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Fecha: 26 de marzo de 2007 17:38:24 GMT-05:00
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Asunto: MAS MONSANTO MENOS PAIS
El Espectador
Más monsanto, menos país
Varios medios publicaron la semana pasada un aviso de página entera
y a todo color en que Monsanto —la compañía que se hizo tan
conocida como odiada por fabricar el agente naranja con que E.U.
bombardeó a Vietnam— anunciaba triunfante que había recibido
autorización del gobierno de Uribe para sembrar el país de maíz
transgénico.
Alfredo Molano Bravo
sábado, 17 de marzo de 2007
Varios medios publicaron la semana pasada un aviso de página entera
y a todo color en que Monsanto —la compañía que se hizo tan
conocida como odiada por fabricar el agente naranja con que E.U.
bombardeó a Vietnam— anunciaba triunfante que había recibido
autorización del gobierno de Uribe para sembrar el país de maíz
transgénico. Se entiende el despliegue después de que un tribunal
de Lyon la condenó por el delito de “publicidad engañosa”: el
glifosato, también llamado el ‘Perfume de la Muerte’, no es
biodegradable como dice la etiqueta del veneno. Al mismo tiempo, El
Espectador informaba que el Gobierno había ordenado sacar del
mercado todos los productos derivados de la hoja de coca, invocando
la Convención Única de Estupefacientes, impuesta al mundo por E.U.
en 1961 que, por lo demás, ya no está vigente. Hay una curiosa y
perversa coincidencia en estos hechos. Monsanto vende al Gobierno
colombiano miles de toneladas del glifosato con que se fumigan
cultivos lícitos e ilícitos de los campesinos. Digo coca y amapola,
pero también yuca, plátano, maíz, arroz, caucho. El efecto real de
la fumigación no es la disminución de la coca. Está demostrado, por
agencias oficiales gringas, que los cultivos se desplazan pero la
oferta de cocaína no merma. Que es como matar dos pájaros de un
tiro. De un lado, mantienen viva la guerra contra las drogas y por
ahí derecho, contra lo que necesiten; de otro, obligan a los
campesinos a desocupar sus tierras, que de hecho caen en manos de
los hacendados. Una especie de ley de la gravedad social. Monsanto
sigue vendiendo sus venenos, mientras el Gobierno les prepara el
campo para venderles a los terratenientes la línea de transgénicos:
maíz, arroz, soya, algodón, y, sin duda en pocos días, a los
campesinos también la yuca y el plátano. En el futuro próximo, los
agricultores, grandes y pequeños, tendrán que comprarle todas las
semillas a Monsanto, porque las transgénicas son híbridas. Lo que
equivale a decir que por la derecha, la transnacional del agente
naranja ganará con cada cosecha porque los cultivadores han perdido
el derecho a reproducir su propia semilla. Mientras todo esto
sucede, el Gobierno seguirá fumigando con glifosato, o Roundup,
marca registrada por Monsanto.
El Gobierno no se ha limitado a fumigar con veneno las zonas de
colonización, los parques nacionales, los resguardos indígenas y
hasta las fronteras del país. Parecería estar cumpliendo un
contrato con un afán verdaderamente maniático. Ahora persigue a los
indígenas del Cauca no sólo con las avionetas y con los matones de
los escuadrones antimotines, sino con funcionarios de corbata y gel
que confiscan los productos de una empresita creada por indígenas
del Cauca para fabricar té, galletas, dulces y una gaseosa llamada
Coca-sek. Detrás de tan arbitraria medida —es fácil sospecharlo—
está, sin duda, la Coca-Cola. No está lejos este gobierno de
meterle la mano al mambeo, que es, con la tierra, el lazo más
fuerte de la tradición y la identidad de los indígenas. O sea, los
indígenas no pueden cultivar la tradicional mata de coca, tienen
que cultivar maíz transgénico. Monsanto les vende las semillas “las
24 horas del día y los siete días a la semana”.
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