Arcadia o "La importancia de llamarse periodista cultural"






El fanático visitante de exposiciones Nicolás Morales escribe una columna donde 
lamenta con algo de exageración y poca objetividad el desmesurado cubrimiento 
mediático que recibe el arte joven. De acuerdo con lo expresado en su escrito 
este arte no tiene ton ni son, es inconmensurablemente frágil y tan vulnerable 
como las propias declaraciones de los jovencitos, llenas de frases vacías.



Si alguna razón existe  en las declaraciones del señor Nicolás Morales, su 
actitud no ofrece ninguna argumentación válida para sustentar la arrebatada 
tesis. Como bien lo afirma no parece saber ni qué es bueno ni qué es malo, pero 
eso no lo abstiene de lanzar su peligroso comentario en nombre de no sabemos 
qué criterios, porque en su libelo no ofrece ningún argumento que aclare qué es 
exactamente lo que le molesta en el terreno fértil (lleno de riesgos y 
equivocaciones) de la experimentación artística, tan necesaria para que este 
mismo arte joven crezca.



Sería muy interesante que esta clase de ejercicios estuvieran acompañados de 
razones claras, que pongan al desnudo la fragilidad de las proposiciones, 
contextualizando la crítica con juicios que ubiquen al objeto cuestionado y sus 
eventuales contenidos en un lugar de la historia local, o en un sustento 
crítico que aterrice la eventual debilidad conceptual de la propuesta y no 
quedarse en la queja de salón barato, que hace todo menos despejar el panorama 
para que el gran público entienda mejor estos procesos.



La sola idea de arte joven supone que se está ante un fenómeno que no implica 
un resultado final donde el tiempo destila su sabiduría, y se asiste mejor aún 
al proceso de formación y consolidación en el terreno incierto del arte. Si 
algo escapa al sentido formado del espectador o genera rechazo por parte de 
éste, es necesario invocar un diálogo que ponga en contexto la validez de la 
propuesta desde la instancia dialéctica que ofrece cualquier modelo teórico del 
variado menú contemporáneo.



No basta con acabar de un tajo a todo el arte joven y menos ensalzar la obra de 
David Lozano si para ello el señor Nicolás Morales no me ofrece la menor 
demostración válida, a no ser que sus argumentos sean esos que no pasan de 
decir que lo de Lozano es inauditamente bueno sin darme el mínimo testimonio 
para demostrar su entusiasmo.



Si el show del arte joven le resulta irritante al señor Morales, su show 
textual resulta aún mas desalentador, cuando en él brilla el filisteísmo 
adelantado que con tanta sabiduría corroe al mal llamado "Periodista cultural" 
en cuestión.





Gina Panzarowsky

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