Gracias por el excelente artículo. Concuerdo: el triunfo es de Venezuela, no
de Miami. 

 

No sólo la solución a los problemas de Venezuela no se encuentra en Miami,
Washington o Cuba, sino que tampoco en las tradicionales estructuras
políticas venezolanas, que llevaron el país al abismo.

 

Dicho esto, quedan en el ambiente las siguientes dudas: ¿Actuó Chaves con
moderación? ¿Por qué estuvo reunido con las fuerzas militares más de 4
horas? ¿Por qué el CNE sólo dio los resultados después de la aparición de
Baduel en TV?

 

Las respuestas nos irán llegando con el pasar del tiempo. Saludos. Eduardo

 

  _____  

De: [EMAIL PROTECTED] [mailto:[EMAIL PROTECTED] En
nombre de melvin saenz
Enviado el: miércoles, 05 de diciembre de 2007 11:25
Para: lista pln
Asunto: [Lista] El No a la intolerancia. El No que me gusta y con el que
meinscribo

 


Creo que el triunfo de la opción de las y los jóvenes estudiantes junto al
pueblo venezolano ha sido y sigue siendo objeto de malas interpretaciones o
perversiones de parte de los de un lado y los del otro. Mi  respetado
Alejandro Armengol, periodista cubano, publica en el Herald de hoy esta
columna que creo pone las cosas en su lugar.


Saludos,

 

Melvin

 


 


El No a la intolerancia 


 
<http://bp0.blogger.com/_5yd3VF63CCc/R1XIRdcMYUI/AAAAAAAACLg/5fS4yjeDkeg/s16
00-h/VENEZUELA+CONSTITUTION+REFE.JPG> 
La negativa a los cambios constitucionales propuestos por el presidente
venezolano Hugo Chávez se celebró en las emisoras radiales afines a la
“línea dura” del exilio cubano en Miami. Sin embargo, es el resultado de una
actitud ajena por completo a lo que se escucha a diario en éstas. Más aún,
resulta un logro difícil de asimilar por ese sector de la comunidad
proveniente de la isla, que al tiempo que es el más vocinglero y activo a la
hora de manifestar su rechazo al gobierno de Caracas, resulta también el más
despistado a la hora de plantearse tácticas efectivas para influir en un
proceso de cambio. Podrán sumarse al carro de la victoria, como otras veces
han hecho, pero sus conclusiones son pueriles: crear la esperanza en un
efecto dominó que finalmente traerá el fin de Fidel Castro. La vieja ilusión
que una y otra vez reaparece con nuevos ropajes. ¿En cuantas naciones —Unión
Soviética, los países de Europa del Este y ahora Venezuela— fijar la mirada
sin comprender lo que ocurre en Cuba?
No hablo de las muestras de triunfalismo pasajeras ni del afán de anotarse
un punto tras una cadena de fracasos. Incapaces de influir en lo más mínimo
en la situación en la isla, la radio de esta ciudad —y quienes apuestan por
soluciones extremas— han preferido dejar de lado la menor reflexión sobre lo
ocurrido en Venezuela, apresurarse a demostrar su entusiasmo por un triunfo
que tiene poco que ver con ellos, sus estrategias y puntos de vista.
Es una lástima, porque lo ocurrido en Caracas encierra más de una lección
para participantes y observadores.
Ante todo, es un triunfo de la moderación. Esta palabra no se ha escuchado,
pese a que define el proceso. Moderación por parte de Chávez, que decidió
someter al voto popular sus propuestas y aceptó su derrota. Moderación
también por parte de la oposición, que decidió dar a conocer su opinión a
través del canal establecido por la propia constitución creada bajo el
mandato chavista. Moderación en las calles y durante una votación que se
caracterizó por transcurrir sin mayores incidentes violentos.
 
