Amigas, amigos: les transcribo una carta abierta que el General Rafael Del 
Pino, en el exilio, escibió al General Raul Castro y que fue hecho pública 
ayer. A ver: el general Del Pino es Héroe Militar de la República, Jefe de la 
Fuerza Aérea Revolucionaria, entre algunos de sus méritos dirigió la operación 
aérea encargada de repeler la invasión de Girón en 1961 y estuvo a cargo de las 
operaciones de la aviación durante la crisis de octubre de 1962. Creo que es 
improtante el tono de compañeros de armas que utiliza en su carta abierta y el 
reconocimiento del liderazgo efectivo de Raul en las Fuerzas Armadas y en el 
Partido.
   
  Saludos,
   
  Melvin SáenzAIM -->
    Carta abierta a Raúl Castro  RAFAEL DEL PINO  General, escuché 
detenidamente su último discurso del 26 de julio durante el 54 aniversario del 
asalto al cuartel Moncada y me voy a tomar la libertad de hacerle algunas 
observaciones. Estoy seguro de que ninguno de sus actuales colaboradores se las 
haría con la honestidad y sinceridad con que se las hago. ¿Por qué? Por 
diferentes razones. Pero la primera y más importante es porque no tengo la 
presión que tienen los que le rodean de decirle con toda sinceridad lo que 
piensan. Una idea, una expresión, una critica al sistema económico y político 
por leve que sea saben que puede costarles el cargo, la posición y el poder. Y 
esto, como se conoce en el argot nuestro, es la papeleta para el Plan Pijama y 
la conversión en una no persona.
  Creo que lo más importante de su discurso ha sido el ramo de olivo tendido 
nuevamente a Estados Unidos. Indudablemente la actual administración no moverá 
un dedo en ese sentido. Ni ellos mismos pueden explicar por qué negociaron con 
los chinos y los vietnamitas y no con Cuba. Pero ese es otro tema complejo que 
tiene que ver más con la política domestica que la exterior.
  Usted tiene que haber visto el debate por televisión de los candidatos 
demócratas a las elecciones primarias, especialmente las diferencias entre 
Barack Obama y Hillary Clinton en cuanto a negociar con gobiernos hostiles. 
Todo parece indicar que de una forma u otra existen posibilidades de que este 
camino se abra, pero no piense que discutiendo en pie de igualdad el prolongado 
diferendo signifique un apoyo norteamericano al sistema imperante en Cuba.
  Como usted mismo reconoció el sistema no funciona y, hablando sin tapujos, 
usted sabe que no funcionará jamás. La practica lo ha demostrado así. El propio 
Carlos Marx en sus tesis sobre Feuerbach dijo claramente: ''El problema de si 
al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un 
problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre 
tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la 
terrenalidad de su pensamiento'', y la práctica nos ha demostrado, compañero 
ministro, que el colectivismo en el mundo ha sido un rotundo fracaso.
  Alrededor de usted hay muchos cuadros jóvenes, inteligentes y capaces que 
pueden abrir una nueva era sin necesidad de comprometer la soberanía del país. 
Ni ellos ni ningún otro dirigente a cualquier nivel hará lo que usted pide de 
''identificar con precisión y valorar con profundidad cada problema para 
enfrentarlo con los métodos más convenientes'' porque el mismo engranaje y 
rigidez del sistema los obliga a actuar con un doble estándar.
  Todos esos problemas económicos a los cuales les dedicó la mayor parte del 
discurso los puede resolver levantándoles el bloqueo a los cubanos de la isla, 
dándoles el derecho a la propiedad sobre los medios de producción. Devolver ese 
derecho inalienable a nuestros ciudadanos no es ninguna claudicación de los 
principios revolucionarios. Al contrario, es una reafirmación de que todavía al 
hombre que fue a vencer o a morir en el Moncada le queda el coraje de reconocer 
y rectificar errores.
  Ese mismo día, compañero ministro, se acabarán los dolores de cabeza de la 
distribución de leche y será el comienzo de la solución de los gravísimos 
problemas que hoy confronta toda nuestra sociedad. Y ese mismo día también, la 
administración norteamericana que le toque negociar con Cuba tendrá el punto de 
partida para comenzar el levantamiento de sanciones.
  Déjeme contarle una corta historia. Estados Unidos en diez años de guerra 
contra Vietnam al costo de decenas de miles de muertos, centenares de miles de 
heridos y mutilados, centenares de aviones derribados y gastos que superaron 
los 150 billones de dólares de aquella época sufrieron la derrota más 
humillante de su historia. Los vietnamitas ganaron la guerra, unificaron el 
país y mantuvieron el mismo régimen y el mismo sistema hasta que un día un 
general de apellido Mercado hizo su aparición.
  Los norteamericanos en lugar de enviar bombarderos B-52 cargados de bombas 
comenzaron a venderles aviones de pasajeros, en lugar de arrasar plantaciones 
con defoliantes de agente naranja, iniciaron joint ventures para incrementar la 
producción de arroz, en lugar de los embargos comenzaron los créditos, las 
franquicias, la asistencia tecnológica y sin mucho aspaviento los vietnamitas 
soltaron el ropón azul que usaba todo el mundo y comenzaron a usar jeans, 
dejaron de comer gusarapos en las cunetas como los vi yo en Hanoi para sentarse 
en restaurantes de comida rápida, cambiaron las bicicletas por motos y casi sin 
reponerse comenzaron a cambiar las motos por autos y, para no cansarlo, ahora, 
en este preciso instante, hay ya mas de 170 empresarios millonarios en Vietnam, 
además de un presidente muy orgulloso de ellos que en su primera visita a 
Estados Unidos fue primero a visitar a su amigo el general Mercado en el NYSE 
de Wall Street antes que a George Bush en la Casa
 Blanca. A esto es a lo que Carlos Marx llamaría sin reserva una demostración 
de la verdad, de la realidad y el poderío, de la terrenalidad del pensamiento 
humano.
  Yo no pertenezco a ninguna organización del exilio ni a ningún partido 
político norteamericano. No tengo nada que reclamar en Cuba y mi sola 
aspiración es ver a nuestro pueblo salir del callejón sin salida en que se 
encuentra.
  Compañero ministro, usted tiene los mecanismos y el poder para cambiar la 
situación de Cuba. Vuelva a ser revolucionario. Para ello le cito la primera 
frase de las mismas palabras de Fidel que usted mencionó en su discurso: 
``Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser 
cambiado''.
  Aplique el pragmatismo que siempre lo ha caracterizado. A los 76 años la 
biología le puede jugar una mala pasada y un barco sin timonel puede terminar 
en un terrible naufragio.


       
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