Buenos días, Iweteleros. 

Está claro que los editores no desaparecerán del mapa, y mucho menos en
un espacio de tiempo corto. Pero empiezan a crearse formas de colocar un
libro en el mercado (y con éxito) sin la necesidad de uno. Existen
plataformas de venta como Bubok en las que cualquiera puede publicar su
libro, y hay miles de páginas en las que se puede hacer promoción: Yo
soy coordinador de Libros y Literatura, un blog de reseñas y noticias
literarias (http://www.librosyliteratura.es [1]) y decenas de autores me
envían sus manuscritos para que los lea y decida si publicamos una
reseña sobre ellos. Blogs como el mío son muchísimo más democráticos
que los medios tradicionales, ya que no nos mueven intereses económicos y
no pertenecemos a grupos editoriales. La difusión (o no) de una obra sólo
depende de la calidad literaria de la misma, y lo hacemos de forma
gratuita, por lo que los lectores confían en nuestra opinión más que en
la de otros mecanismos que
pronto quedarán obsoletos. 

Y por supuesto hay muchas otras formas de darse a conocer en la red como
autor: Utilizar las redes sociales, crear un blog, una web con contenido
interesante... Seguirán exisitiendo los editores y los libreros, pero
sólo aquellos que demuestren aportar un grado de valor añadido
considerable (Anagrama sobrevivirá, al menos mientras tenga al frente a
alguien como Jorge Herralde), pero muchas editoriales se verán abocadas
al fracaso, porque resultarán menos efectivas que los nuevos sistemas de
difusión.  

http://www.librosyliteratura.es
Libros y Literatura
Iván A.M. Ricarte
Coordinador
[email protected]
653 456 457 

On Tue, 19 Jan 2010 09:43:02 +0100, Lara Rey wrote: 

Hola a todos, buenos dias 

¿Qué opinais de este artículo? 

MUERAN LOS 'HEDITORES'! 

Sufrimos un bombardeo de mensajes que predican, con voz epifánica, que
Internet libera a la cultura de la tiranía de los editores y otros
empresarios. ¿Estamos seguros de que, de ser
así, represente un claro
progreso? 

Aristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que es
el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o,
si se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que
creemos mejores y delegamos en ellos -bajo vigilancia crítica- para que
nos dirijan. En la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos
nada: todos opinamos de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en
cualquier materia y profesión 

En estos días se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la
cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es
_oclocratizarla,_ y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio
social, me parece una amenaza apocalíptica. 

En el artículo de Javier Calvo _Por un libro universal _(EL PAÍS, 24 de
diciembre de 2009) se repetían algunas de esas ideas recurrentes en las
que se predica, con voz epifánica, el advenimiento de una cultura
liberada por fin
de las cadenas de los editores. ¿Pero esas cadenas tan
esclavizadoras son reales? 

A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del año casi 1.000
manuscritos. En España deben de circular durante ese tiempo más de 5.000
originales diferentes. La inmensa mayoría de ellos son impublicables, como
sabe bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor
(gastando dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de
entre todos los granos elige aquellos que tienen más afinidad con su
línea editorial: literatura de autor, _best sellers,_ creación
experimental... Mi biblioteca, como la de cualquier lector curtido, está
llena de libros de las editoriales que publican el tipo de literatura que
me interesa. Es decir, me he aprovechado de la labor y del saber hacer de
sellos como Anagrama, Seix Barral, Alfaguara o Tusquets, y lo he hecho
porque confiaba en el criterio profesional de sus editores. 

Pero los editores, además, editan los libros, si se me
permite decirlo de
un modo tan tautológico. Es decir, les aportan valor añadido: hacen
sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el
estilo... Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos
escrito y aquellos amigos a los que pedimos opinión no son capaces
siempre, aunque lo intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los
editores son los únicos que pueden enfrentarse a la obra con competencia y
desapego a la vez. 

Lo que se nos propone ahora es la desaparición del editor. La extensión
del modelo de edición tradicional al _e-book,_ se nos dice, es
"perjudicial para el autor y el lector". ¿Es beneficioso, entonces, que
en vez de 150 novedades anuales clasificadas por sellos editoriales
definidos haya en la Red 5.000 textos sin depurar? ¿Es beneficioso que
José Saramago y mi prima Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte
contando historias) estén en pie de igualdad? ¿Es beneficioso que los
textos tengan faltas de
ortografía, incoherencias narrativas y
redundancias? Y aún peor: ¿es beneficioso que desaparezcan esos libros
de no ficción que impulsan las propias editoriales, encargándoselos a
autores? ¿Quién se ocupará de traducir una novela a otro idioma, de
adelantar el dinero que supone ese trabajo? 

