Aquest del Burgo es el diputat de UPN ,no?.Intenta d´alguna manera reivindicar
la figura de Mola envers la de Franco?.La veritat depres del que varen fer les
tropes de Mola a Navarra en especial al poble de Sartaguda que se l´anomena
"el pueblo de las viudas"(i per cert a on s´ha erigit un fantastic Memorial als
republicans assessinats),a mi me sona com si me reivindicassin a Dillinger en
front de Al Capone.A lo millor peco de sectària pero per mi els que varen
recolçar i ,pel que diu Maiz ,idear el cop dÉstat son iguals de culpables.Per
cert molt be la teva carta al director ,l´he llegida avui al Diari de
Mallorca.Salut Tonina
--- El lun, 21/7/08, Marçal Isern <[EMAIL PROTECTED]> escribió:
De: Marçal Isern <[EMAIL PROTECTED]>
Asunto: [MHIB] VUELVE A LAS LIBRERÍAS EL BEST SELLER DE FÉLIX MAÍZ.Pròleg de
Ignacio del Burgo
Para: "memòria històrica de les illes balears" <[email protected]>, "Ara i
Sempre" <[EMAIL PROTECTED]>
Fecha: lunes, 21 julio, 2008 11:29
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Per si vos interesa, ho podem comentar.
Salut Marçal
VUELVE A LAS LIBRERÍAS EL BEST SELLER DE FÉLIX MAÍZ
Mola frente a Franco
Por Jaime Ignacio del Burgo
Félix Maíz nació en Pamplona el 21 de agosto de 1900. Estudió Derecho e
Ingeniero Industrial en las Universidades de Madrid, Salamanca y Oviedo. La
muerte de su padre, contratista de obras, le obligó a suspender sus estudios
para hacerse cargo del negocio familiar. En 1929 contrajo matrimonio con Primi
Usoz Martínez, con la que tuvo dos hijos: Fernando y María Teresa.
En la primavera de 1936 recibió la visita de un amigo suyo, el capitán Lastra,
de la guarnición de Pamplona, a quien el general Emilio Mola, recién nombrado
gobernador militar de Navarra, había encargado la búsqueda de una persona de
absoluta confianza, bien introducido en la sociedad navarra y con amplia
capacidad de movimientos. Maíz se entrevistó con Mola y aceptó convertirse en
ayudante civil del general, tras compartir su proyecto de sublevación contra el
régimen republicano. Su condición de hombre de negocios le permitía viajar con
frecuencia sin levantar sospechas.
Maíz, profundamente católico pero sin adscripción política alguna, acabó por
ganarse la plena confianza del general. Le servía de conductor en sus viajes
clandestinos, se ocupaba de su secretaría personal, organizaba su archivo y
recibía sus confidencias y preocupaciones. Maíz estuvo, pues, pegado a Mola
desde su llegada a Pamplona, en marzo de 1936, hasta la muerte del general en
un misterioso "accidente" de aviación ocurrido el 3 de junio de 1937, tres
semanas antes de la entrada victoriosa de sus tropas en Bilbao. Tras el
fallecimiento del general, Maíz se reintegró a sus actividades privadas.
En 1952 publicó Alzamiento en España, donde relató lo que pudo de la etapa
preparatoria de la sublevación, ya que en ese momento nadie podía empañar la
gloria de Franco como conductor del movimiento. A pesar de ello, Maíz deja
constancia del papel desempeñado por Mola como "Director" de la conspiración
contra el caos republicano.
Tras el fallecimiento del general Franco, Maíz publicó, en 1976, un segundo
libro, titulado Mola, aquel hombre, que durante varias semanas estuvo en el
primer puesto de la lista de libros más vendidos. En él publica datos
desconocidos hasta entonces. Tras su éxito editorial, decidió escribir un
tercer libro, que describiera su vivencia personal junto a Mola desde el día
del comienzo de la guerra hasta la muerte de éste. Apenas había acabado de
escribir este tercer libro, que tituló Guerra y muerte del general Mola, cuando
falleció, en Pamplona y el 19 de septiembre de 1980. El manuscrito quedó
inédito hasta que, hace un par de años, su hija Teresa decidió rescatarlo del
olvido e hizo gestiones para su publicación.
Tras algún intento infructuoso, Teresa Maíz se entrevistó conmigo, hace un año
aproximadamente. Me entregó el manuscrito de su padre y me pidió que le ayudara
a publicarlo. Procedí a su lectura y me pareció un relato fascinante, aunque le
sugerí y aceptó que se publicara con un título más representativo de su
contenido: Mola frente a Franco. Me pidió entonces que le hiciera el favor de
redactar el prólogo. Dudé al principio, y al final llegué a la conclusión de
que, mejor que un prólogo, sería más útil insertar una "introducción
histórica", a la que titulé "La España de la Guerra Civil", para una mejor
comprensión por parte de las actuales generaciones del contenido de la obra.
