Estimado Matías y colegas de la lista... Ante todo, agradezco tu respuesta. No estoy seguro de que a los bibliotecarios les desagrade el contacto directo con el público, dado que, como señalaba en mi anterior mensaje, sin usuarios no somos más que meros conservadores (perdiendo, en consecuencia, nuestra faceta de gestores, que necesita sí o sí de interacción con un destinatario del servicio). Me da la sensación de que esa carencia progresiva de contacto personal se enmarca en una tendencia muy visible de las nuevas tecnologías, en especial de las llamadas "2.0": puedes hacer lo que te plazca sin moverte de tu puesto ante el monitor. Eso, por un lado, da mayor velocidad a tu contacto con el mundo. Es innegable que los avances digitales te permiten leer periódicos del otro lado del planeta, escribir y enviar decenas de cartas en poco más de una hora, mantenerte en contacto directo con personas que están al otro lado del globo y consultar información en docenas de idiomas almacenada en servidores o repertorios muy distantes. Puedes opinar, elegir, clasificar, anunciarte... Pero creo que, de alguna forma, lo que se gana en velocidad se pierde en contacto humano. Los nuevos "nativos digitales" arman sus fiestas en Facebook, ven películas y videos en YouTube, comparten sus fotos en Flickr, descargan y escuchan música a través de MySpace, charlan y comparten su vida a través del Messenger... Si bien el contacto se mantiene, hay mucho menos "conacto directo" del que viví yo en mi adolescencia, por poner un caso (y no me considero demasiado "carroza", a decir verdad). Creo que el servicio bibliotecario, al aprovechar esas tecnologías, está adquiriendo, con sus fortalezas, sus debilidades. A algunos de nosotros puede parecernos triste (o repugnarnos, que hay de todo en la viña del Señor). El tiempo dirá si nos estamos equivocando o no. Mi opinión es que si se migra totalmente a ese modelo digital que describí arriba, se perderá una gran parte de lo que fuimos (aunque se ganarán otras cosas, estoy seguro). Y aquí no sé si prima más mi nostalgia personal por el contacto humano directo y personal, o mi preocupación por la lejanía, el anonimato, la esterilidad y la frialdad que se siente al usar esos medios. Como dije, el tiempo dirá. Mientras tanto, me da la sensación de que no deberíamos dejar de prestar atención a las necesidades de todos nuestros usuarios. Pues si bien el mundo será de los "nativos digitales" en algún momento futuro, ahora mismo un alto porcentaje de los usuarios de las bibliotecas a nivel internacional no pertenecen a dicha generación. Y muchos desconocen lo más básico de la informática. Luego de recorrer una buiena parte de América Latina de biblioteca en biblioteca y de pueblo en pueblo, puedo asegurarte que, si bien allá encuentras TICs en casi cualquier sitio, todavía queda mucho por hacer, muchos puentes por tender y muchas brechas por tapar. Ten en cuenta que mi país natal, Argentina, es 6 veces más grande que España, y que, por ende, hay muchas áreas sin cobertura de Internet e incluso sin luz constante. Como ellas, otras regiones similares abundan en todo el continente. Y, definitivamente, las bibliotecas todavía no están preparadas para brindar un servicio digital. No porque ellas no quieran o puedan, sino porque, a mi entender, falta mucho trabajo entre los destinatarios finales de los servicios: desde la más básica alfabetización (en castellano, portugués o en los idiomas indígenas que dominan ciertas áreas) hasta la producción de materiales pertinentes para esos usuarios. Preocuparse por hacer llegar la biblioteca digital sin antes haber solucionado los problemas de base me parece que es como construir un edificio sobre un pantano con cimientos de masilla. Un abrazo, y, nuevamente, muchas gracias por tus líneas... Edgardo Civallero
--- El lun 14-dic-09, MATIAS CLAVERO, HIPOLITO <[email protected]> escribió: De: MATIAS CLAVERO, HIPOLITO <[email protected]> Asunto: RE: [IWETEL] El futuro de la Biblioteconomía Para: "Edgardo Civallero" <[email protected]>, [email protected] Fecha: lunes, 14 de diciembre de 2009, 3:56 pm Estimado Eduardo y demás colegas: Estoy de acuerdo contigo, además tengo la impresión de que a muchos bibliotecarios lo que le molesta realmente es el contacto directo con el usuario, cuando esto, precisamente, es lo más gratificante de nuestra profesión, y, al parecer, con todas las nuevas técnicas y tecnologías que median en el acceso a la información el usuario se aleja, el diálogo de búsqueda de información directa se quiebra y solo media la pura tecnología que aún no ha superado el saber hacer bibliotecario de gentes como Dewey, por citar alguno conocido. Hipólito Matías Clavero Ayudante de Biblioteca Biblioteca Pública de Usera "José Hierro" Subdirección de Fines de Semana y Festivos Consejería de Cultura y Turismo Rafaela Ybarra, 43 Teléfono 91.422.95.01 ________________________________ De: Foro para profesionales de bibliotecas y documentacion. en nombre de Edgardo Civallero Enviado el: lun 14/12/2009 14:58 Para: [email protected] Asunto: Re: [IWETEL] El futuro de la Biblioteconomía Saludos cordiales, colegas... Me gustaría, en el seno de este pequeño debate, plantear algunas ideas que se llevan discutiendo en las listas latinoamericanas de bibliotecología desde hace varios años. a.