Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Gracias Gladys M-P)
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Ah pa�s tan de malas.
Pastrana deja, tras cuatro a�os de fr�volo gobierno, un panorama contrario
al que prometi�: una guerra crecida, un pa�s empobrecido...
Por: Antonio Caballero

Le� en el peri�dico: "�Ah paisa tan de buenas este Uribe, que tiene a
'Tirofijo' haci�ndole la campa�a electoral!". As� es. En la misma medida en
que los di�logos mentirosos del Cagu�n se ahogan en babas y arrecia la
ofensiva de terror de las Farc, con emboscadas, voladuras, bombas y
secuestros, en las encuestas de opini�n la candidatura de Alvaro Uribe sube
como una flecha.
Por lo visto la gente se ilusiona con lo que Uribe promete: orden.
El problema no est� en los sustantivos, que son inofensivos: gente, Uribe,
orden. Sino en los verbos: ilusionarse y prometer.
Porque hace cuatro a�os est�bamos en una situaci�n igual, aunque fuera
inversa en apariencia. La gente estaba ilusionada con lo que promet�a Andr�s
Pastrana, ese bogotano tan de buenas que ten�a a 'Tirofijo' haci�ndole la
campa�a electoral, con todo y reloj de propaganda. Pastrana promet�a
entonces una paz negociada, que cuatro a�os despu�s ha resultado ser un
espejismo sangriento. A lo mejor -a lo peor- esta guerra victoriosa que
Uribe hace cabrillear ante los ojos de la gente ilusionada (seg�n la �ltima
encuesta de Napole�n Franco, la misma que pone a Uribe a encabezar de lejos
el pelot�n de los candidatos presidenciales, un 66 por ciento de los
interrogados cree que es posible derrotar militarmente a la guerrilla)
termina revel�ndose tan mentirosa y fallida como la paz pastranista. Y
todav�a m�s sangrienta.
Esta comparaci�n tiene dos elementos. El del hombre: Andr�s Pastrana y
Alvaro Uribe; y el de la circunstancia: o sea el de la realidad sicol�gica,
militar, social, pol�tica, econ�mica, y de entorno internacional que vive el
pa�s.
La parte personal favorece a Uribe, por supuesto. Pastrana no era nada: un
globito hinchado de vanidad y de frivolidad, tan de buenas -eso s�- que su
pap� el ex presidente le hab�a hecho la campa�a de la vida regal�ndole un
noticiero, que el narcotraficante Pablo Escobar le hab�a hecho la campa�a
para la Alcald�a de Bogot� regal�ndole un secuestro, y que el jefe
guerrillero 'Tirofijo' le hab�a hecho la campa�a presidencial regal�ndole
una foto. De su vida no opino, porque es cosa privada. De su alcald�a s�: no
destruy� por completo a Bogot� porque su per�odo no dur� lo bastante, pero
la dej� endeudada hasta las cejas y con el espinazo roto. De su presidencia
tambi�n: entrega un pa�s deshecho en todos los aspectos, del f�sico al
moral.
En cambio Uribe es un hombre serio. Estudioso, trabajador, honrado (a quien
me gustar�a ver responder p�blicamente las acusaciones que se le han hecho
sobre sus relaciones con los narcos; acusaciones que, por otra parte, nunca
se le hicieron a Pastrana, con tanto pariente preso). Y tiene un pasado
p�blico de impecable eficacia. Fue un buen director de la Aeron�utica Civil,
un eficiente alcalde de Medell�n (con el lunar, que tambi�n deber�a
explicar, de la muy discutida contrataci�n del Metro), un brillante
parlamentario que hizo pasar �tiles leyes, y un excelente gobernador de
Antioquia. All� hizo obras, abri� v�as, redujo gastos superfluos, aument� la
cobertura de salud, foment� la educaci�n, pod� dr�sticamente la burocracia,
etc�tera.
Es el etc�tera el que importa ahora, pues se refiere a la seguridad, que es
el tema que obsesiona a los electores colombianos. El etc�tera de la
gobernaci�n de Uribe en Antioquia consiste en que, por un lado, redujo
considerablemente los �ndices de violencia en su departamento (hasta en un
60 por ciento en tres a�os, del 95 al 97, en lo tocante al secuestro, seg�n
sus cifras oficiales); y, por el otro, lo consigui� gracias a la
organizaci�n de las controvertidas 'Convivir', esas organizaciones armadas
de defensa civil que han sido denunciadas como simple fachada de los
criminales grupos paramilitares responsables de tantas masacres. Por eso a
Alvaro Uribe lo rodea la aureola del pacificador, y sobre �l pesa la sombra
del paramilitarismo.
Una sombra que, si en vez de ser pol�ticamente correctos somos francos, le
a�ade mucho a su atractivo electoral. Hastiados de la sangre y el plomo de
la guerrilla, muchos millones de colombianos quieren sangre y plomo de los
paramilitares. O de las Fuerzas Armadas, les da igual. Y creen que Alvaro
