En las últimas semanas he tenido un par de conversaciones demoledoras,una con una bibliotecaria y otra con una profesora de universidad, ambas con mando en plaza y con más que sobrada experiencia y conocimientos. Me ahorro los detalles, pero juntando las dos conversaciones salen algunas cosas muy preocupantes que o no le importan a nadie o ya forman parte del paisaje y no nos llaman la atención. En la formación académica ya no aparece la palabra bibliotecas y apenas biblioteconomÃa, son unidades de información, información y documentación, lo que sea, todo menos bibliotecas. Y los master no le van a la zaga. Alumnos de tercer curso de eso que no es biblioteconomÃa, lógico, son incapaces de decir cuáles son los servicios bibliotecarios más habituales, lo deducen como usuarios de bibliotecas, pero no por la formación. Lo procesos bibliográficos que son el sustento de nuestra profesión se desprestigian cada vez más (p.e., catalogar es una inutilidad o para mantener un repositorio institucional no es necesario catalogar) y lo que es más asombroso esto se produce sobre todo dentro de nuestro ámbito profesional y sin que ninguno digamos nada.
De esto se siguen varias cosas: si la profesión de bibliotecario pierde su sustento teórico práctico ¿qué utilidad tiene? Luego nos quejaremos de intrusismo. Si no se enseñan técnicas bibliográficas o bibliotecarias cualquiera gestor de unidades de información (suponiendo que se sepa qué es eso y que alguien pueda saber hacer bien algo que no se sabe lo que es) puede hacer el trabajo. No es que sea intrusismo, es que la formación en biblioteconomÃa se ha devaluado tanto que ya no es una profesión. El problema además no está en que una profesión desaparezca o que desaparezcan profesionales con un nombre concreto, es que desaparece la capacidad para mantener las bibliotecas, los servicios bibliotecarios, la gestión de materiales bibliográficos, que se anula la capacidad de las próximas generaciones de informacionistas, infonomistas, documentalistas, o como se llamen, para gestionar el cambio en el tratamiento de la información que se está produciendo en estos momentos. Me parece que vamos a perder el tren irremisiblemente si seguimos por este camino. Recientemente se ha publicado un borrador de una ontologÃa para control de autoridades. Lo ha publicado la Network Development and MARC Standard Office de la Library of Congress. Vaya, una biblioteca. El anuncio lo ha hecho Sally McCallum, bibliotecaria que lleva dominando la normativa bibliográfica internacional desde hace décadas desde la LoC o desde el TC/46 y que ha llevado a la principal biblioteca del mundo desde los inicios de la automatización hasta la web semántica. Si por aquà catalogar está desprestigiado ya del control de autoridades ni hablamos, claro. ¿Y eso qué es lo que es? La British Library (vaya, otra biblioteca) acaba de poner más de 3 millones de registros bibliográficos en Linked Open Data. El trabajo de generaciones y generaciones de bibliotecarios que no sirve para nada pero que sà servirá para que la BBC, o la DBepedia, o el New York Times, o cualquiera que lo quiera hacer, pueda relacionar sus datos con las descripciones bibliográficas inglesas. Catalogar es una inutilidad y por eso cuando alguien quiera enlazar en la web semántica sus datos a la producción bibliográfica española o de autores españoles no será posible porque no tenemos bibliotecarios y los que quedan huyen de catalogar como de la peste no vaya a ser que los tilden de trasnochados. O tendrán tan mala calidad las descripciones que será peor el remedio que la enfermedad. Luego nos quejaremos del predominio anglosajón de la web. Si un profesional de la información no sabe para qué se cataloga (ya me darÃa con un canto en los dientes si supiera para qué se asignan metadatos), no sabe lo que es una descripción bibliográfica, no sabe lo que es FRBR ni para qué surge, ni por qué hay cada vez más bibliotecarios (Deutsche Bibliothek, Bibliothèque National de France, Library of Congress, British Library) y hasta otras profesiones que están intentando aplicarlo; si no sabe que hay unas nuevas reglas de catalogación, si no sabe que RDA tiene ya forma de ontologÃa, si no sabe que hay ontologÃas para citas bibliográficas, para descripciones bibliográficas, para encabezamientos de materia, para tesauros, para ficheros de autoridad, pues... Pues no sabe nada