<http://bp1.blogger.com/_5yd3VF63CCc/R1XIgtcMYVI/AAAAAAAACLo/8KlMfMkdbto/s16
00-h/VENEZUELA+CONSTITUTION+REFE2.JPG> Lo más importante de lo ocurrido en
Venezuela es que el desarrollo del proceso electoral ocurrido el domingo 2
de diciembre estableció de forma transparente es que la opción de la
violencia queda fuera, hoy es anacrónica en Latinoamérica. No es válida para
Chávez ni para sus opositores. La aceptación de que ni el golpe ni el
autogolpe de Estado es un camino a seguir.
Cualquier análisis de lo sucedido debe partir del reconocimiento de que en
Venezuela se llevó a cabo un proceso de votación democrático, que el
mandatario fortaleció su imagen internacional y que lo ocurrido contribuye a
darle validez a su mandato, tanto en su país como en el exterior. Hay que
decirlo sin miedo a ser catalogado de chavista y sin por ello dejar de
mantener una actitud crítica hacia el gobierno de Caracas. De lo contrario,
se cae en una burda demonización, pecado del que por otra parte tampoco es
ajeno el gobernante venezolano.
Llama la atención, en este sentido, la falta de pudor de algunos llamados
portavoces del exilio cubano más radical de Miami —republicanos y
admiradores del presidente George W. Bush— que cuestionan el comportamiento
de Chávez el domingo, y los resultados de la votación, sin detenerse a
pensar por un minuto que su techo no sólo es de vidrio sino está lleno de
agujeros.
La especulación sobre las cifras pasa a un plano secundario ante la
necesidad de admitir que los procesos de izquierda por los que atraviesa
Latinoamérica en la actualidad no son similares a las situaciones de la
guerra fría. Hablar de una “América Latina anacrónica, demagógica, inculta y
bárbara”, como hace Mario Vargas Llosa en un artículo publicado en el diario
español El País, el 18 de noviembre, al referirse a los gobiernos de Chávez,
Daniel Ortega y Evo Morales, es un enfoque tan simplista, que sólo deja a
las claras que quien lo escribe se niega a reconocer los errores y fracasos
de una tendencia neoliberal que se intentó imponer a todo un continente. Si
la sangre se derramó inútilmente cuando se trató de imponer el socialismo
por la fuerza, el sudor y la miseria a consecuencia de las políticas
neoliberales sólo sirvieron en la mayoría de los casos para enriquecer a
unos pocos. Hoy Latinoamérica rechaza en las urnas que se trate de perpetuar
cualquiera de los dos sistemas, y hay que saludar este logro. El continente
ha cambiado, y el escritor se empecina en caracterizarlo como si las
situaciones descritas en sus mejores novelas hubieran quedado detenidas por
la virtud de sus palabras.
 
<http://bp2.blogger.com/_5yd3VF63CCc/R1XIp9cMYWI/AAAAAAAACLw/3rikVZJ3LK0/s16
00-h/VENEZUELA+CONSTITUTION+REFE3.JPG> Pero no basta con señalar la falta de
honestidad al criticar votaciones ajenas y alabar sin tregua a un presidente
norteamericano que fue designado —ante la ausencia de un resultado claro en
las urnas— por un Tribunal Supremo, compuesto en buena medida por
magistrados afines, durante un primer mandato. Se debe agregar que igual o
mayor pudor deberían mostrar algunos de esos mismos exiliados cubanos —que
tratan de imponer modelos democráticos en cualquier lugar del mundo que no
sea Miami—, cuando ven en Chávez sólo al militar golpista y siguen alabando
a Fulgencio Batista. Hay que limpiarse la boca de cualquier inmundicia
batistiana, antes de poder hablar de democracia con un mínimo de vergüenza.
Una y otra vez leemos y oímos en esta ciudad que la popularidad o los
triunfos electorales de gobernantes como Chávez, Ortega, Morales y Rafael
Correa no los convierte en gobernantes demócratas, y siempre la antipatía
hacia ellos impide analizar con un mínimo de objetividad la gestión que
realizan. Al igual que ocurre a la hora de señalar a los terroristas,
algunos de los cuales en Miami se transmutan en “patriotas”, se incurre en
una selección ideológica: todos los izquierdistas son antidemocráticos, sólo
que hay algunos más antidemocráticos que otros.
El triunfo del “No” en Venezuela trasciende los resultados electorales del
domingo y llevará a un replanteo, tanto en las filas chavistas como
antichavistas, de las tácticas y medios utilizados para influir en el
proceso que se lleva a cabo en esta nación latinoamericana. Pero algunas de
sus lecciones más inmediatas —en buena medida condicionadas por el aquí y
ahora— pueden ayudar a enfrentar con una visión más objetiva lo que ocurre
en Cuba. Un logro de la oposición venezolana obtenido gracias a las acciones
de quienes viven en el país, no en el exilio, y de acuerdo a las reglas del
juego establecidas por el gobierno, no por elementos foráneo ni presiones
extranjeras. Una victoria que se debe en gran parte a una juventud que hasta
hace poco no entraba en los cálculos de los políticos opuestos a Chávez.
Por varios años, una parte del exilio venezolano vio al cubano como un
modelo. Fue precisamente ese sector del exilio venezolano el que hasta pocos
días antes del domingo se negaba a participar en la consulta, que incluso
hizo llamados a la abstención. El triunfo del 2 de diciembre no les
pertenece. La victoria es de Venezuela, no de Miami. De la oposición
democrática en el país. Si algo fracasó el domingo fue la intolerancia. No
reconocerlo es empeñarse en la derrota, en Caracas o en La Habana.

  

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