Soy ateo practicante, y militante, y tengo mi opinión sobre lo que contiene la biblia, pero mi opinión no podría llevarla a la ubicación de esta en la biblioteca, una biblioteca es uno de los pocos sitios donde todos tenemos cabida sin importar de donde vengamos, que queremos hacer o que venimos buscando; sería una enorme falta de respeto y una enorme falta de profesionalidad humillar a unos colectivos tan inmensos como cualquiera de los que procesan cualquier religión. un bibliotecario, o documentalista, como es mi caso, debe hacer su trabajo desde el máximo nivel de tolerancia y eliminando cualquier prejuicio personal, y no se sería muy tolerante menospreciando algo que es tan importante para millones de seres humanos con un gesto tan despectivo, pensemos lo que pensemos al respecto.

Un saludo.

Antonio Maestre Hernandez
http://maestrehernandez.wordpress.com



El 23-nov-10, a las 10:57, Carlos Flores escribió:

Estimados colisteros.

Antes de nada, debo advertir que no soy bibliotecario, sino archivero y usuario habitual de bibliotecas. Por eso, generalmente me limito a seguir sus debates en silencio y, como es lógico, con interés variable. Pero este caso me resulta muy interesante no sólo por su derivación deontológica hacia de la posible o no posible objetividad de un profesional (de las bibliotecas o de lo que sea), e incluso sus matices filosóficos sobre si existe o no la objetividad, sino también por mis convicciones religiosas, que no creo necesario ocultar.

Desde el respeto a todas las opiniones, yo me sentiría grandemente ofendido, al llegar a mi biblioteca, si encontrase la Biblia, el Corán, el Bahadagav Ghita o cualquier obra similar en algunas de las clasificaciones que se han sugerido (ciencia-ficción, métodos de tortura, etc.). Sin entrar en los argumentos de carácter más profesional, que también se han expuesto aquí, como usuario entendería esto como una falta de respeto, innecesaria además. Los sentimientos religiosos son algo muy serio para quienes los profesamos y, lo mismo que en cualquier otro aspecto de la vida, el respeto no consiste simplemente en que a uno no le multen por sus ideas, sino que no se sienta agredido por profesarlas. Mi opinión personal sobre el ateísmo (no sobre los ateos, puesto que no los conozco a todos, y me perdonarán la broma) no debe llevarme a descalificar esta opción de vida o de opinión, y mucho menos en mi actividad profesional. Por ejemplo, pese a no ser un experto en sistemas de clasificación del conocimiento, no quisiera ver una obra sobre ateísmo bajo el epígrafe "enajenación mental".

Hasta ahora, todas y cada una de las bibliotecas que he utilizado han sido, para mí, un pequeño oasis de calma y de respeto, donde cada cual busca lo que quiere sin sentirse presionado ni, mucho menos, vilipendiado. Esto coloca a su profesión en un escalón muy alto dentro de mi particular visión del mundo. Me gustaría que siguiese siendo así. Personalmente, ya tengo suficiente con que los jerarcas de mi Iglesia y los gobernantes de mi país se empeñen en decirme lo que tengo que pensar, como para que, además, mi bibliotecario se arrogue la capacidad de educarme.

Un cordial saludo.

Carlos Flores.


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