Colext/Macondo Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior --------------------------------------------------
EDICI�N IMPRESA > opini�n C�mo ven otros a EE UU y... �tiene ello importancia? Por PAUL KENNEDY Paul Kennedy es director del Centro para Estudios de Seguridad Internacional en la Universidad de Yale./ Global Viewpoint. Distribu�do por Los Angeles Times Syndicate International. ______________________________________ En una conferencia a la que asist� hace poco, un airado ecologista pregunt�: '�Con qu� derecho imprimen los estadounidenses una huella tan marcada sobre la faz de la Tierra?'. �Uf! Era una pregunta dif�cil porque, por desgracia, es bastante cierto. Los estadounidenses sumamos algo menos del 5% de la poblaci�n mundial, pero nos bebemos el 27% de la producci�n mundial de petr�leo anual, creamos y consumimos casi el 30% del producto mundial bruto y -f�jense en esto- nuestro gasto en defensa es el 40% del gasto total mundial. Seg�n mis c�lculos, el presupuesto del Pent�gono hoy d�a viene a ser igual al gasto en defensa de las nueve o diez naciones que m�s invierten en defensa, algo que no hab�a sucedido nunca antes en la historia. Es, en efecto, una huella muy marcada. �C�mo explic�rselo a los dem�s, y a nosotros mismos? Y �qu� hacer al respecto, en caso de que debamos hacer algo? Planteo estas preguntas porque la experiencia de mis recientes viajes -al golfo P�rsico, Europa, Corea y M�xico-, adem�s de una pila de cartas y mensajes de correo electr�nico llegados de todas partes del mundo, dan a entender que esta democracia nuestra no es tan admirada y valorada como solemos suponer. La simpat�a extranjera ante los horrores del 11 de septiembre fue sincera, pero era una simpat�a por la p�rdida de unos seres queridos inocentes: los trabajadores de las Torres Gemelas, los polic�as y los bomberos. Tambi�n hab�a ese sentimiento de compasi�n provocado por el miedo a que pueda suceder algo semejante en Sydney, Oslo o Nueva Delhi. Pero ello no implica un amor y apoyo incondicionales al T�o Sam. Por el contrario, todo aquel que preste o�do puede detectar una avalancha de cr�ticas internacionales, referencias sarc�sticas a la pol�tica del Gobierno estadounidense, y quejas sobre nuestra marcada 'huella' sobre la faz de la Tierra. Mientras escribo esto, me llega un mensaje electr�nico de un antiguo alumno m�o que ahora est� en Cambridge, Inglaterra (y que es un angl�filo convencido), en el que habla de la dificultad de luchar contra el extendido sentimiento antiestadounidense. �Y eso que est� en la tierra de Tony Blair! Tiene suerte de no estudiar en Atenas, Beirut o Calcuta. Puede que a muchos de los estadounidenses que lean esta columna no les importen las cr�ticas y temores crecientes que manifiestan las voces del exterior. Para ellos, la realidad es que Estados Unidos es el n�mero uno sin rival, y el resto -Europa, Rusia, China y el mundo �rabe- tiene que aceptar este sencillo hecho. Pretender que no es as� es tan in�til como predicar en el desierto. Pero otros estadounidenses a los que escucho -antiguos trabajadores de los Cuerpos de Paz, padres con hijos que estudian en el extranjero (como hicieron ellos en su d�a), hombres de negocios con fuertes relaciones con el extranjero, religiosos y religiosas, ecologistas- est�n verdaderamente preocupados por nuestra 'huella' terrenal y por los murmullos que se escuchan a lo lejos. Les preocupa que nos estemos aislando de la mayor parte de los desaf�os importantes de la sociedad global y que nuestra pol�tica exterior se est� paulatinamente reduciendo a ponernos en marcha con un inmenso peso militar para destruir demonios como los talibanes, para retirarnos luego a nuestras bases a�reas y campamentos. Ellos comprenden, mejor que algunos de sus vecinos, que Estados Unidos ha sido responsable en buena parte de la creaci�n de un mundo cada vez m�s integrado: por medio de nuestras inversiones financieras, nuestras adquisiciones en el extranjero, nuestra revoluci�n de las comunicaciones, nuestra cultura de CNN y MTV, nuestro turismo e intercambios de estudiantes, nuestras presiones a las sociedades extranjeras para que se ci�an a los acuerdos comerciales, los movimientos de capital, la propiedad intelectual, el medio ambiente y las leyes laborales. Se dan cuenta de que no podemos retroceder a una era de inocencia y aislacionismo a lo Norman Rockwell, y temen que nos estemos alejando demasiado de un mundo al que ahora nos unen lazos estrechos e inexorables. Tras mis �ltimos viajes, este punto de vista tiene cada vez m�s sentido para m�. As� pues, �qu� es lo que hay que hacer? Una forma de pensar con m�s claridad podr�a ser dividir la opini�n externa en tres categor�as: los que aman Estados Unidos, los que lo odian y aquellos a los que les preocupa. El primer grupo es f�cilmente reconocible. En �l se incluyen personajes pol�ticos extranjeros como lady Margaret Thatcher y Mija�l Gorbachov; hombres de negocios que admiran la econom�a estadounidense del laisser-faire; adolescentes extranjeros que sienten devoci�n por las estrellas de Hollywood, la m�sica pop y los pantalones vaqueros; y