Colext/Macondo Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior --------------------------------------------------
�ste art�culo es largo pero sustancioso. EDICI�N IMPRESA > opini�n Terroristas, halcones y criminales de guerra Por BALTAZAR GARZ�N REAL Y JOS� MANUEL G�MEZ BEN�TEZ Baltazar Garz�n R. es magistrado del juzgado Central de Instrucci�n N�mero 5, y Jos� Manuel Gomez B. es catedr�tico de Derecho Penal de la Universidad Carlos III de Madrid. No es frecuente en nuestros d�as reivindicar l�mites al poder de la voluntad. Sin embargo, la voluntad sin l�mites conduce a la ausencia de sentimiento de culpabilidad y, en consecuencia, a la justificaci�n interna de la violencia. Es, entonces, muy poco relevante la cuesti�n de su legitimaci�n externa: vista desde fuera -especialmente desde cada uno de los bandos- una persona puede ser, en efecto, un terrorista o un l�der que lucha por la libertad y/o la seguridad de su pueblo. Sin l�mites �ticos o morales al ejercicio de la voluntad y, por tanto, sin sentimiento de culpabilidad, puede llegar a justificarse, incluso, la selecci�n o el ataque -sea directo o colateral- contra v�ctimas indefensas y, m�s a�n, inocentes, es decir, que no s�lo no est�n integradas conscientemente en ning�n bando, sino que, adem�s, sufren el dolor, el hambre y la injusticia por el mero hecho de existir. Tan frecuente es la indiferencia de quienes no se sienten culpables ante esta clase de v�ctimas que debemos sospechar que forman parte esencial de la estrategia: se trata no s�lo de imponerse al precio que sea, sino tambi�n de mantener la sensaci�n colectiva de inseguridad para conseguir un objetivo pol�tico, sea la independencia de un territorio, el triunfo de una ideolog�a o el incremento desmedido del gasto militar. No s�lo por razones jur�dicas, sino, sobre todo, porque en cualquier situaci�n, incluso en la guerra, existen l�mites �ticos y morales y, por tanto, jur�dicos al poder de la voluntad de imponerse al contrario, va ganando terreno la aproximaci�n al concepto de terrorismo desde la perspectiva de los cr�menes de guerra, aunque cometidos en tiempo de paz. Pese a que siempre hay y habr� quienes compartan con sus l�deres su voluntad ilimitada y, por tanto, los justifiquen y apoyen por su mera ideolog�a, la aureola del terrorista-combatiente por la libertad y/o seguridad de su pueblo disminuye dr�sticamente cuando se le mira como un simple criminal de guerra, tanto en tiempo de guerra como de paz. No s�lo desde fuera, sino tambi�n desde el punto de vista interno, la justificaci�n de la violencia se esfuma ante la violaci�n de la m�s elemental �tica propia del combatiente: matar, torturar o secuestrar al enemigo desarmado o al que se ha rendido, al que est� enfermo, herido o ha sido hecho prisionero, o a civiles, o ejecutarlos, secuestrarlos o condenarlos a largos a�os de prisi�n sin un juicio justo, sit�a al 'combatiente' ante su propia degradaci�n �tica y moral. Por encima de la capa protectora de su ideolog�a, el criminal de guerra -en tiempo de guerra y de paz- deber�a sentir la culpabilidad que corresponde a las acciones m�s viles de las que es capaz el ser humano. Antes del 11 de septiembre ya sab�amos que la ausencia de l�mites al poder de su voluntad no era ajena a muchos de nuestros dirigentes. En realidad, si bien se mira, a la m�s que constatada implicaci�n hist�rica de las grandes potencias en la creaci�n, financiaci�n, entrenamiento y dotaci�n de armas -incluso bacteriol�gicas y qu�micas de destrucci�n masiva- a organizaciones armadas y gobiernos terroristas, y a la no menos conocida pr�ctica de la guerra sucia o terrorismo de Estado, lo �nico que se ha a�adido desde el 11 de septiembre es la publicidad. Ahora no hay problema en reconocer p�blicamente, por ejemplo, que el ej�rcito de Israel -sin ignorar el muy esperanzador movimiento interno de oficiales que se niegan a participar en operaciones terroristas en los territorios ocupados- cuenta con una unidad de �lite dedicada a ejecutar los atentados mortales contra los presuntos dirigentes de determinadas organizaciones terroristas palestinas. A su vez, en los medios de comunicaci�n se alude abiertamente a los comandos norteamericanos que operan en distintos pa�ses en misiones especiales de caza de terroristas vivos o (preferiblemente) muertos. Tampoco hay nada que ocultar en Guant�namo -�todos hemos visto a estos 'combatientes ilegales (no prisioneros de guerra) pero sometidos por conveniencia a las Convenciones de Ginebra', en sus jaulas, incapaces de moverse por s� mismos, y disfrazados!