el poder y derrotar a sus adversarios.

Acaba de demostrarlo con el caso del balserito Eli�n Gonz�lez. Lo que todo
el mundo vio fue el naufragio de un bote en el que nueve personas
desesperadas que hu�an de una detestable dictadura mor�an ahogadas, mientras
que un ni�o de seis a�os con cara de angelote travieso consegu�a salvarse
milagrosamente en medio de la extra�a complicidad de unos delfines, no sin
antes ver morir a su madre y a su padrastro. La opini�n p�blica contempl�
una dolorosa tragedia humana y el rostro de un ni�o que inspiraba ternura.
Fidel Castro, en cambio, le levant� la falda al asunto, examin� la cosa
fr�amente y vio una oportunidad. �Para qu�?

Para crear una crisis con Estados Unidos, colocar a su archienemigo a la
defensiva y tratar de modificar su pol�tica hacia Cuba.

La jugada fue c�nicamente h�bil. Como los magos de feria, hizo un truco con
su varita m�gica, escondi� en su sombrero de copa al ni�o v�ctima de su
tiran�a y lo sustituy� por el ni�o v�ctima de Estados Unidos.

S�bitamente, el foco del problema dej� de ser el horror de unas personas que
mor�an tratando de alcanzar la libertad y un sistema econ�mico que les
permitiera ganarse la vida decentemente, para transformarse en un pleito
legal sobre a qui�n correspond�a la custodia de un ni�o deshecho por el
infortunio: a los familiares exiliados o al padre que qued� en Cuba.

Pero esta era solo la punta del iceberg. Hab�a mucho m�s. Castro intuy� que
el incidente del balserito pod�a servirle para la misi�n revolucionaria m�s
importante que le queda por realizar antes de morirse e inaugurar una momia
gloriosa y heroica en la Plaza de la Revoluci�n: conseguir que su r�gimen de
partido �nico, econom�a estatal y Polic�a rigurosa, permanezca intacto tras
su desaparici�n f�sica sin que un perestroiko mentecato le eche a perder
cuarenta a�os de intensa labor leninista.

Castro quiere evitar la transici�n hacia la democracia a cualquier costo, y
utiliza todos los recursos a su alcance. Hasta la suerte de un pobre ni�o
hu�rfano de madre, golpeado sin piedad por la desgracia.

Me explico. Mejor que nadie, Castro sabe que, aun entre sus m�s pr�ximos,
por debajo de la aparente unidad monol�tica del r�gimen, son mayor�a los que
quisieran ponerle fin a un sistema tan torpe, cruel e improductivo,
totalmente re�ido con el siglo XXI, in�tilmente enfrentado a Estados Unidos,
su mercado natural, y a la Uni�n Europea, que se niega a aplicarle cualquier
trato favorable, a menos de que el Gobierno cambie su naturaleza
totalitaria. �C�mo destruir esta tendencia reformista/derrotista que amenaza
la futura continuidad ideol�gica de su Gobierno? Seg�n Castro, logrando,
antes de morir, su principal objetivo estrat�gico: el fin del embargo
norteamericano y la eliminaci�n de la cl�usula democr�tica en los tratos de
Cuba con Europa. Es decir, demostr�ndoles a los cubanos, a reformistas e
inmovilistas, que nada hay que cambiar en la isla porque el mundo acepta la
dictadura tal cual es, sin condiciones. Esa ser� la m�gica se�al de que se
producir� esa sucesi�n sin transici�n que espera el sector m�s intransigente
y cavern�cola del castrismo.

�C�mo encajaba el dulce e inocente Eli�n en esta dura estrategia de real
politik? El balserito, para el tercer ojo de Castro, no era una criatura
marcada por el horror, sino la oportunidad para crear una crisis. Era una
sacudida del statu quo, y, a la vez, una probabilidad de obtener concesiones
de Washington durante el proceso de soluci�n del conflicto.

Es as�, de encontronazo en encontronazo, c�mo Castro se propone reconducir
en su beneficio la pol�tica yanqui. Ya lo ha dicho el Gobierno cubano con
absoluta transparencia: el episodio de Eli�n es solo una batalla m�s en la
lucha contra el embargo norteamericano; lucha que seguir� hasta que las
relaciones entre los dos pa�ses se normalicen, y con ello -se sobreentiende-
quede garantizada la intacta permanencia del r�gimen tras la desaparici�n
f�sica del Comandante.

Para los pol�ticos responsables, tanto en Washington como en Bruselas, las
intenciones de Castro son obvias, pero ser�a suicida complacerlo. Si se
cancelan prematuramente las presiones econ�micas de Estados Unidos o las
morales de la Uni�n Europea, se debilitar�an las posibilidades de estimular
una r�pida transici�n cuando Castro muera, pero, adem�s, suceder�a algo
igualmente grave: desaparecer�a todo el leverage, toda la influencia
norteamericana para exigir en ese delicado momento algo que les quita el
sue�o a los policy makers mejor informados: primero, la destrucci�n del
arsenal de armas bacteriol�gicas creadas y almacenadas en Cuba desde la
d�cada de los ochentas, seg�n revelara la fuente rusa m�s escalofriantemente
fiable -Ken Alibek, el hombre que dirigi� el departamento sovi�tico de armas
bioqu�micas hasta 1992-, instrumentos de muerte en masa que ponen en peligro
a toda la cuenca del Caribe; y, segundo, el fin del "santuario" instalado en
la isla para delincuentes norteamericanos, sudamericanos y europeos
(asaltantes de la Wells Fargo, asesinos de polic�as, secuestradores,
narcotraficantes, terroristas de ETA), impunidad que ha convertido a la
patria de Mart� en una especie de lamentable isla Tortuga a donde escapan de
la justicia planetaria todo g�nero de delincuentes pol�ticos y comunes.

�Cu�l ser� el momento de levantar el embargo y suprimir las presiones
pol�ticas europeas? "Cuando Castro muera y herede su inmenso poder un
r�gimen d�bil y vacilante dispuesto a cambiar ayuda masiva por democracia,
Estado de Derecho, desarme bacteriol�gico y un comportamiento pac�fico con
sus vecinos", me ha dicho un influyente parlamentario norteamericano que
prefiere mantener el anonimato.

Mientras eso llega, naturalmente, Castro no dejar� de explotar todas las
oportunidades que le brinde el destino de luchar por la supervivencia de la
dictadura. Ser� un sistema fracasado y moralmente injustificable, pero es la
obra de toda su vida. Para eso le sirven su legendario ojo pol�tico y la
inescrupulosa manipulaci�n de una criatura de seis a�os.

Para eso. (FIRMAS PRESS


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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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