Don Juan,
Verbalizar (y en su caso, escribir) los recuerdos, sentimientos y acciones
es la mejor forma de "revisar a posteriori" nuestra vida que finalmente solo
es una serie finita de eventos que pueden resultar importantes o no a los
demas.
El llevar un DIARIO es comunmente considerado como una "niñería estacional"
propia de adolescentes (muy común de ver en películas gringas), pero en
realidad ese ejercicio tiene un enorme valor porque al dejar plasmados esas
sensaciones, recuerdos, percepciones y/o sentimientos durante un día, varios
o toda la vida, nos permite "analizarnos" cuando los volvemos a leer  y
sucede muy seguido que a veces no nos reconocemos a nosotros mismos y nos
deja pensativos de como hemos cambiado nuestras escalas de valores, metas y
objetivos y en el mejor de los casos a evaluar y reafirmar nuestra vida o
cambiar nuestras acciones dando un golpe de timón buscando esos ideales que
antes nos regían.
Relatar y escribir esos recuerdos nos permite volver a vivirlos (y es muy
cierto aquello de que: Recordar es volver a vivir) y dejamos al mismo tiempo
un testimonio a nuestros lectores (familiares, amigos, conocidos) de lo que
fuimos y porque asi resultamos, y eso es algo que  a sus familiares y
amigos les servira siempre de vinculo aun cuando UD ya no este presente en
sus vidas.
Lo felicito calurosamente por esos testimonios que comparte generosamente
con nosotros, lo admiro por su confianza en descubrir su fuero interno con
la candidez que la amistad da, y le ruego que nunca deje de hacerlo porque
es un excelente ejercicio de autoanalisis que nos brinda a todos sus
lectores en cada uno de sus relatos.
SALUDOS Y MUCHAS GRACIAS...


2010/5/3 Juan Mota <[email protected]>

>  La mera verdad creo a mí me pasó exáctamente lo mismo cuando lo estaba
> escribiendo, pero viéndolo por el lado amable, eso es bueno, pues demuestra
> uno de los rasgos que nos diferencían de otros seres vivos, (incluso entre
> los humanos)....¡LOS SENTIMIENTOS!.
> Saludos cordiales y muchas gracias a todos por sus palabras de aceptación,
> (y también a aquellos que no son partidarios de este tipo de correos pero se
> mantienen callados, je,je,je,je....).
>
> Gracias nuevamente y feliz inicio de semana.
> Juan Manuel Mota.
>
>  ------------------------------
> *De:* Jose Luis Hernandez [mailto:[email protected]]
> *Enviado el:* Lunes, 03 de Mayo de 2010 10:42 a.m.
> *Para:* [email protected]
> *Asunto:* Re: [Mexico Bass Zone] Un fragmento más de mis historias...
>
>   la verdad .... al final hasta lagrimié
>
> y coincido, El es el de la ultima palabra, en TODO
>
> felicidades
>
> José Luis Hernández
>
>
>  ------------------------------
> *De:* Juan Mota <[email protected]>
> *Para:* [email protected]
> *Enviado:* sábado, 1 de mayo, 2010 11:30:29
> *Asunto:* [Mexico Bass Zone] Un fragmento más de mis historias...
>
> *Que tal raza: Para todos aquellos que como yo no pudieron salir a pescar
> este fin de semana, quiero compartir con ustedes un fragmento más de las
> tonterías que escribí precisamente en algunas ocasiones como ésta, que me
> tuve que quedar con las ganas de ir a pescar y matar el tiempo de otra
> manera.*
> **
> *Les adivierto que lo que a continuación anexo está bastante extenso y
> poco o nada tiene que ver con la pesca, pues en estas líneas sólo intento
> mostrar "mi lado humano" (por así decirlo), por lo tanto, aquel que no
> quiera leer pen..tonterías en este momento mejor dele "salir", o como dijo
> "Catón", brinquese hasta donde dice FIN..... *
> *Saludos.*
> *JMMM*.
