Hola Jaime y saludos a todos!,

Esperando que alguien mas tomara la iniciativa...

Sin embargo acuso-me de haber dejado pasar una noche al menos pensando en lo que nos escribes.

Me parece que la cuestión de la dimensión háptica presentada como requisito tiene que ver mas con los diseñadores que con músicos porque los músicos damos por hecho algún tipo de umbral o de interfaz en un instrumento o dispositivo para 'controlar' gestos en un sonido.

También tengo que reconocer que aunque en una dimensión musical relacionada mas al lado de la percepción, la dimensión háptica no es relevante y termina convirtiéndose mas en un prejuicio que puede aportar a la obra o no.

Por ejemplo, el convertir un micrófono como elemento que captura momentos y gestos en un sonido musical, además de la posibilidad de manipulación del medio, igualmente han cambiado el panorama, transformando la excitación del aire y el fenómeno físico en una opción congelada en el tiempo, pero 'manipulable' con elementos que desde el punto de vista de muchos musicólogos, pertenecerían mas a artes visuales como la fotografía y el cine.

En este sentido estoy de acuerdo contigo en lo de la nostalgia de lo físico, algo en lo que podemos elaborar por muchos lados pero prefiero abordar el tema mas por el lado de la imaginación. Es decir, hasta donde la interfaz musical estimula la generación de imágenes en la mente al escuchar un momento musical. Aunque volvemos (por nostalgia) a la pregunta milenaria de, ¿ que es mas importante, el intérprete o la música?. Lo ideal es que el entrelace de varios sonidos nos genere lo que pudiéramos validar como un gesto musical. Sin embargo me parece que se interpone una especie de lenguaje con categorías semánticas y prejuicios que restringen la identificación de un sonido musical.

En este momento tengo al frente mio el cuadro de Brahms en el piano de Von Beckerath, una imagen visual congelada en el tiempo, pero que en mi imaginación lucha por escuchar el sonido de la música y, no tanto en la búsqueda de olor a tabaco del ambiente de ese cuarto. En mi concepción el cuadro facilmente se podría titular como la música de Brahms porque lo que yo imagino es solo una cosa: la música que podría estar sonando. Siendo el caso, el cuadro es tan solo Brahms y no Brahms y su piano.

Similarmente es facilmente imaginable el episodio de Jose Manuel en el que la guitarra ya no es ni una interfaz, ni un umbral (o un apéndice). Si no mas bien, como si la música tan solo saliera del cuerpo.

Pareciera entonces, que lo de la "Nostalgia de lo Físico" es una búsqueda equivocada entre las audiencias porque el sonido termina convirtiéndose, en la curiosidad o anécdota que refleja el "dispositivo" como pantalla del sonido. Lo que implica que en este contexto es mas importante la interfaz que la música. Ejemplos de este tipo de circunstancias abundan y, a través de los siglos.

Mas sobre lo que mencionas de un ajuste referencial entre el sentido del tacto y la escucha. Creo que es lo crucial y lo que hace la diferencia. Cinestesia y Háptica (no confundir con Sinestesia), es decir, la retro-alimentación de ambos sentidos para lograr lo denominado como el tono ideal de un sonido. El problema o, quizá reto, es la semántica de ese 'tono ideal', lo que involucra también las reglas y prejuicios de un lenguaje. Aunque esta vez mas relacionado con la generación y no tanto a la percepción del gesto.

En fin... todo esto pone a pensar sobre el papel de la nueva interfaz musical. Si es mas importante la percepción musical o, la destreza en la manipulación del controlador. Pero mas aún si la interfaz es un apéndice que cumple los deseos de expresión de un intérprete o, si es mas un adorno a la obra. El diseño de interfaces no es tan solo las cualidades del objeto. También es la posibilidad de 'manipulación' de un gesto y todo lo que acarrea este proceso pero: ¿hay que 'tocar' la música?.

  --* Juan

On 10/13/2011 11:31 PM, Jaime Oliver wrote:

La dimensión háptica es importante, pero suele ser presentada como un
pre-requisito indispensable en lugar de una opción.

Particularmente,
creo muy importante resaltar, como tan bien haces tú, la importancia
de la dimensión háptica en las interfaces musicales.

Por el contrario, considero que la dimensión háptica (como suele ser
presentada) es una propiedad de los objetos físicos; la obsesión con
esta dimensión es creo producto de la nostalgia, usualmente
ejemplificada con el theremin, un instrumento que se intentó usar en
un repertorio inadecuado, por decir lo menos. El theremin es el
ejemplo perfecto de esta nostalgia, usar un instrumento eléctrico, de
interfase inusual (nada menos que un campo electromagnético!), para
tocar saint-säens o rachmaninov y luego reclamarle que no tiene una
dimensión háptica o posibilidades de articulación rápida ...

No en vano,
llevamos siglos haciendo música con instrumentos musicales, todos
ellos bien sólidos y con formas y apéndices bien identificables sólo
al tacto, sin intervención de la visión.


segundo, La contraposición del tacto a la visión como únicas dos
opciones no me parece proporcionar un panorama completo. un piano o
una guitarra en la oscuridad no es tarea exclusiva del tacto sino un
contínuo ajuste referencial, basado en la experiencia motriz, años de
técnica y práctica, y en gran medida corregida auditivamente, no
táctilmente. a esas alturas ni visual, ni táctil, ni auditiva, sino
teleológica; basada en la experiencia y en la referencia de la postura
en el pasado inmediato.

Es un placer enorme cerrar
los ojos y tañer tu instrumento musical en la oscuridad

una vez más, qué nos impide tocar un instrumento basado en una
computadora en la oscuridad?

y dejar que
el sonido emane de él planeando en su superficie

exigir "que el sonido emane de él" es nostálgico por definición. ¿Cómo
podemos esperar que el sonido emane de otro lugar que un
parlante/bocina si estamos diseñando software? incluso la llamada
dimensión háptica se convierte en una ilusión, un simulacro que
intenta replicar una realidad física que no es más.

y sin dejar lugar a
otra consciencia que la de ese fluir.
De ese placer y no de otro
lugar es de donde fluye la música.

de acuerdo con la metáfora del fluir y el origen del placer en tanto
trance y ritual de la ejecución, pero si "ese lugar" es el instrumento
acústico ¿por qué hacemos lo que hacemos?

Mis recuerdos musicales más
entrañables proceden de cuando en mi juventud tocaba las fantasías de
Luys de Narváez a la guitarra en la oscura soledad del calabozo donde
me habían internado por desobedecer órdenes de mis mandos militares.

Tengo recuerdos similares (no con mandos militares, agradezco no
haberlos tenido y haré todo en mi poder por evitarlos por siempre) sin
embargo, tengo recuerdos recientes, de hace días, semanas, meses y
pocos años tocando algo que esa guitarra nunca me dio ni podría
darme...

¿Es la nostalgia del mundo físico parte de una visión del mundo que ha
idealizado los medios musicales tradicionales?
¿Es un instrumento como la guitarra "natural"?
¿No es esta una dimensión más de la descalificación de los medios
electrónicos como artificiales que todos de una u otra manera tenemos
internalizada ?
Y si es así ¿por qué seguimos haciendo lo que hacemos? ¿por qué
seguimos buscando una ilusión que es imposible realizar?

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