ThinkEPI: El debate de la formación universitaria en ByD: más allá de
Bolonia
Por Carlos M. Tejada Artigas
Profesor de la Facultad de Ciencias de la Documentación. UCM
Miembro del Grupo ThinkEPI
Desde hace muchos años se debate la formación universitaria en
Biblioteconomía y Documentación. En un primer periodo se hablaba sobre si
era necesaria, en un segundo momento positivo asistimos a una rápida
implementación en toda la geografía española y en un tercer periodo actual
en torno al proceso de Bolonia.
Pero el debate actual sobre los estudios en nuestro campo en realidad no
debe ser tanto sobre este proceso de armonización europea sino sobre nuestra
propia subsistencia. Los datos de bajada de matriculación de alumnos en
nuestros estudios desde hace cinco años son realmente alarmantes. Además,
por otra parte, los estudios de inserción laboral muestran como el empleo al
que acceden nuestros titulados es bastante negativo y en realidad, son
contratados más como técnicos medios que como profesionales. De todas formas
este suceso no es nuevo, Estados Unidos ya vivió el cierre de sus escuelas
de biblioteconomía. Y este cierre, para diversos autores(1), se debió a su
aislamiento con respecto a la profesión y al propio ámbito universitario.
La clave para aumentar nuestro campo de acción es no contemplar nuestra
formación en las competencias necesarias en bibliotecas, archivos, y
centros de documentación sino en un objetivo más amplio que es la gestión de
la información. Así, al servir a un mercado más grande y diverso, los
programas de formación podrán crecer, diversificarse y aumentarán sus
posibilidades de supervivencia. Es cierto que durante estos años, muchos
planes de estudios han incorporado asignaturas en este sentido, pero
lamentablemente no han servido para que el alumno adquiera realmente nuevas
competencias que le den verdadero valor añadido en las organizaciones. Así
por ejemplo, las materias de informática se han planteado como una
informática a nivel de usuario o para que los alumnos puedan ser
interlocutores de los informáticos, cuando realidad en la actualidad el reto
es mayor y el profesional de la información debe tener unas competencias
tecnológicas que le permitan ser autónomo(2).
Durante una década nuestras escuelas y facultades de Biblioteconomía
vivieron una época dorada en cuanto a número de alumnos. Si bien es cierto,
que muchos de esos alumnos llegaban simplemente porque no tenían cabida en
otras titulaciones (como Periodismo) o porque al tratarse de una diplomatura
tenía una duración menor y un acceso laboral fácil. Ahora con los grados,
con una duración en créditos igual para todas las titulaciones y la
excepcional oferta de estudios que hay, nuestra titulación va a tener una
fuerte competencia. Además en el momento de decidir los estudios
universitarios, a los diecisiete años, uno se guía sobre todo por la imagen
social de la carrera y lamentablemente, la nuestra sigue sin tener una
imagen profesional fuerte.
Cabe la posibilidad de que en los próximos años veamos una desaparición del
grado en Información y Documentación, y que nuestra formación se vea
únicamente contemplada en los masters. En muchos países ha ocurrido así. Y
esta situación, si logra dar un mayor nivel a nuestra formación, no tendrá
porque ser dramática.
Estos postgrados tampoco podrán ser tradicionales, con una formación solo
basada en la Biblioteconomía, Documentación y Archivística, sino que deberán
ser conjuntos con otras disciplinas. Así, la flexibilidad y la cooperación
con otros campos aparecen como claves. Y esta apuesta por la apertura del
campo educativo para sobrevivir en la sociedad de la información será la
única salida que nos quedará.
Es cierto también que la formación universitaria sólo puede proporcionar un
punto de referencia y unas bases sobre las cuales cada persona construirá su
conocimiento individual y su rango de competencias. Así ya no podemos hablar
de un único modelo de plan de estudios válido para nuestra profesión.
