Menos portadas para juzgar
Al popularizarse los “e-books”, disminuyen las portadas que juzgar
Por MOTOKO RICH
Bindu Wiles estaba en el metro en Brooklyn en marzo cuando vio a una mujer que
leía un libro cuya portada tenía una llamativa silueta negra de la cabeza de
una chica sobre un fondo naranja brillante.
Wiles se dio cuenta de que la mujer tenía aproximadamente su edad, 45 años, y
llevaba una estera para hacer yoga, así que concluyó que tenían una mentalidad
similar y se inclinó a leer el título: Abejita, una novela de Chris Cleave.
Wiles, una estudiante de posgrado en escritura de no ficción en el Sarah
Lawrence College, en el cercano Bronxvile, escribió una nota en su iPhone y esa
misma semana se compró el libro.
Los encuentros como éste se están haciendo cada vez más difíciles. Con un
número creciente de gente que recurre al Kindle y otros dispositivos de lectura
electrónica, y con el iPad de Appel recién llegado, no siempre es posible ver
lo que otros están leyendo o proyectar nuestros propios gustos literarios.
No puedes juzgar un libro por su portada si no la tiene. “Hay algo en el hecho
de tener un libro precioso que parece intelectualmente denso y sabroso”,
explica Wiles, que recordó que, cuando estaba releyendo Anna Karenina hace
poco, le gustaba que la gente pudiera ver la portada en el metro. ”Te sientes
como orgullosa de estar leyéndolo”. Con un Kindle o un Nook, remacha, “la gente
nunca lo sabría”.
Entre otros cambios traídos por la era del e-book, las ediciones digitales
están expulsando a las portadas de los libros del metro, de la mesa de la
cafetería y de la playa. Esto supone una pérdida para las editoriales y los
escritores, que disfrutan de algo de publicidad gratuita para sus libros en
formato impreso: si te fijas en la tapa de los libros que la gente lee en el
avión o en el parque, puede que también decidas echarle un vistazo a Los
hombres que no amaban a las mujeres.
“A menudo cuando piensas en un libro, recuerdas su tapa”, explica Jeffrey C.
Alexander, profesor de sociología cultural de la Universidad de Yale. “Es una
manera de atraer a la gente a la lectura a través de lo visual”.
En la librería, donde aún se siguen produciendo la mayoría de las ventas, las
tapas desempeñan un papel crucial. “Si ya has pasado el obstáculo de lograr que
el cliente se sienta atraído por la cubierta y luego coja el libro”, explica
Patricia Bostelman, vicepresidenta de Barnes & Noble, “se ha ganado una batalla
enorme”.
Pero es una victoria que será difícil de conseguir si nadie puede saber si
estás leyendo Guerra y paz o Diamonds and Desire.
Quizá ningún elemento del proceso de fabricar un libro reciba tanta atención de
tanta gente diferente como las tapas. Primero, a un director creativo se le
ocurre una idea. (¿Qué os parece la imagen de una manzana?). Luego, el editor,
el autor y el agente le echan un vistazo. (¿Podemos agrandar el tamaño de la
letra del nombre del autor? ¿Y no se usó una manzana para ese libro sobre
vampiros? Este libro no es sobre vampiros). El editor del grabado toma parte.
(Los vampiros venden. Me gusta la manzana). El equipo de ventas hace
comentarios. (¿No hay un ángulo económico? ¿Qué os parece una manzana con una
naranja dentro? Ha funcionado antes). Hasta los vendedores de libros tienen su
opinión. (Lo que de verdad gusta en una cubierta es un par de zapatos de tacón).
Lógicamente, es poco probable que una buena tapa salve a un mal libro. Pero en
un mercado abarrotado, una cubierta que llame la atención es una ventaja que
todos los autores y editores quieren. Para que nos hagamos una idea de las
posibilidades, en un análisis al azar de 1.000 libros sobre negocios publicados
el año pasado, Codex Group, una empresa asesora de publicaciones, descubrió que
sólo de 62 de ellos se vendieron más de 5.000 ejemplares.
Mientras los editores siguen explorando los anuncios dirigidos en Google y
otros motores de búsqueda o redes sociales, llegan a la conclusión de que una
cubierta sigue siendo la mejor manera de representar un libro.
Algunos lectores esperan que los fabricantes de aparatos electrónicos añadan
funciones que permitan a los usuarios transmitir lo que están leyendo. “A la
gente le gusta presumir de lo que hace y de lo que le gusta”, explica Maud
Newton, un popular bloguero de libros. “Por eso, antes o después, la gente
tendrá una manera de hacer eso con los dispositivos de lectura”.
Por ahora, muchos editores confían en el efecto Facebook: “Antes puede que
vieras a tres personas leyendo Comer, rezar, amar en el metro”, explica Clare
Ferraro, presidenta de Viking and Plume, grabadores de Penguin Group USA.
“Ahora te metes en Facebook y ves que tres de tus amigos están leyendo Comer,
rezar, amar”.
Algunas editoriales digitales sospechan que uno de los motivos por los que las
publicaciones de novelas románticas y eróticas son tan populares en sus
ediciones electrónicas es porque los lectores electrónicos son discretos.
Pero las tapas siguen siendo importantes. Holly Schmidt, presidenta de Ravenous
Romance, una editorial de libros electrónicos románticos y eróticos, explica
que en un caso la editorial ofrecía una antología de historias sobre mujeres
mayores y hombres jóvenes. La primera versión venía con una cubierta digital
con la imagen de una mujer atractiva. Casi no se vendieron copias. La editorial
puso una nueva cubierta en Internet (en esta ocasión, con los torsos desnudos y
musculados de tres hombres jóvenes), y las ventas despegaron.
La nueva cubierta “cogió un libro que era prácticamente un fracaso”, asegura
Schmidt, “y lo convirtió en un éxito de ventas bastante considerable”.
Selección semanal de The New York Times publicada por El País,15 de abril de
2010.
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Los archivos de IWETEL pueden ser consultados en:
http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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