-, ni en Estados Unidos: no se oculta, en efecto, que hay cientos de detenidos (desaparecidos) en lugares desconocidos desde hace meses, que est�n siendo interrogados en la m�s absoluta clandestinidad y, por supuesto, sin asistencia de abogado, y que padecen la m�s total incertidumbre sobre la acusaci�n y el tribunal que habr� de juzgarlos, adem�s de una restricci�n de las pruebas a las que tienen derecho. �Hasta la matanza de presos talibanes en Mazar-i-Sharif ha tenido su publicidad y, hasta el momento, ninguna respuesta jur�dico-penal! En suma, asistimos a la consolidaci�n p�blica de los 'espacios sin Derecho' y la consiguiente marginaci�n de los tribunales de justicia en cuestiones de terrorismo y cr�menes de guerra. La investigaci�n desde el Estado de derecho de estos cr�menes se ha convertido en un juicio trasnochado; el terrorismo de Estado anterior al 11 de septiembre parece un macabro juego de ni�os que, al parecer, ahora no s�lo no habr�a por qu� ocultar, sino que habr�a que amparar y fortalecer. El ambiente de deliberada confusi�n entre la guerra y la paz y el consiguiente apoyo expl�cito de las autoridades norteamericanas y del Reino Unido, con el benepl�cito de casi todas las dem�s, a la guerra sucia hace cada vez m�s imperceptible la diferencia �tica y moral entre los bandos: m�s all� de la manifiesta desproporci�n de la fuerza y de la injusticia hist�rica que padecen algunos de los que est�n en el lado de los m�s d�biles, en ning�n bando parece haber l�mites al poder de la voluntad, ni sentimiento de culpabilidad, ni, por tanto, un Derecho que respetar. Conviene, por eso, volver a recordar algunas bases muy elementales de la convivencia ordenada conforme al Derecho: Los guerrilleros, paramilitares o soldados y sus superiores -incluidos los pol�ticos- que, en un conflicto armado internacional o interno, matan o torturan al enemigo herido o prisionero, o a civiles, o destruyen o se apropian de sus bienes sin justificaci�n militar, o no les proporcionan un juicio justo, o no respetan, en general, las normas b�sicas del Derecho Internacional Humanitario, no son terroristas sino criminales de guerra, y como tales deben ser juzgados y condenados. Quienes, sin embargo, con independencia de su denominaci�n, matan, torturan, secuestran o realizan hechos similares para sembrar el terror en un sector de la poblaci�n en tiempo de paz -valga decir, cuando no existe un conflicto armado internacional o interno- actuando, generalmente, al servicio de una organizaci�n o de sus fines pol�ticos, son, simplemente, terroristas, y como tales deben ser juzgados y condenados. No obstante, a veces, tanto una clase de criminales de guerra como otra sobrepasan el list�n perverso de sus respectivos cr�menes, imprimi�ndoles, digamos, una dimensi�n masiva, sistem�tica. Se convierten, entonces, en responsables de cr�menes contra la humanidad y como criminales contra la humanidad y no de guerra o terroristas deben, entonces, ser juzgados y condenados. Este discurso no admite trampas interesadas: la reivindicaci�n de l�mites �ticos y morales al poder de la voluntad y, por tanto, de la supremac�a del Derecho no puede ser parcial, escindida, de forma que s�lo afecte a unos, pero no a otros. Lamentablemente, no parece que los vientos soplen en esta direcci�n, no digamos ya en Estados Unidos, en donde la coartada del 'eje del mal' parece justificarlo todo, sino ni siquiera en nuestra civilizada Europa. El impacto de los