Hola, Carlos y Sylvia:
Estoy de acuerdo en gran parte con lo que dice Sylvia.
Las corrientes pedagògicas van y vienen y màs que eso son tomadas muy a la 
ligera, muchas veces mal interpretadas.
Claro que tiene que ver la compatibilidad entre los integrantes, siempre que 
sea posible, pero tiene que ver tambièn la ZDP, que significa que lo que se 
habla escribe y dice en el equipo, va a ser comprendido y no solo explicitado 
por uno de cinco por ejemplo.
Otra costumbre o mito, erròneo es que los docentes nos dediquemos sòlo a mirar 
desde afuera a los niños y emitir juicios crìticos como el famoso"No saben 
nada" o "No saben trabajar en equipos" y lo dejemos ahì, vièndolo pasivamente 
sin tomar partido, sin planificar una fuerte intervenciòn docente, profesional, 
para revertir la situaciòn. Es verdad que usamos muchas veces palabras que son 
memorizadas por los alumnos y docentes, como "Hay que compartir". ¿Compartir 
què?¿Todo hay que compartir? 
Hace unos dìas surgiò un clarìsimo ejemplo, en Verano Educativo.
Una alumna compartiò su cepillo de dientes porque la otra no lo habìa traìdo.
Entonces intervine reuniendo a todos los presentes y sin nombrar a la niña 
preguntè si estaba bien compartir el cepillo de dientes.
La mayorìa contestaron que no. Luego preguntè por què no. Obtuvimos un rico 
DEBATE.
Cuando ahondamos un poco en el tema, surgiò una revelaciòn de parte de otro 
niño de que toda su familia compartìa el mismo cepillo de dientres.
Pues, el lema entonces no es COMPARTIR, es mas amplio, màs profundo.
El lema no es la IGUALDAD, es ante què, somos iguales y en que somos diferentes.
En conclusiòn: Debemos dejar que los alumnos trabajen en equipos, observar los 
procesos, intervenir para mejorar los productos de esos equipos e ir evaluando 
los logros obtenidos.
Saludos Cordiales:
Rosamel Ramirez-Maestra- Uruguay
[email protected].
 



From: [email protected]
Date: Mon, 13 Feb 2012 14:57:34 -0200
To: [email protected]; [email protected]
Subject: Re: [Sur] En tu escuela o liceo, ¿aprenden trabajo en equipo?


Sylvia S., 


muchísimas gracias por esta joya que nos has regalado.


Hay mucho para comentar,  tan solo de mi parte.  Me imagino todo lo que podrán 
agregar los educadores que participan en estas listas.  Prometo responder a 
muchos de tus puntos.


Estoy de acuerdo con mucho de lo que dices y también en desacuerdo con una 
buena parte.  Pienso que esa es la situación ideal para que podamos sacar 
provecho de nuestro diálogo.  Si estuviéramos de acuerdo con todo lo dicho por 
ti,  ninguno de nosotros aprendería cosas nuevas,  seguiríamos sabiendo siempre 
lo mismo y conservando los conceptos equivocados que podamos tener.


Hasta pronto,






Carlos Rabassa
Voluntario
Red de Apoyo al Plan Ceibal
Montevideo, Uruguay






On Feb 13, 2012, at 12:07 PM, Sylvia Sánchez wrote:


¡Hola, Carlos!

