Roberto: me gusta mucho el tono de sus notas, muy constructivas y
focalizadas en principios. Dicho esto, yo siempre he tenido dudas de que los
temas del partido tienen que ser satisfechas para todos sus miembros. Es
decir, que el partido no pueda posturas formales de apoyo a su gobierno, por
ejemplo, con un tipo de reforma fiscal, de programa educativo, de acuerdo
comercial, de reordenamiento institucional, o cualquier otro tema de
política pública, siempre y cuando sea expresión de una voluntad mayoritaria
expresada por algún mecanismo democrático, por ejemplo el programa electoral
votado al elegir presidente. 

 

En relación con el TLC entiendo el planteamiento que algunos han hecho (con
mucha claridad Marcelo), aunque pienso que existe una agenda complementaria
y un compromiso social en los actos de gobierno y en el PND (tema de
contenido), aunque no existe un proyecto de ley como desafortunadamente
quedó escrito en el congreso ideológico (tema de forma). Por supuesto,
concedo que puede haber un tema de fondo por dilucidar, especialmente cuanto
entran en juego los modelos políticos (relación partido/gobierno). En todo
caso su nota es positiva y la leí con mucho interés. Eduardo

 

  _____  

De: [EMAIL PROTECTED] [mailto:[EMAIL PROTECTED] En
nombre de Roberto Castro Chaves
Enviado el: miércoles, 01 de agosto de 2007 15:05
Para: [EMAIL PROTECTED]
CC: [email protected]
Asunto: [Lista] LA CONVICCIÓN DE...

 

Carlitos, buenas tardes.

 

Si este mensaje no ingresa a la "lista", te agradecería lo pusieras a
circular.

 

Abrazo cordial.

 

Roberto

 

LA CONVICCIÓN DE APOYAR EL SI O EL NO

 

 

 

Es realmente satisfactorio encontrar ciudadanos, que apoyan una posición u
otra, y lo hacen con pleno conocimiento de causa, defendiendo su posición
con argumentos sólidos y convincentes, evitando el uso de subterfugios y
triquiñuelas, que generalmente ofenden la inteligencia y, a veces hasta la
dignidad   personal

 

Por otra parte, en un proceso como el Referéndum, no debería ser permisible
la utilización de propaganda política, ya que los efectos cuantitativos,
pueden resultar beneficiosos para el grupo proponente pero, difícilmente los
resultados cualitativos, lo serían, para los partidos políticos y para
futuros procesos electorales y tampoco para el sistema político en general. 

 

Desde antes de incorporarse este tema formalmente a la actividad política,
algunos no nos parecía lógico, que los partidos políticos asumieran,
oficialmente, una posición a favor o en contra del Tratado, y menos aún,
luego de cambiarse de un proceso legislativo, a una consulta popular. 

 

Las razones pueden resultar abundantes, pero la que salta como disfunción
inmediata, es que los partidos políticos son creados, con el propósito
inmediato de conseguir victorias electorales, cuyo objetivo primordial es
obtener el poder político, mediante la elección de sus candidatos y así
lograr el poder formal, a nivel del Poder Ejecutivo, Legislativo y
Municipal.

 

 El principal inconveniente que sustenta la aplicación de esta modalidad, es
que ningún partido político, dispone de una concientización ideológica en
sus integrantes,   suficientemente estandarizada y consolidada, como para
que responda, de manera uniforme, ante un estímulo de la trascendencia que
contiene este diferendo, donde están mediando tantos grupos de presión:
movimientos sociales, sectores empresariales etc., de diversas connotaciones
ideológicas. 

 

Ante este panorama, la aplicación de propaganda política y la utilización de
algunas técnicas que, a mi juicio, aunque produzcan los efectos inmediatos
deseados, pueden ocasionar secuelas nocivas para la sociedad en general y al
sistema político en especial, pues la aplicación de algunos principios de la
propaganda política, pueden resultar ofensivos, humillantes y hasta
denigrantes, para militantes de diversas agrupaciones políticas lo que,
eventualmente, puede inducir al desmembramiento o deserción de integrantes
de alguna o algunas de ellas, lo que sería perjudicial para un modelo
político como el nuestro, que se sustenta básicamente en los partidos
políticos. 

 

Observemos la aplicación de algunos principios utilizados en la propaganda
política: 

 

a-      La simplificación y del enemigo único: Individualizar al adversario
en un único enemigo. En este caso, hay simpatizantes del si y del no,
prácticamente provenientes de todas las agrupaciones políticas, razón por la
cual es contraproducente que una campaña propagandística pueda denominarlos
o encasillarlos, en un nicho que puede no ser de su agrado. (posición de
enfrentamiento)

 

b-     La transposición : Cargar sobre el adversario los propios errores o
defectos. En este aspecto, se trata de endilgar al adversario, sus propios
errores o defectos. (los del grupo que está proponiendo). Al igual que en el
caso anterior, unos correligionarios políticos atacan o enlodan a los de
otrora, compañeros de partido. 

 

c-      La desfiguración y exageración : Convertir cualquier situación, por
leve que sea, en una grave amenaza. Aquí opera lo que nosotros llamamos la
"satanización" de un movimiento, basándose en hechos intrascendentes y
partiendo de afirmaciones ficticias. 

 

d- La orquestación: Repetir mentiras en tal grado, que terminan
convirtiéndose en    verdades. (En la lista alguien de alguna manera señaló
esta aplicación).

 

d-     La aplicación de verdades a medias : Esta técnica es popularmente
conocida, pero no por ello, su aplicación deja de ser nociva.

 

Estos ejemplos nos demuestran que la aplicación de la propaganda política en
este proceso, puede tener consecuencias partidaristas, muy negativas, sin
dejar de temer que, eventualmente, podría ocasionar una polarización social
de graves consecuencias. 

Recodemos que el ideal del proceso del Referéndum, es que los ciudadanos
participemos decidiendo, objetivamente, lo que a nuestro juicio es mejor
para Costa Rica y su pueblo y no asumir una posición: que los que no están
de acuerdo con mi manera de ver este tan delicado asunto, son mis enemigos
y, menos aún, utilizar técnicas enajenantes que tergiversan el
entendimiento, para inducir al elector a votar, no por convicción, sino por
inducción de falsas premisas. 

 

 

 

Roberto Castro Chaves  

 

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