>
> **
>
> *MI NUEVO EMPLEO.*
>
> Los años fueron pasando y con ellos comprendí que había sido una buena
> decisión aceptar aquel empleo, ya que en todo ese tiempo la presa jamás se
> recuperó. La mayoría de mis antiguos compañeros, al igual que yo, se vieron
> obligados a emigrar a diferentes lugares, sólo unos cuantos se quedaron
> deambulando por sus orillas, pescando de manera furtiva para vender algunos
> kilos de pescado ó llevando a pescar de vez en cuando algún turista
> despistado que regresaba y subsistir de esa manera.
>
>
>
> Fueron más de cinco años los que trabajé en esa empresa en los cuales viví
> un poco alejado de mi familia. En ese lapso nació mi tercera y última hija
> la cual hasta el día de hoy siempre me recrimina que no estuve con ella en
> sus primeros años de vida (mismo reproche que yo hice alguna ocasión) sólo
> que los motivos de mi ausencia fueron muy distintos a los que había tenido
> mi padre.
>
>
>
> Por lo regular regresaba a casa los sábados por la tarde ó noche y salía de
> nuevo los lunes en la madrugada, incluso cuando había mucho trabajo eran mi
> esposa y mis hijas las que iban a visitarme, pues yo debía permanecer al
> pendiente de casi un centenar de personas que ahí trabajaban.
>
>
>
> Un día decidí remolcar mi lancha hacia allá pues había llegado a un acuerdo
> con cierta persona que vivía en un ejido cercano, para que por un porcentaje
> de las ganancias trabajara en ella capturando jaiba por el río con unas
> trampas que la empresa nos proporcionaba, bajo la condición de entregar el
> producto ahí mismo. En ese tiempo mis nuevos patrones me propusieron que
> invirtiera también los dólares que aún tenía ahorrados y comprara otra
> lancha más grande para pescar huachinangos y tiburones en alta mar.
>
>
>
> Invertí aquel dinero y compré una lancha de fibra de vidrio de 26 pies
> equipada con un motor también nuevo de 65 caballos de fuerza, la cual
> registré en la capitanía de puertos con el nombre de mi primogénita. A esa
> lancha la equipé con una línea de varios cientos de metros de longitud e
> igual cantidad de anzuelos para la pesca de esas especies. Así mismo
> contraté a dos personas que vivían en una colonia de pescadores cercana
> donde habitaban varias familias que habían emigrado desde de un estado del
> sur a esta región, porque según ellos decían, la pesca era mejor por estos
> rumbos.
>
>
>
> Estas personas eran bastante experimentadas en la pesca de alta mar. El
> capitán de la embarcación era una persona tranquila pese que continuamente
> se drogaba fumando marihuana, porque según  él, de esa manera se daba
> valor para permanecer dos días consecutivos en alta mar en la pequeña
> embarcación, con la incertidumbre de que en cualquier momento los
> sorprendiera algún temporal y los enviara a pique. Según argumentaba, temía
> que se invirtieran los papeles y se convirtieran en presas de los tiburones
> que ellos capturaban, y aunque siempre le respondí que eso era solo un
> desvarío provocado por la misma droga y una forma de justificar su vicio, él
> aseguraba que conocía casos de personas que seguramente habían terminado de
> esa manera, pues sus cuerpos jamás habían sido recuperados después de
> naufragar en el océano.
>
>
>
> Fueron años en los que viví muy tranquilo en la cuestión económica pero al
> parecer de nueva cuenta por la pesca indiscriminada (o la mala suerte que me
> perseguía) por largas temporadas el mar se negó a dar buena pesca. Por
> desgracia la situación fue empeorando cada vez más y en algunas ocasiones el
> producto capturado no alcanzaba a cubrir siquiera los gastos de gasolina y
> carnada.
>
>
>
> Comenzaron épocas de altibajos tanto en lo personal como a nivel empresa y
> viendo el incierto panorama hablé con mis patrones y les dije que deseaba
> renunciar para buscar alternativas en algún otro lado. Mi patrón mexicano me
> propuso que continuara trabajando con él y con gran optimismo dijo que algo
> bueno iba a surgir de todo aquello. Supongo que de alguna forma había
> reconocido mi trabajo realizado durante todo ese tiempo y tenía otros planes
> en los cuales me había incluido.