que le pueda valer para estar en la web que los bibliotecarios no españoles sà están preparando. Ya me hago cargo, si no se sabe para qué sirve un catálogo bibliográfico comprender para qué sirve una ontologÃa va a ser dificilÃsimo. Y claro hacerlas, mantenerlas o gestionarlas, imposible. Si el MARC es un atraso que no merece ya la pena saber no se cómo se van a entender para qué vale XML o RDF (ni menciono OWL). La falta de formación hace que cunda el desánimo, para muchos esto no son más que un bombardeo de siglas que les agobia y les hace añorar los tiempos en que malamente podÃan con las fichas perforadas y las ISBD. Para los que no han conocido las fichas ya no vale esta referencia gráfica, pero estoy segura de que creen que de eso se encarga Google. Efectivamente, de esto se encargará otro. De la nueva generación de la web se encargarán otros, los que sà saben para qué se cataloga, los que sà saben cómo transformar un fichero de autoridad en datos abiertos para la web semántica, los que discuten cómo alinear ontologÃas bibliográficas con ontologÃas no bibliográficas. Esto es difÃcil para bibliotecarios formados, imposible para no-bibliotecarios sin formación. ¿Quién va a dar esta formación?. Las iniciativas españolas en este asunto tiene que ver con el interés, experiencia, voluntad o como quiera llamársele, de bibliotecarios españoles concretos. Hasta que la Unión Europea nos obligue a meternos en ello porque tiene como objetivo de su Agenda Digital que Europeana continue y Europeana va a ser semántica. ¿Habrá que contratar bibliotecarios franceses, ingleses o alemanes para que nos hagan el trabajo? Desde luego está fuera de la formación reglada que, centrada en los objetivos del sexenio, está olvidando su cometido. No solo no se enseña nada nuevo, sino que se desprestigian los conocimientos y las técnicas que podÃan sernos útiles. Nos dedicaremos todos a la evaluación, a la gestión de la calidad, a los Ãndices de impacto o a medir la producción cientÃfica de los que escriben. Claro, asà llegamos a que la revista con más impacto es la que mide los Ãndices de impacto. Pero esto es una perversión absurda o un problema metodológico de base. La polÃtica de sexenios de las universidades está llevando a que los profesores universitarios estén más preocupados de los Ãndices de impacto que de una enseñanza en condiciones. Han dejado de publicar en revistas que no están indexadas en el ISI, es decir en casi todas las revistas españolas salvo EPI y alguna más. Claro, EPI se convierte en la revista española de más impacto, en la que todo el mundo quiere publicar (eso mismo fue lo que yo le pregunté). También se está dejando de presentar comunicaciones a congresos, jornadas, etc. porque no entran en la valoración de los sexenios. La inmensa mayorÃa de las revistas con verdadero impacto, no sólo el del ISI, están escritas en inglés. Hacemos muy pocas cosas que merezcan la pena ser publicadas, tengan impacto o no, estén en el ISI, o no, se analicen bibliométricamente o no. Y cada vez vamos a hacer menos. A esto le pasa lo mismo que a la calidad. Todos tenemos certificaciones de la ANECA, de la ISO 9000 (según Dilbert es el número de cervezas que se bebió el que inventó la norma) y se le dedica una gran parte de la jornada laboral, aunque todos sabemos que eso no sirve para nada, que solo es un procedimiento prolijo, burocrático, absurdo y las más de las veces falso, que no tiene nada que ver con la calidad real de los servicios. Pero forma parte de la cultura de organización de la universidad española que se está encargando de formar a las próximas generaciones ¿de qué? No tengo palabra. Y digo todo esto porque el cambio que se está produciendo es tremendo y vertiginoso y la web nos pasa por encima. Recuperar el conocimiento que se está perdiendo nos va a llevar unos cuantos años y alcanzar el nivel de otros paÃses puede que sea imposible. Ni para la web, ni para la nueva generación de catálogos, ni para las bibliotecas digitales, ni para la nueva generación de bibliotecas que se avecina... ¿Para qué vale esa formación? Absolutamente para nada. Francisca Hernández Bibliotecaria del Cuerpo Facultativo de Bibliotecas (en excedencia) ---------------------------------------------------- Para darse de baja IWETEL pincha y envia el siguiente url mailto:[email protected] ----------------------------------------------------
