Muy lindo. Gracias.
  ----- Original Message ----- 
  From: melvin saenz 
  To: lista pln 
  Sent: Sunday, July 15, 2007 12:57 PM
  Subject: [pln] para cambiar de tema


  Bebo y Chucho Valdés. Lazos de sangre 


  CARLOS GALILEA 
       
  EL PAIS SEMANAL - 12-07-2007 
  Alguna vez pensé que no volveríamos a vernos y ahora tenemos la oportunidad 
de estar juntos y poder grabar lo que hacíamos en casa. Quizá sea una 
recompensa a todos aquellos años de incertidumbre". Quien habla es Jesús, 
Chucho, Valdés, uno de los más grandes pianistas del mundo. Para él, la gira y 
la grabación con Bebo significa algo muy especial. "Siempre traté de que mi 
papá se sintiera orgulloso de mí, porque era mi maestro, el músico que yo más 
he admirado".
  El 26 de octubre de 1960, en La Habana, Bebo Valdés embarcó en un avión con 
destino a México. Con él iban el cantante Rolando Laserie y su mujer. No se lo 
dijo a su familia hasta el día de la partida. Y Chucho no fue a despedirle al 
aeropuerto: "Tenía la corazonada de que no lo iba a volver a ver". Han pasado 
casi 47 años, pero a Chucho le brillan los ojos al recordarlo. "Lo viví con 
gran dolor. La vida cambió para mí. Tenía 19 años y tuve que hacer de papá, de 
hermano mayor y de todo. Me obligué a ser un hombre ya. Le juré a mi mamá que 
nunca la iba a abandonar. Y hasta hoy estoy al lado de ella. Me dijo: 'Chucho, 
nunca me dejes'. Y yo he cumplido y voy a cumplir con ella". 
  Tampoco le fue fácil a Bebo dejar a sus cinco hijos. "Me dijeron las 
autoridades: 'si no te gusta, vete". Ya no le permitían entrar en Radio 
Progreso porque no estaba afiliado al partido. Y un día llegó a su casa y le 
estaba esperando uno de sus músicos con un fusil al hombro. Éste le espetó: 
"¿Te integras o no?". "Era el que no está con nosotros está en contra. No había 
término medio. Entonces decidí irme. Sabía que posiblemente no volvería. Cuando 
llegamos a México, Rolando y yo nos dijimos 'ni vertical ni horizontal' hasta 
que aquello no cambie". 
  Hace dos años que Bebo Valdés ha cambiado la fría Estocolmo, en la que vivió 
las últimas décadas, por Arroyo de la Miel, municipio de Benalmádena. Ahí, en 
una planta baja con patio, reside ahora uno de los grandes músicos de la 
historia de Cuba. La idea era pasar los inviernos en la Costa del Sol y los 
veranos en Suecia, pero Rosemarie, su mujer, no parece muy dispuesta a 
renunciar al clima malagueño. En la pequeña sala de estar, Bebo y Chucho Valdés 
han estado preparando el repertorio del disco que graban con Fernando Trueba. 
Los dos hombretones -Bebo mide 1,84 metros, y Chucho, 1,94 metros- se sientan 
de cara a la pared: el padre, ante un piano vertical, y el hijo, frente a uno 
digital. Para los ensayos de la gira española, iniciada en Canarias, el 
auditorio Alfredo Kraus ha puesto dos pianos de cola a su disposición en Las 
Palmas. Chucho va acariciando las teclas mientras mira tocar a Bebo. Cierra los 
ojos y sigue a su padre en Tres palabras o La bien pagá con esas manotas que le 
ha regalado la genética. Hay un nuevo Valdés en la plaza: Julián, su hijo de 
ocho meses, al que Chucho coge en brazos cada poco, y que se abalanza sobre el 
teclado con entusiasmo. 
  Desde que viajó a Estocolmo, en diciembre de 1999, Fernando Trueba no sale de 
la vida del cubano octogenario. Entonces, Bebo se había jubilado -después de 
haberse pasado 14 años olvidado tocando el piano en un hotel- y cobraba una 
pensión del Estado sueco. "Lo considero un ángel que me enseña el camino. 
Fernando me ha dado mucha vida. Los zapatos que llevo me los regaló él. En Los 
Ángeles me llevó a comprar estos zapatos con una plantilla especial, y ya no me 
duelen los pies". 
