Mi opinión es que las empresas privadas innecesarias desaparecen solas. No es 
necesario ayudar el propio mercado es inexorable. Si las librerías existen, no 
es porque las defendamos a toda costa. ¿Imaginas un país sin librerías? ¿No 
sería un país sin libros? ¿Al menos sin la mayoría de los libros?

Luisgé Martín opina, en la teoría, que en la cadena del libro electrónico 
sobran todos salvo autor y editor y por eso considera que se puede 
comercializar el ebook al 75 % de su precio. Es una opinión, como dije teórica, 
pues de momento, y salvo algunos experimentos, no parece que las cosas estén 
yendo por ahí, especialmente con sus libros.

No se trata de un problema de tecnología pues, a lo cutre, para vender un ebook 
con un correo electrónico para recibir pedidos y enviar los libros más una 
cuenta para recibir la transferencia el tinglado ya está montado.

Un saludo.

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Jesús M. Pinto Varela
[email protected]
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Cuando venga a Madrid no deje de visitarnos en librería Intercodex, calle 
Hortaleza, 34, 28004 Madrid. 
 
Mientras tanto puede conocernos viendo nuestra presentación en 
http://es.youtube.com/watch?v=GzjfVhhM7u8&feature=channel_page . ¡Con los 
altavoces encendidos tiene más gracia!
Facebook: http://www.facebook.com/jesusmanuel.pintovarela?ref=name




From: Felix 
Sent: Tuesday, January 19, 2010 10:37 AM
To: [email protected] 
Subject: Re: [IWETEL] ¡Mueran los 'heditores'!


      Pues asi de entrada, si vais a ver el original, lo mejor son los 
comentarios.

      Quitando los dos extremos (caos total y destruccion sin editores / 
libertad gratis total), reflejan bastante bien lo que se piensa en la calle y 
muchos no quieren ver. Incluso el propio autor (con el que no estoy de acuerdo) 
en su parte final lo expone: el 75% de los gastos podrian ser recortados.

      Pero aqui no, aqui negamos que exista internet, los libros electronicos 
"porque es residual y no hay negocio de momento", defendemos lo indefendible a 
toda costa mientras nos interese "son imprescindibles las librerias",...

      Y asi nos va.

      Un saludo

      Felix Gonzalez

      --- El mar, 19/1/10, Lara Rey <[email protected]> escribió:


        De: Lara Rey <[email protected]>
        Asunto: [IWETEL] ¡Mueran los 'heditores'!
        Para: [email protected]
        Fecha: martes, 19 de enero, 2010 09:43


        Hola a todos, buenos dias

        ¿Qué opinais de este artículo?

         

         

        ¡Mueran los 'heditores'! 

         

        Sufrimos un bombardeo de mensajes que predican, con voz epifánica, que 
Internet libera a la cultura de la tiranía de los editores y otros empresarios. 
¿Estamos seguros de que, de ser así, represente un claro progreso? 

         

        Aristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que 
es el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, 
si se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que creemos 
mejores y delegamos en ellos -bajo vigilancia crítica- para que nos dirijan. En 
la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos nada: todos opinamos 
de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en cualquier materia y 
profesión 

         

        En estos días se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la 
cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es 
oclocratizarla, y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio social, me 
parece una amenaza apocalíptica. 

        En el artículo de Javier Calvo Por un libro universal (EL PAÍS, 24 de 
diciembre de 2009) se repetían algunas de esas ideas recurrentes en las que se 
predica, con voz epifánica, el advenimiento de una cultura liberada por fin de 
las cadenas de los editores. ¿Pero esas cadenas tan esclavizadoras son reales? 

        A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del año casi 1.000 
manuscritos. En España deben de circular durante ese tiempo más de 5.000 
originales diferentes. La inmensa mayoría de ellos son impublicables, como sabe 
bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor (gastando 
dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de entre todos los 
granos elige aquellos que tienen más afinidad con su línea editorial: 
literatura de autor, best sellers, creación experimental... Mi biblioteca, como 
la de cualquier lector curtido, está llena de libros de las editoriales que 
publican el tipo de literatura que me interesa. Es decir, me he aprovechado de 
la labor y del saber hacer de sellos como Anagrama, Seix Barral, Alfaguara o 
Tusquets, y lo he hecho porque confiaba en el criterio profesional de sus 
editores. 

        Pero los editores, además, editan los libros, si se me permite decirlo 
de un modo tan tautológico. Es decir, les aportan valor añadido: hacen 
sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el estilo... 
Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos escrito y 
aquellos amigos a los que pedimos opinión no son capaces siempre, aunque lo 
intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los editores son los únicos 
que pueden enfrentarse a la obra con competencia y desapego a la vez. 