- El nombre Por lo que se ve, el nombre puede llegar a ser importante en una sociedad en la cual, hagas lo que hagas, las etiquetas cuentan y pesan (demasiado, para mi gusto). Parece ser que no es lo mismo ser "sepulturero" que "especialista en la gestión de restos humanos". El sueldo difiere, la opinión pública también. El tema de fondo, sin embargo, no está en la forma, sino en el contenido. Llevo viendo una preocupación indisimulada por las formas, y una pauperización de los contenidos. Una negligencia profunda en estos últimos, a decir verdad. Muchos se plantean: "¿Cómo nos debemos llamar para ser mejor considerados?". Pocos se cuestionan: "¿Qué NO estamos haciendo para que los estereotipos sobre la profesión se perpetúen? ¿Dónde fallamos?". Personalmente opino que fuimos, somos y seremos intermediarios, y mientras no hagamos notar el papel que jugamos en esa mediación (con el valor añadido que agregamos o deberíamos agregar al proceso), nada cambiará. Seguiremos siendo vistos como prescindibles burócratas automatizados (e informatizados, en algunos casos). Es de entender que sean muchos los colegas que se sientan "humillados" al ser catalogados como "bibliotecarios" (por los consabidos estereotipos asociados). Creo, sin embargo, que es más preocupante que sean pocos los colegas que se sientan (y se sepan) verdaderos "gestores de información". Eso va más allá de la opinión del público: es la visión que tenemos de nosotros mismos. Y en este sentido, no bastará con empenacharse como pavos reales o con cambiar de nombre para dejar de sentirnos como nos sentimos. No bastará con apoyar nuestra imprescindibilidad en estadísticas, números y figuras, ni en ocultarnos bajo etiquetas o seudo-denominaciones científico-académicas. Es preciso asumir nuestro rol (mediadores culturales, gestores de información, o el que sea) y jugarlo de verdad, mostrar lo que somos, lo que hacemos, nuestra importancia, la necesidad de nuestros servicios (porque eso hacemos: prestamos un servicio). Creo que, en este sentido, seguimos dando vueltas en la superficie sin atrevernos a bucear en las profundidades y solucionar el asunto de raíz: trabajemos donde trabajemos, lo hagamos como lo hagamos y tengamos la formación que tengamos, todos somos gestores de información. Ahí está nuestra importancia. El punto es: ¿nos educan para ser ESO? ¿Estamos preparados para desempeñar ese rol? ¿Somos conscientes de TODO lo que implica esa posición nuestra? El nombre es lo de menos (aunque con el tema del sueldo que comentó Catuxa, quizás no lo sea tanto, pero...). Somos herederos de una tradicional centenaria: la palabra "bibliotecario" tiene una historia de generaciones a nuestras espaldas. Quizás no sea menester cambiarla, sino dotarla de un nuevo valor ante nuestros usuarios/clientes/patrones. Otras profesiones ya lo han hecho sin cambiar su denominación (médicos, abogados, ingenieros...). ¿Tal vez nosotros todavía no tenemos claro qué es lo que hacemos, por qué, para quién, para qué, cómo...? ¿Tal vez somos nosotros los que nos anclamos en un papel (e intentamos cubrirlo de brillos de "digitalidad") y no sabemos ver las magníficas oportunidades que tiene nuestra profesión? b.- El "nuevo" bibliotecario Llevo encontrándome, desde un tiempo a esta parte, con muchos colegas que señalan la migración imparable de la biblioteca hacia su modelo digital. Resido desde hace un año en España (aunque vivo a caballo entre las dos orillas) y aquí el discurso biblioteconómico está mucho más impregnado del tema digital que en América Latina (aunque allá no escasea, por cierto). Me da la sensación de que muchos colegas viven planteándose: "¿Cuál es el camino para no quedarnos atrás con la emergencia de nuevas tecnologías?". Empero, muchos menos analizan: "¿Cuáles son las verdaderas necesidades y posibilidades de nuestros usuarios potenciales?" (y recuérdese que cuando hablamos de "bibliotecas" nos referimos a un amplio mundo con muy diversos contextos socio-económicos