A LOS DOS BANDOS DEBEMOS HABLARLES CLARAMENTE Respuesta del Señor Presidente de la República José Figueres Ferrer a una carta de doña Berta de Gerli. San José, Costa Rica, Abril de 1971.
Señora doña Berta de Gerli Estimada doña Berta: Me place contestar su carta pública del 25 de marzo, 1971, titulada Relaciones con Rusia, en la cual observa que usted y yo, discrepando tal vez en procedimientos, somos ambos sinceros, y ambos deseamos lo mejor para Costa Rica. Tal vez esa discrepancia se deba en parte a un diferente modo de analizar la situación del mundo en que nos ha tocado vivir. Cada cual razona según su propia trayectoria de estudio y experiencias, y según los datos que tenga a su alcance para juzgar las cosas en un momento determinado. Al enterarme de los puntos de vista suyos, que me parecen comprensibles porque conozco las circunstancias que los motivan, creo a la vez oportuno exponer el análisis que yo me hago del presente cuadro nacional y mundial, donde debo a menudo tomar desde el gobierno decisiones difíciles. Comenzaré por el final. Yo opino que en 1971, y en los años siguientes, convendría establecer un sólo mercado mundial para el comercio. Esto implica una creciente relación de América Latina con el llamado mundo socialista. Digo "llamado", porque el socialismo que yo estudié producto noble del romanticismo decimonono, requiere un alto grado de libertad que no han podido mantener, por varias causas, los países comunistas. Yo soy de la escuela de John Ruskin y de los Fabianos. Desde Bernstein para acá nos llamamos social - demócratas quienes, estudiando lo mejor posible las ciencias económicas a medida que avanzan, tratamos de aplicarlas con un criterio social, respetando la libertad política. En la misma época en que Lenin dio al socialismo el sesgo que ha seguido la revolución soviética, surgieron en dos lugares apartados de la tierra, sin nada en común, dos líderes que establecieron sistemas social - democráticos avanzados para su tiempo : Son Yat-Sen en la gran China, y José Batlé en el pequeño Uruguay. En las últimas cuatro décadas los partidos social - demócratas han puesto a la cabeza del mundo a las naciones escandinavas, y han forjado a Israel. Los más distinguidos líderes social - demócratas son hoy Willy Brandt y Golda Meir. Al opinar que el comercio con todo el mundo es hoy necesario, a pesar de los temores que en muchas personas suscita, creo que no hago otra cosa que marchar con la época. Combatí al comunismo cuando ayudó a poner en peligro en Costa Rica el derecho electoral, y repudio a cualquier régimen como el de Cuba mientras tenga en las cárceles a millares de presos políticos, o trate de imponernos acá la Revolución Cubana por medio del terror. Igualmente repruebo otras formas de tiranía. Pero oponerse a restablecer el mercado único mundial por que andan sueltas en el mundo tantas ideas y tantas fuerzas políticas distintas, y tanta agitación desorientada, sería como suspender el comercio entre países de diferentes credos mientras continúen los disturbios religiosos en Irlanda. Si se aceptan esas premisas, que para muchas personas no es fácil aceptar todavía; varias conclusiones vendrán por añadidura. Por ejemplo, no podemos esperar, dentro del trato internacional, que una de las más importantes naciones del mundo nos compre los productos que necesitamos vender, como los excedentes de café y probablemente los bananos, mientras a la vez le decimos: queremos su dinero, y tal vez sus mercancías, pero no queremos trato con ustedes, ni relaciones internacionales. Esto sería evidentemente paradójico. Quienes, sin pensarlo mucho, esperan que así hablemos a los soviéticos, y que ellos lo acepten, pareciera que los consideran seres angelicales. No sé si ellos agradecerían nuestro inesperado elogio, o si admirarían nuestra sencilla ingenuidad. En el trato usual entre naciones nuestro gobierno tiene que usar otro lenguaje, como expresión veraz de una actitud realista: nosotros queremos venderles a ustedes café, bananos y otros artículos de los cuales vivimos, y a la vez comprarles algunos productos que nos sirvan, como país importador que somos. Se sobreentiende que ese comercio implica una relación internacional normal, con las consideraciones recíprocas acostumbradas, aunque, nuestros dos