                    Te cuento que a mí me pasó todo lo contrario que a vos en 
la escuela y el liceo y sin embargo no soy un ejemplo de persona que guste de 
trabajar en equipo.  Creo que el problema está en que se van a los extremos con 
las modas pedagógicas.  Está de moda promover el esfuerzo individual  (que me 
parece muy bien)  y todo es trabajar solos y prácticamente que todos contra 
todos.  Está de moda lo solidario y lo grupal  (que también está bien)  y te 
obligan a trabajar en equipo y a compartir en todo momento y lugar aunque no 
quieras ni puedas ni reporte beneficio alguno.  
        En la escuela (como en todos lados) uno no se lleva bien con todo el 
mundo;  con unos sí, con otros no y con otros neutro.  Pero las maestras nos 
obligaban a trabajar en equipo aunque no tuvieras con quién juntarte.  Incluso 
armaban las maestras los grupos pasando por alto si los integrantes se querían 
o se detestaban profundamente.  A nadie le gusta trabajar con alguien que le 
dice "lenteja" todo el tiempo, por ejemplo. 
Lo mismo pasaba  (y aún pasa) con la cuestión de compartir.  En vez de 
enseñarte porqué es bueno y útil compartir, te obligan a compartir quieras o 
no, con cualquiera, te lleves bien o mal sea una buena o mala persona.  La 
reacción natural es, obviamente, volverse totalmente egoísta.  Piensen un poco 
si es justo y lógico compartir tu mejor merienda con aquél que te hace 
zancadillas en el recreo.  
Lo mismo pasa con el deporte.  Mientras yo hice la escuela y el liceo era 
obligatorio salvo por motivos médicos y era insufrible.  El deporte no aporta 
al avance de la humanidad ni nadie consigue un trabajo por ser un buen 
gimnasta.  Obligar a todos, torpes o ágiles, a hacer deporte y exponerse a las 
burlas de los compañeros no tiene ningún sentido.  Más porque los que se burlan 
suelen hacerlo por puro aburrimiento.
Saltar por encima de una especie de tronco o correr como hámsters alrededor de 
un círculo es inútil y aburridísimo.
Aclaro que yo no lo hice porque tuve la fortuna de tener médicos cerca que me 
inventaran alguna enfermedad.  En 10 años de educación básica prácticamente no 
pisé el gimnasio.  Pero otros no fueron tan afortunados y tuvieron que sufrirla 
con la obvia consecuencia de que en cuanto terminaron Ciclo Básico se 
prometieron a sí mismo no hacer ejercicio nunca más.  No es que lo piensen 
racionalmente, es que si te obligan día tras día a hacer algo aburrido y sin 
sentido le agarrás alergia.  
Conclusión:  a ningún adulto le gusta hacer ejercicio.  Cuanto menos mejor.

Mi punto es que los extremos son malos y que pretender enseñar a partir de 
obligaciones no conduce a ninguna parte.  
El trabajo en equipo debería hacerse si quieren y pueden y si no, que lo hagan 
solos y ya se verá si pudieron estar a la altura o no.  Además, el 
reconocimiento del trabajo no debería quedar en una nebulosa llamada "Equipo 
X",  debería haber una especie de hoja de "créditos" como en los álbumes 
musicales.  De esta forma es más fácil enseñar porqué es útil el trabajo en 
equipo  (complementar habilidades, disimular falencias),  y se evita el clásico 
"trabajan unos y descansan los demás".  Si hay que poner lo que hizo cada uno, 
el o los que no hicieron nada quedan en evidencia.  Con esto se matan dos 
pájaros de un tiro:  el que hace la plancha aprende que puede caer en una 
situación más incómoda que la de pensar,  y  el que trabaja se siente 
gratificado y reconocido y no ve al trabajo de equipo como una pérdida de 
tiempo y un abuso a su esfuerzo.
Lo mismo va para la cuestión de compartir.  Nadie, ni el más marxista de los 
comunistas, comparte todo con todos.  No debería ser una obligación y mucho 
menos con gente con la que uno se lleva mal.  Debería explicarse porqué es 
bueno compartir  (frases hechas no, lo políticamente correcto es lo primero que 
se olvida)  y felicitar a aquéllos que lo hagan espontáneamente.  Qué sé yo, 
idear algún tipo de premio o hacer una cartelera para que figuren los mejores 
compañeros  (por ejemplo, "Ana porque siempre convida con la merienda").  Y si 
alguno no puede porque no tiene, idear alguna forma para que pueda participar 
igual.  No sólo es posible compartir cosas materiales, pueden ser dibujos para 
decorar el salón o cualquier otro aporte.  Y nunca, nunca obligar a alguien a 
compartir indiscriminadamente.  Porque entonces es injusticia, no solidaridad o 
como le quieran llamar.  De esa forma, además, se puede aprovechar a mostrar 
las contras de portarse mal.  Es muy probable que el peleador de la clase, el 
que siempre insulta a todo el mundo, no tenga nadie que quiera compartir nada 
con él; entonces es buen momento para mostrarle los beneficios de ser sociable 
y cortés.  
Por último, el deporte no debería ser obligatorio y el programa debería ser más 
diverso.  Hay gente que es nula en gimnasia y un as en handball por dar un 
ejemplo arbitrario.  ¿Por qué no pueden formarse grupos de cosas distintas?  No 
dividido por edad ni por sexo, si no simplemente por habilidades o 
preferencias.  Creo, además, que sería útil que se les enseñara algún tipo de 
arte marcial (que no incluya golpes mortales) al estilo del judo o del aikido.  
Los niños y adolescentes aprenderán a controlar su fuerza, a defenderse y 
entrenar la mente.  Ganar a base de tener un objetivo claro, estar tranquilo y 
aprovechar la fuerza ajena es mucho mejor (a nivel individual y colectivo) que 
resolver todo a cascotazo limpio con la idea de partirle la cabeza al oponente 
lo más rápido posible  (antes de que venga mamá, papá, la maestra, el profesor 
o la policía).
Además, los que demuestran ser más hábiles podrían competir entre sí y ganar 
premios, lo cual sería un aliciente para ellos por su esfuerzo.  ¿A quién no le 
gustaría decir "Yo gané el torneo de tal año y ahí está mi foto"?  O  ¿"Mi 
equipo fue el tercero de la escuela, nos ganamos esa copa que ves en la foto"?

