*Reseña del disco “Rhytmic Fact” de Craig Dworkin & Jarrod Fowler (w.m.o/r 36)*
Recibí un mail de Mattin pidiéndome mi dirección para enviarme un nuevo disco de su sello; me decía que tenía mucha curiosidad por saber qué me parecía y que le haría mucha ilusión que hiciera una reseña. Le dije que claro, que me lo enviara y que ya escribiría algo. A los pocos días ya me había llegado el sobre desde Estocolmo, y ahí tenía el *Rhytmic Fact* de Dworkin & Fowler. Un CD-R con algo de texto impreso en la galleta metido en un sobre amarillo sin ninguna información más. Empiezo a leer el texto de la galleta y veo que es la lista de componentes químicos de un CD-R; pigmentos, disolventes, resinas, ácidos... Me viene a la cabeza que no hay nada grabado, que es un disco virgen, o no, eso sería sería demasiado previsible y aquí debe haber más. Lo compruebo: Lo meto en el ordenador, y se me abre automáticamente el programa para tostar discos. Sí que está en blanco. Lo saco del ordenador, vuelvo a leer toda la lista de componentes como en busca de algo más, a ver dónde está la chicha de esto, pero no encuentro nada. Veo que junto a los componentes también viene el nombre del disco y el de los autores, y el número de referencia del sello. Y me fijo mejor en el título, que me llama la atención: *Rhytmic fact*. Y bien, yastá. A ver qué puedo decir yo de esto, porque al menos en un principio, vaya una cosa tan sosa e insípida, lo que más me gusta de todo es el título que parece que está fuera de todo lo demás. Le dije a Mattin que escribiría algo, también a mí me hacía ilusión escribir una reseña, pero teniendo ahora este disco entre manos no me da ninguna gana de decir nada. Está muy lejos de mis gustos e intereses, me cuesta mucho ponerme en el lugar de Dworkin y Fowler, no puedo reconocerme en ellos, no se cómo se entusiasman con esto. Mattin ya lo sabe y por eso me lo manda. La sensación que he tenido al relacionarme con la pieza me ha recordado a alguna vez que he tenido que tomar alguna pastilla efervescente de mal sabor en un vaso bastante grande, con bastante agua, y bebérmelo todo de dos tragos, haciendo el esfuerzo de beber sin tener sed. Después de escribir esta última frase me doy cuenta de que la lista de componentes químicos tendrá mucho que ver a la hora de que lo relacione con medicinas, y el color amarillento del sobre también, está dentro de la gama de colores que se suelen utilizar en el diseño de los envoltorios de las medicinas. También lo relaciono con las conversaciones de ascensor, los domingos por la tarde con partida de pelota, los muebles muy grandes y y de barniz muy oscuro, el free-jazz, el gotelé... con todo lo que relaciono con la pesadez. De no tener que escribir algo no le hubiera dado ninguna vuelta más, pero tengo ese compromiso y entro a mirar qué viene en la página del sello, en busca de algo más. Encuentro dos reseñas (los llaman remezclas), escritas por dos personas que se han encontrado en mi misma situación, Kieran Daly y Richard Pinnell. Ahora (de repente) el que los llamen remezclas me hace pensar que Rhytmic fact es una pieza que pretende ir generando cada vez más y más material de texto con la excusa del disco virgen, y que sólo acaba de empezar. Me alegra verme formando parte de eso, y me anima a seguir escribiendo. Me acuerdo ahora de un disco titulado *Strictly_copyrighted* que hizo Loty Negarti. Sólo existe una copia de ese disco, y nadie puede acceder a él. Nos dice además que se encuentra bajo escueta vigilancia 24 horas al día. Le pregunté una vez si el disco existía realmente, si había estado trabajando en una composición para luego aplicarle esa licencia tan estricta o si se trataba de un juego conceptual. Me contestó que claro que el disco existía, que la música existía, que la tenía guardada pero que él mismo se prohibía escucharla. Guarda cierta relación con *Rhytmic fact*, pero en el disco de Loty se nos dice que existe un contenido en un soporte sonoro, hasta se nos da el dato de que dura una hora en la web del sello que lo edita, mientras que en el trabajo de Dworkin y Fowler es bastante transparente que no hay tal contenido. Al existir algo prohibido-oculto, *Strictly copyrighted* me funciona más, hay algo poético en que sea inaccesible. Pensando sobre lo inaccesible y sobre el texto, material de texto, me acuerdo de un juego que nos propuso hace poco Inazio Escudero a un grupo de gente que asistimos a una clase suya en Bulegoa Z/B. Me apetece contarlo aquí. Él iba a hacer algo, dos personas le iban a ayudar a hacer eso que iba a hacer, y otros tres iban a escribir todo lo que pasara; uno sólo lo que hicieran los dos que le ayudaban, y otros dos todo lo que pasara. Mientras, los demás teníamos que estar con los ojos cerrados. Cuando acabó y pudimos abrir los ojos, quien describía a los ayudantes leyó su texto, pero era muy poco preciso en la descripción, hizo una lista de acciones que no acababan de revelar lo que había pasado: “Sonríe, le ayuda, sujeta, avanza, se pone nervioso...” Me gustó la sensación de ese momento, la imposibilidad de no poder saber qué era lo que había pasado. Cuando quienes lo describían todo leyeron sus textos, lo desvelaron todo y se perdió la magia, hubiera preferido que nos dejaran con esa dulce