países se rijan por sistemas políticos y económicos diferentes. Ese el fondo de la cuestión. En la rivalidad mundial que hoy encabezan las dos mayores potencias, nosotros pertenecemos al grupo de Occidente. Queremos para nuestro país el sistema de libertades y de iniciativas privadas que Estados Unidos representa. Hemos sido modestos aliados de Norteamérica desde la Primera Guerra Mundial, y estamos dispuestos a seguir siéndolo. Al negociar con nosotros, los soviéticos saben que comercian con un país occidental, tal como comercian con Estados Unidos y sus grandes amigos de Europa y del resto del mundo. Pero, nosotros creemos en la necesidad de convivir con todos los pueblos y credos, a pesar de las diferencias de ideas y sistemas como convienen hoy moros y cristianos o católicos y protestantes. Creemos en suma, en la necesidad de fomentar la paz mundial. Afortunadamente la Iglesia a que pertenecemos ha iniciado después de cuatro siglos de división la época del ecumenismo. La Unión Soviética ha propuesto después de cincuenta años de revolución, la coexistencia pacífica. Y Estados Unidos ha recomendado, por boca del presidente Nixon, después de veinte años de guerra fría, la negociación en lugar de la confrontación. Comprendo que no es fácil invertir rápidamente el curso de las emociones. Pero tampoco es posible vivir manteniendo prejuicios y odios, sin enmendar rumbos que hoy resultan inconvenientes, aunque fueran ayer acertados. Para los gobiernos, grandes y pequeños, hablar a sus pueblos de paz después de tantos años de predicar la guerra, resulta "impolítico" (copiando la palabra de ciertos oportunistas o caza votos). Para muchas gentes suena como recomendar que se devuelva el Amazonas. Pero hay que hacerlo. Hay que marchar con la historia, o adelante de ella. Uno de los mejores instrumentos de paz es el comercio. A Costa Rica, miembro del bloque de Occidente, ya le ha llegado el comercio con el mundo socialista. Lo comenzaron las compañías bananeras hace varios años, y luego hemos tenido la suerte de vender los excedentes de café de dos cosechas a la Unión Soviética. El 1º, de julio de 1969 (hace ya casi dos años) dijo en su editorial el periódico LA NACIÓN; "La cuestión de si conviene o no establecer relaciones con el socialismo, esto es, con los países comunistas y particularmente con la Unión Soviética, potencia industrial de Oriente, no debe situarse ya, a nuestro juicio, dentro del marco ya superado de los viejos prejuicios ideológicos o políticos, si no sobre realidades de otro género, de mayor vigencia histórica". "Enfocar las cosas desde una perspectiva meramente ideológica y abstenerse de comerciar con los rusos porque no creen en Dios o porque viven dentro de un régimen sin libertad, es hoy día anacrónico. Es anacrónico porque no es por la ideología por donde están atacando los comunistas, sino por otra parte, y, porque desde un punto de vista económico o comercial la tierra es actualmente una sola. Que lo digan si no las grandes democracias occidentales que desde hace largos años mantienen relaciones mercantiles con los países comunistas ". Hasta aquí LA NACIÓN, en 1969. Hace pocos días, el 5 de abril de 1971, el Senado de Estados Unidos aprobó por unanimidad (cosa extraordinaria) una ley destinada a aumentar el comercio norteamericano con los países de la Europa comunista. El senador Mondale hizo ver que los Estados Unidos solamente se castigaban a sí mismos al no tener trato con los países comunistas, puesto que éstos obtienen todo lo que quieren inclusive materiales estratégicos, de otras fuentes. El Eximbank financiará ahora cualquier exportación norteamericana a Europa Oriental. Las empresas bananeras norteamericanas están pidiendo mayor colaboración al gobierno de Costa Rica para aumentar sus exportaciones al mundo soviético. Ofrecen incluso asistencia para instalar cámaras de maduración en la URSS, y toda clase de ayuda. Por supuesto a nuestro país le conviene también sembrar más bananos, si encuentra mercado seguro. Costa Rica tiene congelados este año casi veinte millones de dólares en excedentes de café y ya viene otra cosecha grande. Si no podemos colocarlos en el campo socialista, no sé qué haremos. Todo esto indica la inconveniencia de tener el comercio del mundo dividido en dos bandos, con