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Dos caminos para Estados Unidos
Por ALAIN TOUR AINE

Es soci�logo y director del Instituto de Estudios Superiores en Par�s.

Los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington hicieron caer 
el cristal ficticio que separaba a Estados Unidos del resto del mundo. 
Estados Unidos interven�a en el mundo en funci�n de sus intereses y de la 
imagen que ten�a de sus adversarios, pero parec�a estar fuera de ese mundo 
en el que interven�a, a pesar de que los atentados mort�feros hab�an 
golpeado ya a varias de sus embajadas. La guerra del Golfo, que se 
desarroll� por completo en territorio iraqu� y en las bases saud�es, no la 
vivi� Estados Unidos como una dolorosa prueba.

De pronto, Estados Unidos se encuentra inmerso en medio de un mundo que 
cre�a dominar desde arriba y se ve obligado a elegir a corto plazo entre dos 
concepciones de sus relaciones con el mundo. La primera ya no es, como 
anta�o, el aislamiento en un continente. Se puede definir, como hace la 
mayor parte de los estrategas norteamericanos, como unilateralista. Esta 
palabra quiere decir que Estados Unidos opta por considerar el mundo s�lo 
desde el punto de vista de sus intereses. Se puede hablar, por lo tanto, de 
la revancha que hay que tomar en Somalia y del peligro de ver a Irak 
fabricar armas biol�gicas o nucleares letales. Podemos suponer que Estados 
Unidos quiere liquidar, poco a poco, a todos los pa�ses que, como dijo el 
presidente Bush, forman parte del eje del mal. Semejante pol�tica implica la 
creaci�n de fuertes alianzas con objeto de que las iniciativas 
estadounidenses no lleven a una crisis mundial. Estas alianzas acaban de 
ultimarse, y garantizan a Estados Unidos una gran libertad de movimiento. 
Para empezar, la alianza con Rusia, la alianza m�s fuerte y m�s importante 
estrat�gicamente; luego, la alianza con China, m�s cercana que Jap�n; la 
sorprendente alianza con Pakist�n, ya que hasta ahora Estados Unidos, 
siempre se aliaba con India por su temor a que se desarrollaran en el oeste 
del pa�s brotes a la vez religiosos y nacionalistas.

Esta pol�tica unilateral se basa fundamentalmente en la total hegemon�a que 
actualmente ejerce Estados Unidos en todo el mundo. Ning�n pa�s ha tenido 
nunca una presencia tan fuerte en todos los lugares del mundo, un control 
tan directo sobre los principales recursos econ�micos y sobre los 
principales mercados econ�micos y financieros.

Pero el conjunto de la opini�n p�blica estadounidense est� muy lejos de 
unirse en torno a una posici�n tan nacionalista y susceptible de llevar a 
crisis imprevisibles. Los atentados del 11-S no s�lo han llevado a Estados 
Unidos a invadir Afganist�n y a derribar a los talibanes para capturar a 
jefes pol�ticos y religiosos -que, por otra parte, se les han escapado-, 
sino que han hecho que tome conciencia de la extrema complejidad de los 
problemas pol�ticos tanto en esta parte del mundo como en otras. Incluso los 
que se han visto m�s profundamente afectados y escandalizados por los 
atentados contemplan el conjunto de la situaci�n mundial y, sin buscar la 
menor excusa para los que ellos llaman terroristas, intentan entender a la 
vez las fuerzas que atacan a Estados Unidos y las situaciones que han 
llevado a una crisis tan dram�tica. Las desigualdades econ�micas cada vez 
mayores; la destrucci�n de poblaciones enteras por epidemias o pandemias en 
�frica; el desarrollo de un islamismo que las rep�blicas pos-sovi�ticas ya 
no controlan; e incluso reticencias y malos humores en Latinoam�rica y en 
Europa, a pesar de que Estados Unidos no da un gran valor a la opini�n de 
sus aliados; todo ello lleva a muchas personas responsables a inquietarse. 
Estados Unidos no ha elegido todav�a entre estas dos posiciones, que a�n no 
est�n claramente concretadas. Ello dio una importancia imprevista al Foro de 
Nueva York. Este Foro lo prepar� en Ginebra un equipo europeo, pero reuni�, 
como otros a�os en Davos, a un gran n�mero de hombres de negocios 
norteamericanos y europeos, as� como a numerosas autoridades 
estadounidenses. Los ministros expresaron su opini�n ante este Foro, 
se�alando con ello la importancia que conced�an a dicha reuni�n. Y todos 
esos c�rculos, que pertenec�an casi por entero a lo que se puede llamar 
'establishment internacional', cuyo centro es claramente Estados Unidos, 
pusieron de manifiesto una reticencia m�s fuertes de lo esperado, tanto 
respecto a una pol�tica unilateral como respecto a aventuras militares cuyo 
fin no se ve.

El desfase entre las declaraciones del Gobierno de Estados Unidos y los 
debates del Foro de Nueva York fue cada vez m�s visible, en particular 
cuando el ex presidente Clinton, que habl� en una de las reuniones m�s 
interesantes del Foro, no escatim� cr�ticas a su sucesor.

