Que tal raza: Para todos aquellos que como yo no pudieron salir a pescar
este fin de semana, quiero compartir con ustedes un fragmento más de las
tonterías que escribí precisamente en algunas ocasiones como ésta, que me
tuve que quedar con las ganas de ir a pescar y matar el tiempo de otra
manera.
 
Les adivierto que lo que a continuación anexo está bastante extenso y poco o
nada tiene que ver con la pesca, pues en estas líneas sólo intento mostrar
"mi lado humano" (por así decirlo), por lo tanto, aquel que no quiera leer
pen..tonterías en este momento mejor dele "salir", o como dijo "Catón",
brinquese hasta donde dice FIN..... 
Saludos.
JMMM.
 

MI NUEVO EMPLEO. 

Los años fueron pasando y con ellos comprendí que había sido una buena
decisión aceptar aquel empleo, ya que en todo ese tiempo la presa jamás se
recuperó. La mayoría de mis antiguos compañeros, al igual que yo, se vieron
obligados a emigrar a diferentes lugares, sólo unos cuantos se quedaron
deambulando por sus orillas, pescando de manera furtiva para vender algunos
kilos de pescado ó llevando a pescar de vez en cuando algún turista
despistado que regresaba y subsistir de esa manera. 

 

Fueron más de cinco años los que trabajé en esa empresa en los cuales viví
un poco alejado de mi familia. En ese lapso nació mi tercera y última hija
la cual hasta el día de hoy siempre me recrimina que no estuve con ella en
sus primeros años de vida (mismo reproche que yo hice alguna ocasión) sólo
que los motivos de mi ausencia fueron muy distintos a los que había tenido
mi padre. 

 

Por lo regular regresaba a casa los sábados por la tarde ó noche y salía de
nuevo los lunes en la madrugada, incluso cuando había mucho trabajo eran mi
esposa y mis hijas las que iban a visitarme, pues yo debía permanecer al
pendiente de casi un centenar de personas que ahí trabajaban. 

 

Un día decidí remolcar mi lancha hacia allá pues había llegado a un acuerdo
con cierta persona que vivía en un ejido cercano, para que por un porcentaje
de las ganancias trabajara en ella capturando jaiba por el río con unas
trampas que la empresa nos proporcionaba, bajo la condición de entregar el
producto ahí mismo. En ese tiempo mis nuevos patrones me propusieron que
invirtiera también los dólares que aún tenía ahorrados y comprara otra
lancha más grande para pescar huachinangos y tiburones en alta mar. 

 

Invertí aquel dinero y compré una lancha de fibra de vidrio de 26 pies
equipada con un motor también nuevo de 65 caballos de fuerza, la cual
registré en la capitanía de puertos con el nombre de mi primogénita. A esa
lancha la equipé con una línea de varios cientos de metros de longitud e
igual cantidad de anzuelos para la pesca de esas especies. Así mismo
contraté a dos personas que vivían en una colonia de pescadores cercana
donde habitaban varias familias que habían emigrado desde de un estado del
sur a esta región, porque según ellos decían, la pesca era mejor por estos
rumbos. 

 

Estas personas eran bastante experimentadas en la pesca de alta mar. El
capitán de la embarcación era una persona tranquila pese que continuamente
se drogaba fumando marihuana, porque según  él, de esa manera se daba valor
para permanecer dos días consecutivos en alta mar en la pequeña embarcación,
con la incertidumbre de que en cualquier momento los sorprendiera algún
temporal y los enviara a pique. Según argumentaba, temía que se invirtieran
los papeles y se convirtieran en presas de los tiburones que ellos
capturaban, y aunque siempre le respondí que eso era solo un desvarío
provocado por la misma droga y una forma de justificar su vicio, él
aseguraba que conocía casos de personas que seguramente habían terminado de
esa manera, pues sus cuerpos jamás habían sido recuperados después de
naufragar en el océano.

 

Fueron años en los que viví muy tranquilo en la cuestión económica pero al
parecer de nueva cuenta por la pesca indiscriminada (o la mala suerte que me
perseguía) por largas temporadas el mar se negó a dar buena pesca. Por
desgracia la situación fue empeorando cada vez más y en algunas ocasiones el
producto capturado no alcanzaba a cubrir siquiera los gastos de gasolina y
carnada. 

 

Comenzaron épocas de altibajos tanto en lo personal como a nivel empresa y
viendo el incierto panorama hablé con mis patrones y les dije que deseaba
renunciar para buscar alternativas en algún otro lado. Mi patrón mexicano me
propuso que continuara trabajando con él y con gran optimismo dijo que algo
bueno iba a surgir de todo aquello. Supongo que de alguna forma había
reconocido mi trabajo realizado durante todo ese tiempo y tenía otros planes
en los cuales me había incluido. 

