La traición del agricultor costarricense tiene nombre: Oscar Arias Por Alvaro Arnoldo Araya Alpízar
La traición del agricultor costarricense tiene nombre: Oscar Arias, sus incondicionales de las Cámaras, los medios y los 38 representantes legislativos del Partido Único Neoliberal. Oscar Arias pasará a la historia como la responsable de la desaparición de la pequeña y mediana empresa agrícola, por la aniquilación del agricultor tradicional de maíz, frijoles, arroz, hortalizas y frutas. A él, y solo a él se debe la muerte lenta y silenciosa del campesinado agrícola, desde que en 1987, se le ocurrió cerrar el Consejo Nacional de Producción, para que no cumpliera con sus tareas de orientación, asesoría, acopio, compra y comercialización de productos agrícolas. ¿A quien le sirve el gobierno de los Arias? ¿A que le temen los Arias al no dialogar y negocias con los campesinos, y optar por la vía de la imposición? * Temen comprometerse con el futuro de ellos y ellas, porque bien saben que más temprano o más tarde aplicarán la represión y el abuso de la fuerza en las comunidades rurales para demostrarle a los agricultores que son culpables por no ser competitivos, en el marco del TLC y sus leyes de implementación * Temen discutir el impacto de los Subsidios Agrícolas Norteamericanos en los precios finales de los productos agrícolas, así como las desventajas para el agricultor costarricense. * Temen discutir por el fondo los pluses de los grandes negocios agrícolas, incluidos en La Ley de Protecciones Vegetales (UPOV). La verdad que es difícil entender el doble discurso de un gobierno que invita al dialogo y a la solución de los problemas nacionales, pero que a la vez tan solo se escucha a si mismo, o se mantiene en silencio porque se sabe poseedor del poder, haciendo caso omiso de las suplicas del Partido Acción Ciudadana, el Frente Amplio y el PASA para contrarrestar con medidas acordes la profunda desigualdad económica, social y la crisis moral, que afecta y afectará a grandes sectores de la población rural costarricense, y que repercutirá en todos los ámbitos del quehacer nacional. La negación del derecho a discutir, argumentar y proponer, para construir sobre las coincidencias, tan solo se entiende porque para los Arias es sinónimo de debilidad, más aún, cuando se trata de gente humilde, que vive en la más absoluta indefensión, ante los grandes empresarios agrícolas nacionales, y las mismas transnacionales. Ellos y ellas en calidad de exportadores e importadores, abusan en la fijación de condiciones para producir, parámetros de compra, lo que en resumen totaliza privilegios y más privilegios para los más ricos, en detrimento de los más pobres, ya que se ha estado implementando un plan de usura bajo forma de crédito para producción, que con UPOV se extenderá a otros aspectos del proceso de producción, hasta reducir al pequeño y mediano empresario a un rol de trabajador asalariado por encomienda. La causa del campesino tradicional costarricense ha sido abandonada, y los Arias tienen a su haber un liderazgo especial en la materia. ¿Cómo entender a un gobierno que pregona el respeto de la vida con dignidad, pero no duda en amenazar con la seguridad alimentaria nacional? Ante esta realidad y amenaza para la sociedad y la familia costarricense, hoy reina el silencio de las grandes mayorías, e inclusive de quienes por mandato divino deben comprometerse con la defensa de la vida. Vivimos tiempos de silencio en una sociedad adormecida y acallada por los fantasmas del miedo, la cizaña y el chantaje, donde se calla a las organizaciones sociales con la criminilización de la protesta social y la amenaza del encarcelamiento. Estas son las condiciones en las que se ha aprobado la UPOV, dignas cualquier otro dictador, de derecha o izquierda. ¿¿Qué podemos esperar de nuestros verdugos, los Arias, si forman parte de una generación de gobernantes neoliberales, encabezados por Bush, que no duda en matar decenas de miles de niños, mujeres y ancianos, con tal de crear condiciones para que las transnacionales hagan buenos negocios? Quizás ahora entiendo por qué el Señor Oscar Arias prefiere el silencio que el debate. Tiene tanto que escuchar que prefiere hacerse el sordo, ante tanto sufrimiento, tristeza y decepción de tanta gente ante la democracia y sus instituciones. Son tantos como el 70% de los ciudadanos y ciudadanas. Él sabe que existe un gran miedo a la protesta social, que existe mucho dolor y angustia no canalizada, pero que también existe sed de justicia que no se puede callar. La traición del agricultor costarricense tiene nombre: Oscar Arias. _._,___
