Afortunadamente, este debate demuestra en primer lugar algo muy positivo: 
un verdadero interés por adecuarnos a nuevas mentalidades, nuevas necesidades y 
nuevos métodos (en el fondo, para un viejo problema bibliotecario: facilitar el 
acceso a la información, la foprmación y el entretenimiento). Y, después de 
unos primeros acaloramientos (siempre muy formales, afortunadamente), parece 
evidente que nuestras posiciones no son tan dispares. y buena prueba de ello 
son algunos correos que han llegado en las últimas horas, como el de Joaquín (y 
no es el único), que plantea con palabras muy oportunas la necesidad de método 
(planificación y evaluación) en la "experimentación" en torno al uso de las 
redes sociales. Esta propuesta encaja a la perfección con la idea de que no 
todos podemos hacer de todo (aunque sí aportar nuestro grano de trigo a cambio 
de aprovecharnos de toda la cosecha).
    Un compañero bibliotecario de los que viven intensamente el 
"dospuntocerismo" trabaja en una pequeña biblioteca municipal, afortunadamente 
integrada en una red autonómica. Y él mismo me manifestó en una ocasión: "Yo 
puedo dedicarme a esto porque no me dedico a catalogar. La gran mayoría de los 
libros que se integran en nuestra colección ya están descritos en el catálogo 
de la red a la que pertenecemos". Me parece un planteamiento muy correcto, y 
eso es aprovechar el trabajo en red. Pero si todos los bibiotecarios de esa red 
asumiesen el mismo papel, esas bibliotecas tendrían magníficas páginas web con 
múltiples servicios de socialización, pero nadie mantendría el catálogo y los 
fondos bibliográficos no estarían debidamente a disposición de los usuarios... 
que son el objetivo último, ¿no? Es decir, que alguien puede dedicarse a 
experimentar con nuevos servicios (o nuevas fórmulas) porque mientras tanto 
alguien continúa prestando los servicios tradicionales (o manteniendo las 
fórmulas probadas) hasta que lo experimentado quede debidamente contratado.
    La "amable rebeldía" que algunos manifestamos en este debate (y no somos 
"bibliotecarias con moño" que sólo sabemos decir "¡Sssshhh!"; de esa/os, 
afortunadamente, cada vez hay menos, pero de los que quedan no todos son 
"intrusos") no es contra la relación bibliotecas-redes sociales, sino contra el 
"fundamentalismo dospuntocerista" que en ocasiones nos atosiga.
    Y es que, además de la Gripe A, estamos viviendo la pandemia de la 
"gripe2.0".
    
Rafael Ibáñez Hernández 
Biblioteca Municipal de Burgos 
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