No es el de Maíz un libro de historia de la Guerra Civil, sino el testimonio de
un personaje que estuvo a la sombra de Mola hasta el día de su muerte y que
cuenta todo aquello que hizo, vio, oyó y leyó junto al general en aquellos
trágicos momentos. Es la visión personal de un testigo y colaborador que no
oculta su admiración por el general y que no comparte el giro de los
acontecimientos, muy diferentes a los que se habían previsto en la fase de la
conspiración.
A estas alturas, muchos de los episodios que contiene el libro de Maíz y que
en 1980 permanecían todavía inéditos han sido divulgados por los historiadores
que se han ocupado de la Guerra Civil, pero el relato de los graves
desencuentros de Mola con Franco le confiere un especial interés histórico.
Los desencuentros con Franco
Mola había organizado un golpe militar relámpago para derribar al Gobierno y
acabar con el caos existente. El poder lo asumiría un directorio militar
provisional, presidido por el general Sanjurjo, que sería sustituido por un
gobierno civil tan pronto como se restableciera el orden y pudiera consultarse
al pueblo sobre la forma de gobierno. Hecho esto, el Ejército retornaría a los
cuarteles.
Pero la guerra de Mola fue un fracaso rotundo. Las cosas no salieron como
preveía, y lo que iba a ser un golpe fulminante se convirtió en una larga y
cruenta guerra civil. También fracasó en el terreno político, pues fue incapaz
de impedir que el general Franco, además de la jefatura del Ejército, asumiera
el poder civil como jefe del Estado (cuando sólo había sido nombrado jefe del
Gobierno del Estado español) y Jefe Nacional del nuevo partido Falange Española
Tradicionalista y de las JONS, para erigirse en "caudillo" de España vitalicio,
al estilo del Führer alemán, Adolfo Hitler, y el Duce italiano, Benito
Mussolini.
Maíz atribuye el fracaso de los planes de Mola al retraso de Franco en ponerse
al frente del Ejército de Marruecos. No llegó hasta el día 19, cuando la cita
era para el 17. En esos dos días el Gobierno republicano había conseguido el
control de la escuadra y bloqueado los puertos de Ceuta y Melilla. Esto hizo
que el paso de las tropas a la Península se demorase hasta la primera quincena
de agosto. Para cuando las avanzadillas del ejército sublevado llegaron a las
proximidades de la Ciudad Universitaria de Madrid, entraban en la capital las
Brigadas Internacionales. Todos los intentos de tomar Madrid fueron
infructuosos.
El relato de Maíz de los desencuentros de Mola con Franco es apasionante. Mola
muere el 3 de junio de 1937, sin ver la entrada victoriosa de sus tropas en
Bilbao, que se produjo dieciséis días después. Es evidente que la toma de
Bilbao lo hubiera convertido en un Zumalacárregui triunfante y hubiera
robustecido su gran prestigio en la España nacional. Ello le hubiera permitido,
quizás, hacer frente con éxito a la instauración de la dictadura de Franco.
Eso, al menos, se desprende del relato de Maíz, aunque la apuesta por el
Generalísimo de la Alemania de Hitler podría haber supuesto un grave obstáculo.
Una de las aportaciones del libro es la confirmación de la indignación de Mola
cuando tuvo conocimiento del bombardeo de Guernica por aparatos de la Legión
Cóndor alemana. Exigió la apertura de una investigación sobre lo ocurrido, con
gran enfado de los alemanes, que no llegó a buen término.
El 2 de septiembre, víspera de su trágica muerte, Mola mantuvo una tensa
conversación telefónica con Franco, a quien dijo antes de colgar: "Yo no paso
por eso". No sabemos qué es lo que había colmado la paciencia del general. Mola
anotaba sus impresiones en un diario, pero, según Maíz, fue sustraído, pocas
horas después de que aquél muriera, de su despacho en Vitoria, cuya mesa fue
descerrajada, por un grupo de militares enviados por el cuartel general de
Franco. Su recuperación podría dar luz sobre los desencuentros de Mola con el
Caudillo y sobre esas enigmáticas palabras.
Maíz no cree en la versión oficial de que el accidente ocurrió por la niebla,
entre otras cosas porque se demostró que aquel día el tiempo era excelente.
Pero tampoco se inclina por ninguna hipótesis sobre la autoría del derribo del
avión.
La introducción histórica
Hago por último referencia a mi "introducción histórica", que abarca desde la
caída de la monarquía de Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931, hasta el
comienzo de la Guerra Civil, el 19 de julio de 1936. Hay una especial
referencia al papel desempeñado por el carlismo navarro, cuya participación
permite a Mola resistir en el norte hasta la llegada del Ejército de África. En
cualquier caso, resulta paradójico constatar cómo el carlismo entró finalmente
victorioso en Madrid pero perdió la paz y acabó por diluirse en un régimen
totalitario que en la práctica se situó en los antípodas de su pensamiento
político.
