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UN SUE�O EN VIEQUES

La situaci�n de Vieques me ha tenido intranquilo ya hace varios 
meses.  Tengo que admitir que algunas noches he perdido el sue�o 
irremediablemente, cosa que no suelo hacer  con frecuencia. Por lo 
general, busco en la lectura explicaciones o simple asilo y suelo 
encontrarlo. Conozco la historia de Vieques bastante bien y s� que 
desde antes de la conquista espa�ola fue presa codiciada por todos 
los que incursionaban a este lado del Caribe Oriental.  Por los datos 
arqueol�gicos  tambi�n s� que desde dos milenios antes de Cristo, la 
isla Nena- Guayl� Cair�- como se dir�a en taino, fue escenario de 
visitas de afuera que no siempre debieron ser bienvenidas. La 
arqueolog�a no nos dice, sin embargo, el car�cter de estos encuentros 
entre los  boricuas viequenses y los extranjeros que arrivaban a sus 
playas. Pero lo que s� nos consta es que a la llegada de los 
espa�oles a principios del siglo XVI, la isla de Vieques estaba en 
manos de los viequenses. Como sus compatriotas de la Isla Grande del 
Borik�n, eran valerosos y defend�an bien su tierra como dijera de 
ellos el padre Bartolom� de las Casas.  Supe tambi�n que ese valor de 
los viequenses se compon�a de mucha lealtad para sus compatriotas 
borincanos y que ante la invasi�n espa�ola, no dudaron en cumplir con 
su deber.  En el mes de abril del  l5l3 uno de sus dos caciques, 
Cacimar, el bravo,  incursion� en tierras de la Cacica Luisa del 
Aymanio, quien se hab�a aliado a los espa�oles y la castigo 
severamente. Dicen las cr�nicas que el mismo cacique  perdi� su vida 
en aquel combate. Los viequenses hab�an estado tambi�n en los ataques 
a Caparra en el verano de aquel mismo a�o, golpeando en el coraz�n 
mismo de la empresa colonial y con toda probabilidad en muchos otros 
encuentros que la cr�nica invasora catalogaba de ataques caribes.  En 
octubre de l5l3 el castigo a Vieques no se hizo esperar -  el 
teniente de gobernador Crist�bal de Mendoza invadi� la isla nena y 
llevo a cabo una de las matanzas mas sonadas en los tiempos de la 
conquista. All� entreg� la vida defendiendo su isla amada el corajudo 
Cacique Yahureibo. �Terrible castigo sufrieron los viequenses 
ind�genas por su solidaridad y lealtad al Borik�n!  Los que no 
perecieron resistiendo fueron capturados y vendidos en p�blica 
subasta en el viejo San German. Detalles s�rdidos de estos eventos 
est�n en la notoria y poco conocida Probanza de Juan Gonz�lez, de 
l532, que se encuentra en el Archivo de Indias de Sevilla, Audiencia 
de M�xico, legajo 302. Y de la cual, por supuesto, tenemos copia 
paleogr�fica. Desde aquellos tristes a�os hasta el siglo XVIII, 
Vieques permaneci� despoblada oficialmente, si no hici�ramos cuenta  
de los innumerables  y felices casos de refugiados- ind�genas, 
mestizos, africanos, esclavos, presidiarios, perseguidos, 
contrabandistas, piratas y algunos naturalistas y exc�ntricos hombres 
y mujeres que encontraron en su regazo florido y mar�timo un 
verdadero para�so. 

Pero la Isla Nena estaba situada en lugar que incomodaba a las 
autoridades coloniales de Puerto Rico, por su cercan�a, y que tentaba 
a los mercaderes contrabandistas no espa�oles, por ser escala 
favorable a sus intereses.  En el a�o de 1689 se impide un 
poblamiento ingles detectado en la isla y para su remoci�n se deleg� 
la tarea en el cabo principal de la escuadra del Corso de Guipuzcoa, 
don Francisco de Aguirre, un mercenario que ten�a su base de 
operaciones en Santo Domingo.  En l7l8 se volvi� a impedir otra toma 
inglesa de la isla, en esta ocasi�n se movilizaron milicianos 
boricuas voluntarios, reclutados mayormente de la regi�n de Humacao a 
Maunabo. Y en l797 volvemos a ver registrada otra incursi�n contra 
ingleses que amenazaban quedarse con Vieques. Fueron desalojados por 
el capit�n Casimiro Davila y sus tropas criollas. 

Vieques permaneci� como parte de Puerto Rico todos esos siglos m�s 
que por determinaci�n pol�tica de Espa�a, por el sacrificio de sangre 
que los milicianos borincanos regaron para hacerlo posible. Porque 
fue la milicia puertorrique�a y no tropa peninsular la que se 
invirti� en la defensa colonial del archipi�lago. A partir de l842 
Vieques comenz� a transformarse dram�ticamente, de refugio tropical 
en municipio colonial. Con inversi�n de dinero y trabajo la Isla Nena 
ingres� en el mundo azucarero criollo y con sus penas y sus alegr�as 
comenz� a ser puertorrique�a. Pero en 1941-malhaya, el a�o que yo 
nac�- el ojo militar estadounidense la  distingue, junto a Culebras, 
para lo que fue castigo incesante que ya lleva casi sesenta a�os. Los 
norteamericanos se un�an as�  a la hist�rica lista de depredadores 
nefastos, que como las sequ�as y las tormentas, que como las plagas 
de hormigas y las de comejen destruyen todo a su paso en los 
tr�picos.  Y pensando en esta tragedia, me quede dormido hace unas 
noches pero solo para despertar, rayando el alba, con un quisquilloso 
sobresalto y una sonrisa de oreja  a oreja...

So�� que los puertorrique�os, los cuatro millones en la Isla Grande, 
los tres millones en Estados Unidos y los nueve mil en Vieques, nos 
transform�bamos en un mar de peque�os  insectos, casi imperceptibles, 
del tipo que los tainos, y despu�s los j�baros llamaban Niguas, 
(Tunga penetrans: Insecto del orden de los afn�pteros, semejante a la 
pulga, que penetra por la piel de los pies, pone sus huevos y 
ocaciona picaz�n y �lceras perniciosas. Afecta tanto a las personas 
como al ganado".  I�igo Abad y la Sierra describ�a las niguas en l782 
de esta manera: 

" No hay pulga mas universal ni molesta que la de las niguas. En las 
casas, en los campos y por todas partes hierven estos insectos e 
incomodan a los racionales y a las bestias (�) se internan entre las 
medias y zapatos penetran la carne viva, causando una comez�n 
ardiente (...) introducidas en la carne forman una bolsita de tela y 
a las veinticuatro horas ya tienen en ella deposito de huevos para 
criar un hormiguero de niguas�no se sabe en esta isla remedio para 
preservarse de esta plaga terrible." 

Nuestros perspicaces campesinos bautizaron con ese nombre a 
escu�lidos r�os en Arroyo, Luquillo, Cidra, Naguabo y Cayey,  porque 
cuando cog�an agua eran terribles. �Un pueblo de niguas! Qu� tremenda 
postura para la batalla por Vieques. Cada boricua una nigua, para 
picar, para roer, para desesperar, para joder. Un ejercito de niguas 
desatado en cada ciudad estadounidense, en cada calle, en cada base, 
en cada cama, en cada inodoro... Para que se rasquen hasta que se 
rindan. �CADA BORICUA UNA NIGUA! Tunga penetrans. �FRENTE A LA MARINA 
AMERICANA, UNA NIGUA BORINCANA! Con semejante sue�o no se puede 
dormir...
           
Jalil Sued Badillo
Cupey�noviembre 1999


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