frustración. Hubo más cosas en el juego que nos propuso Inazio, pero lo he contado muy resumidamente. En los días siguientes me dio por pensar cómo sería una acción o algo imposible de contar, algo muy simple sobre lo que se pudieran dar descripciones muy diferentes, hasta contradictorias, y muy detalladas, sin que el otro pueda llegar nunca a imaginarse cómo es realmente por mucho que lo intente. A partir de todo esto empiezo a hacer muchas relaciones en mi cabeza, igual ya más caprichosas. Pensando sobre el atractivo de lo oculto, me acuerdo de una cita de Roland Barthes que he leído recientemente en el último libro de June Crespo. *“¿El lugar más erótico de un cuerpo no es acaso allí donde la vestimenta se abre? En la perversión (...) no hay “zonas erógenas” (...); es la intermitencia, como bien ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de una piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pulóver), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición-desaparición”.* Relaciono y doy saltos. La intermitencia y lo erótico me han recordado a un recital de la poeta Chantal Maillard, pero para que se entienda mejor la relación copio dos extractos del libro *Ante el dolor de los demás* de Susan Sontag: *“Al parecer, la apetencia por las imágenes que muestran cuerpos dolientes es casi tan viva como el deseo por las que muestran cuerpos desnudos”*.* “Se sabe que no es la mera curiosidad lo que causa las retenciones del tráfico en una autopista cuando se pasa junto a un horrendo accidente de automóvil. También, para la mayoría, es el deseo de ver algo espeluznante. Calificar esos deseos como “mórbidos” evoca una rara aberración, pero el atractivo de esas escenas no es raro y es fuente perenne de un tormento interior”*. El recital *Matar a platón* de Chantal Maillard empezó con este poema: *“Un hombre es aplastado. / En este instante. / Ahora. / Un hombre es aplastado. / Hay carne reventada, hay vísceras, / líquidos que rezuman del camión y del cuerpo, / máquinas que combinan sus esencias / sobre el asfalto: extraña conjunción / de metal y tejido, lo duro con su opuesto / formando ideograma. / El hombre se ha quebrado por la cintura y hace / como una reverencia después de la función. / Nadie asistió al inicio del drama y no interesa: / lo que importa es ahora, / este instante / y la pared pintada de cal que se desconcha / sembrando de confetis el escenario”.* Continuó con otros poemas, haciendo alusión a otras cosas. Y en la mitad del recital leyó *“Usted sigue mirando fijamente a aquel hombre aplastado, / Está detrás de usted, alojado en su cráneo. Persistente / como un insecto volador, la imagen / ataca siempre el mismo punto / vulnerable. Por eso, / usted la mira fijamente, sin querer verle más que a medias, pero tropieza su mirada / con el guano que oculta la del muerto / -¿está del todo muerto?- / y esa ventana ciega / al par le tranquiliza y le inquieta. / Usted quiere volver la cabeza y mirar / hacia el otro lado: al cielo, que es tan denso que alivia, / o a los demás, que el “más” siempre conforta / pero ellos también son presa de esa angustia deliciosa, / también miran al hombre aplastado / que usted sigue mirando / sin poderlo evitar. / ¿Puede acaso?”* Más citas. La intermitencia, el volver a algo, la repetición... me recuerdan a este trozo del libro *Lo bello y lo siniestro* de Eugenio Trías: *“La repetición de una situación en condiciones idénticas a la primera vez en que se presentó, en genuino retorno de lo mismo; repetición que produce un efecto mágico y sobrenatural, acompañado del sentimiento de “déja vu”; dicha repetición sugiere cierta familiaridad muy placentera respecto a lo que entonces se vive (en caso de que la repetición quede tan sólo sospechada) o bien cierta sensación de horror, fatalidad y destino (en caso de que la repetición sea flagrante)”.* La repetición me lleva a pensar en el ritmo, lo placentero que es seguir un ritmo con el pie. En un bucle de batería, podemos predecir cuándo viene el próximo golpe de caja y el próximo chasquido de plato. Nos sentimos cómplices, empatizamos mucho con lo que escuchamos. Es verdad lo que se dice de que los conciertos se disfrutan más cuando se conocen las canciones, se vuelven muy predecibles y podemos ir junto con las canciones. Pienso en cambio ahora en los ritmos rotos, los que no se pueden seguir con el pie. Como ejemplo, se me ocurre la primera parte de la canción *Jolson and Jones* del álbum* The Drift* de Scott Walker; lo podeis buscar en youtube. Escuchándolo, crees que vas a acertar cuándo viene la próxima nota de órgano, pero se te adelanta, o viene más tarde. Y es de nuevo una dulce frustración, angustia deliciosa. Es como cuando estás subiendo escaleras en la oscuridad, y cuando crees que queda un escalón e intentas alcanzarlo, pero ya estás arriba del todo. Nos sacude y nos descoloca. Esto último de la escalera lo suele decir Bruce Nauman y se lo he cogido. Me sorprendo ahora al ver que he llegado al tema del ritmo, *Rhytmic fact*. Aprovechando esta coincidencia, será el momento adecuado para dar por acabada esta reseña. Oier. Enero de 2012. *Rhytmic Fact* en la web de w.m.o/r: http://www.mattin.org/recordings/RF.html
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