No está de más recordar quién es en realidad este Juan Carlos de Borbón
que manda callar a Presidentes electos en un foro internacional. Ésta es la
"bienvenida" que le dio un escritor colombiano cuando el último Congreso de
la Lengua en Cartagena.
Juan
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"BIENVENIDA" AL REY DE ESPAÑA
El rey Juan Carlos es uno de los grandes invitados al Congreso de la Lengua
en Cartagena y también estará de paso por Medellín. Sin embargo, para el
escritor Fernando Vallejo su visita es todo menos un halago para Colombia.
"Bienvenida" del maestro a su majestad.
Por: FERNANDO VALLEJO
El 12 de octubre del 2004 el periódico Romania Libera de Bucarest informó de
la cacería en la región rumana de Covasna, al pie de los Cárpatos, en que
Juan Carlos Borbón, alias Su Majestad don Juan Carlos I de Borbón y Borbón
(con el "de" y la "y" que se suelen poner estos zánganos en sus nombres para
significar que nacieron de la vagina de oro), mató a escopetazos a nueve
osos, una osa gestante y un lobo y dejó malheridos de bala a varios otros
animales que medio centenar de ojeadores le iban poniendo a su alcance de
suerte que los pudiera abatir alevosamente. Varios miembros de la policía
secreta rumana disfrazados de campesinos e infiltrados entre los ojeadores
protegían de los osos y de cuanto peligro se pudiera presentar al señorito.
La cacería o masacre tuvo lugar del viernes 8 de octubre al domingo 10 y la
organizó la empresa Abies Hunting, experta en estas bellaquerías. El rey
había llegado al aeropuerto Otopeni de Bucarest en su jet privado, y
escoltado por diez patrullas de la policía y varios vehículos de
acompañamiento protocolario se había trasladado a las cabañas que tenía en
la región para sus cacerías Ceaucescu. Los lugareños de Covasna le depararon
a Su Majestad un cálido recibimiento folklórico vestidos con trajes típicos
y lo agasajaron con palinca, un aguardiente de ciruela que no sé si le gustó
o no al borrachín. Porque han de saber que este señorito viejo además de
cazador es mujeriego, buen vividor, borrachín y corrupto. Lo de mujeriego,
buen vividor y borrachín es cosa suya y de su familia, que se lo tendrán que
aguantar. Lo de corrupto es cosa de España, que lo alcahuetea. Y lo de
cazador es cosa mía y la que me mueve a escribir este artículo para
denunciar al bellaco. Dada la absoluta insensibilidad de la mayoría de los
seres humanos ante el sufrimiento de los animales, pero dada también la
indignación general que causan en todos lados la venalidad y los peculados
de los funcionarios públicos, voy a mencionar de pasada a algunos de los
amigos íntimos del rey, con quienes ha tenido negocios (ya no más porque
están en la cárcel) y quienes, tramados en la más embrollada red de
complicidades y llenándose de paso sus bolsillos de millones, han hinchado
las arcas reales con los sobornos que han sacado de aquí y allá con su
consentimiento y usando su nombre hasta el punto de convertirlo, del
pobretón que era cuando llegó a la Corona en 1975, en uno de los hombres más
ricos del mundo: en el 2003 la revista Forbes le atribuía una fortuna de
1.790 millones de euros. He aquí unos cuantos de sus amigos delincuentes:
Javier de la Rosa y Manuel Prado y Colón de Carvajal (otro con la "y" y el
"de", nacido de la chimba de oro), condenados en diciembre del 2002 por la
Audiencia Nacional de España el primero a cinco años y medio de prisión y el
segundo a dos por los delitos de apropiación indebida y falsificación de
documentos (75 millones de euros le transfirió De la Rosa a Prado para que
éste se los repartiera con el rey). Mario Conde, "el banquero de la
monarquía", que se embolsó 8.000 millones de pesetas, y que fue condenado
por el Tribunal Supremo por los delitos de estafa, apropiación indebida y
falsificación de documentos a 20 años de cárcel que viene purgando desde
diciembre de 1994. Este Conde sin condado, un "financiero" (hampón), es el
del famoso caso del banco Banesto, que presidió de 1987 a 1993 y donde el
rey tenía dos cuentas, la 8317-172 y la 148963-172, vinculadas con
operaciones en la Asturiana de Zinc, Sindibank y el propio Banesto. Alberto
Alcocer y su primo Alberto Cortina, "los Albertos", del Banco Zaragozano y
asiduos del Palacio de la Zarzuela, a quienes en marzo del 2003 el Tribunal
Supremo condenó a tres años y cuatro meses de prisión por los delitos de
estafa y falsificación de documento mercantil en la venta de la sociedad
Urbanor, propietaria de los terrenos donde se construyeron las torres KIO de
los kuwaitíes (de cuyos fondos en 1992 De la Rosa transfirió 12 millones de
euros a una cuenta personal en Suiza del "administrador privado del Rey", el
mencionado Manuel Prado y Colón de Carvajal). Los Albertos pidieron el
indulto al Gobierno, que lo denegó, tras de lo cual recurrieron la sentencia
del Tribunal Supremo ante el Constitucional, recibiendo el apoyo del rey.
