Bueno al menos a tí te a suscitado el texto que nos ofreces, aunque sea solo
por el compromiso adquirido...
A mí sin embargo me retrotae a una de esas eternas y estériles preguntas sin
respuesta: ¿quién soy? ¿de dónde venimos? ¿qué es arte? ¿qué no?
Mi opinión es de esas, que a lxs creadorxs de este tipo de obras, les pone y
les hace creer de alguna manera que se encuentran por encima de lxs ignorantes
mortales.
En su beneficio diré que obviamente surgen debates y reacciones interesantes,
pero al final es un juego demasiado fácil.
Sin embargo, la mente humana, con
su posibilidad de formular juicios sin información previa y sin datos, siempre
tiende a buscar "la explicación". Por otro lado poseemos esa maravillosa arma
que es la abstracción!! Vaya, que la cuestión al final es, venga curratelo un
poco más no?
Como lxs magos por ejemplo. Ellxs juegan con los fallos en la arquitectura del
cerebro para hacernos creer que lo que no es, ES.
En definitiva y con todos mis respetos, a mi este tipo de arte, la mayoría de
las veces me deja fría.
No obstante, reconozco que a tí te ha sacado un buen texto, y a mí el tiempo de
escribir este correo : )
Como viene a cuento, te dejo este enlace de una exposición que se acaba de
inaugurar en Madrid de Martin Creed:
http://www.teinteresa.es/cultura/pedazos-papel-pared-pintada-rayas_3_626967298.html
Ars longa, vita brevis
abrazos
ima
________________________________
De: Oier Iruretagoiena <[email protected]>
Para: "Infrasoinuen Gainetik, Ultrasoinuen Azpitik" <[email protected]>
Enviado: jueves 12 de enero de 2012 16:02
Asunto: [Igua] Reseña: “Rhytmic Fact” de Dworkin & Fowler (w.m.o/r 36)
Reseña del disco “Rhytmic Fact” de Craig Dworkin & Jarrod Fowler (w.m.o/r 36)
Recibí un mail de Mattin pidiéndome mi dirección para enviarme un nuevo disco
de su sello; me decía que tenía mucha curiosidad por saber qué me parecía y que
le haría mucha ilusión que hiciera una reseña. Le dije que claro, que me lo
enviara y que ya escribiría algo. A los pocos días ya me había llegado el sobre
desde Estocolmo, y ahí tenía el Rhytmic Fact de Dworkin & Fowler. Un CD-R con
algo de texto impreso en la galleta metido en un sobre amarillo sin ninguna
información más. Empiezo a leer el texto de la galleta y veo que es la lista de
componentes químicos de un CD-R; pigmentos, disolventes, resinas, ácidos... Me
viene a la cabeza que no hay nada grabado, que es un disco virgen, o no, eso
sería sería demasiado previsible y aquí debe haber más. Lo compruebo: Lo meto
en el ordenador, y se me abre automáticamente el programa para tostar discos.
Sí que está en blanco. Lo saco del ordenador, vuelvo a leer toda la lista de
componentes como en busca de algo más, a ver dónde está la chicha de esto,
pero no encuentro nada. Veo que junto a los componentes también viene el nombre
del disco y el de los autores, y el número de referencia del sello. Y me fijo
mejor en el título, que me llama la atención: Rhytmic fact. Y bien, yastá. A
ver qué puedo decir yo de esto, porque al menos en un principio, vaya una cosa
tan sosa e insípida, lo que más me gusta de todo es el título que parece que
está fuera de todo lo demás. Le dije a Mattin que escribiría algo, también a mí
me hacía ilusión escribir una reseña, pero teniendo ahora este disco entre
manos no me da ninguna gana de decir nada. Está muy lejos de mis gustos e
intereses, me cuesta mucho ponerme en el lugar de Dworkin y Fowler, no puedo
reconocerme en ellos, no se cómo se entusiasman con esto. Mattin ya lo sabe y
por eso me lo manda.