los compradores de un lado y los vendedores del otro, y la necesidad de llegar a un sólo mercado mundial. Tenemos gran número de consumidores tradicionales en Europa Oriental y, el gusto por el buen café comienza a desarrollares en la grandes ciudades soviéticas. Además, aquello es todo un mundo de industria, ciencia y cultura que para nosotros parece vedado mientras las naciones grandes compiten entre ellas por venderle y comprarle, y por relacionarse mejor. Hasta la China Comunista, más efervescente que Rusia en el mundo revolucionario de hoy, es el blanco de los esfuerzos de acercamiento de los países de Occidente. La General Motors. La Monsanto y la Hércules, han iniciado ya el comercio con China. El Presidente Nixon parece haber llegado a la conclusión de que ya es hora de tomar iniciativas. El senador McGovern, posible candidato demócrata a la presidencia ha hecho un planteamiento radical en este aspecto de la política exterior de Estados Unidos. Sólo para nosotros quedan ya, la división del mercado mundial, el aislamiento "ideológico", el café sin vender y la pobreza permanente. Pensando en la historia reciente, sin embargo, me explico el temor que muestra una parte de nuestro público. Teme que las relaciones con los países comunistas perjudiquen nuestro sistema democrático. No parecen algunos recordar que América Latina nunca necesitó del comunismo para establecer dictaduras, porque en esa materia muchos países latinoamericanos se bastan solos. Guatemala y la República Dominicana no necesitan de misiones soviéticas para sufrir el grado de perturbación que las aflige. Si la solución a esos dilemas fuera fácil, sería fácil gobernar. Como costarricense comprendo lo que cuesta cambiar de actitud, cuando gran parte de la agitación de hoy se debe todavía, aunque sea por impulso en unos y pretexto en otros, a la revolución comunista. Igual le sucede al público de Estados Unidos, ante los esfuerzos de pacificación de su gobierno mientras subsisten los actos de violencia. La revolución comunista nació, como varias otras en la historia, pretendiendo ser universal. Cuesta observar que ya está perdiendo vapor ideológico, aunque algunos se valgan de ella para causar la intranquilidad actual. Como gobernante comprendo que el gobierno aliado de Estados Unidos, donde tengo además tantos amigos personales sienta alguna inquietud por la entrada del comercio ruso a Centroamérica, que había sido campo cerrado para los competidores del bando socialista. Pero, dentro de la sociedad libre norteamericana no puede su gobierno impedir que los grandes intereses privados depriman el precio de nuestro café, ni puede tampoco pedirnos que no vendamos nuestros sobrantes a los únicos mercados que nos quedan. Paradójicamente, estoy seguro de encontrar mejor comprensión en Estados Unidos que en algunos sectores de nuestra propia Centroamérica. Si los norteños no fueran más duchos que nosotros en política mundial y en negocios internacionales, no estarían ellos ricos y nosotros pobres. A nuestros compatriotas centroamericanos les reitero mis garantías de vigilancia y de lealtad al credo democrático, y sólo les pido que observen y esperen. El mundo va dando vueltas. Repito que la revolución ideológica a pesar de que muchos la toman como pretexto para la agitación y el terror está cediendo lugar a una guerra fría entre dos grandes potencias militares y económicas. Mientras esa guerra fría persiste como fenómeno mundial, casi ningún país puede hacerse ilusiones de ser respetado más allá de cierto punto por los servicios secretos de las fuerzas en pugna. La lucha es universal y omnipresente. En medio de ella hay que vivir, como entre todos los riesgos de la vida. Al menos yo soy demasiado sofisticado (perdón don Cristián por este helénico anglicismo) para guardar rencor porque algunos norteamericanos participaran en la invasión de Costa Rica en 1955, contra nuestro régimen democrático, aunque siempre desaprobé la acción. Para defender nuestra democracia me había enfrentado a fuerzas poderosas en un escenario lleno de confusión, y quien se mete a cosas de hombre no debe indignarse porque le devuelvan golpes, aunque vengan de donde menos podrían esperarse. Tampoco me sorprendo ahora, aunque enérgicamente lo desapruebo, porque algunos rusos hayan