"Federico de Jesus" <[EMAIL PROTECTED]> wrote:Por favor saquenme de esta
lista
Que me quiten a mi tambien por favor
>From: "Eliezer Nieves" <[EMAIL PROTECTED]>
>Reply-To: [EMAIL PROTECTED]
>To: [EMAIL PROTECTED]
>Subject: Re: [comunistas] Literatura proletaria
>Date: Wed, 09 Aug 2000 12:30:08 GMT
>
>Por favor, que alguien me quite de esta lista...
>
>
> >From: "juan godoy" <[EMAIL PROTECTED]>
> >Reply-To: [EMAIL PROTECTED]
> >To: <[EMAIL PROTECTED]>
> >Subject: [comunistas] Literatura proletaria
> >Date: Wed, 9 Aug 2000 14:20:50 +0200
> >
> >Estimado lector
> >
> >Mis obras de literatura no encontraran un editor honrado el cual piense
>al
> >lector y no a sus intereses monetarios. Nosotros, los miles y miles de
> >poetas, por causas que todos conocemos, seremos las ovejas negras de la
> >literatura por el solo pecado de ser honestos con la verdad de los
> >acontecimientos hist�ricos.
> >Mucho se habla de los poetas abandonados: yo soy uno de ellos.
> >Si me he permitido de mandarte unas paginas de una de mis obras es porque
> >tengo la seguridad que t? lectora o lector, las leer�s y te comunicaras
> >conmigo.
> >No pretendo, con esto, desviar nuestra atenci�n de los problemas que nos
> >afligen. Una Antolog�a, un cuento corto o un romance breve, son, seg�n
>los
> >mas entendidos, el relajamiento de nuestras actividades cotidianas.
> >A ti dejo mis paginas, lectora y lector m�o. Conf�o que mis personajes
> >entraran en tu casa como la flor entra en la primavera.
> >Si tienes inter�s en continuar leyendo el resto de la antolog�a, �Un
>Cristo
> >Mapuche" te pido una contribuci�n material simb�lica ya que con ese
>dinero
> >podr?pagar mi mis materiales de producci�n y alimentar a mis lectores con
> >otras obras desconocidas.
> >Lee las paginas y se te interesa, no temas escribirme a mi Mail ya que
> >comunicar contigo ser?como hablar con el t�o o la t�a de mis
>personajes...
> >Te deseo una buena lectura.
> >Juan Godoy
> >
> >Antolog�a
> >
> >Capitulo VI del libro Pol�tica Indiana del <1648> del Consejero Real de
>la
> >Corona Espa�ola Don Ivan de Zolorzano Pereira.
> >
> >�Sabido el origen de los pobladores deste Nuevo Mundo, conviene, que
> >averig�emos, si antes del descubrimiento de Col�n, se tuvo alguna noticia
> >entre los del antiguo. Por ser esta una de las cuestiones controvertidas,
> >que se halla en su materia.
> >I son muchos, i muy graves los autores, que, o porque as?de verdad lo
> >sintieron, o per quitar esta gloria a los Espa�oles, quieren persuadir,
>que
> >huvo noticia del, i de su grandeza, a�n, i non tan distinta como la que
> >despu�s aviemos tenido.
> >I lo que m�s es, que hizier�n particulares i repetidas navegaciones a el
> >los Cartagineses, Tyros, Phenices, Romanos, Hebreos, i otras naciones,
>aun
> >que despu�s con el tiempo se puso esto tan en olvido, i el despertarlo,
> >hizo
> >tenerlo por nuevo. Siendo as? que nada ay debaxo del Sol, que lo se, i
>que
> >estos siglos solo repiten lo ya sucedi?en los pasados.
> >Poder�n tambi�n, lo que ya en los cap�tulos antecedentes que avemos
> >tocado,
> >de la historia tan particular, i tan parecida a este Nuevo Orbe, que de
>la
> >isla Atl�ntica dexo escrito Platon en su Timeo, i otros lugares de
> >Arist�teles, Luciano, Eliano, i S. Ciemente Alexandrino, en que parece,
>que
> >tratan del, i de su grandeza. I el conocimiento, que Cicerone, Macrobio,
> >Ponponio Mela, i otros tuvieron de los Antipodas, costutuuendolos en las
> >mesmas Regiones Australes, i Occidentales, (..)