 

A los pocos meses la empresa cerró sus puertas y entonces envié mis dos
lanchas con un conocido a otro lugar para pescar exclusivamente jaibas. Por
mi parte, por instrucciones de mi patrón realicé varios viajes al interior
del país para llevar algunas cargas de camarón y otros productos del mar,
así mismo con su ayuda tramité mi pasaporte y de esa manera hice varios
viajes para llevar algunos embarques de pulpa de jaiba al estado de
Louisiana, de donde era originario mi ahora ex patrón americano. 

 

En esos viajes que hice a la unión americana mi ex patrón me pidió que me
hospedara en su casa y después de insistirme varias veces con bastante pena
acepté. Su casa era verdaderamente una mansión que estaba enclavada en una
extensa área verde a la cual se llegaba a través de un camino pavimentado
que tenía grandes árboles por la orilla, un lugar realmente hermoso en donde
incluso había construido un precioso lago artificial de regular tamaño. 

 

El y toda su familia me trataron como un verdadero huésped. Me llevaron a
conocer los sitios más interesantes de la hermosa ciudad y también tuve
oportunidad de saludar a varios de sus amigos, antiguos conocidos míos a
quienes en diferentes ocasiones había llevado a pescar en la presa en mis
épocas de guía, hacía para ese entonces ya varios años.

 

Todos ellos me trataron también de maravilla y algunos en son de broma y
algo en serio me dijeron que me quedara y me ofrecieron trabajo, lo cual por
supuesto no acepté. 

 

Después de algún tiempo mi nuevo patrón me envió como encargado de una
pequeña sucursal de otra de sus empresas ubicada en una ciudad cercana y de
esa manera continué alejado de mi familia un par de años más.

 

Al no poder atender mis embarcaciones vendí mi lancha “tiburonera” allá
mismo y la otra la recogí. A esa lancha la mantuve como reliquia por algunos
años en mi casa del pueblo con la esperanza de algún día poder usarla, sin
embargo por la gran carga de trabajo y sobre todo porque la presa
prácticamente llegó a secarse jamás tuve la oportunidad de hacerlo. 

 

Mi vida continuó y yo seguí trabajando con la misma dedicación y después de
tres años trabajando en esa ciudad me enviaron como gerente de la sucursal
en la capital del estado. Fue en ese tiempo cuando tuve oportunidad de
regresar de nuevo a aquel hermoso rancho donde había trabajado como peón en
mi juventud, solo que en ésta ocasión iba acompañando a algunos
administradores de otras sucursales ubicadas en diferentes ciudades de la
república, a una reunión meramente de convivencia que teníamos con el
director general y subdirectores de la compañía, la cual también había ido
creciendo y consolidándose con el paso de los años.

 

Al estar de nuevo en ese lugar de manera inevitable llegaron a mi mente los
recuerdos de aquella época tan difícil de mi vida y un cúmulo de
sentimientos encontrados me hicieron reflexionar, pues por una parte sentía
melancolía y por la otra un gran orgullo y satisfacción de lo que había
logrado en la vida a pesar de todas mis limitaciones. Sin embargo aquellos
sitios parecían recordarme también que debía continuar trabajando con la
misma tenacidad y humildad, pero sobre todo tenía que agradecerle por
siempre a Dios, porque sin su ayuda jamás lo hubiera conseguido.

 

Poco tiempo después tuve también la oportunidad de invitar a mi esposa y mis
hijas a visitar aquel ranchito donde había nacido. Mi intención era
mostrarles a detalle los lugares donde había pasado gran parte de mi niñez y
adolescencia, sin embargo no pude hacerlo como hubiera querido por la simple
y sencilla razón de que en esa ocasión los sentimientos del corazón
superaron a la cordura.

 

Al llegar al pequeño ranchito sentí algo similar a lo que había
experimentado la vez anterior, pues al estar ahí se agolparon en mi mente
muchos recuerdos y de nueva cuenta apareció esa mezcla de sentimientos
encontrados, sólo que en ésta ocasión me invadió también una profunda
tristeza la cual al final terminó por doblegar mi orgullo.

 

Aunque la fisonomía del lugar era muy distinta de como la había visto por
última vez debido a que gran parte de la superficie había sido desmontada
para convertirla en pastizales, aún así podía reconocer cada rincón del
terreno. En lo que era la placeta del rancho aún se apreciaban claramente
los cimientos de lo que había sido la casa de la abuela; ahí continuaban
todavía de pie los frondosos mezquites que habían sido mudos testigos de mis
juegos y travesuras; también algunos pequeños árboles frutales que había
sembrado cuando era niño, al igual que yo ahora eran adultos, y muchas cosas
más por el estilo. 