podido prestarse para el adiestramiento de muchachos mexicanos en Corea del Norte, y no precisamente para ser monjes. La denuncia del gobierno de México lo que revela es que en algunos frentes la guerra fría está unos años más atrasada de lo que algunos creíamos. Pero no hay más remedio que seguir adelante en el esfuerzo de pacificación. No se desmantela un gran aparato bélico en pocos días. Hay muchas actividades repudiables en el mundo de hoy. Pero más repudiable es aún la guerra misma. Un mundo que todavía tolera las guerras aunque sean por no poderlas evitar, no debe ruborizarse cuando se descubre alguna escaramuza. Más importante es el todo que las partes. La pugna entre los servicios secretos de las potencias tiene sus reglas y su idioma propios. Cuando los rusos bajaron el avión espía U - 2 estando el presidente Eisenhower en París, se pensaba nada menos que en una invitación a Moscú. Hubo que suspender aquella visita que tal vez hubiera adelantado la paz no porque los norteamericanos fotografiaran el suelo soviético, lo cual es un arte normal para quien puede ejercerlo en el juego de mutua observación sino porque el Presidente de EE. UU, tuvo el candor de admitir que estaba enterado de los vuelos de espionaje. Conforme a las reglas, debiera haberlo negado para no crearle problemas al premier Khrusibev, quien lo presentaba a sus colegas, creyéndolo o no como amigo de la paz. Durante el escándalo que se armó en las Naciones Unidas, los americanos exhibieron un águila de madera que había servido de adorno en su embajada en Moscú, pendiente de una pared. Al animalito le había nacido por dentro, por un extraño fenómeno evolutivo, un micrófono transmisor. Las reglas de ese juego varían con la época. En 1808, un alto funcionario del imperio austrohúngaro llegó a su aposento y encontró sobre el escritorio una pistola cargada y montada. En aquel tiempo el mensaje significaba simplemente que lo habían pillado dando informes militares a los espías del zar de Rusia. Debía caballerosamente evitarle penas a sus colegas de gobierno, suicidándose. Por supuesto, conocedor del idioma, caballerosamente tiró del gatillo. En toda disputa conviene tener presente el punto de vista del adversario, para no engañarse por la propia pasión. Las actuales generaciones rusas pueden pensar que su 1917 fue la Revolución Francesa para nosotros, y su Lenín fue para ellos lo que Jefferson para los americanos. Los soviéticos deben tener presente, mejor que nosotros, que en tiempos recientes su territorio ha sido invadido muchas veces por los europeos occidentales, y ahora está rodeado de bases militares por los europeos americanos. Napoleón quemó Moscú, y Hitler mató de hambre a Leningrado. Veinte millones de soviéticos murieron en la Segunda Guerra Mundial, defendiendo su suelo invadido. Todo eso lo debe llevar el pueblo ruso en su memoria, vivamente grabado. Los métodos mnemotécnicos de la historia son brutales. No es extraño que los rusos teman que surja un Alejandro americano como algunos occidentales temen que aparezca un saladino de los asiáticos. Quienes conocemos a Estados Unidos y nos sentimos ligados a ellos efectivamente, estamos convencidos de que sus bases militares son defensivas. Han sido la respuesta a los partidos comunistas prosoviéticos del mundo del mundo y son ahora a los adiestramientos de guerrilleros. Pero infortunadamente las modernas cruzadas de Corea y Vietnam del Sur, explicables en el momento que comenzaron, a la postre no han hecho nada por tranquilizar a algunos pueblos que ven en Estados Unidos una simple continuación del colonialismo europeo. Lo curioso es que esto sucede dos siglos después de que, terminada la Guerra de Independencia, las monarquías europeas vieron en Norteamérica un foco infeccioso de revolucionaria efervescencia. Quienes recorrimos Europa después de la Segunda Guerra y vimos la destrucción, y observamos aún hoy resultados tan graves como la absurda situación de Berlín, no tenemos entusiasmo por las guerras de palabras que avivan las emociones y conducen a las guerras de bombas. Quienes oímos decir, en el fragor de la pasión, que el único alemán bueno es un alemán muerto, dos metros bajo la tierra, no podemos creer que los únicos rusos buenos fueron los muertos de Borodino. Escuché hace poco