> >I especialmente vulgares versos de Seneca en su Medea, en que sino las
>vio,
> >parece que las pint? cuando dixo, siguiendo la traducci�n del Padre
>Joseph
> >de Acosta.
> >
> >Tras luengos a�os vern?>Un siglo nuevo, dichoso,
> >Que al Oc�ano anchuroso
> >sus limites pasar?
> >descubrir�n grande tierra,
> >Ver�n otro nuevo mundo,
> >Navegando el gran profundo,
> >Que agora el paso nos cierra.
> >La Thuletan afamada,
> >Como del mundo postrera,
> >Quedar?en esta carrera
> >Por muy cercana contada.
> >
> >A quien imita el declamador Auito diciendo: Que m�s all?del Oc�ano ay
>unas
> >grandes, i f�rtiles tierras, otras riberas, i otro Orbe, que all?nace, o
> >comienza de nuevo.
> >
> >I sobre esto, a�ade Lucio Marineo Siculo, que quit?a los Castellanos la
> >gloria de ser tenidos por los primeros en este descubrimiento, el averse
> >hallado en Tierra firme, cateado una venas, o minas de oro, cierta
> >medalla
> >antigua con el nombre i rostro de Agusto Cesar, lo cual hizo evidente,
>que
> >ya los Romanos avian penetrado hasta aquella Provincia.
> >I Justo Lipsio quiere, que aun a la de Chile, por dezir, que all? en el
> >Valle de Cautin se hallaron en algunas casas, i sus portadas, escudos de
> >Aguilas de dos cabezas, que eran insignias propias de los Emperadores
> >Romanos, i que por esto se llam? ????, que en el mesmo Valle fundaron los
> >Espa�oles?
> >
> >
> >
> >
> >
> >Al lector
> >
> >
> >�Qui�n descubri?Am�rica? En los colegios del mundo se plantea a�n la
>tesis
> >que fue Crist�bal Col�n...
> >Eso tambi�n me lo ense�aron en mis tiempos de estudiante; eran textos de
> >cronistas espa�oles, y la historia de Chile abusa enormemente de estos
> >cronistas ib�ricos... El Consejero de la Corona Castellana defiende la
> >fama
> >del descubrimiento. Es explicable. �Qui�n no la defender�a? El lector
> >podr?>preguntarse, �qu?pas?con los enseres y pinturas que figuraban a los
> >romanos en las casas de los mapuches? �Pod�an los mapuches pintar dos
> >cabezas de �guilas id�nticas a las que ten�an los romanos? Luego dice el
> >Consejero del Rey:
> >
> >�Dem�s quando se le concede por verdaderos, tambi�n hay �guilas en
>aquellas
> >partes, y pudieron los indios dar en pintarlas, o esculpirlas con dos
> >cabezas, sin acordarse de los Romanos ni de sus
> >insignias?
> >
> >�C�mo se puede olvidar algo que en teor�a no se conoce ni se ha visto en
>el
> >periodo de la conquista? �Qu?ind�gena pod�a conocer la historia de los
> >Romanos? En este �mbito de contradicciones la historia colea como un
> >tibur�n
> >herido.
> >�Am�rica encontrar?su verdadero descubridor?
> >Mi antolog�a narra los acontecimientos hist�ricos de un pueblo en lucha
> >continua.
> >
> >Basilea. 1985
> >
> >
> >
> >
> >Y sufr�an los hijos de Arauco...
> >Escribieron con las l�grimas de sus ojos humedecidos un alba de nada.
> >Las minerales se evaporaron en los pa�os heridos de las tierras sure�as,
> >los
> >r�os desbordaron sus torrentes y los cauces anegaron sus propias aguas
> >
> >Juan Godoy
> >
> >
> >
> >
> >
> >
> >
> >
> >
> >
> >I
> >
> >El mapuche vagaba en medio de las penumbras sure�as.
> >Era, fuerte y guapo. Surg�a de sus ojos negros una claridad de mirar
> >armonioso.