Es hora de dejar de tratar a las personas como hormigas.  No lo somos.  Todos 
somos iguales ante la ley  pero no física y mentalmente.



Esa es la realidad que percibo, al menos
Sylvia S.


El 07/02/12 08:01, Carlos Rabassa escribió: 

Hola todos!


De lo mucho que leí en las listas en los últimos días,  estos dos pasajes me 
dejaron pensando:






On Feb 5, 2012, at 8:42 AM, Sylvia Sánchez wrote:

... ... 






Trueque: ... Cualquiera que tenga una habilidad especial  (como dibujar, 
despejar ecuaciones, idiomas o lo que sea),  ¿nunca ayudó a un compañero de 
clase a cambio de otro favor similar o de que le consiguiera tal o cual cosa? 



En un trabajo que traduje recientemente, decía:
...
Se trata del trabajo de Yochai Benkler de Harvard, en su reciente libro The 
Penguin and The Leviathan - How cooperation triumphs over self-interest - (El 
Pingüino y el Leviatán) - Cómo la colaboración triunfa sobre el interés 
individual - el afirma que la mayoría de los seres humanos somos,  por 
naturaleza,  buenos colaboradores,  pero que nuestros sistemas de premios y 
castigos (incluyendo la evaluación de la educación) no corresponden al 
desarrollo de la colaboración. 
...


Recuerdo que tal como dice Sylvia S., durante mis años de escuela y liceo, 
muchos compañeros y compañeras pedían ayuda. Había dos temas que se repetían. 
En primaria eran los que, a último momento se acordaban de que había que 
entregar una tarea domiciliaria pero, no tenían el menor recuerdo de qué era lo 
que la maestra había pedido. En secundaria, el tema favorito para pedir ayuda 
era matemática.


Nunca lo había pensado hasta ahora como trueque pero, ahora que Sylvia lo dice, 
recuerdo que un gran incentivo, especialmente en el liceo, era la gran 
posibilidad que me regalaba el sistema, de entrar en contacto con compañeras 
del grupo que me gustaban mucho pero que, de otra manera, me hubiese costado 
más aproximarme a ellas.


A estos intercambios de ayuda de escuela y liceo no creo que los podamos llamar 
"trabajo en equipo". El único trabajo en equipo que recuerdo de esa época eran 
los pocos deportes que se practicaban, nada en el liceo y un poco en la 
escuela. Pero siempre quedaba fuera del equipo. "No se la pases [la pelota] 
porque la pierde", era lo que oía con más frecuencia. Y me lo merecía porque 
era realmente malo.


En la facultad, acabo de darme cuenta, trabajaba en equipo. En un caso, a 
sugerencia del profesor hicimos algo que en la facultad de hoy es de rutina, 
integré un equipo con otro compañero, para preparar un proyecto que al 
presentarlo a fin de año, en forma conjunta, era la manera que se decidía si 
habíamos aprovechado y aprobado el curso. Pero también integré otro equipo, 
esta vez éramos tres, para estudiar juntos durante el año y para preparar 
exámenes.


Este último equipo nadie lo planeó. Resultó como solución informal a un 
problema que nos ocurría. En muchas clases era poco lo que entendíamos de las 
explicaciones del profesor. Muy pronto en el curso la mayoría nos sentábamos en 
clase a hacer acto de presencia ya que no asimilábamos nada. Perdíamos muchas 
clases con frecuentes huelgas. Mi equipo no era el único. Creo que eran 
excepción los que estudiaban solos.


Y ahora que vuelvo a pensar en esto, lo que nos ocurrió era exactamente lo que 
describe muy bien Sugata Mitra al hablar de su famoso experimento de la 
computadora en el agujero de la pared, al que se refirió en una conferencia que 
escuché. Es más según nos dijo, en forma natural sin instrucciones ni 
sugerencias, los niños se agrupan, de a "tres o cuatro" a discutir entre ellos 
sobre cómo usar esta computadora sin instrucciones ni manual, que nunca habían 
visto antes.





Carlos Rabassa
Voluntario
Red de Apoyo al Plan Ceibal
Montevideo, Uruguay






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