en Heredia la obertura solemne 1812, de Tchaikowski, en la cual a medida que Napoleón retrocede expulsado por los rusos y por la nieve los acordes de la Marsellesa se acortan y desvanecen, mientras que los del himno zarista se alargan y prevalecen. Ojalá que los occidentales de hoy sepamos combinar la fuerza con la razón, de modo que esa música no se repita. Con cierta variante se ha repetido ya, en la marcha de la Revolución Soviética desde 1917 hasta hoy. Gradualmente se desvanece, como sucede siempre en la historia del fervor ideológico por imponer un sistema, y en su lugar recrudece la rivalidad militar y comercial entre Rusia y Estados Unidos. A estas horas el verdadero sentido de la frase ominosa de Kruschev "os enterraremos", puede ser el mismo del estribillo de Catón "delenda est Carthago", o el de los Ejércitos Aliados hacia Alemania "rendición incondicional". Sin embargo, desde la confrontación de octubre de 1962, cuando casi hay guerra atómica y los dos gobiernos se asustaron de verdad, comenzó a atenuarse también la tensión militar. Tal como lo dije en privado a varios amigos norteamericanos, no se empezó entonces a desmantelar simplemente las bases de cohetes de Cuba, sino más bien a desmantelar la guerra fría mundial. Eso mismo opinan ahora los observadores en Estados Unidos, y, curiosamente, lo mismo expresa el expremier Khruschev en sus recién publicadas memorias. El desmantelamiento va despacio y será un proceso largo, por que al buscar ahora la paz cada cual es arrastrado por su propia propaganda. Las emociones creadas se mantienen por las emociones. Algunos fabricantes de armas, y algunos profesionales de las fuerzas armadas y de los servicios secretos, por la guerra. La razón, por el contrario, nunca tiene muchos que la mantengan. ¿Qué debe hacer hoy un país pequeño, perteneciente al mundo que ve atrasarse su desarrollo porque las naciones desarrolladas gastan doscientos mil millones de dólares al año en armamento?. Debe atizar la hoguera de las emociones, y seguir pagando su parte desproporcionada de la cuenta, lo cual requiere poco esfuerzo mental, o ¿debe autoimponerse la disciplina emocional de colaborar juiciosamente en procura de la paz aunque se sienta atraído por el vértigo de la guerra ?. Y cuando grandes intereses privados de países industriales maniobran deliberadamente para bajarnos el precio del trabajo nacional, el café, ¿debemos acaso castigarnos a nosotros mismos no vendiendo café a Rusia por su comunismo, o al África del Sur por su discriminación, o al Asia por su budismo? ¿No tratamos siempre con los nazis que se propusieron dominar el mundo, y que ya tenían escogido para cuando ganaran la guerra según se dijo, al futuro gobernador de Costa Rica? Por otra parte, en qué ayudamos nosotros a los pueblos discriminados con no vender café a sus países, cuando las naciones grandes se deshacen por venderles armamentos? Y si la Unión Soviética no tuviera ninguna otra cosa que hacer, como su parte de la guerra fría, más que alentar la subversión en Costa Rica o en Centroamérica, ¿para qué necesitaría una representación diplomática, cuando tiene aquí sus partidos y sus periódicos y además las representaciones de otros países socialistas, más las vecinas misiones propias en México, en Bogotá, en Lima, y en Caracas? ¿Tienen acaso embajadas rusas Guatemala y la República Dominicana, repito, tan azotadas hoy por la máxima violencia? ¿No cuentan nuestros aliados, los Estados Unidos con buenos servicios de vigilancia para defenderse y ayudarnos a defendernos? Y nosotros, que siempre nos hemos defendido con fuerzas morales, ¿no tenemos buenas autoridades, buena opinión pública democrática, buen clima de repudio a la violencia, buenos navegantes en las tormentas y buen Dios que nos guíe? Lo que debe hacer Costa Rica en esta situación no es perjudicarse más todavía negándose a comerciar con la Unión Soviética y sus aliados, sino tomar precauciones normales, hablar claro, y dar garantías a nuestro aliado mayor, Estados Unidos, de que no seremos usados para ninguna actividad que ponga en peligro su seguridad nacional y la del hemisferio americano. Siempre han tenido ellos puertas abiertas aquí para cooperar con nuestras autoridades en la vigilancia bélica que deseen, y las seguirán teniendo mientras