> >Sobre sus espaldas reposaba una melena furiosa y dura; un cintillo de
>cuero
> >sosten�a sus cabellos negros que se confund�an y perd�an en su piel
>morena
> >del Sur.
> >Colgaba de su cuerpo, semidesnudo, una piel de huemul (venado); s�lo
> >as?>lograba proteger sus carnes contra el eterno silbido de los vientos
> >tra�dos
> >desde las plataformas abruptas de los Andes; los silbidos eran armoniosos
>y
> >se confund�an entre largos y tormentosos aullidos de monutr�s (bestias
> >descendientes del Chacal).
> >A veces, al terminar aquellos aullidos, el fr�o, como un cuchillo de
>hielo,
> >lanzaba desde sus oscilantes pe�as cordilleranas una amenaza que hac�a
> >recordar a cada habitante ?conquistador o conquistado?la hora de meterse
> >una socaire y combatir el patriarcal paseo del congelamiento andino. (�Y
> >qu?>mapuche conoc�a las socaires?)
> >Vagaba el mapuche; su sombra se hab�a sumergido en medio del torbellino
> >fr�o del crep�sculo. Corr�a como un ni�o por los empedrados caminos. No
> >sent�a la helada matutina. Jugaba con sus cachorros: luego se dio cuenta
> >que le faltaba uno; se estremeci?su alma de miedo. Sin pensarlo
> >decidi?>salir en busca de su monutr?perdido.
> >El mapuche no temi? los peligros que rondaban las zonas de Arauco. Sab�a
> >que por estos prados ind�genas se arrastraban serpientes con atuendos de
> >hombres guerreros: colonos sedientos de oro y conquistas: se sab�a que
>sus
> >espadas intentaban dar un golpe a sus v�ctimas para evangelizarlos y
> >anunciarles que les hab�a llegado la hora de la muerte.
> >�Am�n! ?>El mapuche no tem�a a la voracidad de los colonos y, ni mucho
> >menos, a la
> >brutalidad de otros ind�genas del norte que luchaban unidos a los
> >castellanos. Sentado sobre una roca pens?en su cachorro perdido.
> >Recorri?>mentalmente los pasos que hab�a realizado junto a sus monutr�s.
> >El d�a se hac�a a�n m�s helado y luego habr�a que encender el fuego.
> >Al pensar en el fr�o abandon?la idea del fuego y, dominado por su
> >angustia, se bot?hacia las monta�as.
> >
> >II
> >
> >Los muros que encontr?en su camino eran resbaladizos; id�nticos a espejos
> >de hielos que se extend�an con suavidad trasparente hacia otros flancos
>de
> >las cimas.
> >Con gran maestr�a trep?las empinadas pe�as de los Andes y, desde lo
>alto,
> >tendi?sus pupilas sobre su pueblo. Surg�an, tras v�mitos de flancos,
> >unilateralmente capas de arboles tricolores que se reflejaban
>animosamente
> >en los m�s escondidos contornos de sus estructuras.
> >No hab�a control en estos colores, todo escapaba y se transformaba al
> >arribo
> >del alba. Los r�os, vistos desde las monta�as, eran enormes cr�teres de
> >plata: herv�an de peces, se dir�a
> >Estas tierras del mapuche alimentaban las llanuras y adornaban los
>caudales
> >sure�os. Miles y miles de araucarias, verdes por sus contornos,
> >alfombraban
> >con sus frutas los suelos opacos que eran reprimidos por los fr�os
>andinos.
> >Ah?o ac? en partes est�riles del terreno, un mantel de frescas nevadas
> >cubr�a las partes rocosas del lugar.
> >Se ve�an desde lo alto aldeas coloniales.
> >Desde su interior llegaron lamentos de hombres que estremecieron
> >violentamente la regi�n.
> >Otros ruidos irrumpieron en el silencio y extenso altar de cerros.
> >Cay?luego un gemido triste sobre las hondonadas perdidas del espacio: la
> >serenidad del d�a se perdi?en una enorme corriente de lamentos y
>quejidos.
> >Todo pareci?encogerse ante los nuevos aullidos de los monutr�s. Un vuelo
>de
> >un C�ndor desapareci?de los ojos del mapuche ante el medroso avanzar de
> >penas.
> >
> >Continua...
> >
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