        Lo que se nos propone ahora es la desaparición del editor. La extensión 
del modelo de edición tradicional al e-book, se nos dice, es "perjudicial para 
el autor y el lector". ¿Es beneficioso, entonces, que en vez de 150 novedades 
anuales clasificadas por sellos editoriales definidos haya en la Red 5.000 
textos sin depurar? ¿Es beneficioso que José Saramago y mi prima Paqui (que es 
casi analfabeta pero se divierte contando historias) estén en pie de igualdad? 
¿Es beneficioso que los textos tengan faltas de ortografía, incoherencias 
narrativas y redundancias? Y aún peor: ¿es beneficioso que desaparezcan esos 
libros de no ficción que impulsan las propias editoriales, encargándoselos a 
autores? ¿Quién se ocupará de traducir una novela a otro idioma, de adelantar 
el dinero que supone ese trabajo? 

        En la mayoría de los comentarios que predican el nuevo Edén digital se 
huele el incienso de la España católica: ganar dinero es malo, es pecado; el 
editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de resultados. 

        Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados sólo por 
llegar a final de año, por mantener puestos de trabajo y por poder editar 
libros arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho 
algunas fortunas con la edición: ¿y qué? Pero lo peor es que los mismos que 
abominan del editor mercader nos aseguran sin empacho que una de las soluciones 
para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el propio libro. 
"Cuando una mañana Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se 
encontró en su cama de Ikea convertido en un monstruoso bicho". ¿Es de eso de 
lo que hablamos? ¿O de que al cambiar de capítulo en Ana Karenina salte en la 
pantalla del e-book un banner con un anuncio de agencias matrimoniales? No sé 
si es que me he hecho demasiado viejo para entender los códigos morales de la 
post-postmodernidad -o lo que sea esto-, pero reconozco que me escandaliza ver 
el desparpajo con que se mezcla la ética de Fidel Castro con la de Esperanza 
Aguirre. Por un lado se sataniza al editor empresario y por otro se recomienda 
poner un anuncio de Coca-Cola en mitad de una novela para defender así la 
independencia autoral y la libertad del lector. Antes había "visiones del 
mundo"; ahora, al parecer, sólo hay ángulos ciegos. 

        El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al 
autor en el nuevo mundo e-editorial. Dado que el editor debe desaparecer, se 
propone que el autor se comporte como un empresario de sí mismo y asuma el 
desarrollo informático y administrativo, la gestión comercial y la promoción de 
sus libros. 

        Es decir, que además de escribir bien, a partir de ahora para ser autor 
habrá que tener ánimo empresarial, adquirir conocimientos de márketing, 
elaborar banners y páginas web, dedicar tiempo a infectar viralmente la Red con 
nuestros productos, preparar performances y poseer algo de dinero para la 
inversión informática y los viajes promocionales. Los autores, por tanto, no 
sólo no cobraríamos, poco o mucho, sino que pagaríamos para escribir. Todo ello 
con la esperanza vaga de que se produjera un retorno de la inversión que nos 
permitiese al menos comer. Ese retorno no vendría del pago -barato o caro- de 
los lectores, que se considera impertinente, sino de algún tipo de publicidad 
como los ya mencionados. 

        ¿Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en 
estas lides? Los autores, sin llegar al tópico romántico, suelen ser seres 
inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas terrenales. 
Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para que se ocupara de 
sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la melodía, dirijan la orquesta 
y toquen todos los instrumentos. A lo peor alguien como Saramago decidía 
abandonar la literatura, abrumado por esos deberes mundanos (no olvidemos que 
hay autores que no soportan ni las giras promocionales), pero mi prima Paqui, 
en cambio, saldría literariamente reforzada, pues es formidable en las 
relaciones públicas y en la promoción personal. 

        Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero 
está en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que queremos 
para el futuro. Con el e-book desaparecerá aproximadamente un 75% del coste 
actual del libro -papel e impresión, distribución, venta minorista y gastos de 
financiación de los invendidos-, de modo que el precio podría abaratarse 
enormemente sin empeorar la calidad y sin poner a la literatura en manos de 
Repsol o de Nokia. La distribución, por otra parte, sería universal y perpetua: 
un libro estaría disponible en Lima y en Tokio, hoy y dentro de 20 años, 
posibilitando así la difusión ilimitada de los autores, simplificando al máximo 
la logística de las editoriales y permitiendo a cualquier lector tener acceso a 
títulos hoy inencontrables. Y técnicas de comunicación digital como la de 
regalar el primer capítulo de una novela, ahora todavía en pañales, podrían 
suponer una nueva revolución en los costes de publicidad y una indiscutible 
garantía para el lector indeciso. ¿Nos parece poco paraíso? 

        No nos engañemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya 
editores ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los 
privilegios de unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que 
transmite. Oclocracia o democracia, that is the question. 

        Luisgé Martín es escritor; su última novela es Las manos cortadas 
(Alfaguara 

         

        --------------------------------------------------- 

         

        Lara Rey Vázquez 

        Resp. Documentación y Proyectos 

        Poligono de Sabón s/n 

        15142-Arteixo (A Coruña) 

        ' +34 981 647010 

        6 +34 981 602354 

        * [email protected] 

        * [email protected] 

         

         


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Los archivos de IWETEL  pueden ser consultados en: 
                http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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                http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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                http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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