>
>
>
> A los pocos meses la empresa cerró sus puertas y entonces envié mis dos
> lanchas con un conocido a otro lugar para pescar exclusivamente jaibas. Por
> mi parte, por instrucciones de mi patrón realicé varios viajes al interior
> del país para llevar algunas cargas de camarón y otros productos del mar,
> así mismo con su ayuda tramité mi pasaporte y de esa manera hice varios
> viajes para llevar algunos embarques de pulpa de jaiba al estado de
> Louisiana, de donde era originario mi ahora ex patrón americano.
>
>
>
> En esos viajes que hice a la unión americana mi ex patrón me pidió que me
> hospedara en su casa y después de insistirme varias veces con bastante pena
> acepté. Su casa era verdaderamente una mansión que estaba enclavada en una
> extensa área verde a la cual se llegaba a través de un camino pavimentado
> que tenía grandes árboles por la orilla, un lugar realmente hermoso en
> donde incluso había construido un precioso lago artificial de regular
> tamaño.
>
>
>
> El y toda su familia me trataron como un verdadero huésped. Me llevaron a
> conocer los sitios más interesantes de la hermosa ciudad y también tuve
> oportunidad de saludar a varios de sus amigos, antiguos conocidos míos a
> quienes en diferentes ocasiones había llevado a pescar en la presa en mis
> épocas de guía, hacía para ese entonces ya varios años.
>
>
>
> Todos ellos me trataron también de maravilla y algunos en son de broma y
> algo en serio me dijeron que me quedara y me ofrecieron trabajo, lo cual por
> supuesto no acepté.
>
>
>
> Después de algún tiempo mi nuevo patrón me envió como encargado de una
> pequeña sucursal de otra de sus empresas ubicada en una ciudad cercana y de
> esa manera continué alejado de mi familia un par de años más.
>
>
>
> Al no poder atender mis embarcaciones vendí mi lancha “tiburonera” allá
> mismo y la otra la recogí. A esa lancha la mantuve como reliquia por algunos
> años en mi casa del pueblo con la esperanza de algún día poder usarla, sin
> embargo por la gran carga de trabajo y sobre todo porque la presa
> prácticamente llegó a secarse jamás tuve la oportunidad de hacerlo.
>
>
>
> Mi vida continuó y yo seguí trabajando con la misma dedicación y después de
> tres años trabajando en esa ciudad me enviaron como gerente de la sucursal
> en la capital del estado. Fue en ese tiempo cuando tuve oportunidad de
> regresar de nuevo a aquel hermoso rancho donde había trabajado como peón en
> mi juventud, solo que en ésta ocasión iba acompañando a algunos
> administradores de otras sucursales ubicadas en diferentes ciudades de la
> república, a una reunión meramente de convivencia que teníamos con el
> director general y subdirectores de la compañía, la cual también había ido
> creciendo y consolidándose con el paso de los años.
>
>
>
> Al estar de nuevo en ese lugar de manera inevitable llegaron a mi mente los
> recuerdos de aquella época tan difícil de mi vida y un cúmulo de
> sentimientos encontrados me hicieron reflexionar, pues por una parte sentía
> melancolía y por la otra un gran orgullo y satisfacción de lo que había
> logrado en la vida a pesar de todas mis limitaciones. Sin embargo aquellos
> sitios parecían recordarme también que debía continuar trabajando con la
> misma tenacidad y humildad, pero sobre todo tenía que agradecerle por
> siempre a Dios, porque sin su ayuda jamás lo hubiera conseguido.
>
>
>
> Poco tiempo después tuve también la oportunidad de invitar a mi esposa y
> mis hijas a visitar aquel ranchito donde había nacido. Mi intención era
> mostrarles a detalle los lugares donde había pasado gran parte de mi niñez y
> adolescencia, sin embargo no pude hacerlo como hubiera querido por la simple
> y sencilla razón de que en esa ocasión los sentimientos del corazón
> superaron a la cordura.