  Dice Trueba que Bebo conserva una inocencia casi infantil. Él los reunió en 
la película Calle 54 con La comparsa, de Lecuona. "Cuando llegó el momento, 
tenía tantas ganas de oírlo, pero tantas ganas de oírlo a él, que me pasé el 
tiempo escuchándolo", cuenta Chucho. Según Bebo, ese día fue tan grande la 
emoción, que le dio su primer ataque cerebral: "Comiendo con él me quedé ciego. 
No veía. Él me agarró y querían meterme en un taxi, pero les dije que esperaran 
dos minutos, que se me iba a pasar. Y todo lo que era negro empezó a 
aclararse". 
  Bebo luce una pulsera que le ha regalado Chucho. Es un símbolo de Babalú Ayê, 
oricha de la religión yoruba que en el catolicismo equivale a San Lázaro. Y aún 
lleva colgada la medalla con la Virgen que le regalaron unos gitanos. Ambos 
nacieron el 9 de octubre -Bebo, en 1918, y Chucho, en 1941-. Ese día también es 
el cumpleaños de uno de los ocho hijos de Chucho. Bebo tiene siete, "y entre 
quince y veinte nietos", aventura él. "Y cuatro bisnietos", añade Chucho, que 
ya ha sido cuatro veces abuelo. 
  En su casa de La Habana se solían sentar al piano. Uno a cada lado. Y se 
cambiaban de sitio. Bebo le ponía a tocar el bajo y Chucho tocaba la parte de 
los metales. O viceversa. Una tarde, antes de que Bebo se fuera a trabajar al 
Sevilla, estaban viendo la televisión y le dijo: "Vístete, que vas a tocar esta 
noche". 
  -Se me puso cara de susto, ¡muchacho! (Bebo ríe como un niño travieso). 
  -Le dije a él: "Ahora te espera la Universidad de la calle". 
  -La primera vez que me dijo "vístete y vete...". ¡Ño! Y él sentado de lo más 
tranquilo. No, Bebo, tú estás loco. 
  -Cuéntale lo de Matanzas? (Bebo se ríe). 
  -Había una pareja de españoles que iban a bailar El sombrero de tres picos, 
de Falla. Cuando llegamos, el piano estaba medio tono bajo. Yo estaba tocando a 
primera vista unas cosas que casi no podía con ellas y me dice el director: 
"¿Qué, tú quieres que en la orquesta transporte todo el mundo por tu culpa?". 
Tuve que tocar por arriba de las negras. Terminé llorando, pero terminé. 
  Cuando Chucho tenía 16 o 17 años, Bebo le colocó como pianista de su 
orquesta. En el primer ensayo devoraba las 52 teclas blancas y las 36 negras. 
"Imagínate tú, que la orquesta terminó y yo seguí tocando. Tocaba y tocaba y, 
¡bam!, cerró la orquesta, y yo seguí. Y dice Chocolate [el trompetista 
Armenteros]: '¡oye, Bebo!, tienes que ponerle freno al Caballito [a Bebo le 
decían Caballón], que está desbocado". 
  Con tres años, Chucho ya se encaramaba al piano. "El piano era un juguete 
para mí. Oía una melodía por la radio y me la aprendía inmediatamente. Me 
acuerdo que mi tía me llevó al cine a ver una película. Por la mañana me 
levanté con una melodía pegada en la cabeza que no recordaba dónde la había 
escuchado. Me pongo a tocarla y sale todo el mundo corriendo de la cocina. Era 
la música de Casablanca". Bebo empezó a tocar con siete u ocho años. "Para él 
poder estudiar fue muy duro porque no tenía ni piano. Por eso yo digo que él me 
da raya y salida, como decimos en el billar, de aquí a Japón. Imagínate tú, que 
pasó mucho trabajo y que tenía que ir a pie a estudiar. Si ya yo nazco con un 
piano, con mi papá que me puede dar clases, con un maestro que viene a la casa 
y con el plato caliente de comida para almorzar y cenar, no es lo mismo". La 
madre de Bebo, Caridad Amaro, se ganó cinco pesos en una lotería y le pudo por 
fin comprar un piano: "Costó tres pesos, pero estaba en el comején de arriba 
abajo y se cayó". "Se derrumbó", corrobora Chucho (ríen los dos). 