 

Sin embargo lo que más me impactó fue ver en ruinas los jacales donde había
vivido. Al estar frente a ellos y mirarlos en aquellas condiciones sentí de
pronto un nudo en la garganta y mis ojos se empezaron a llenar de lágrimas.
Para que mis invitadas no me vieran llorar caminé por una vereda rumbo al
río, el cual quedaba cerca y al llegar a él me detuve a la orilla de un
barranco y traté de admirar a la lejanía el mismo paisaje como tantas veces
lo había hecho en mi niñez, sin embargo aquello resultó contraproducente,
pues al hacerlo llegaron en cascada más recuerdos los cuales aumentaron la
opresión que sentía en el pecho, y al no poder aguantarme opté mejor por
dejar que las lágrimas corrieran libremente. 

 

Después de unos minutos de desahogo, un poco más tranquilo regresé a donde
estaba mi familia y continuamos con la visita. Desde ese día decidí que si
era imposible regresar a vivir a ese rancho por lo menos trataría de pasar
los últimos años de mi vida en la tranquilidad del pueblo, lo cual pienso
hacer en un futuro tal vez no muy lejano. En la actualidad estoy trabajando
para logar ese objetivo y sólo le pido a Dios, como tantas veces lo hice en
anteriores ocasiones, que por favor me ayude a cumplir otra más de mis
pequeñas, y esta vez quizás últimas metas.

 

El tiempo siguió inexorable su curso y poco después sucedió lo que todos
sabemos algún día ocurrirá pero la mayoría de las veces nos rehusamos a
reconocerlo…enfrentarse a la muerte de algunos de sus seres más queridos. 

 

Cierto día mi padre enfermó de cáncer pulmonar el cual fue detectado en
estado muy avanzado. Al final su organismo le reclamó de esa manera su vicio
de toda la vida por el cigarro y después de varios meses de dolorosa agonía
falleció. Y como dice el refrán que los bienes son para remediar los males,
me miré en la necesidad de vender mi preciada lancha para costear algunos
gastos de su enfermedad y funeral. 

 

Pero aún me faltaba algo más, años después mi madre sufrió una embolia
cerebral de la cual jamás se recuperó y permaneció más de un año en cama,
prácticamente en estado vegetal. Estas etapas fueron bastante duras para la
familia, como dije antes, la agonía de mi padre fue muy dolorosa, sólo
espero que mi madre no haya sufrido igual durante todo ese tiempo, y si
acaso fue así, gracias a Dios un día terminó su sufrimiento y se fue a
descansar con Él.

 

Fue precisamente en esos primeros años del nuevo siglo XXI cuando de manera
inesperada, como en la mitología del Ave Fénix, de entre sus cenizas la
presa resucitó. Aunque aquella inmensidad que conocimos en sus inicios con
el tiempo llegó a ser sólo un pequeño charco cuando estuvo a menos del 10
por ciento de su capacidad, gracias a un temporal de lluvias recuperó su
nivel a casi la mitad y por consecuencia la pesca de lobina se activó
nuevamente.

                                                                 

Cierta ocasión un amigo me invitó a pescar en su lancha y capturamos
excelentes ejemplares. A diferencia de aquella época cuando la presa estaba
recién construida la cantidad de lobinas era menor, pero obviamente por sus
años de antigüedad era mayor la probabilidad de sacar algunas lobinas de
tamaño trofeo.

 

Ahí surgió de nuevo la inquietud de comprar una lancha y meses después
adquirí una pequeña embarcación de aluminio a la cual bauticé con el nombre
de mi primera nieta que para ese entonces ya tenía. 

 

Como en el trabajo había sido ascendido de la gerencia de sucursal a un área
del nuevo corporativo, ahora tenía suficiente tiempo para pescar sin
presiones los fines de semana, lo cual por lo regular hacía en compañía de
mi esposa e hijas, o algunos familiares y amigos cercanos. 

 

Y se comprobó una vez más aquella frase que dice que lo que bien se aprende
no se olvida. La intuición de pescador que había desarrollado en aquellos
años de guía y que tantas satisfacciones me había dado de nueva cuenta salió
a relucir. Mis acompañantes y yo comenzamos a tener excelentes jornadas de
pesca y en infinidad de ocasiones hemos logrado capturar lobinas de gran
tamaño, cuyas fotos y videos de su liberación he presumido con orgullo en
algunos portales de Internet especializados en la pesca deportiva.

 

Con el tiempo cambié mi pequeña lancha de aluminio por una de fibra de
vidrio mejor equipada y un año después cambié esa embarcación por otra mejor
hasta llegar a tener en la actualidad una preciosa lancha último modelo, la
cual espero me acompañe por muchos años. Ahora sólo deseo con ansia que mis
pequeños nietos crezcan un poco más para enseñarles a pescar y disfrutar en
su compañía de este hermoso deporte. 

 

Tal vez ya sea demasiado, sin embargo por enésima vez le pido a Dios que me
conceda vida y salud para hacer realidad este otro sueño, pues al hacer el
recuento de todo lo bueno y malo que me ha acontecido en mis años de
existencia, estoy plenamente convencido que Él es el único que decide y
tiene… ¡la última palabra!    FIN.

 

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Bajas, Cambios y Archivo Historico del Foro http://foro.bass-zone.org/

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