Dos temas se opon�an en el discurso oficial. El primero era el de los 
derechos humanos. Debiendo responder a la dif�cil pregunta de qu� debe tener 
prioridad, si el respeto a la soberan�a nacional o la defensa de los 
derechos humanos, la mayor�a de los presentes se pronunci� claramente por la 
segunda postura, lo que no significa apelar a los derechos humanos para 
ocultar una pol�tica de conquista, sino que es fundamental que unos 
principios superiores se impongan a la pol�tica estadounidense. La otra 
respuesta era la de la injusticia y la desigualdad del orden actual. Desde 
luego, se oyeron reacciones demasiado cl�sicas y en unas horas se vio a las 
mayores fortunas de Estados Unidos desembolsar miles de millones de d�lares 
para salvar la vida de los ni�os africanos, pero ser�a injusto limitarse a 
eso y muchas voces importantes se pronunciaron claramente a favor de la 
transformaci�n de lo que es un desorden m�s que un orden, el despliegue de 
injusticia m�s que de progreso. Se pod�a esperar que no hubiera una gran 
distancia entre la posici�n oficial estadounidense y la del Foro de Nueva 
York, y que una y otra estuvieran igualmente alejadas de la de Porto Alegre. 
Tan rid�culo ser�a decir que los dos foros se acercaron para alejarse juntos 
del Gobierno estadounidense como claro est� que el Foro de Nueva York tom� 
posiciones que no se confunden con las del otro Foro ni con las del Gobierno 
estadounidense. Es lo que ha hecho, por otra parte, que el Foro de Nueva 
York, que se inaugur� bajo muy malos auspicios, acusado de haberse 
convertido en un p�lido reflejo de la din�mica creada en Porto Alegre, 
terminara aportado los elementos m�s novedosos. Esto se puede explicar 
f�cilmente: durante los primeros meses que siguieron a los atentados, 
Estados Unidos reaccion� solidariamente, dando muestras de un gran esp�ritu 
c�vico y, es justo a�adirlo, sin lanzarse a grandes manifestaciones 
agresivas o xen�fobas. Pero unos meses despu�s, cuando la guerra de 
Afganist�n se ha traducido en un �xito, pero tambi�n en un fracaso, Estados 
Unidos no puede retrasar por mucho m�s tiempo un un gran debate sobre sus 
proyectos pol�ticos y su lugar en el mundo. Hasta ahora, no ha dado la menor 
importancia a las reacciones europeas y, seg�n parece, tampoco a las de su 
mejor aliado, Tony Blair. Pero ahora le toca pronunciarse a la opini�n 
p�blica estadounidense. Sabemos que desea medidas de represi�n contra 
quienes atacaron el suelo estadounidense; pero eso no significa de ning�n 
modo que sea adicta a una pol�tica militarista.

Por el contrario, es necesario decir que el Foro de Porto Alegre tropez� con 
grandes dificultades. En efecto, se puede criticar muy duramente la 
actuaci�n del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, pero es 
dif�cil negar que estas instituciones financieras han sido los principales 
elementos de regulaci�n social de la econom�a mundial y que su supresi�n 
s�lo conseguir�a probablemente dejar a muchos pa�ses expuestos sin 
protecci�n alguna al azar de los mercados. Por otra parte, sigue siendo muy 
dif�cil pasar de la denuncia, que tiene una gran utilidad por s� misma, a 
propuestas que pueden interferir con los intereses y los proyectos de 
hombres pol�ticos continentales o internacionales.

La conclusi�n provisional a la que lleva la observaci�n de las jornadas en 
que se reunieron los dos foros es que no hay nada dicho, que Estados Unidos, 
superpotencia, a�n no se ha decidido a comprometerse a fondo en una lucha 
militar abierta contra el eje del mal, por hablar como el presidente Bush, y 
que, por lo tanto, es esencial que se multipliquen y se refuercen las 
presiones sobre el Gobierno de Washington para que no se deje llevar por la 
soberbia. Se ha dado un paso adelante: tanto en Nueva York como en Porto 
Alegre se han reconocido el desorden mundial y la desigualdad creciente, 
aunque el tono haya sido muy diferente en cada lugar. Ahora est� claro que 
el mundo entero, y para empezar, Estados Unidos, debe optar entre el 
unilateralismo y el mundialismo, es decir, otorgar la prioridad a la 
b�squeda de equilibrios mundiales, y la disminuci�n de las desigualdades y 
la miseria.

Como algunos observadores est�n empezando a decir, Europa podr�a ejercer 
probablemente mayor influencia sobre las decisiones tomadas en Washington. 
Hasta ahora, los europeos s�lo se han pronunciado de forma prudente y 
rutinaria, diciendo que apoyan la reacci�n estadounidense y que se preocupan 
tambi�n de las naciones m�s pobres. No parece posible que los europeos 
puedan tomar iniciativas m�s fuertes, no s�lo en Asia Central, sino tambi�n 
en Oriente Pr�ximo, donde el pulso entre Sharon y Arafat no puede durar 
mucho m�s tiempo y corre el peligro de llevar a toda la regi�n a una 
violencia incontrolable.

Quiz� venza la pol�tica del Pent�gono; en todo caso, el Foro de Nueva York, 
en lugar de mostrar c�mo todos los empresarios, los banqueros y los l�deres 
pol�ticos de todo el mundo apoyaban incondicionalmente al Gobierno 
estadounidense, mostr� cierta conciencia de la necesidad de pensar y actuar 
a escala mundial, lo que quiere decir que Estados Unidos no debe ser el 
�nico que decida el futuro del planeta en funci�n de sus intereses y de su 
voluntad de dominaci�n.


http://www.elpais.es/articulo.html?xref=20020227elpepiopi_8&type=Tes&anchor=elpepiopi&d_date=20020227
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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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