  Por el domicilio de los Valdés, en el barrio de Santa Amalia, pasaban músicos 
como Ernesto Lecuona, Osvaldo Farrés, Portillo de la Luz, Bola de Nieve, Celia 
Cruz... -ella no salía de allá, dice Bebo- Chucho recuerda cuando oyó por 
primera vez Novia mía. "Estaban sentados en el portal, porque esa gente venía 
con la guitarra, y yo atrás con el piano, y José Antonio [Méndez] cantaba: 
'novia mía, desde el primer y fiel abrazo...". "¡Qué lindo! Y los arreglos, 
gratis", se ríe Bebo. Y Chucho: "Y la parte del piano también, porque tú sabes 
que en ese tiempo...". 
  Bebo Valdés entró en Tropicana en 1948. Un pianista que tocara allí tenía que 
saber música suramericana, zarzuela, jazz, el repertorio cubano... A finales de 
los cincuenta, Chucho estaba en todos los ensayos. "Andábamos todo el día 
juntos. Iba conmigo a todas partes (Bebo baja la voz), hasta a buscar hembras". 
Bebo Valdés grabó un disco en español de Nat King Cole -yo fui el que le 
enseñé, aunque nunca aprendió a decir cachito, decía cachirou-, y en 1959, 
dirigía la orquesta Sabor de Cuba, con Chucho al piano. Los cantantes eran nada 
más y nada menos que Pío Leyva, Fernando Álvarez y Rolando Laserie. 
  El piano es una extensión de ambos. "Si me lo quitan es como matarme", 
confiesa Bebo. "Cuando no tenía piano en Cuba, me quedaba en la escuela al 
cierre hasta que los guardas me agarraban y me botaban de allí". "Hay pianistas 
que tocan muchas notas y son genios", explica Chucho. "Ejemplo, Art Tatum. Hay 
otros que no tocan muchas notas y también son genios, como Monk. Yo, en la 
teoría de mucho y poco no creo. Me preocupa más la originalidad. La 
improvisación es como una conversación. Hay momentos que tienes que hablar 
despacio. Y si te emocionas, pues hablas más fuerte y hasta puedes hablar muy 
rápido. Estoy en contra del que toca para el aplauso, para impresionar. Hay dos 
tipos de virtuosismo. El del poder de síntesis lo tiene Bill Evans, el gran 
poeta; el del poder de tocar un millón de notas, todas con swing, y dentro del 
tiempo, Oscar Peterson". 
  Para rodar el documental 'Old Man Bebo', Carlos Carcas ha seguido a Bebo 
Valdés durante siete años. Y se pasó nueve meses montando las 200 horas de 
material a partir de viejas fotos, entrevistas con hijos, hermanos y amigos, 
filmaciones añejas... "Vi un retrato mío de 1948 y no me conocí", asegura Bebo. 
Y Chucho, bajando la voz: "Hay otra foto que yo traje en la que él está con una 
tremenda mulata abrazado. Y le dije: 'mira, hmmm". Bebo se ríe: "Bueno, de eso 
ha pasado ya una tonga de años". "Desde que él y el hermano tenían 13 o 14, yo 
me levantaba por la mañana cuando estaban dormidos, y para joderlos, tiraba de 
la sábana. Y veía que había semen... Que los muchachos (con la mano, Bebo hace 
el gesto de masturbarse). Hablé con unas amigas mías que tenían el lugar para 
eso, y les dije: 'yo lo pago por adelantado, pero tienen que tener los dos esto 
que ya tú sabes (simula ponerse un preservativo)'. Un domingo me los llevé y 
los puse con ésta -a Chucho- y con ésta -a Raúl-. Y de ahí, los domingos les 
daba cinco pesos a cada uno y ya iban solos. Es lo único que podía hacer un 
padre por un hijo ¿no?". Chucho agacha la cabeza tapándose la cara con la palma 
de la mano. 
  Se reencontraron en 1978 en Nueva York, en una cafetería de la Séptima 
Avenida. "Yo sabía desde hacía una semana que Bebo estaría allí. Muchas 
emociones. Iba a verle después de 18 años, a conocer a Bill Evans en persona y 
era el debut de Irakere en Estados Unidos, en el Festival de Jazz de Newport". 
