(Sucede en la Universidad Nacional)

 
 
                    OPORTUNIDAD PERDIDA
 
 
Cuando se inició la que parecía iría a ser una “negociación salarial,” que por 
primera vez en varios años permitiría el inicio de un proceso conducente al 
establecimiento de un tratamiento integral de los salarios de los funcionarios 
de la UNA, creíamos estar ante una oportunidad única.  
 
 
Nunca antes la Universidad había contado con un SUPERÁVIT en su presupuesto 
salarial como el que ahora se tiene. El presupuesto laboral ha disminuido 
sustancialmente como consecuencia del éxodo por pensión de los funcionarios con 
las más altas categorías salariales y mayor número de anualidades, mientras la 
reposición ha sido lenta y, en muchos casos, alejada de las categorías 
profesionales que antes imperaban. Así, funcionarios pensionados con salarios 
de, digamos, un millón y medio de colones, son sustituidos por otros con menos 
de un tercio de esos salarios.
 
 
Montos que (ampliamente comprobado) están por debajo de lo que reciben, por las 
mismas funciones, los colegas de otras universidades estatales.
 
 
Y si a ello le agregamos que las funciones del personal académico en propiedad 
son encargadas a estimables profesores interinos a los que ¡además no se les 
pagan los doce meses del año!, vemos cómo ese régimen de injusticia le permite 
a los ejecutivos universitarios llenar hasta casi reventar su escondida 
buchaca.  
 
 
Así, en tres años se ha pasado de un presupuesto laboral de alrededor del 80%, 
a uno que ronda el 60%, lo que ha conducido hacia un superávit presupuestario 
(inadmisible además) de varios miles de millones de colones, consecuencia quizá 
de la reconocida impericia administrativa que exhiben las autoridades de la 
UNA. 
 
 
Impericia que se demuestra en un frustrado y frustrante “plan de relevo 
académico” y en la ejecución de gastos superfluos en vehículos 4X4 de lujo, en 
alquileres y remodelaciones millonarias de edificios, y en otros gastos 
“monumentales” que no traen consigo crecimiento académico alguno.  
 
 
Gastos que se producen mientras a los compañeros interinos se les atrasan sus 
pequeños salarios, ¡menores a los que recibe un profesor de secundaria!  Además 
de que se hace la del avestruz cuando de enfrentar la iniquidad salarial de los 
académicos de la UNA frente a los profesores de las otras instituciones de 
educación superior se trata, donde las autoridades sí parecen tener más claros 
sus deberes institucionales.
 
 
La “negociación salarial” originalmente orientada hacia el establecimiento de 
un mecanismo integral de ajuste salarial, según mandato de la Asamblea del 
Situn, se inició bajo ese contexto.  No se quería un “acuerdo” como por 
ejemplo, el que rigió para este año, donde no se notaba siquiera una pequeña 
influencia de parte de la organización de los trabajadores que se rige por una 
Convención Colectiva.  “Negociación” que nos condenara a recibir un escuálido 
4% de ajuste salarial en los primeros seis meses del año, para satisfacción de 
la rectoría, vicerrectoría de desarrollo, y, triste decirlo, de la dormida 
dirigencia sindical.
 
 
Pero la oportunidad ahora sí era propicia. Las finanzas universitarias lo 
permiten y las injusticias salariales lo demandan, por lo que el comité 
ejecutivo del Situn había acordado NO aceptar un ajuste salarial menor al 9% a 
partir de enero (después de haberse impulsado un 12%), al tiempo que se buscaba 
un ajuste de un 5% en la dedicación exclusiva, un 1% en las anualidades 
futuras, y  un acercarse a la equiparación salarial con las otras instituciones 
pertenecientes al Conare.
 
 
En el fondo, no se aceptaba el que mientras las necesidades académicas y 
salariales en general continúan deteriorándose, las autoridades de la UNA 
siguieran ocurrentemente por el camino equivocado de la buchaca creciente y los 
gastos discutibles. Porque si se nos pone a escoger entre construcciones y 
remodelaciones (que algunas podrían esperar o no realizarse del todo) y una 
situación salarial consolidada hacia abajo, es claro que la alternativa más 
razonable es la de velar por el bienestar del recurso humano de la 
Universidad.  
 
 
No se puede estar de acuerdo en financiar edificaciones y  otros gastos 
discutibles, negándole a los universitarios ajustes, becas e incentivos 
salariales ampliamente justificados.  Y si no lo creen así, invitamos a los 
responsables de que ello esté sucediendo, a realizar un sondeo amplio de 
opinión entre los compañeros administrativos y académicos, para conocer si 
estamos de acuerdo en que se construyan obras materiales financiándolas con 
bajos salarios.
 
 
En fin, afirmamos que se perdió la oportunidad (con la complicidad del Situn) 
porque los resultados de la abortada negociación (donde incluso fuimos vetados 
de la comisión sindical por el rector) así lo demuestran.  Del 12% original, SE 
BAJÓ a un 7%, ahorrándose la administración unos ø1500 millones solo en esa 
rebaja.
 
 
Y como para decir “nos preocupan los profesores”, se acordó un ajuste de un 5% 
que regiría hasta dentro de un año, que no resuelve el problema de fondo de una 
academia erosionada y que, además, discrimina a los administrativos que el 
sindicato dice defender.
 
 
Mientras tanto, a partir del criterio cuestionable de que los compañeros 
administrativos ¡están mejor que nunca!, que son algo así como los ricos de la 
UNA, se les deja solo con el ajuste del 7% a partir de enero. 
 
 
La razón por la que no se oyen los aplausos de aprobación en la de menos tiene 
que ver conque es tan grande la satisfacción de los amigos conserjes, 
vigilantes, trabajadores de mantenimiento, oficinistas, secretarias, y demás, 
que no quieren alardear de su bienestar frente a sus compañeros profesores.  
¡Qué cuento!
 
 
Y es que de la oportunidad perdida, lo único que se aprobó de la propuesta de 
la Asamblea del sindicato fue el ajuste del 1% en las anualidades futuras…
 
 
Por otro lado, como confite para disimular el amargo acuerdo, SE ADELANTÓ  
parte sustancial de la renegociación dispuesta para el mes de mayo del 2009. En 
eso consiste el 5% adicional para el segundo semestre del año entrante, que de 
todos modos se tendría que aprobar para alcanzar la inflación que nos afecta. 
 
 
Oportunidad perdida; no cabe duda. Pero que podría ser RETOMADA por el Consejo 
Universitario, instancia que es la que tiene la responsabilidad estatutaria de 
aprobar o improbar la propuesta manejada por un vicerrector y acogida por el 
rector y el secretario general del Situn.  
 
 
Consejo Universitario al que respetuosamente invitamos a revisar, 
prioritariamente, el egoísta 7% que nos han recetado. Saben los miembros del 
Consejo que la UNA sí tiene, de sobra,  los ø610 millones con los cuales 
financiar dos puntos porcentuales más, llevando ese 7% a un 9%.  Todos los 
trabajadores universitarios esperan al menos una cifra que ayude a enfrentar 
los males de la inflación, al tiempo que se dan los primeros pasos hacia la 
recuperación del salario real.
 
 
 
 
Cordialmente,
 
 
 
Freddy Pacheco
Escuela de Ciencias Biológicas
(Una de las tantas voces disonantes…)
 
 
 
 
 
NOTA: ESTA OPINIÓN NO PRETENDE REFLEJAR, ¡JAMÁS!, LA OPINIÓN OFICIAL DE LA 
VICERRECTORÍA DE DESARROLLO NI LA DEL SITUN.
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