Me he despertado esta madrugada luminosa plenamente
reconciliado con el alma costarricense, y como es
previsible que unas horas mas tarde se encapotará el
cielo de la manera más gris, aprovecho para hacer
algunas reflexiones que me he guardado bajo el poncho.
La reconciliación tiene motivos concretos. Sucede que
anoche presencié un espectaculo un tanto insólito pero
ciertamente hermoso: una viceministra repartía
volantes que informaban sobre un programa social del
gobierno en medio de las oleadas de romeros que
trataban de llegar cuanto antes a Cartago. Podría
pensarse que esta mujer tiene necesidad desesperada de
cumplir con algunas metas no alcanzadas, pero no,
dicen que en julio cumplió las que tenia pensadas para
fines de año. Parece ser pura vocación, convencimiento
y ese estilo sencillo tan costarricense de hacer las
cosas que sigue sorprendiendo gratamente. No pude
evitar el pensar: "socialdemocracia en acción; pura y
simple". Y no tuve mas remedio que pedirle volantes y
empezar a repartirlos.

Así, reconciliado con el alma tica (que últimamente ha
ofrecido algunos espectáculos poco edificantes), puedo
recoger la invitación de Saul a reflexionar un poco
sobre las virtudes y los vicios nacionales, porque
quizas ayude a identificar algunos mitos paralizantes.
Lástima que Saul lo haya hecho tratando de aprovechar
lo que consideró una ocasión de oro que le ofrecian
las circunstancias para descalificar definitivamente a
alguien que salió respondón en el tema árabe/judio,
pero qué importa, pelillos a la mar, tomemos el hilo
de la madeja constructiva.  

Hay dos temas que se plantean. El primero si los
pueblos pueden sor corresponsables de algunas
barbaridades históricas. Saul lo pone en duda y dice
que no hay que "siquiera insinuar que "los
españoles" son responsables por la Inquisición o "los
alemanes" por el nazismo. Torquemada, Isabel La
Católica y otros (muchos?) más, lo son, pero
no "el colectivo" español, por generaciones". 

El otro tema se refiere a si hay que tener o no una
visión crítica sobre la forma de ser de los pueblos y
en concreto del costarricense, donde " Puede haber
defectos, pero son muy menores a la par de las
virtudes y, sobre todo, de los efectos maravillosos de
esa manera de ser".

Veamos el primer aspecto. Creo que la historia nos
enseña claramente que los pueblos pueden o no ser
participes de las barbaridades cometidas. Los ejemplos
puestos son ilustrativos. Desde luego que las
sucesivas generaciones no pueden ser responsables de
lo que una vez cometieron generaciones pasadas, pero
la pregunta es ¿En determinadas coyunturas y hasta
épocas, han compartido los pueblos ciertas decisiones
y orientaciones del poder establecido? Definitivamente
si ¿Y son responsables de ello? Pues probablemente no
estoy seguro en un sentido jurídico, pero
definitivamente si en un sentido histórico. Pensar que
el pueblo español no compartía la orientación de
Torquemada o Isabel La Católica en el actuar de la
Inquisición, responde a un planteamiento bienpensante,
poco crítico o, peor, demagógico. 

En mi afición por la novela histórica he leido no hace
mucho "El hereje" de Miguel Delibes, que narra algo
que los españoles conocemos poco: los focos luteranos
que surgieron clandestinamente en algunas capitales
españolas en los siglos XVI y XII. Claro, como España
fue la locomotora de la contrareforma europea, hay
poca información sobre este tema. Desde luego, la
reforma luterana tuvo poco eco en España, entre otras
razones porque la Inquisición la destruyó ad ovo. Pero
lo que es impresionante es la presión popular del
momento para producir el escarnio de los herejes. El
pueblo llano era mas intolerante y radical que la
propia Inquisición. No hay duda: el pueblo creía en su
religión y en su imperio con pasión y cualquier cosa
que los pusiera en duda debía ser extirpada de raiz.

Creo que el caso aleman es bastante parecido. Hitler
fue elevado al poder en olor de multitudes,
electorales y de las otras, y aunque es cierto que se
le ocultó al pueblo aleman ciertos aspectos oscuros de
la actuación del nazismo,  no hay ningún historiador
serio que no coincida en que una de las
características del fenómeno fascista es precisamente
su apoyo popular (por eso los que hemos estudiado a
fondo el franquismo, consideramos que no es de
naturaleza fascista sino principalmente militar).

Pero no hay que retroceder demasiado en la historia
para poder comprobar que hay ocasiones en que los
pueblos apoyan políticas atroces, cuando en esa misma
coyuntura otros no lo hacen. Creo que el caso de la
invasión de Irak por la disque coalición, es un
ejemplo útil bien reciente. Ya sabemos que la decisión
de Aznar de unirse a la solución belicista no fue
acompañada por el pueblo español. Las encuestas fueron
abrumadoras al respecto y le costo al PP perder
estrechamente las elecciones.
Una situación intermedia sucedió en Inglaterra, donde
la mitad estuvo en contra y fue creciendo los años
siguientes. Razón por la que Blair, que había hecho un
gobierno interno tremendamente interesante, fue viendo
como se deterioraba su apoyo, hasta tener que salir
por la puerta de atras, como sucedió finalmente.

¿Pero podemos decir algo semejante del pueblo
estadounidense? Desde luego que no. No importa si hay
fuertes minorias activas contra la guerra. La gran
mayoría del pueblo estadounidense apoyó a Bush, a tal
punto que revalidó claramente su mandato. Como dije en
su momento, no podemos ser antinorteamericanos,
precisamente porque necesitamos reconquistar el
corazón y la mente del pueblo de esa nación, para las
posiciones pacifistas. Pero por diversas razones,
necesidad de seguridad, de hegemonía, de forma de vida
(incluido el consumo energético), la gran mayoría de
ese pueblo apoyó la gestión beligerante de Busch. El
engaño fue poco más que una excusa: el pueblo tenía
razones propias para apoyar a Bush.

Los pueblos pueden apoyar o no las orientaciones que
la historia condena y el espíritu crítico nos obliga a
identificar cuando se produce un caso o el otro.
También para reconocer, como hizo Brecht, cuando se
adueñan del alma nacional los demonios familiares y
saber como enfrentarlos a tiempo, para no tener luego
que pelear contra la corriente. 

Y ahora vendría el segundo punto, sobre los defectos y
virtudes de algunos pueblos. Pero eso lo dejaré para
un proximo correo, porque este ya es suficientemente
largo.

Un saludo mañanero,
Enrique


       
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