aviones contra las Torres Gemelas sigue tan presente que no parece existir duda en los foros internacionales sobre la diferencia entre lo que hacen ellos y lo que se hace y puede hacer contra ellos: ellos y s�lo ellos pueden realizar, al parecer, actos terroristas, cr�menes de guerra y contra la humanidad. En el otro lado, por el contrario, se trata de defender la paz, sin prestar demasiada atenci�n a las violaciones de derechos humanos: �al fin y al cabo, los nuestros -se dice- son, simplemente, halcones, que vuelan en defensa de la paz! En el lenguaje caracter�stico del Derecho perverso -en sentido hegeliano, naturalmente- �sta es la esencia de la denominada Posici�n Com�n del Consejo de Europa sobre la aplicaci�n de medidas espec�ficas de lucha contra el terrorismo, adoptada el 27 de diciembre pasado. Seg�n �sta -y aun aceptando que en algunos aspectos se han producido avances saludables en las posiciones europeas en materia de terrorismo- s�lo son actos terroristas los que pueden perjudicar gravemente a un pa�s o a una organizaci�n internacional. Dando por supuesto que las organizaciones calificadas como terroristas no est�n consideradas a estos efectos como organizaciones internacionales, la conclusi�n es obvia: no es un acto terrorista la realizaci�n de los graves delitos descritos en este acuerdo -atentados contra la vida o la integridad de las personas, secuestros o tomas de rehenes, destrucci�n de infraestructuras, fabricaci�n o suministro de armas (incluso nucleares) o explosivos, liberaci�n de sustancias peligrosas o provocaci�n de incendios, inundaciones o explosiones cuyo efecto sea poner en peligro vidas humanas, interrupci�n del suministro de agua, electricidad u otro recurso natural con el mismo efecto anterior, entre otras similares- si se realizan desde el otro bando, esto es, no para perjudicar a un pa�s u organizaci�n internacional, sino desde el pa�s, Gobierno u organizaci�n internacional que se pretenden defender. Parece que esta posici�n ha olvidado tener en cuenta actos como los asesinatos selectivos de dirigentes palestinos, o la destrucci�n de las casas de familiares y 'amistades' de los terroristas-suicidas palestinos, o la pol�tica de 'tierra quemada' de las autoridades rusas en Chechenia. Nada de esto es terrorismo, seg�n el Consejo de Europa: �es, acaso, Ham�s, por ejemplo, una organizaci�n internacional a la que se pretenda destruir al asesinar a sus integrantes o al destruir las casas de los familiares de los terroristas-suicidas? �Son, tal vez, un pa�s al que se pretenda destruir el conjunto de territorios dispersos en Cisjordania y Gaza y parte de Jerusal�n, en donde viven millones de palestinos? �Son, en este sentido, organizaciones internacionales a las que haya que proteger Al Fatah y la Autoridad Palestina? �Es, tal vez, a estos efectos Chechenia un pa�s? �Qu� son los kurdos? Si las conductas delictivas perpetradas en estos conflictos no son terroristas, entonces: �ser�n perseguidas, tal vez, como cr�menes de guerra o contra la humanidad? En situaciones l�mite es cuando m�s se echan de menos los principios. De la mano del pragmatismo norteamericano los gobernantes occidentales caminan hacia la desaparici�n de cualquier clase de l�mite al poder de la voluntad tambi�n en nuestro lado. No son tan s�lidos los principios aqu� como parec�a. Por esta v�a, la perpetuaci�n de la violencia est� asegurada: el vuelo del Halc�n es, tambi�n, una amenaza contra la paz. http://www.elpais.es/articulo.html?xref=20020305elpepiopi_8&type=Tes&anchor=elpepiopi&d_date=20020305 _________________________________________________________________ Con MSN Hotmail s�mese al servicio de correo electr�nico m�s grande del mundo. http://www.hotmail.com/ES -------------------------------------------------------------- To unsubscribe send an email to: [EMAIL PROTECTED] with UNSUBSCRIBE COLEXT as the BODY of the message. Un archivo de colext puede encontrarse en: http://www.mail-archive.com/[email protected]/ cortesia de Anibal Monsalve Salazar
