Incerta gl�ria, en l'original catal� a Edicions 62. Col�lecci� MOLC, volums 88 i 89. Gran i cristiana novel�la.

Emili� P�ez <[EMAIL PROTECTED]> escribi�:
EL LIBRO DE LA SEMANA
La gran novela de la Guerra Civil


NORA CATELLI
BABELIA - 07-05-2005

Dicen los entendidos que quiz� se trate de la mayor novela espa�ola de la Guerra Civil y que posee la amplitud de visi�n de la narraci�n cl�sica y el oblicuo refinamiento de la narrativa europea posterior a Conrad y James. Como otras novelas del siglo XX, Incierta gloria consiste en una gran pregunta. Interroga dos conflictos a la vez, la revoluci�n de la retaguardia y el choque convencional del frente. Por un lado, la colisi�n entre comunismo y anarquismo. Por el otro, artes militares de distintas �pocas y todas a la vez: cargas de caballer�a, l�neas de trincheras, el terrible y novedoso experimento de los tanques de asalto nacionales y los bombardeos nazis y fascistas de poblaciones civiles. Sales capta esa complejidad y no la reduce a mero decorado; la convierte en inseparable experiencia individual y colectiva.

De ah� la atenci�n obsesiva a la cotidianidad de la ficci�n en la Historia. De ah� que sea tan importante el desarrollo interior de los tiempos muert! os de la guerra: por ejemplo, el juego erotizado entre uno de los protagonistas y una mujer poderosa y equ�voca que sostiene las casi doscientas y deslumbrantes p�ginas de la primera parte, cuando el personaje llega a su destino en el Bajo Arag�n. Y tambi�n la morosidad de la posguerra: la �ltima secci�n, 'El viento de la noche', transcurre en una Barcelona cuya sordidez s�lo es parangonable a la de la impresionante obertura de Si te dicen que ca� de Juan Mars�.

Ha habido grandes novelas de guerra, como la trilog�a de Evelyn Waugh, Hombres en armas, que se construyen sobre esos tiempos muertos. Sales combina esa estrategia con la aceleraci�n de la acci�n para provocar las sensaciones m�s directas y brutales de lo militar: podr�a incluso aventurarse que unas pocas p�ginas fulgurantes -de la 476 a la 493- son el eje de la obra. All� se cuenta "la desbandada": la retirada del ej�rcito republicano por los mismos territorios que con todo detalle se han descrito antes adquieren ahora, en ese tramo escueto, un tono de pesadilla sistem�tica. El efecto es deliberado: Sales vuelve conscientemente confusos los lugares, los tiempos, la noche y el d�a: "Aunque la aviaci�n nos persegu�a, hac�a ya muchos d�as que hab�amos perdido todo contacto con el enemigo de tierra lo mismo que con los nuestros, de modo que, de no ser por aquel perpetuo zumbido de junkers y de cazas, hubi�ramos podido creernos los �nicos supervivientes de todo el universo".

Es la pesadilla de la Historia que lo atraviesa todo. Dos �rdenes sociales contrapuestos, ambos a la vez fracturados en disputas sangrientas, en una zona com�n alternativamente conocida e irreconocible. No se trata de una provincia irredenta, o de una franja disputada por dos potencias, sino el mismo suelo para ambos contendientes. Pero fracasar� quien lea esta novela buscando adherir a la f�rmula tan f�cil como falsa: "Los dos lados eran iguales". Incierta gloria no concede esa gracia amoral: aqu� los dos lados no son iguales, independientemente de que muertes, bajezas y traiciones se registrasen en los dos.
Para que semejante asimetr�a no se pierda se necesita una composici�n peculiar: esta novela es una suerte de tiovivo que gira para ser contemplado desde el punto fijo del lector. Las im�genes y las voces se atrapan en el momento en que una sustituye a otra sin respiro. Cada uno de esos instantes posee el alcance suficiente para plasmar al personaje e! n su situaci�n, como exig�a la �poca: Sales es deudor del existencialismo (aqu�, en su vertiente cat�lica) que era la atm�sfera de esos a�os. A tal construcci�n obedece la peri�dica sucesi�n de las tres voces (Luis, Trini y Cruells) que cuentan, en cartas, en relatos delegados, lo que sucede entre Barcelona y el frente de Arag�n desde diciembre de 1936 hasta la primavera de 1938, cuando el ej�rcito republicano empieza la retirada.

Pero el tiovivo no posee s�lo las figuras que giran y el lector que contempla, sino que en el centro hay una columna que sostiene firmemente la estructura y permite el movimiento. Esa columna es el cuarto personaje, de quien todos hablan y cuyas palabras y hechos reproducen. Se accede s�lo de manera indirecta a Julio Soler�s, un maniaco inestable y fervoroso, uno de esos diablillos o santos menores de la estirpe de Dostoievski. Soler�s es un lector apasionado -la vida del frente, entre piojos, pulgas y mugre, es tambi�n la vida de sus lecturas-, un atento observador de las corrientes filos�ficas de la Europa de los a�os treinta y, por �ltimo, un �ngel vengador que traiciona y despu�s se arrepiente.

Esta composici�n facetada -en voces y cartas- explica el dinamismo torrencial del relato y la naturalidad aplastante con que la novela desnuda convicciones religiosas, abiertas repulsas respecto del comunismo y del anarquismo, y, por fin, el uso desenfadado de sus modelos: Dostoievski, George Bernanos, Graham Greene y otros escritores cat�licos de mediados del siglo XX. No obstante, hay algo m�s que explica el car�cter sobresaliente de Incierta gloria. A pesar del �nfasis religioso, ideol�gico y hasta program�tico de muchos pasajes, �stos nunca aplastan la experiencia concreta, sino que la vuelven a�n m�s ardua de definir. Esa concreci�n es la ley del arte y, por eso mismo, la lecci�n de los maestros.


EL LIBRO DE LA SEMANA
La incierta Rep�blica de abril


N. C.
BABELIA - 07-05-2005

JOAN SALES (Barcelona, 1912-1983), comunista en su juventud y cat�lico, ingres� en la Escuela de Guerra de la Generalitat y estuvo destinado en Madrid y en diversos frentes durante la guerra. Exiliado en Par�s y en M�xico, intent� desde all�, sin �xito, formar una unidad de voluntarios catalanes que bajo la propia bandera se integrasen en las fuerzas aliadas. Volvi� a Barcelona en 1948. Incierta gloria debe su t�tulo a unos versos de Shakespeare: "The uncertain glory of an april day", que aluden a la proclamaci�n de la Rep�blica. La obra se public� censurada en 1956 y en Barcelona; en 1962 se tradujo sin cortes al franc�s; en 1969 -con una nueva secci�n- se edit� en catal�n. Todav�a en 1971, Joan Sales agreg� una parte de cierta extensi�n e introdujo un cambio de t�tulo: de "�ltimas noticias" a "El viento de la noche". En 1976 apareci� esta excelente traducci�n de Carlos Pujol, donde se recoge el agradecimiento del autor a quienes lo hicieron posible: al propio Puj! ol, junto a Jos� Manuel Lara, Sebasti� J. Arb�, Joan Fuster, Joaquim Molas, Baltasar Porcel y Mart�n de Riquer.




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