Obligados por la condena del Tribunal Supremo a renunciar a sus cargos en el
Banco Zaragozano y a vender la participación del 40% que tenían en la
empresa Barclays, se embolsaron en esta última operación 453 millones de
euros. En los montes de Toledo tienen una finca de 2.000 hectáreas, Las
Cuevas, donde para venderles una flota de carros de combate y cañones a los
saudíes los invitaban a cazar en el mejor estilo del franquismo, cuyos
jerarcas solían cerrar sus negociados y tramar sus corruptelas en el curso
de las cacerías, a las que tan aficionado era el Caudillo. Impuesto por
éste, Juan Carlos Borbón, el cazador, no surge pues de la nada por
generación espontánea: brota de lo más corrupto e inmoral de España. Es la
herencia infame que les ha dejado Franco a los españoles después de haber
arrasado con su cultura.
Tres hijos oficiales y reales tiene Juan Carlos: dos infantas y un
principito, casados todos y en pleno delirio reproductor. El principito anda
ya por los cuarenta y se ha convertido en un principote alto y largo como
una cañabrava que mandan a las tomas de posesión de cuanto presidentucho de
América no alcanza a merecer rey (como Uribe) para que se destaque entre los
invitados y los aborígenes por su gran altura moral. Lee bien los discursos
que le escriben, a diferencia de su papá que será muy bueno para la escopeta
y la rapacería pero que nos ha resultado a los de la raza hispánica bastante
torpe de lengua así lo pongan a presidir los congresos de Academias de la
susodicha, como el que viene a inaugurar en Medellín, la ciudad de las
orquídeas en el país de los doctores (donde se le dice "doctor" a cualquier
hijueputa).
Señor alcalde de Medellín: ahora que vaya el rey a mi ciudad y lo suba en su
Metrocable para mostrarle desde arriba la bella villa toda despedorrada
abajo por las obras de su Metroplús, muy respetuosamente le recuerdo que se
debe dirigir a él como "Majestad", que es como le dijo Uribe en la última
cumbre en que se vieron en el Cono Sur: "Majestad -le dijo con su vocesita,
sumiso, el bajito mirando hacia arriba-, cómprenos nuestros productos pero
no la coca, que nos hace mucho mal". ¡Pendejo! ¡Qué va a saber el Rey de
España qué es la coca! Habrá pensado que son las Coca Colas que producimos
en Colombia y no el polvito blanco que tan felices hace a muchos y que
fabricamos con gran ingenio artesanal en nuestras cocinas repartidas por
todo el territorio nacional como Tirofijo.
En fin, lo que el periódico rumano sacó a la luz no fue más que la punta del
iceberg: la testa coronada estaba yendo a Rumania a cazar furtivamente desde
hacía décadas, desde los tiempos de su compinche Ceaucescu, el tirano
sanguinario de Rumania, que lo invitaba. Y a propósito de genocidas y
tiranos, sabemos de una carta del 4 de julio de 1977 en que nuestro Borbón,
recién encaramado al trono y en plena pobreza, le extiende la mano al sha de
Persia: "Me tomo la libertad, con todo respeto, de someter a tu generosa
consideración la posibilidad de conceder 10 millones de dólares como tu
contribución personal para el fortalecimiento de la monarquía española".
"Con todo respeto", como piden los mendigos de Bogotá. Y a la monarquía
saudí le pidió un crédito de 100 millones de dólares, que la empresa kuwaití
KIO le entregó a Manuel Prado y Colón de Carvajal a cambio de que durante la
Tormenta del Desierto la aviación estadounidense pudiera disponer a su
antojo de las bases españolas de Rota y Torrejón. Y hasta el sol de hoy.
Nunca pagó.
Otros amigos y cómplices del Borbón son el georgiano Zourab Tchokotua,
procesado en Mallorca en 1978 y 1992 por estafas inmobiliarias; el dueño de
la FIAT Giovanni Agnelli implicado en casos de corrupción en Italia; y Marc
Rich, calificado como "el delincuente más inescrupuloso de la era moderna",
prófugo de la justicia norteamericana que lo perseguía por 65 delitos,
enriquecido por sus suculentos negocios con la mafia rusa, Milosevic y la
empresa Hallyburton de Dick Cheney y nacionalizado español.
