El juego de las alianzas
Carlos Alberto Montaner
Lo m�s importante es lo sucedido con Rusia. El se�or Putin, muy h�bilmente, encontr� una v�a diferente de acercarse a Washington. Ya no es el representante de una cleptocracia caotizada tras el fin del modelo comunista, siempre con la mano extendida para recibir pr�stamos blandos, sino un jefe de estado militarmente poderoso, poseedor de veinte mil ojivas nucleares, finalmente decidido a colocarse junto a Estados Unidos en un momento crucial. El apoyo es total en producci�n de petr�leo para bajar el precio de la energ�a y en materia de entrega de inteligencia sobre Afganist�n y los talibanes. Pero ah� no termina la colaboraci�n: como gesto supremo de buena voluntad, Mosc� cierra una base naval en Vietnam y la estaci�n de espionaje electr�nico m�s grande del mundo, "Lourdes'', situada en las afueras de La Habana, desde la cual interceptaban todas las comunicaciones militares y civiles de la costa atl�ntica norteamericana, incluidas muchas conversaciones privadas de senadores, congresistas y oficiales de la CIA y del Pent�gono. A partir de ahora lo probable es que Rusia comparta con su flamante aliado cuanto sabe de la Cuba de Castro y de los otros reg�menes militantemente antiyanquis. Es probable que ya lo est� haciendo.
Tal vez la �nica buena noticia asociada a la carnicer�a de las torres gemelas es �sa: el regreso del gobierno ruso al �mbito de las potencias occidentales, v�nculos que se interrumpieron en 1917 con el derrocamiento de los zares y el establecimiento de la dictadura comunista. Hasta ese momento, Rusia, desde el siglo XVI, hab�a hecho un esfuerzo permanente por alejarse de su componente oriental, convencidos los zares de que el progreso y la modernidad s�lo eran posibles si se acercaban, como trataron de hacer, a los modos de producci�n y al comportamiento social de Alemania, de Inglaterra y, muy especialmente, de Francia. Ese razonamiento, que fue una convicci�n profunda entre los �ltimos Romanov, vuelve ahora, pero con un punto de referencia distinto: Estados Unidos es el modelo. Putin quiere que su pa�s alcance los niveles de prosperidad y estabilidad de Estados Unidos y por eso se ha colocado al lado de la naci�n norteamericana. Quiere ser su socio, no su competidor. Con ello se garantiza, adem�s, en este nuevo clima de cooperaci�n, la ausencia de cr�ticas norteamericanas a sus ``asuntos internos''. Ahora, si lo cree necesario, podr� machacar minuciosamente a los chechenos u otros pueblos d�scolos sin enfrentarse a las censuras auspiciadas por Washington.
Si este juego de alianzas beneficia a los rusos, no hay duda que perjudica a los israel�es. El se�or Sharon tiene cierta raz�n cuando ve con temor las apresuradas concesiones de Bush a los palestinos. Washington sab�a que las excelentes relaciones con Israel le acarreaban la enemistad del mundo isl�mico, pero no le importaba porque no pagaba por ello un precio demasiado alto. Tras el 11 de septiembre termin� esa lectura del conflicto y se pas� a otro tipo de an�lisis: primero est� la seguridad norteamericana y luego la seguridad de Israel. De ah� se deriv� una conclusi�n: admitamos la creaci�n a corto plazo de un estado palestino para mejorar las relaciones con los gobiernos isl�micos.
Pero el asunto que inquieta a los israel�es no es �se sino otro m�s dram�tico: �dejar�n los fundamentalistas de procurar la destrucci�n de Israel tras el surgimiento de esta nueva naci�n mahometana, o se sentir�n envalentonados para tratar de exterminar a los jud�os? Vale la pena repetir el art�culo siete de los estatutos de Hamas, la organizaci�n terrorista isl�mica, citado por Bruce Hoffman en A mano armada: Historia del terrorismo: ``El tiempo de la redenci�n no llegar� hasta que los musulmanes luchen contra los jud�os y los maten, y hasta que los jud�os tengan que esconderse tras �rboles y rocas cuando suene el grito de `musulm�n, aqu� se esconde un jud�o. Ven y m�talo' ''. Porque ni siquiera se trata de odio a los israel�es por razones territoriales. Como sue�a y promete el im�n Ahmad Ibrahim, l�der de Hamas: ``Seis millones de descendientes de los monos (jud�os) ahora rigen todas las naciones del mundo, pero su d�a llegar�. �Al�, m�talos a todos, que no quede ni uno!''. Con esos truenos, la verdad, Israel no puede bajar la guardia. Ser�a suicida.
Octubre 28, 2001