Bebo se dejó sus buenos dólares en el concierto del Carnegie Hall, invitó a 
todo el mundo. "En el camerino, un tipo que me dijo: 'usted ve cómo Cuba hace a 
los músicos...'. Y me fui". "Deja la política, túmbala", le pide Chucho. 
  Chucho Valdés tocó con el grupo Irakere en Estados Unidos gracias a las 
medidas del presidente Carter. Ya no pudo volver a hacerlo, por las 
prohibiciones, hasta 1987. "Hazte idea que esa prohibición hubiera existido en 
la década de cuarenta. No se hubieran encontrado Mario [Bauzá], Machito y Chano 
Pozo con Parker y Gillespie, el bebop con la cosa afrocubana. Cuando tú 
prohíbes el arte estás parando el desarrollo de la cultura". En Estados Unidos 
le tratan de maravilla. Le admira gente del cine como Jack Nicholson, Sidney 
Pollack, Whoopi Goldberg... "Tengo una foto peleando con Mohamed Alí. En el 96 
yo estaba trabajando en un club de Nueva York y él supo que era mi cumpleaños. 
Me invitó a comer en un restaurante. Me regaló la trusa [calzón] y los 
guantes". 
  Irakere, el grupo que Chucho creó en 1973, ha dejado su impronta en el jazz 
latino y la música cubana bailable. Como ya hiciera Bebo con su orquesta del 
batanga, usaba la polirritmia de los tambores batá, legado de los yorubas que 
llegaron como esclavos a Cuba. "Ha sido una escuela de cuatro generaciones. La 
favorita mía fue la primera con Paquito [D'Rivera], Sandoval [Arturo], Varona y 
Averhoff. La sección de metales más importante y más violenta que yo haya 
escuchado. Tenía que vivir con el lápiz en la mano y tratando de complicar más 
las cosas para ver si me daban un descanso. La gente decía: 'es que en Irakere 
los arreglos son muy complicados'. ¡Claro! ¿Qué le puedo escribir a Arturo? 
¿Qué le voy a escribir a Paquito? Podían tocar cualquier cosa haciendo 
chistes". 
  En 1990, cuando Bebo supo que su hija Mayra Caridad iba a actuar en un club 
de París, cogió un avión en Estocolmo. "Cachita estaba cantando y al 
presentarme en la sala se echa a llorar. Subo al escenario y le doy un abrazo, 
pero no se le quitaba. Yo la dejé de cuatro años en Cuba. Me dijo: 'acompáñame 
en un número'. Toqué y llantos y más llantos", recuerda. "La otra hija, Miriam, 
tenía una hija que yo sabía que estaba en estado y quería verlas. Fui hasta 
Blois, donde vivía la nieta. Nunca la había visto. A las siete de la tarde le 
entran los dolores y una hora después nace la niña. Mi bisnieta. Hay una foto 
en el hospital en la que estoy con ella en brazos, mi hija a un lado y mi nieta 
al otro. Cuatro generaciones. Eso no se me va a olvidar jamás". 
  Mientras el mambo recorría el mundo, el batanga de Bebo resultó un fracaso. 
Le duele todavía. "Porque me costó mucho trabajo hacerlo y muy poco 
desbaratarlo". Fue a los cabildos a escuchar los tambores rituales. Tomó uno de 
los ritmos sagrados y le cambió algunas cosas. El fracaso, curiosamente, empezó 
con éxito. Los dueños de la Cadena Azul de radio contrataron a la orquesta del 
batanga para tocar los domingos. Había colas de una cuadra y media para entrar 
en el estudio de la calle Prado. "Se llenaba el auditorio, 1.200 personas, pero 
nadie [se refiere a patrocinadores] compró eso y se acabó". 
  Chucho Valdés, que acaba de grabar discos con Charles Aznavour y Pablo 
Milanés ?"acompañar es más difícil que tocar solo. El pianista tiene que 
servirle la mesa al cantante para que se sienta bien"?, dio su primer recital 
en 1993 en Montreal. "Las piernas me temblaban. Yo tocaba con Irakere y no 
estaba acostumbrado. Y menos en un festival con Herbie Hancock, Chick Corea, 
Jarrett? Busqué mi identidad en el tumbao cubano y en hacer versiones. Ahí me 
di cuenta de que sí podía hacerlo". Años más tarde, también en Montreal, lo 
programaron en la iglesia de la Santísima Trinidad, templo de concertistas 
clásicos. "La directora me dijo: 'mira, si no te aplauden, no te asustes, y si 
se va la mitad de la gente, tampoco porque ayer tocó un pianista de jazz muy 
importante y se fue casi todo el mundo'. Yo pensé: '¿qué voy a hacer ahora?'. 