En la mayoría de los comentarios que predican el nuevo Edén digital se
huele el incienso de la España católica: ganar dinero es malo, es
pecado; el editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de
resultados. 

Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados sólo por llegar
a final de año, por mantener puestos de trabajo y por poder editar libros
arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho
algunas fortunas con la edición: ¿y qué? Pero lo peor es que los mismos
que abominan del _editor mercader_ nos aseguran sin empacho que una de las
soluciones para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el
propio libro. "Cuando una
mañana Gregorio Samsa se despertó de unos
sueños agitados, se encontró en su cama de Ikea convertido en un
monstruoso bicho". ¿Es de eso de lo que hablamos? ¿O de que al cambiar
de capítulo en _Ana Karenina_ salte en la pantalla del _e-book_ un
_banner_ con un anuncio de agencias matrimoniales? No sé si es que me he
hecho demasiado viejo para entender los códigos morales de la
post-postmodernidad -o lo que sea esto-, pero reconozco que me escandaliza
ver el desparpajo con que se mezcla la ética de Fidel Castro con la de
Esperanza Aguirre. Por un lado se sataniza al editor empresario y por otro
se recomienda poner un anuncio de Coca-Cola en mitad de una novela para
defender así la independencia autoral y la libertad del lector. Antes
había "visiones del mundo"; ahora, al parecer, sólo hay ángulos ciegos.


El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al
autor en el nuevo mundo _e-editorial._ Dado que el editor debe
desaparecer, se propone que el
autor se comporte como un empresario de sí
mismo y asuma el desarrollo informático y administrativo, la gestión
comercial y la promoción de sus libros. 

Es decir, que además de escribir bien, a partir de ahora para ser autor
habrá que tener ánimo empresarial, adquirir conocimientos de márketing,
elaborar _banners_ y páginas _web,_ dedicar tiempo a infectar viralmente
la Red con nuestros productos, preparar _performances_ y poseer algo de
dinero para la inversión informática y los viajes promocionales. Los
autores, por tanto, no sólo no cobraríamos, poco o mucho, sino que
pagaríamos para escribir. Todo ello con la esperanza vaga de que se
produjera un retorno de la inversión que nos permitiese al menos comer.
Ese retorno no vendría del pago -barato o caro- de los lectores, que se
considera impertinente, sino de algún tipo de publicidad como los ya
mencionados. 

¿Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en
estas lides? Los autores, sin
llegar al tópico romántico, suelen ser
seres inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas
terrenales. Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para
que se ocupara de sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la
melodía, dirijan la orquesta y toquen todos los instrumentos. A lo peor
alguien como Saramago decidía abandonar la literatura, abrumado por esos
deberes mundanos (no olvidemos que hay autores que no soportan ni las
giras promocionales), pero mi prima Paqui, en cambio, saldría
literariamente reforzada, pues es formidable en las relaciones públicas y
en la promoción personal. 

Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero
está en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que
queremos para el futuro. Con el _e-book_ desaparecerá aproximadamente un
75% del coste actual del libro -papel e impresión, distribución, venta
minorista y gastos de financiación de los invendidos-, de modo
que el
precio podría abaratarse enormemente sin empeorar la calidad y sin poner
a la literatura en manos de Repsol o de Nokia. La distribución, por otra
parte, sería universal y perpetua: un libro estaría disponible en Lima y
en Tokio, hoy y dentro de 20 años, posibilitando así la difusión
ilimitada de los autores, simplificando al máximo la logística de las
editoriales y permitiendo a cualquier lector tener acceso a títulos hoy
inencontrables. Y técnicas de comunicación digital como la de regalar el
primer capítulo de una novela, ahora todavía en pañales, podrían
suponer una nueva revolución en los costes de publicidad y una
indiscutible garantía para el lector indeciso. ¿Nos parece poco
paraíso? 

No nos engañemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya
editores ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los
privilegios de unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que
transmite. Oclocracia o democracia, _that is the
question_. 

_LUISG MARTN__ es escritor; su última novela es Las manos cortadas
(Alfaguara_ 

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LARA REY VZQUEZ 

Resp. Documentación y Proyectos 

Poligono de Sabón s/n 

15142-Arteixo (A Coruña) 

' +34 981 647010 

6 +34 981 602354 

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t�cnica de RedIRIS - Red Acad�mica espa�ola - (http://www.rediris.es)
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