siguiendole el hilo a Islandia, donde la crisis revento un tiempo atras:
http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20111008/54228020287/la-solucion-islandesa.html

OBSERVATORIO GLOBAL

La solución islandesa

En Islandia, el rescate se hace bajo control ciudadano; en Grecia, mediante
chanchullos entre gobiernos y bancos
MANUEL CASTELLS

En los albores del movimiento de indignados, se clamaba: "Islandia es la
solución!". Ahora, cuando se agrava la crisis financiera y se extreman los
recortes sociales en Europa, Islandia crece al 2,3%, ha estabilizado su
sistema financiero tras su colapso total en 2008, reducido el paro y
relegitimado su sistema político mediante la preparación de una nueva
Constitución con amplia participación ciudadana. Todo ello a partir de un
movimiento de indignación popular que inició el 11 de octubre de 2008 el
cantante Hordur Torfason y fue luego amplificado mediante internet.
 
Y es que Islandia se había convertido en ejemplo paradigmático de
crecimiento basado en la especulación financiera. En 2007 era el quinto país
más rico del mundo en renta per cápita, una riqueza generada por la rápida
expansión de un sector financiero dominado por tres grandes bancos que
alimentaron con crédito fácil la expansión de la demanda interna e
incrementaron su capital ficticiamente usando las acciones de cada banco
para comprar acciones de los otros y así aumentar su valor. El patrimonio
bancario equivalía al 800% del PIB en 2007. Para ocultar sus maniobras
crearon empresas en paraísos fiscales, como Luxemburgo, la isla de Man, las
islas Vírgenes e incluso Cuba, a través de las cuales usaban sus capitales
inflados como colaterales para pedir más préstamos internacionales. No
lograron pasar desapercibidos y en 2006 Fitch devaluó la solvencia de
Islandia, suscitando una minicrisis. Como reacción el Banco Central dobló
sus reservas con un préstamo. Y la Cámara de Comercio contrató académicos
prestigiosos como Mishkin, de la Columbia Business School, y Portes, de la
London Business School, que certificaron (a cambio de jugosos honorarios) la
solidez de las finanzas islandesas. El Gobierno dependía de los bancos que
financiaron la campaña electoral del partido en el poder. Y los bancos
practicaron la fuga hacia adelante: crearon cuentas de ahorro por internet
de alto rendimiento (Icesave) y las popularizaron en el Reino Unido y
Holanda. Era un típico esquema piramidal: con lo que cobraban de unos
pagaban a los otros mientras durara. Por otro lado, intercambiaron títulos
de deuda entre ellos (una práctica conocida como "cartas de amor") y usaron
dichos títulos como garantía para obtener préstamos del Banco Central y del
Banco Central de Luxemburgo, entre otros. En abril 2008 el FMI advirtió al
Gobierno que debía controlar a los bancos. La respuesta fue pedir más
préstamos internacionales. En septiembre el Banco Central compró 75% de las
acciones del Banco Glitnir (¿no le hace pensar en los 8.000 millones que el
Estado español invirtió en la recapitalización de las cajas?). En Islandia
la acción del Banco Central tuvo el efecto de destruir la confianza en el
sistema financiero: en octubre de 2008 se hundió el valor de las acciones y
de los precios inmobiliarios y mucha gente se quedó sin ahorros y sin
empleo. Los bancos quebraron.
 
El pozo parecía sin fondo. Pero ahí intervinieron los ciudadanos. Miles se
unieron a Torfason en su protesta ocupando la plaza Austurvollar en enero
2009 cuando el Parlamento volvía de vacaciones (que no interrumpió por la
crisis). La cacerolada siguió durante días, pese a la represión policial,
forzando la disolución del Parlamento y nuevas elecciones. El partido de
gobierno se hundió y una alianza de socialistas y rojos-verdes liderada por
Johanna Sigurdardottir llegó al poder. Los tres bancos fueron nacionalizados
y reestructurados. Los ahorros de los ciudadanos fueron protegidos por el
Gobierno. Pero la decisión sobre las deudas a extranjeros que habían
invertido especulativamente fue sometida a referéndum. El 93% de los
islandeses votaron no devolver los 5.900 millones de dólares que se debían a
inversores ingleses y holandeses. Lo cual obviamente generó un litigio que
está ahora en los tribunales. Pero, ¿quién tiene jurisdicción en Islandia
sobre la voluntad casi unánime del pueblo islandés? Los economistas de
siempre vaticinaron la catástrofe. Nada de eso. La devaluación de la corona
islandesa en un 40% (algo que no puede hacer Grecia) espoleó sustancialmente
las exportaciones de pesca y aluminio y abarató el turismo al tiempo que
limitó las importaciones. El paro descendió al 6,7%. El Gobierno adoptó
medidas de austeridad pero apenas disminuyó gastos sociales porque se ahorró
el costo que hubiera representado recapitalizar a los bancos. El conjunto de
la economía se redimensionó a sus condiciones reales y la gente tiene empleo
y ahorros seguros, paga menos en vivienda y no se endeuda porque no le
prestan. Los acreedores internacionales podrían recuperar su dinero en la
medida en que los bancos vendan patrimonio, pero sin dinero público. Además
se establecieron controles para evitar fuga de capitales. Se pidieron
responsabilidades al Gobierno anterior y el primer ministro Haarde está
siendo juzgado. Se decidió hacer una nueva Constitución abierta a la
participación ciudadana. Para ello, en noviembre de 2010 se designó un
comité de 25 ciudadanos que supervisara el proceso constitucional. Las
reuniones del comité fueron transmitidas por streaming en Facebook. En 2011,
usando las redes sociales, miles de personas hicieron propuestas. 950
ciudadanos fueron elegidos al azar para discutir los ejes de la Constitución
y informar en tiempo real mediante Twitter. En julio se aprobó un borrador
que será debatido en las redes sociales y propuesto a referéndum.
 
Muchos dudan de la aplicabilidad de la solución islandesa a otros contextos.
Sobre todo se desdeña la posibilidad del impago de la deuda exterior por el
castigo que infligirían los mercados financieros. Y, sin embargo, se sabe
que la deuda griega es impagable. El rescate griego consiste en decidir cómo
se reparte el enjuague de esa deuda entre ciudadanos griegos (perdiendo
sueldos y pensiones), ciudadanos europeos (que financiamos al BCE y al fondo
de estabilización de la UE) y los bancos acreedores. Se trata de impago en
Grecia como en Islandia. En un caso bajo control ciudadano, en otro mediante
chanchullos entre gobiernos y bancos para ver quién paga qué. El secreto
mejor guardado es que la eventual solución griega es la solución islandesa
sin transparencia.

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