Uribe les ofrece eso. Y poco les importa si, en contra de las afirmaciones
del candidato, en el proceso se desde�an los derechos humanos: de la misma
manera que les importaba poco, y hasta lo deseaban hace cuatro a�os, que el
entonces candidato Pastrana enga�ara a las Farc.
Esa es la circunstancia, en la cual se parecen el Uribe de hoy y el Pastrana
de entonces. La sicolog�a de sus electores es la misma: quieren ilusionarse
con una soluci�n m�gica al conflicto social y armado de Colombia, que anule
sus efectos sin tocar sus causas. La soluci�n de la paz pactada hace cuatro
a�os, o la soluci�n de la guerra total hoy d�a. Ambos, Pastrana entonces y
Uribe ahora, cabalgan en la esperanza.
Pastrana hac�a brillar, de buena o de mala fe, varias falacias. La
sinceridad de sus interlocutores de las Farc, que en estos cuatro a�os, en
los hechos, se ha visto minuciosamente desmentida. La generosidad
desinteresada de la comunidad internacional: el 'plan Marshall' de los
Estados Unidos, que se convirti� pronto en el draconiano acuerdo de
Washington, o la ayuda de la Comunidad Europea a la 'parte social' del Plan
Colombia, que ni siquiera ha desembocado en una baja de aranceles del
banano. La eficacia de la erradicaci�n sustitutiva de los cultivos il�citos,
que privar�a a las guerrillas de sus fuentes de ingresos y dejar�a felices a
los campesinos de las zonas violentas y cocaleras: y el 'Plante', tres a�os
despu�s, es un fracaso sin atenuantes. Pastrana deja, al cabo de cuatro a�os
de fr�volo gobierno, un panorama exactamente contrario al que prometi�: una
guerra crecida, una desconfianza aumentada, un pa�s empobrecido, endeudado y
deshecho. Y se va.
Uribe viene haciendo brillar, de buena o de mala fe, otras tantas falacias.
La capacidad militar de las Fuerzas Armadas: 100.00 soldados profesionales
(hoy son 50.000), los recursos de armamento del Plan Colombia
que -posiblemente- se dirigir�n contra la guerrilla, los recursos
financieros de ese mismo plan que -si existen- servir�n para financiar
proyectos de (otra vez) erradicaci�n de cultivos il�citos. Y la ya fallida
petici�n de ayuda a la llamada 'comunidad internacional': Cascos Azules de
las Naciones Unidas; �han servido para algo en alg�n lugar del mundo? En el
desierto del Sina� llevan 48 a�os, te�ricamente imponiendo la paz entre
�rabes e israel�es. Intervenci�n directa de tropas extranjeras. �De la Otan?
En la guerra de los Balcanes se contentaron con contemplar impasibles las
matanzas. �De los Estados Unidos? En Afganist�n supieron destruir el pa�s
con bombardeos a�reos, pero han sido incapaces de encontrar al famoso
terrorista Ben Laden o al jeque Omar, jefe ! de los odiados talibanes, que
por lo visto escap� en una moto. Y el resultado de la guerra, en lo que al
tema de la droga se refiere, ha sido el de entregar todo ese pa�s a la
Alianza del Norte, respaldada por Washington, que vive de las siembras de
opio, y quit�rselo a los talibanes, que hab�an logrado (por hirsutas razones
religiosas) reducir la producci�n a cero.
Y menciono la droga porque en ese tema la posici�n de Alvaro Uribe es
exactamente igual a la de Andr�s Pastrana: hay que hacer al respecto lo que
los Estados Unidos manden; o sea, combatirla. Y a ninguno de los dos parece
importarle que lo que muestra la historia -de 20 a�os en el caso de
Pastrana, de 24 en el de Uribe- es que combatir la droga tiene por �nico
efecto aumentar el consumo, la producci�n y el tr�fico. Y, en lo que a
nosotros toca, destruir moralmente a Colombia y alimentar financieramente a
todas las partes del conflicto armado. Porque temo que la receta dura de
Alvaro Uribe est� basada en ilusiones, como estaba basada en ilusiones hace
cuatro a�os la receta blanda de Andr�s Pastrana, creo que tendr� un
resultado igual: agravar� el conflicto, en vez de ayudar a resolverlo.
'Tirofijo' ha demostrado ser un magn�fico jefe de debate electoral, que
ayuda a ganar las campa�as. Pero un p�simo consejero presidencial, que
arruina las presidencias. De buenas el candid! ato. Pero de malas el pa�s.
Sin embargo, quiero desde aqu� respaldar la candidatura del doctor Alvaro
Uribe. No a pesar de mis reticencias, sino a causa de ellas: lo apoyo porque
cada vez que le he dado mi voto a un candidato en los �ltimos 30 a�os, ese
candidato pierde.

(Temo que por ese mismo maleficio tampoco ganar� Lucho Garz�n).

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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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