Probablemente muchos de ustedes ya leyeron este art�culo de Antonio Caballero. Sin embargo lo retranscribo para quienes no lo hayan hecho. Pocas veces como esta estoy tan de acuerdo con lo que dice.
 
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(De Semana, edici�n 997)
 
Para 20 a�os m�s
Aqu� no manda nadie, ni el pa�s est� sujeto a instituciones ni a leyes. Gobiernos y guerrillas son apenas dos entre muchos actores de la anarqu�a
 
Por: Antonio Caballero
El intercambio humanitario de prisioneros es una cosa buena, por supuesto. Pero no tiene nada que ver con la paz.

Tambi�n son buenos los di�logos: siempre hay que dialogar. Y son buenas —o al menos inevitables, que es una de las maneras en que las cosas son buenas— las concesiones hechas a la guerrilla.

Pero tampoco esas cosas, buenas en s� mismas, tienen nada que ver con la paz. El llamado proceso de paz no conduce a la paz.

No me refiero solamente al emprendido por el actual gobierno. Esto empez� mucho antes. Antes incluso de la fallida tentativa de Belisario Betancur, que fue la m�s espectacular. Hab�a empezado cuando Julio C�sar Turbay nombr� aquella primera y ef�mera Comisi�n de Paz que presidi� el ex presidente Carlos Lleras. En ese momento, y por primera vez, un gobierno reconoci� que en Colombia se libraba subterr�neamente una guerra civil. Desde entonces la guerra se ha complicado y agravado, pero no por ello se ha dejado de hablar de paz. Lo que ahora se llama “negociaci�n en medio de la guerra” es simplemente la protocolizaci�n de lo que se ha venido haciendo sin cesar desde hace m�s de 20 a�os. Y esos 20 a�os son suficientes para mostrar que un proceso de esas caracter�sticas no conduce a la paz; sino a la prolongaci�n indefinida de las negociaciones y a la prolongaci�n indefinida de la guerra.

La raz�n principal de esta situaci�n no est� en la mutua mala fe, aunque tambi�n hay algo de eso. Est� en que las dos partes que negocian, el gobierno y la dirigencia guerrillera, carecen de la capacidad de hacer la paz, as� la quieran. Pueden charlar todo lo que deseen, pueden comprometerse a los que les parezca, pueden incluso cumplir. Pero no lograr�n la paz porque no tienen control sobre la guerra, que vive y crece sola. No la generan ni las guerrillas ni los gobiernos: la genera el pa�s. Es decir, la anarqu�a. Aqu� no manda nadie, ni el pa�s est� sujeto a instituciones ni a leyes. Gobiernos y guerrillas son apenas dos de entre los muchos actores de la anarqu�a.

Una anarqu�a que impera tambi�n dentro del seno de cada campo. Los jefes de la guerrilla, por ejemplo, pueden tener autoridad sobre sus frentes para ordenar la guerra; pero no la tienen para imponer la paz. Entre otras cosas por el hecho elemental de que las guerrillas son ej�rcitos. El prop�sito de su existencia es la guerra, no la paz. Y lo que est�n obteniendo de la guerra, y por eso crecen, es el poder que da la guerra: poder militar sobre la poblaci�n y los recursos en sus zonas de influencia.

Del otro lado el desorden es a�n peor, porque los elementos son m�s numerosos y dispares y los gobiernos carecen de control y de autoridad sobre ellos: son muchas fuerzas, aut�nomas y centr�fugas. Los gobiernos no tienen autoridad ni siquiera sobre los militares, aunque en apariencia la ejerzan. Ni la tienen sobre los agentes econ�micos, ni sobre los profesionales de la pol�tica, ni sobre los paramilitares. Ning�n gobierno podr�a impedir, por ejemplo, aunque de verdad quisiera, que los paramilitares siguieran actuando, ni que los militares les siguieran ayudando, ni que los ricos del campo los siguieran respaldando. Aqu� no manda nadie, dije m�s atr�s; y aqu� no obedece nadie. La anarqu�a es tal que ni siquiera la guerra que vivimos es una sola guerra, sino 20 � 30 a veces superpuestas: guerras sociales y econ�micas, urbanas y rurales, regionales, locales; por la propiedad de la tierra, por el control de la droga, por los derechos del agua, por el acceso a los dineros p�blicos. Nadie manda, nadie obedece, no rige ninguna ley, y todos estamos contra todos. Lo que sucede, pues, es simplemente lo que dictan las leyes del desorden (que, por supuesto, tambi�n las hay).

Por eso, hagan lo que hagan gobiernos y guerrillas, y digan lo que digan, la guerra seguir� su propio curso, alimentada por el desorden del pa�s, hasta el agotamiento. S�lo as� se acaban las guerras civiles: por agotamiento. Por eso no se ganan nunca, sino que se pierden siempre (consideradas a escala de la sociedad en la que se dan; a escala individual, siempre hay quien gana con las guerras civiles). Y el desorden del pa�s es de tal naturaleza que hay alimento de sobra para que sigamos perdiendo esta guerra otros 20 a�os m�s.    

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