respeten nuestra soberanía y la libertad de pensamiento. A los dos bandos debemos hablarles claro. Queremos seguridad para todos, pero no persecución ideológica ni quemas de libros herejes. Queremos comercio y relaciones normales con todos, pero no subversión ni terrorismo. Respetaremos a los funcionarios extranjeros que con nosotros convivan respetándonos, pero sancionaremos a quienes tomen nuestro territorio como campo de batalla de la guerra fría. Es evidente que muchos de los agitadores que perturban hoy nuestros países son "comunistas" de uno y de otro grupo, o han estado en Cuba o en Moscú. Nadie más inclinado que yo a tratar con rigor a los perturbadores, vengan de donde vinieren. Pero igualmente soy inclinado por mi propia formación y por el cargo que ocupo, a discernir entre verdades parciales y verdades absolutas, y a profundizar en busca de las causas y sus remedios. No conviene nunca confundir causas y efectos. Muchos inadaptados sociales se dicen comunistas, no porque sepan de ideas políticas ni porque sean reformadores, sino porque son simplemente eso: inadaptados. Hasta algunos bandoleros de las montañas de Colombia resultan ahora marxistas o fidelistas, después de treinta años de ser salteadores. Las cárceles del mundo estuvieron siempre llenas de enfermos sociales muchos años antes de que naciera Carlos Marx. Y si Marx resucitara hoy, con el genio que se gastaba, creo que no se ocuparía más que de afeitar a ciertos barbudos. Es peligroso dejarse llevar por ideas preestablecidas y por impulsos emocionales, y quemar brujas y catalogar a los demás en departamentos conforme a frases acuñadas. La batalla de las palabras es uno de los frentes más dañinos de la guerra fría. Cada cual es un santo varón para sí mismo, mientras que los demás pertenecen, según unos al pentágono, la CIA, el petróleo, el sionismo, el imperialismo, el Opus Dei, o a Costa Rica Libre; y según otros a los rojos, la gran conspiración, el comunismo, el marxismo, el oso moscovita, o a Vanguardia Popular. ¡Cuán necesario es ver claro, entre tantos nubarrones de palabras y perjuicios! En resumen: someto una vez más a la consideración del país este punto de vista: Costa Rica seguirá dependiendo en gran parte del café por lo menos diez años más, probablemente un cuarto de siglo. Mi propio deseo es que algún día podamos sustituir este cultivo por otras actividades de mayor rendimiento, salvo que los países ricos adopten una política de precios justiciera, como han hecho con el azúcar. Pero, de momento tenemos grandes sobrantes acumulados que aumentarán en la cosecha 1971 - 1972 y además tenemos desempleo. No hay en el mundo otros nuevos mercados posibles más que los países de ideología política diferente a la nuestra; en grande, el mundo socialista; y en pequeño, el África del Sur. Si alguien encuentra otra salida, que lo diga. Las cantidades que se juegan en estos negocios son enormes para nosotros. En este momento (abril de 1971 están en trato grandes ventas a la Unión Soviética, y otras a Europa Oriental. Un particular puede salir a la calle y gritar: ¡"muera Rusia!, pero cómpreme el café". Pero un gobernante no puede hacer eso, ni puede otro gobernante aceptarlo. O tratamos dentro de las relaciones y consideraciones normales, o no tratarán con nosotros. No nos engañemos. O corremos los riesgos que puede significar nuestra entrada al mercado mundial, como los corren tantos otros países, entre ellos, prácticamente todos los de América del Sur, o nos quedamos sin divisas, aumentamos la desocupación y detenemos el ascenso del nivel de vida nacional. Los compradores tradicionales nos aprietan con el precio. Si además de eso nosotros nos echamos encima una carga que ni los grandes quieren llevar, la carga de imponer al mundo, como condición de trato, el sistema político nuestro, ¿de qué vamos a vivir? Si en vez de cultivar serenamente el amor a la paz, aunque seamos pequeños, seguimos alentando, por impulso o por error, la emoción de la guerra, ¿quién nos lo va a agradecer?. Atentamente, JOSÉ FIGUERES San José, 6 de abril, 1971. _______________________________________________ Blog: http://www.pln.or.cr/blog lista de correos [email protected] Para desinscribirse o cambiar su configuración http://lista.pln.or.cr/listinfo.cgi/lista-pln.or.cr