La sensación que he tenido al relacionarme con la pieza me ha recordado a
alguna vez que he tenido que tomar alguna pastilla efervescente de mal sabor en
un vaso bastante grande, con bastante agua, y bebérmelo todo de dos tragos,
haciendo el esfuerzo de beber sin tener sed. Después de escribir esta última
frase me doy cuenta de que la lista de componentes químicos tendrá mucho que
ver a la hora de que lo relacione con medicinas, y el color amarillento del
sobre también, está dentro de la gama de colores que se suelen utilizar en el
diseño de los envoltorios de las medicinas. También lo relaciono con las
conversaciones de ascensor, los domingos por la tarde con partida de pelota,
los muebles muy grandes y y de barniz muy oscuro, el free-jazz, el gotelé...
con todo lo que relaciono con la pesadez.
De no tener que escribir algo no le hubiera dado ninguna vuelta más, pero tengo
ese compromiso y entro a mirar qué viene en la página del sello, en busca de
algo más. Encuentro dos reseñas (los llaman remezclas), escritas por dos
personas que se han encontrado en mi misma situación, Kieran Daly y Richard
Pinnell. Ahora (de repente) el que los llamen remezclas me hace pensar que
Rhytmic fact es una pieza que pretende ir generando cada vez más y más material
de texto con la excusa del disco virgen, y que sólo acaba de empezar. Me alegra
verme formando parte de eso, y me anima a seguir escribiendo.
Me acuerdo ahora de un disco titulado Strictly_copyrighted que hizo Loty
Negarti. Sólo existe una copia de ese disco, y nadie puede acceder a él. Nos
dice además que se encuentra bajo escueta vigilancia 24 horas al día. Le
pregunté una vez si el disco existía realmente, si había estado trabajando en
una composición para luego aplicarle esa licencia tan estricta o si se trataba
de un juego conceptual. Me contestó que claro que el disco existía, que la
música existía, que la tenía guardada pero que él mismo se prohibía escucharla.
Guarda cierta relación con Rhytmic fact, pero en el disco de Loty se nos dice
que existe un contenido en un soporte sonoro, hasta se nos da el dato de que
dura una hora en la web del sello que lo edita, mientras que en el trabajo de
Dworkin y Fowler es bastante transparente que no hay tal contenido. Al existir
algo prohibido-oculto, Strictly copyrighted me funciona más, hay algo poético
en que sea inaccesible.
Pensando sobre lo inaccesible y sobre el texto, material de texto, me acuerdo
de un juego que nos propuso hace poco Inazio Escudero a un grupo de gente que
asistimos a una clase suya en Bulegoa Z/B. Me apetece contarlo aquí. Él iba a
hacer algo, dos personas le iban a ayudar a hacer eso que iba a hacer, y otros
tres iban a escribir todo lo que pasara; uno sólo lo que hicieran los dos que
le ayudaban, y otros dos todo lo que pasara. Mientras, los demás teníamos que
estar con los ojos cerrados. Cuando acabó y pudimos abrir los ojos, quien
describía a los ayudantes leyó su texto, pero era muy poco preciso en la
descripción, hizo una lista de acciones que no acababan de revelar lo que había
pasado: “Sonríe, le ayuda, sujeta, avanza, se pone nervioso...” Me gustó la
sensación de ese momento, la imposibilidad de no poder saber qué era lo que
había pasado. Cuando quienes lo describían todo leyeron sus textos, lo
desvelaron todo y se perdió
la magia, hubiera preferido que nos dejaran con esa dulce frustración. Hubo
más cosas en el juego que nos propuso Inazio, pero lo he contado muy
resumidamente. En los días siguientes me dio por pensar cómo sería una acción o
algo imposible de contar, algo muy simple sobre lo que se pudieran dar
descripciones muy diferentes, hasta contradictorias, y muy detalladas, sin que
el otro pueda llegar nunca a imaginarse cómo es realmente por mucho que lo
intente.
