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| Sábado,
14 de octubre de 2006, actualizado a las 12:39 |
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LA
RESPONSABILIDAD DE LOS INTELECTUALES La culpa como fenómeno social
El
debate sobre el horror del régimen de Hitler ha regresado al primer plano en
Alemania tras confesar Günter Grass su militancia juvenil en las filas
nazis.
SANDRA ELLEGIERS BABELIA -
14-10-2006
Ningún intelectual, ni escritor ni instancia moral en Alemania se escapa
de la larga y oscurísima sombra que dejó Hitler y el sistema destructor que
creó con el apoyo de la mayoría del pueblo alemán. Los años entre 1933 y
1945 aparecen hasta el día de hoy en el horizonte de los debates
intelectuales del país y amenazan le integridad de quienes eran lo
suficientemente mayores en su momento para tener conciencia de la crueldad
criminal del nazismo y exiliarse, como Sebastian Haffner o Thomas Mann, o
sumarse al régimen, como lo hizo Ernst Jünger o el entonces jovencísimo
Günter Grass. Las palabras de Theodor A. Adorno a comienzos de los años
cincuenta, "es bárbaro escribir un poema después de Auschwitz", continúan
vigentes y también las de Martin Walser, ayudante de cañón durante la II
Guerra Mundial, cuando dijo en 1999 que el pasado nazi se utilizaba durante
conflictos sociales de "clave moral" para asegurarse una posición que impide
argumentar en contra en los combates diarios de opiniones.
Günter Grass, quien seña la las injusticias que ocurren en el
mundo, resbaló este verano sobre una mancha de su historial personal.
Confesó el premio Nobel y Príncipe de Asturias su pertenencia a la Waffen-SS
después de callarla más de 60 años. Hay quienes se sienten engañados por el
icono de la izquierda alemana, algunos de sus amigos más fieles incluso.
Otros muestran comprensión, como el escritor judío Ralph Giordano, que
sostuvo que "peor que cometer un error es no asumir las consecuencias".
Describe Grass su experiencia nazi en Pelando la cebolla, que
encabezó la lista de best sellers del semanario Der Spiegel.
Estas memorias salieron poco después de la revelación. La exitosa venta del
libro pone de relieve que los lectores revisan lo que los intelectuales
debaten en la plataforma pública, los medios, y revela aún más, que la
cuestión de la culpa alemana es más que un sujeto científico. Es un fenómeno
social.
El historiador Hannes Heer piensa que la generación de intelectuales
nacidos entre 1920 y 1930, como Grass, subliman su culpa mediante "dureza
moral". Lo hizo, además de Günter Grass, Joachim Fest, el historiador
desaparecido recientemente. Cuando surgió la polémica en torno a Grass, el
investigador del nazismo Fest aún vivía. Nadie lo descalificó como él al
decir: "No le compraría ni siquiera un auto usado a Grass". Ambos
intelectuales, uno de izquierdas y el otro conservador, "destacan por
inmensas aspiraciones morales", dijo Heer a Der Spiegel. Fest, autor
de la más destacada biografía de Hitler (1973) y de El
hundimiento, dejó asimismo un testimonio de su infancia bajo el régimen
nazi. Ich nicht-Erinnerung an eine Kindheit und Jugend (Yo no: recuerdos
de niñez y juventud) está por salir al mercado. Fest, que siempre ha
sido criticado por trivializar el nazismo, habla en Yo no...
de la resistencia al nazismo de su padre. El espíritu del autor, quien tanto
se situó en el lugar de las élites nazis con el fin de conocerlos y fue
criticado por ello, no estuvo involucrado, ni siquiera su padre.
Una de las célebres voces alemanas, Ernst Jünger (18961998), sí lo
estuvo, pero ello no impidió que, hasta su tardía muerte a la edad de 102
años, festejara sus cumpleaños al lado de los más poderosos dirigentes
alemanes, sobre todo de Helmuth Kohl.
La mayoría de los escritores e intelectuales no hablaban después de
1945 de su pasado inmediato si no les obligaban, según rastrearon
historiadores durante un simposio universitario titulado De nosotros
callamos que tuvo lugar en 2000 en Francfort del Oder.
Sigfried Lenz es un ejem plo opuesto. Nunca ocultó su experiencia
de soldado durante la II Guerra Mundial. El escritor creó con Lección de
alemán (1968), igual que Grass con El tambor de hojalata, uno de
los libros básicos sobre la identidad alemana. Ilumina el conflicto que
generaba en el nazismo la conciencia del deber, el respeto por la autoridad
y la conciencia moral de cada uno. De tres germanistas, que marcaron décadas
de la historia literaria en Alemania, se supo en 2003 que fueron miembros
del partido nazi, pero ninguno de ellos lo admitió. Entre ellos figuraba
Walter Jens, un amigo del Papa de la literatura Marcel Reich Ranicki
y de Ralph Giordano. Sin embargo, ninguna de las manchas en las biografías
de escritores influyó de manera negativa en la literatura alemana. Por el
contrario, muchas generaron agudas voces contra las atrocidades.
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