En la descripción de la situación durante la II República he pretendido ser
objetivo. Mi conclusión es que en aquella España convulsa, atormentada y
caótica nadie luchaba por la democracia. Los unos porque defendían la religión,
querían imponer el orden a toda costa y algunos pretendían el mantenimiento de
privilegios sociales irritantes; los otros, porque, salvo unos pocos
republicanos moderados, pretendían imponer la dictadura del proletariado. La
sublevación de octubre de 1934, protagonizada por el Partido Socialista, contra
el Gobierno de la República y el intento separatista de la Generalidad de
Cataluña, presidida por Luis Companys, si no son el comienzo de la Guerra
Civil, cuando menos constituyen el preludio de la tragedia que se avecinaba.
Nadie defendía los principios y valores de la democracia liberal. Por otra
parte, no ha de olvidarse el grave daño que a la convivencia hizo el laicismo
furibundamente anticlerical de la
II República, plasmado en la propia Constitución de 1931, que dio lugar a una
sañuda persecución de la Iglesia.
Antes de entrar en el relato de los hechos históricos de la España de la Guerra
Civil, dejo constancia de mi condena más radical y absoluta de los crímenes de
la contienda y de la represión registrada durante la dictadura. Tuve el honor
de redactar una resolución de la Comisión Constitucional del Congreso que
obtuvo el voto unánime de todos los grupos parlamentarios (20 de noviembre de
2002) y en la que se afirmaba: "Nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió
en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus
convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la
libertad y a la dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y
repulsa de nuestra sociedad democrática". Asimismo, se hablaba del deber de
nuestra sociedad democrática de "proceder al reconocimiento moral de todos los
hombres y mujeres que fueron víctimas de la guerra civil, así como de cuantos
padecieron más tarde la
represión franquista". Y se añadía: "Cualquier iniciativa promovida por las
familias de los afectados que se lleve a cabo en tal sentido, sobre todo en el
ámbito local, deberá evitar que sirva para reavivar viejas heridas o remover el
rescoldo de la guerra civil".
En la introducción al libro de Maíz aludo también a los crímenes infames que se
cometieron en Navarra, sobre todo durante los tres primeros meses de la guerra.
La controversia sobre el número de fusilados no puede desviar la atención sobre
la tremenda gravedad de los hechos, sin que quepa alegar que en el bando
republicano también se cometieron atrocidades sin cuento, como el exterminio de
casi 7.000 sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas, o la matanza de
Paracuellos. "Los crímenes hechos en nombre de la revolución proletaria
escribo, por muchos agravantes que tengan, son tan execrables como los
fusilamientos de los adversarios políticos perpetrados por quienes decían
luchar por Dios y por la Patria. ¿Qué locura se había apoderado del pueblo
español para llegar a estos extremos?". Lo cierto es que los ideales
revolucionarios de unos y el espíritu de Cruzada de otros quedaron manchados
por crímenes execrables cuya
constatación nos debe avergonzar como españoles.
Al hilo, pues, del libro de Maíz, formulo una última consideración. La Guerra
Civil fue un trágico fracaso colectivo del pueblo español. Decir que fue una
rebelión de los fascistas contra los demócratas es simplificar las cosas y
falsear la realidad, porque en la España de 1936 la democracia y los demócratas
brillaban por su ausencia. Los voluntarios navarros no se sublevaron para
instaurar la dictadura de Franco, sino para defender la religión y el orden.
Del mismo modo, los milicianos del Frente Popular no luchaban por la
democracia, sino por el triunfo del socialismo totalitario y marxista, con el
que creían poder acabar con la injusticia social. Por eso los españoles de hoy
debemos defender el gran valor de la Constitución de 1978, que representó el
fin de las dos Españas y el comienzo de un nuevo régimen en el que todos los
españoles tienen plena cabida, cualquiera que sea su concepción del mundo y el
proyecto político que asuman,
siempre que no traten de imponer sus ideas por medio de la violencia.
La Constitución de 1978 fue el triunfo de la libertad y del espíritu de
concordia. Por eso, la recuperación o conservación de la memoria histórica debe
ser cosa de historiadores, no de políticos, y no debiera esgrimirse para
reabrir el foso de la incomprensión y de la intolerancia. Aprendamos las
lecciones de la historia, y neguémonos a repetirla.
NOTA: Este texto es el discurso que ha pronunciado este viernes JAIME IGNACIO
DEL BURGO durante la presentación de MOLA FRENTE A FRANCO, de Félix Maíz, que
acaba de publicar la editorial Laocoonte.
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