Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Escribe Antonio Caballero en Semana:
http://semana.terra.com.co/1034/ZZZN9NK31YC.asp

  Lo barato sale caro Esa guerra la han declarado 14 presidentes
  consecutivos. Y no la ha ganado ninguno 

  Por: Antonio Caballero
  
  
  No es lo mismo declarar la guerra que ganarla. Y no es lo mismo ganar
  la guerra que lograr la paz.
  
  Nuestra memoria colectiva es tan corta que s�lo recordamos los tres
  a�os de frustraciones del ?proceso de paz? de Andr�s Pastrana, y vemos
  su fracaso. Pero se nos han olvidado ya los 47 a�os de proceso de
  guerra que hubo antes, y su fracaso.
  
  Porque Pastrana no es el primer presidente de Colombia que le declara
  la guerra abierta a la subversi�n: lo han hecho todos sus
  predecesores, sin excepci�n, desde Guillermo Le�n Valencia. O aun
  desde antes: la raz�n �ltima de la violencia oficial desatada por el
  gobierno de Mariano Ospina en 1947 la explicaba entonces Laureano
  G�mez con su ?teor�a del basilisco?, seg�n la cual el liberalismo era
  el inmenso cuerpo de un monstruo dirigido por una cabeza diminuta pero
  perversa, que era el comunismo internacional. Teor�a que encajaba
  -�sorpresa?- con la ?doctrina Truman? norteamericana del containment
  que dio la se�al de partida para la Guerra Fr�a: la contenci�n por la
  fuerza de la expansi�n comunista en todo el mundo. As� que nuestra
  guerra local contra la subversi�n la han declarado 13 presidentes
  consecutivos, 14 con Andr�s Pastrana, 18 si contamos a los
  cuatrillizos de la Junta Militar. Y no la ha ganado ninguno. Por el
  contrario: la subversi�n ha crecido en la guerra, y en gran parte
  gracias a la guerra.
  
  Ahora est� de moda entre los pol�ticos, locales o imperiales,
  achacarle la existencia de la subversi�n al negocio del narcotr�fico,
  que la alimenta. Y es verdad que la alimenta -como alimenta tambi�n,
  entre otras 100 cosas, a la contrasubversi�n de las autodefensas
  paramilitares-. Pero no es su causa, ni est� en su origen. �O es que
  alguien cree de verdad que ?Tirofijo? y sus campesinos de Marquetalia
  alzados en armas contra la persecuci�n de los ?p�jaros? del gobierno
  eran pr�speros narcotraficantes cuando el Ej�rcito lleg� all� a
  bombardearles sus marranos y sus gallinas con napalm? Eran entonces 50
  hombres, refugiados en un pedacito de selva.  Hoy son 100 frentes
  repartidos por todo el pa�s. M�s las milicias urbanas. M�s las otras
  guerrillas. No se han multiplicado gracias al narcotr�fico, sino
  gracias a la guerra.
  
  Es de suponer que tambi�n esta vez, como las otras, la receta de
  combatir la subversi�n con represi�n militar tenga el mismo efecto que
  ha tenido en este medio siglo: el fortalecimiento de la subversi�n,
  abonado por el recrudecimiento de la violencia. Y comparto el l�gubre
  pron�stico del candidato presidencial Lucho Garz�n: el gobierno y la
  guerrilla tendr�n que volverse a ver las caras despu�s de otro mill�n
  de muertos.
  
  Pues la receta tiene el defecto de que es equivocada en dos aspectos:
  por insuficiente, y por contraproducente.
  
  Insuficiente: en 50 a�os, mediante el uso casi ininterrumpido de la
  fuerza, tanto legal como extralegal, el Ej�rcito colombiano ha sido
  incapaz de derrotar a la subversi�n.  Ahora nos dicen que est� mejor
  armado y mejor preparado: como nos lo han dicho 20 veces. Y esta vez
  tampoco es veros�mil: hace un mes, cuando el primer amago de ofensiva
  contra la zona de despeje, ese Ej�rcito tan preparado fue incapaz de
  impedir que le volaran el estrat�gico puente sobre el r�o Ariari, que
  era la puerta de entrada de sus tropas al Cagu�n. El candidato
  presidencial Alvaro Uribe propone duplicar el pie de fuerza. Pero para
  que sirviera de algo habr�a al menos que quintuplicarlo. Con los
  costos consiguientes, no s�lo en dinero sino en democracia. Para tener
  un ej�rcito eficaz contra la subversi�n habr�a que renunciar a toda
  inversi�n p�blica distinta del presupuesto militar, abandonar toda
  pretensi�n de respeto a los derechos humanos, y olvidarse hasta de la
  ficci�n de un gobierno civil. Donde manda general no manda presidente.
  
  Y la receta ha sido contraproducente. En estos 50 a�os, cada vez que
  el Ej�rcito ha tenido recursos y rienda suelta, el resultado de sus
  ofensivas contraguerrilleras ha sido el fortalecimiento de la
  guerrilla. Porque la persecuci�n del Estado, de su brazo armado y de
  sus aliados ?oscuros?, ha arrojado a m�s y m�s gente -desplazados,
  hu�rfanos, sobrevivientes del exterminio de la izquierda legal y del
  sindicalismo- en brazos de la subversi�n. Es por eso que las Farc no
  le tienen miedo a la guerra total: saben que a ellas les conviene.
  
  Por otra parte, como dec�a al principio, la victoria en la guerra no
  equivale a la paz.
  
  Porque lo que sucede aqu� es que si la receta es equivocada es porque
  el diagn�stico es equivocado. El Establecimiento colombiano,
  representado por los gobiernos y los gremios, y azuzado por los
  Estados Unidos, cree que la subversi�n es la enfermedad, cuando es
  apenas el s�ntoma de la infecci�n. Y combate el s�ntoma -o dialoga con
  el s�ntoma: otra forma equivocada de la misma receta-, en vez de
  ocuparse de combatir la infecci�n que mina el organismo. Trata la
  fiebre, en vez de intentar curar el c�ncer.
  
  Va a fracasar Pastrana en su ofensiva, como fracas� Valencia en su
  bombardeo de Marquetalia que mat� unos marranos y fracas� Gaviria en
  su bombardeo de la Uribe que mat� s�lo una vaca. Y ese nuevo fracaso
  nos va a costar a todos muchos muertos in�tiles. Pero las cosas s�lo
  cambiar�n cuando el Establecimiento se d� cuenta por fin de que su
  diagn�stico de la enfermedad es err�neo. Y de que en consecuencia su
  receta en apariencia barata no s�lo es in�til sino adem�s car�sima.
  En tanto que la receta en apariencia cara que lleva proponiendo desde
  hace 50 a�os la izquierda exterminada, y la propia guerrilla que se ha
  fortalecido gracias a ese exterminio, sale menos costosa, porque a lo
  mejor funciona. Esa receta es la justicia social.
  
  Cuando compran zapatos o corbatas, los ricos de Colombia parten del
  principio rector de que ?lo barato sale caro?. Deber�an aplicarle el
  mismo esquema al tema de la paz. La guerra cuesta m�s. Y no funciona.

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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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