y culturales, con distintas capacidades de acceso a las TICs, con necesidades diferentes y con modelos de bibliotecas como las populares, las públicas, las escolares y las rurales, abismalmente distantes del modelo estándar de biblioteca universitaria, organizacionel o estatal). En fin, que a lo largo de los años he visto como la profesión se ha visto cada vez más cautiva por los avances de la tecnología (una mera herramientas más de nuestro servicio...), por las etiquetas, los estándares y las estadísticas, y cada vez menos preocupada por el rol social de la biblioteca, por la educación de los bibliotecarios, por las posibilidades (TODAS las posibilidades) futuras, por el desarrollo sostenible de la profesión (sin hipotecar nuestro futuro por querer llegar más rápido a él)... Veo como el foco de atención de la bibliotecología internacional (incluyendo la educación bibliotecaria) se ha puesto en la información digital, cuando en una gran parte del planeta (incluyendo la sierra de Madrid, desde donde escribo ahora mismo) esa información no interesa, o no es importante, o ni siquiera es accesible. Veo como el "soporte celulósico" es cuasi-vilipendiado en favor de lo digital. En fin... Me da la sensación de que, para dejar atrás los estereotipos decimonónicos que nos espantan, nos estamos montando a lomos de una bestia que no sabemos dominar (¿o estamos mordiendo la zanahoria de grandes monopolios internacionales?), estamos arrastrando con nosotros a cientos de usuarios (los que pueden seguirnos) y estamos dejando atrás a muchas "víctimas colaterales" que no pueden seguirnos, y que a lo mejor ni siquiera querían hacer tal cosa, y a las que, de alguna forma, dejamos de prestar atención. Creo que estamos olvidando modelos de biblioteca que antes mencioné (las populares / públicas, p.e., base de nuestra profesión y trinchera de la lectura), que estamos desatendiendo tareas de promoción de lecto-escritura y alfabetización y que nos estamos concentrando demasiado en ciertas técnicas. Y al hacer todo esto, estamos intentando despojarnos de la etiqueta "bibliotecario" (por tenerla asociada al papel, a la estantería, al catálogo de fichas) y ponernos un nuevo "traje de luces". Sin embargo, he aprendido por propia experiencia que los cambios muy rápidos no traen nada bueno. Las cosas seguirán su curso: las tecnologías digitales son una herramienta más dentro de nuestro repertorio, y debemos aprender a usarlas sin olvidar que, en definitiva, nuestra labor debe centrarse en el servicio que prestamos, y en las herramientas que usamos para prestarlo. Y que, si el servicio es bueno, como decía arriba, el nombre que tengamos será lo de menos: la consideración que nos ganaremos por parte de nuestros usuarios/clientes será lo principal. Si seguimos bailando al son que nos tocan y vistiéndonos de lo que nos dicen que "mola más", termianremos haciendol o que otros quieren que hagamos y sin tener idea de donde estamos parados, quiénes somos y qué es lo que hacemos. En fin: creo que el futuro de nuestra profesión está en ser fieles a nuestras raíces, a esos colegas que permitieron que el saber universal llegara hoy a nuestras manos. Siempre habrá colegas "burócratas" (igual que entre los médicos hay "matasanos"). Lo importante es que los bibliotecarios estemos atentos al futuro digital sin dejar de cerrar las brechas actuales y tapar los numerosos agujeros que, en todo el mundo (no sólo el euro-americano: hay más universo fuera de sus fronteras) abundan por doquier. Que sigamos aprendiendo y educándonos (y no sólo en el diseño de bibliotecas digitales, tema estrella de los másters y doctorados europeos). Y que jamás dejemos de mirar más allá de nuestras estanterías: a la comunidad que nos rodea, que es nuestra razón de ser. Porque sin usuarios, lo que nosotros hacemos no tendría sentido. Y porque, para muchos de esos usuarios, el bibliotecario no es un ser amargado y silencioso, sino el individuo que les recomienda buena lectura para sus ratos de ocio, o les proporciona recursos de investigación, o les abre el camino hacia nuevos horizontes con tal o cual libro. Un abrazo, y mil disculpas por la extensión del mensaje. Desde la sierra norte de Madrid... Edgardo Civallero ________________________________ Encontra las mejores recetas con Yahoo! Cocina. http://ar.mujer.yahoo.com/cocina/ ---------------------------------------------------- Normas para el correcto uso del correo electrónico: http://www.rediris.es/mail/estilo.html ---------------------------------------------------- Yahoo! Cocina Encontra las mejores recetas con Yahoo! 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