A partir de todo esto empiezo a hacer muchas relaciones en mi cabeza, igual ya
más caprichosas. Pensando sobre el atractivo de lo oculto, me acuerdo de una
cita de Roland Barthes que he leído recientemente en el último libro de June
Crespo. “¿El lugar más erótico de un cuerpo no es acaso allí donde la
vestimenta se abre? En la perversión (...) no hay “zonas erógenas” (...); es la
intermitencia, como bien ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de
una piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pulóver), entre dos
bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que
seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición-desaparición”. Relaciono
y doy saltos. La intermitencia y lo erótico me han recordado a un recital de la
poeta Chantal Maillard, pero para que se entienda mejor la relación copio dos
extractos del libro Ante el dolor de los demás de Susan Sontag: “Al parecer, la
apetencia por las imágenes que muestran cuerpos dolientes es casi tan viva
como el deseo por las que muestran cuerpos desnudos”.“Se sabe que no es la mera
curiosidad lo que causa las retenciones del tráfico en una autopista cuando se
pasa junto a un horrendo accidente de automóvil. También, para la mayoría, es
el deseo de ver algo espeluznante. Calificar esos deseos como “mórbidos” evoca
una rara aberración, pero el atractivo de esas escenas no es raro y es fuente
perenne de un tormento interior”. El recital Matar a platón de Chantal Maillard
empezó con este poema: “Un hombre es aplastado. / En este instante. / Ahora. /
Un hombre es aplastado. / Hay carne reventada, hay vísceras, / líquidos que
rezuman del camión y del cuerpo, / máquinas que combinan sus esencias / sobre
el asfalto: extraña conjunción / de metal y tejido, lo duro con su opuesto /
formando ideograma. / El hombre se ha quebrado por la cintura y hace / como una
reverencia después de la función. / Nadie asistió al inicio del drama y no
interesa: / lo que importa es ahora, / este instante / y la pared pintada de
cal que se desconcha / sembrando de confetis el escenario”. Continuó con otros
poemas, haciendo alusión a otras cosas. Y en la mitad del recital leyó “Usted
sigue mirando fijamente a aquel hombre aplastado, / Está detrás de usted,
alojado en su cráneo. Persistente / como un insecto volador, la imagen / ataca
siempre el mismo punto / vulnerable. Por eso, / usted la mira fijamente, sin
querer verle más que a medias, pero tropieza su mirada / con el guano que
oculta la del muerto / -¿está del todo muerto?- / y esa ventana ciega / al par
le tranquiliza y le inquieta. / Usted quiere volver la cabeza y mirar / hacia
el otro lado: al cielo, que es tan denso que alivia, / o a los demás, que el
“más” siempre conforta / pero ellos también son presa de esa angustia
deliciosa, / también miran
al hombre aplastado / que usted sigue mirando / sin poderlo evitar. / ¿Puede
acaso?” Más citas. La intermitencia, el volver a algo, la repetición... me
recuerdan a este trozo del libro Lo bello y lo siniestro de Eugenio Trías: “La
repetición de una situación en condiciones idénticas a la primera vez en que se
presentó, en genuino retorno de lo mismo; repetición que produce un efecto
mágico y sobrenatural, acompañado del sentimiento de “déja vu”; dicha
repetición sugiere cierta familiaridad muy placentera respecto a lo que
entonces se vive (en caso de que la repetición quede tan sólo sospechada) o
bien cierta sensación de horror, fatalidad y destino (en caso de que la
repetición sea flagrante)”. La repetición me lleva a pensar en el ritmo, lo
placentero que es seguir un ritmo con el pie. En un bucle de batería, podemos
predecir cuándo viene el próximo golpe de caja y el próximo chasquido de plato.
Nos sentimos cómplices,
empatizamos mucho con lo que escuchamos. Es verdad lo que se dice de que los
conciertos se disfrutan más cuando se conocen las canciones, se vuelven muy
predecibles y podemos ir junto con las canciones. Pienso en cambio ahora en los
ritmos rotos, los que no se pueden seguir con el pie. Como ejemplo, se me
ocurre la primera parte de la canción Jolson and Jones del álbumThe Drift de
Scott Walker; lo podeis buscar en youtube. Escuchándolo, crees que vas a
acertar cuándo viene la próxima nota de órgano, pero se te adelanta, o viene
más tarde. Y es de nuevo una dulce frustración, angustia deliciosa. Es como
cuando estás subiendo escaleras en la oscuridad, y cuando crees que queda un
escalón e intentas alcanzarlo, pero ya estás arriba del todo. Nos sacude y nos
descoloca. Esto último de la escalera lo suele decir Bruce Nauman y se lo he
cogido.
Me sorprendo ahora al ver que he llegado al tema del ritmo, Rhytmic fact.
Aprovechando esta coincidencia, será el momento adecuado para dar por acabada
esta reseña.
Oier. Enero de 2012.
Rhytmic Fact en la web de w.m.o/r:
http://www.mattin.org/recordings/RF.html
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