Pero las instituciones educativas debemos elaborar una estrategia ante este
cambio profesional. Wilson(3) ya hace años, aplicaba la teoría de la
catástrofe para establecer las estrategias de acción: colaboración,
convergencia y diversificación. La colaboración se ha manifestado en el
ámbito de Gran Bretaña incluso con la fusión de departamentos. La
convergencia, para este autor, es fruto de la integración tecnológica en
Internet, y así todas las disciplinas que usan esa tecnología convergen en
la comunicación. Señala ejemplos en diferentes países como Noruega, donde la
Escuela de Biblioteconomía se combina con la Escuela de Periodismo, o como
Nueva Zelanda, donde el Departamento de Biblioteca y Estudios de Información
se ha combinado con el Departamento de Sistemas de Información y el
Departamento de Estudios de Comunicación en la Escuela de Comunicaciones y
Gestión de la Información. Por último, la diversificación se puede
manifestar con la elaboración de nuevos cursos en diversos ámbitos aunque el
tecnológico es el más importante.
Es cierto que habrá una serie de elementos básicos de la educación en
Biblioteconomía y Documentación que permanecerán inalterables: los
fundamentos profesionales, los servicios técnicos, la referencia y los
servicios a los usuarios y la gestión y administración de la colección. La
orientación de servicio es básica pero se basará en los principios de la
organización del conocimiento. Para Virginia Cano(4) debemos de hacer una
re-ingeniería de la profesión adaptándola a las nuevas necesidades del
mercado, sin que esto suponga la anulación de las prácticas y la cultura
profesional que han sustentado el desarrollo bibliotecario. Se trata de que
seamos profesionales no solo del tratamiento, sino que seamos capaces de dar
valor a la información. Así, Nicholson(5) ve la gestión del conocimiento
como el campo al que deben orientarse los estudios de Biblioteconomía y
Documentación ya que reúne las habilidades de información con la influencia
del capital intelectual y la experiencia colectiva de las organizaciones
para crear valor y una importante ventaja competitiva en una economía basada
en el conocimiento.
Gorman(6) ya indicaba que la profesión y las facultades de
Biblioteconomía tienen que plantearse unas preguntas duras: ¿Qué están
haciendo las instituciones emergentes de información y cómo lo están
haciendo? ¿Cómo están atrayendo a los usuarios y clientes y como están
usando la tecnología? ¿Cuáles son las expectativas del usuario y cómo es el
cambio del comportamiento? ¿Cómo están usando la información que adquieren y
de qué forma?
El debate es pues complejo desde hace años, y a nivel internacional, por lo
que podemos aprender de lo que ya ha sucedido en entornos cercanos. Por lo
que ciertos conflictos que se dan aún en las universidades por la reforma de
los planes de estudio provocan cierta tristeza al saber que no afrontar
ciertos cambios en profundidad nos puede llevar a la decadencia y
marginalidad de nuestras titulaciones.
Notas
1 Esta idea la encontramos por ejemplo en los siguientes autores y
documentos: OSTLER, L. J.; DAHLIN, T. C.; WILLARDSON, J. D. The closing of
american library schools: problems and opportunities. Westport: Greenwood
Press, 1995.
P. 38-39; PARIS, M. Library school closings: four case studies. Metuchen,
NJ: Scarecrow Press, 1988.
2 En este sentido es muy interesante el reciente artículo: PEREZ AGÜERA, J.
R. Ingeniería documental frente a artesanía documental. ¿Cuál es el modelo a
seguir? El Profesional de la Información. Mayo junio 2008, v. 17, n. 3, P.
257-260.
3 WILSON, T. D. Curriculum and catastrophe: change in professional
education. ALISE Annual Conference. Celebrating our Traditions, Sharing our
Dreams, Shaping New Strategies For Excellence in Library and Information
Science Education. 2000, San Antonio. Disponible en http://www.alise.org/
(consultado el 23 de mayo de 2009).
4 CANO, V. De bibliotecario a gestor de la información. Cambio de nombre o
nuevas competencias. Tercer Encuentro de Directores y Docentes de Escuelas
de Bibliotecología del Mercosur. 1998, Santiago.
5 Citado por: WAGNER, G. S. Future of education for library and information
science: views from Australia. Education for Information, vol. 18, 2000, P.
128.
6 GORMAN, G. E. The future of Library Science Education. Libri, vol. 49,
1999, P. 1-10.
P. 7.
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