sociedades a las que la pol�tica estadounidense contra los reg�menes perversos ha liberado de la opresi�n. El segundo grupo tambi�n descolla. El antiamericanismo no es solamente el distintivo de los fundamentalistas musulmanes, de la mayor�a de los reg�menes no democr�ticos, de los activistas radicales de Latinoam�rica, de los nacionalistas japoneses y de los cr�ticos del capitalismo de todas partes. Se puede encontrar tambi�n en los cen�culos intelectuales de Europa, quiz� especialmente en Francia, donde se considera que la cultura estadounidense es obtusa, simplista, carente de gusto... y demasiado popular. Dado que no es posible hacer gran cosa para cambiar las convicciones de ninguno de estos dos bandos, deber�amos centrarnos en el tercer grupo, que es el m�s importante: los que fundamentalmente son amigos de Estados Unidos y admiran su papel en la defensa de las libertades democr�ticas, pero ahora est�n preocupados por el rumbo que est� tomando la Rep�blica. Es parad�jico, pero tambi�n reconfortante. Sus cr�ticas no se centran en lo que somos, sino en la incapacidad de Estados Unidos para vivir de acuerdo con unos ideales que �l mismo ha definido: democracia, justicia, apertura, respeto por los derechos humanos y compromiso de defender las 'cuatro libertades' de Roosevelt. Es interesante reflexionar sobre el hecho de que, en tres ocasiones a lo largo del siglo pasado, una gran parte del mundo contempl� con esperanza y anhelo a un l�der estadounidense defender valores humanos trascendentales; porque Woodrow Wilson, Franklin D. Roosevelt y John Kennedy alegraron los corazones extranjeros al rechazar el sentimiento mezquino de 'Estados Unidos primero' y hablaron de las necesidades de toda la humanidad. Lo que tantos amigos extranjeros desenga�ados y preocupados quieren ver es un retorno a aquel Estados Unidos resuelto y tolerante. La pol�tica unilateral de Washington respecto a las minas terrestres, al Tribunal Penal Internacional y a los protocolos de Kioto sobre el medio ambiente est�n muy por debajo de sus expectativas. Restringir la financiaci�n de la ONU parece poco inteligente y tambi�n traiciona promesas solemnes. Destinar 48.000 millones de d�lares adicionales a la defensa, pero no destinar cantidades ni porcentajes a la conferencia de Monterrey del mes pr�ximo para la financiaci�n del desarrollo parece una hipocres�a. De hecho, algunas de estas pol�ticas estadounidenses (por ejemplo, respecto a las primeras propuestas de Kioto) probablemente ser�an f�cilmente defendibles. Pero la impresi�n general que Estados Unidos ha dado �ltimamente es que sencillamente le da igual lo que piense el resto del mundo. Cuando necesitamos ayuda -para cercar a terroristas, congelar activos financieros o conseguir el acceso de las tropas estadounidenses a bases a�reas extranjeras- jugamos en equipo, y cuando no nos gustan los esquemas internacionales, nos marchamos. Supongo que estos d�as todos los embajadores y enviados estadounidenses en el extranjero pasan la mayor parte del tiempo ocup�ndose de estas cuitas; cuitas expresadas, como ya dije antes, no por los enemigos de Estados Unidos, sino por sus amigos. Por �ltimo, los cambios pol�ticos individuales son mucho menos importantes que la cuesti�n general. Estos d�as, en el extranjero hay verdaderas ganas de que Estados Unidos d� muestras de aut�ntico liderazgo. No lo que el senador William J. Fullbright denomin� en una ocasi�n 'la arrogancia del poder', sino ese tipo de liderazgo cuyo mejor ejemplo quiz� sea Roosevelt. Esto parece ser lo que quiere el comisario de Asuntos Exteriores de la UE, Chris Patten, cuando manifiesta su preocupaci�n acerca de que Estados Unidos haya metido 'la directa unilateral'. Ser�a un liderazgo marcado por la amplitud de miras, por la valoraci�n de lo que tenemos en com�n como humanos, por el convencimiento de que es tanto lo que tenemos que aprender de los otros como lo que podemos ense�arles. Ser�a un liderazgo que hablase a los desfavorecidos y d�biles del mundo, y que comprometiera a Estados Unidos a unirse a otras naciones avanzadas y fuertes en la labor com�n de ayudar a aquellos que apenas pueden ayudarse a s� mismos. Por encima de todo, ser�a un liderazgo que se dirigiera con claridad al pueblo estadounidense y le explicase, una y otra vez, por qu� nuestro inter�s nacional m�s profundo radica en que nos tomemos con seriedad el destino de nuestro planeta y de que invirtamos fuertemente en su futuro. Si esto sucediera, podr�amos cumplir la promesa estadounidense, y seguramente sorprendernos de lo populares que en realidad somos. http://www.elpais.es/articulo.html?xref=20020307elpepiopi_8&type=Tes&anchor=elpepiopi&d_date=20020307 _________________________________________________________________ Hable con sus amigos en l�nea, pruebe MSN Messenger: http://messenger.msn.es -------------------------------------------------------------- To unsubscribe send an email to: [EMAIL PROTECTED] with UNSUBSCRIBE COLEXT as the BODY of the message. Un archivo de colext puede encontrarse en: http://www.mail-archive.com/[email protected]/ cortesia de Anibal Monsalve Salazar