"El rey de todos los españoles" no tiene que rendir cuentas de sus acciones,
no se le pueden fincar responsabilidades, goza de inmunidad penal ante
cualquier delito y está protegido por la Consitución, que lo considera
inviolable. Y como si esto fuera poco, el artículo 490 del Código Penal
español amenaza: "El que calumniare o injuriare al rey será castigado con la
pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran
graves, y con la multa de seis a doce meses si no lo son". Y así han llevado
al banquillo entre varios, acusados de injurias al rey, a Jesús Zulets por
una caricatura en la revista El Cocodrilo y a Javier Madrazo por decir "ya
que le pagamos policías, yates, viajes a esquiar y a montar a caballo, no
habría estado de más que por una vez abandonase sus ocupaciones y
compartiese con la sociedad su preocupación por la guerra de Iraq". Sin
embargo cuando José María Ruiz Mateos, prófugo de la justicia española,
acusó desde Londres al rey de haber aceptado "miles de millones" no sólo de
su propio bolsillo sino del de diversos empresarios y el Fiscal General del
Estado lo iba a procesar por el delito de injurias, lo que habría podido
convertirse en un sumario contra el impúdico monarca quedó reducido a nada,
le dieron carpetazo al asunto. De la secta tartufa y cazadora de herencias
del Opus Dei, este Ruiz Mateos fue el artífice de Rumasa, un holding de
infinidad de empresas que le expropiaron. La Audiencia Provincial de Madrid
lo ha condenado recientemente a tres años de cárcel por los delitos de
alzamiento de bienes y de insolvencia punible en la venta de la agencia de
viajes Mundo Joven, pecata minuta frente a la inconmensurable magnitud de
sus fraudes. Éstos son pues los que le untan la mano al monarca y los que lo
han situado en un buen puesto en el ranking de la revista Forbes.
Pero no nos desviemos y volvamos a los osos. No bien Romania Libera destapó
la cloaca los ecologistas pusieron el grito en el cielo. Pero no porque don
Borbón hubiera masacrado a mansalva a unos pobres animales que nada le
habían hecho, sino porque estaba violando una ley internacional ya que el
Urusus arctos, la especie de los osos que "abatió", está protegida por la
Convención de Berna de 2001. Yo no tengo nada que ver con los ecologistas
que creen, como ese libro imbécil del Génesis, que los animales están ahí
para el servicio del hombre y que para eso los hizo Dios. Dios no existe y
me importa un comino que se vaya al diablo este planeta. Para mí,
simplemente, los animales son mi prójimo, los quiero y considero una solemne
ruindad ir a matarlos por diversión. ¡Pero qué! Educados como hemos sido los
colombianos y los españoles en la infame religión de Cristo que no tuvo ni
una sola palabra de compasión por ellos, ¿qué se puede esperar de nosotros?
Como les dijo a los ecologistas Demetre Janos, un funcionario rumano que
participó en la cacería real, en declaraciones para el periódico Crónica
cuando la polémica pasó de Rumania a España: "Su Majestad estuvo de visita
privada. No entiendo por qué los ecologistas montan tanto jaleo. ¿Por qué no
se manifiestan cuando se mata el cerdo en Navidad, o en contra de que las
sopas se elaboren con gallinas?".
No escarmentado con el revuelo que desató en España y en toda Europa, don
Borbón volvió a sus andadas y en octubre pasado fue a Rusia invitado por
Putin y en la región de Vologda, en el noroeste del país, mató de un disparo
a Mitrofán, un oso domesticado que le soltaron habiéndolo emborrachado antes
con vodka mezclado con miel. Y este hombre valeroso es al que hoy invita el
alcalde de Medellín con la esperanza de que se monte en su Metrocable y suba
al barrio Santo Domingo Savio, en nuestras sangrientas comunas, a ver si
salimos en la prensa internacional ya no por los carteles de la droga y
nuestros incontables asesinados sino como anfitriones de todo un Congreso de
Academias de la Lengua, que el zángano real va a presidir. ¿Y con qué
derecho? ¿Qué ha hecho él por la lengua española, si ni siquiera sabe leer
los discursos que le escriben? Piénselo bien, señor alcalde, antes de
decirle "Majestad" a este bellaco, ya que metió las patas invitándolo a
Medellín para arrodillársele, e infórmese y aprenda historia, por si no la
sabe. Este Borbón es nieto del frívolo Alfonso XIII, que tuvo que salir
huyendo a Roma, y descendiente de Fernando VII, el déspota tarado que
provocó la guerra de Independencia de América convirtiendo a este continente
que estaba unido en una colcha de retazos de paisuchos limosneros y
desgarrando a España. Y no se olvide de estos versos de Epifanio Mejía, que
hoy cantamos en el Himno de Antioquia:
Nací libre como el viento
de las selvas antioqueñas,
como el cóndor de los Andes
que de monte en monte vuela.
(...)
Señor alcalde de Medellín, paisano: por desinformación e ignorancia de la
Historia (y no quiero pensar que por bajeza moral) metió usted las patas al
invitar a mi ciudad a ese bellaco. No nos vaya a salir ahora de arrodillado
con zalemas uribescas, lacayunas. Nada de "Majestad", que le va a sonar muy
lambón y montañero. Dígale doctor. Doctor Borbón.
Ah, y no lo suba en su Metrocable que de pronto se le descula. Mejor llévelo
a La Macarena y que Santiaguito Uribe, buen hijo de su papá, le organice una
corrida.
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