Primero toqué Les feuilles mortes al estilo barroco y cuando terminé con un 
preludio de Bach el público se puso en pie y empezó a gritar. Entonces le metí 
tumbaos a Debussy. Hice lo que me dio la gana". 
  En Nueva York, este pianista torrencial ha grabado discos como Live at 
Village Vanguard ?en cuarteto? y Solo en el Lincoln Center: "Estaba todo 
vendido hacía semanas y hubo reventa con tiques a 500 dólares". "Cada vez que 
yo tocaba en Nueva York había un señor mayor que estaba sentado allí. En 2000 
me cita Blue Note para hacer un disco. Y en las oficinas estaba ese señor. Me 
dice: 'quiero que grabes un disco de piano clásico'. Era Max Wilcox, el 
representante que le grabó a Arthur Rubinstein los últimos 17 años de su 
carrera. Mandó buscar un Steinway que había en Washington y a un ruso que era 
el mecánico del piano. Yo lo probé y estaba maravilloso, pero el ruso dijo que 
no estaba bueno. Esperé cinco horas a que terminara de cuadrar el piano. Y 
cuando le puse la mano era increíble. Nunca oí sonar un piano así, nunca", 
confiesa. 
  En 'Old Man Bebo' dice: "Nadie como yo sabe del talento de Bebo". "El Bebo 
que yo conozco, que no es el que ustedes conocieron, que es maravilloso, es el 
Bebo que se sentaba en la cocina y terminaba arreglo tras arreglo a una 
velocidad y con una calidad fuera de serie; el Bebo pianista de la lectura 
increíble de una partitura a primera vista; el Bebo genial director de 
orquesta, de la mano segura. Ése es mi héroe. Yo me aprendí todos los solos de 
piano de todos sus temas de tanto escucharlo. Y todavía me los sé. La cadencia 
que tiene tocando es irrepetible". Bebo opina -"y no como padre"- que Chucho es 
hoy el pianista más completo de todos porque puede tocar cualquier cosa. "La 
técnica que tiene, eso es para regalarlo". "Aprendí lo que me enseñó el señor 
[Chucho mira a Bebo sentado al otro lado de la mesa]. Si salí bueno, malo o 
regular, échenle la culpa a él" [se ríe]. 
  En Suecia, hace veinte años, un médico le comunicó a Bebo que por un problema 
de vértebras no volvería a tocar. "Sólo muerto", le dijo (se ríe al 
recordarlo). A veces le duele la espalda, y hace siete veranos sufrió una 
trombosis, pero asegura que va a tocar hasta el día que se muera. "Me quité una 
vez y a los tres días estaba loco. Yo no puedo estar encerrado en casa, 
mirando, ésa no es mi vida. Empecé muy temprano, así que cuando me vaya, que 
sea tocando el piano. Y de golpe, pum, y fuera". 
  Bebo y Chucho Valdés actúan el día 21 en Tarragona (Auditori Camp de Mart); 
22 y 23, en Barcelona (Teatre Grec); 26 en Madrid (Conde Duque); 28 en La 
Granja de San Ildefonso (patio de la Herradura) (Segovia); 3 de agosto, en 
Zaragoza (plaza de toros), y 6 de agosto, en Sos del Rey Católico. El 
documental 'Old Man Bebo' se estrenará en los festivales en otoño.


------------------------------------------------------------------------------

  Llama gratis a cualquier PC del mundo.
  Con una excelente calidad de sonido.
  Yahoo! Messenger 


------------------------------------------------------------------------------


  _______________________________________________
  Blog: http://www.pln.or.cr/blog
  lista de correos
  [email protected]
  Para desinscribirse o cambiar su configuración
  http://lista.pln.or.cr/listinfo.cgi/lista-pln.or.cr
_______________________________________________
Blog: http://www.pln.or.cr/blog
lista de correos
[email protected]
Para desinscribirse o cambiar su configuración
http://lista.pln.or.cr/listinfo.cgi/lista-pln.or.cr

Responder a