Editorial  Cobardes por conveniencia
  Hace varios meses, cuando aquí mismo a través de las páginas de LA PRENSA 
LIBRE criticamos el ridículo que implica el que a algunos de los diputados del 
Partido Acción Ciudadana (PAC) se les obligara a pagar el vino que consumieron 
durante una recepción ofrecida por la Asamblea Legislativa al presidente del 
Parlamento Europeo, se nos acusó de estar viendo espejismos.   Se dijo que 
pretendíamos hacer daño a una agrupación que solo se ha planteado una nueva 
forma de hacer política, y que exige un comportamiento ético acorde con ese 
principio a sus militantes cuando llegan a la función pública.   Hoy día, todo 
ello vuelve al tapete con otros matices. En primer lugar, se ha obligado a una 
diputada a renunciar a su curul por haber firmado, junto con otros 
legisladores, para poner a despacho un proyecto que, entre muchas otras 
personas, beneficiaría a una de sus hermanas. Y se ha tratado de disfrazar ese 
hecho presentándolo como una simple recomendación de parte de la jefa de
 fracción, Elizabeth Fonseca, quien por cierto con estos matices que le da a su 
naciente función política, cada día se resta más de aquella prestancia que la 
caracteriza como académica e historiadora.   Y, después de los arrebatos de la 
diputada Andrea Morales, quien incluso llegó al punto de amenazar con irse de 
la fracción si no se cambiaban algunos aspectos de ese discutido Código de 
Ética, cambió de parecer y se acomodó a una situación que de plano no le gusta. 
  Ahora, algunos legisladores dicen que deben darse cambios. Que debe haber 
adecuaciones. Que las interpretaciones deben cambiar. Pero son de los mismos 
que criticaron a más no poder a los diputados que abandonaron el partido en el 
período de Gobierno anterior, precisamente por estas indispuestos con las 
exigencias éticas del partido.   Y es que el Código se vuelve una especie de 
aberración cuando, por ejemplo, impide a los diputados utilizar los vehículos 
de la Asamblea Legislativa para ir a las giras de
 trabajo. O cuando simplemente les impide actuar como la gente normal y brindar 
con las visitas que reciben en el Congreso en ceremonias especiales.   Una cosa 
es eso y otra muy distancia es despilfarrar los fondos públicos. Y esto es lo 
que no han entendido todavía hoy el ex candidato presidencia de la agrupación, 
Ottón Solís, ni la mayoría de quienes le hacen segunda en el PAC.   Se deben 
cuidar los fondos públicos. De eso no hay la menor duda. Pero esto no implica 
que se tenga que poner a los legisladores en estos entredichos, que en nada 
ayudan ni a las finanzas públicas ni al país. Y eso es aún más notorio cuando, 
en mucho, han sido los diputados del PAC los que han frenado la acción de la 
Asamblea Legislativa, generando un mayor desperdicio de recursos frente a 
aquellos que tratan de cuidar cobrando los vinitos o los cafecitos que se toman 
los legisladores. Eso sin contar que los diputados tienen que aportar una cuota 
“voluntaria” mensual para que viva el señor Solís
 Fallas, supuestamente por su dedicación exclusiva al partido.   
Definitivamente, parece degradante ser diputado del PAC. Pero quienes lo han 
callado no tienen autoridad moral para quejarse ahora.

 __________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis! 
Regístrate ya - http://correo.espanol.yahoo.com/ 
_______________________________________________
Blog: http://www.pln.or.cr/blog
lista de correos
[email protected]
Para desinscribirse o cambiar su configuración
http://lista.pln.or.cr/listinfo.cgi/lista-pln.or.cr

Responder a