>
>
>
> Al llegar al pequeño ranchito sentí algo similar a lo que había
> experimentado la vez anterior, pues al estar ahí se agolparon en mi mente
> muchos recuerdos y de nueva cuenta apareció esa mezcla de sentimientos
> encontrados, sólo que en ésta ocasión me invadió también una profunda
> tristeza la cual al final terminó por doblegar mi orgullo.
>
>
>
> Aunque la fisonomía del lugar era muy distinta de como la había visto por
> última vez debido a que gran parte de la superficie había sido desmontada
> para convertirla en pastizales, aún así podía reconocer cada rincón del
> terreno. En lo que era la placeta del rancho aún se apreciaban claramente
> los cimientos de lo que había sido la casa de la abuela; ahí continuaban
> todavía de pie los frondosos mezquites que habían sido mudos testigos de mis
> juegos y travesuras; también algunos pequeños árboles frutales que había
> sembrado cuando era niño, al igual que yo ahora eran adultos, y muchas cosas
> más por el estilo.
>
>
>
> Sin embargo lo que más me impactó fue ver en ruinas los jacales donde había
> vivido. Al estar frente a ellos y mirarlos en aquellas condiciones sentí de
> pronto un nudo en la garganta y mis ojos se empezaron a llenar de lágrimas.
> Para que mis invitadas no me vieran llorar caminé por una vereda rumbo al
> río, el cual quedaba cerca y al llegar a él me detuve a la orilla de un
> barranco y traté de admirar a la lejanía el mismo paisaje como tantas veces
> lo había hecho en mi niñez, sin embargo aquello resultó contraproducente,
> pues al hacerlo llegaron en cascada más recuerdos los cuales aumentaron la
> opresión que sentía en el pecho, y al no poder aguantarme opté mejor por
> dejar que las lágrimas corrieran libremente.
>
>
>
> Después de unos minutos de desahogo, un poco más tranquilo regresé a donde
> estaba mi familia y continuamos con la visita. Desde ese día decidí que si
> era imposible regresar a vivir a ese rancho por lo menos trataría de pasar
> los últimos años de mi vida en la tranquilidad del pueblo, lo cual pienso
> hacer en un futuro tal vez no muy lejano. En la actualidad estoy trabajando
> para logar ese objetivo y sólo le pido a Dios, como tantas veces lo hice en
> anteriores ocasiones, que por favor me ayude a cumplir otra más de mis
> pequeñas, y esta vez quizás últimas metas.
>
>
>
> El tiempo siguió inexorable su curso y poco después sucedió lo que todos
> sabemos algún día ocurrirá pero la mayoría de las veces nos rehusamos a
> reconocerlo…enfrentarse a la muerte de algunos de sus seres más queridos.
>
>
>
> Cierto día mi padre enfermó de cáncer pulmonar el cual fue detectado en
> estado muy avanzado. Al final su organismo le reclamó de esa manera su vicio
> de toda la vida por el cigarro y después de varios meses de dolorosa agonía
> falleció. Y como dice el refrán que los bienes son para remediar los males,
> me miré en la necesidad de vender mi preciada lancha para costear algunos
> gastos de su enfermedad y funeral.
>
>
>
> Pero aún me faltaba algo más, años después mi madre sufrió una embolia
> cerebral de la cual jamás se recuperó y permaneció más de un año en cama,
> prácticamente en estado vegetal. Estas etapas fueron bastante duras para la
> familia, como dije antes, la agonía de mi padre fue muy dolorosa, sólo
> espero que mi madre no haya sufrido igual durante todo ese tiempo, y si
> acaso fue así, gracias a Dios un día terminó su sufrimiento y se fue a
> descansar con Él.
>
>
>
> Fue precisamente en esos primeros años del nuevo siglo XXI cuando de manera
> inesperada, como en la mitología del Ave Fénix, de entre sus cenizas la
> presa resucitó. Aunque aquella inmensidad que conocimos en sus inicios con
> el tiempo llegó a ser sólo un pequeño charco cuando estuvo a menos del 10
> por ciento de su capacidad, gracias a un temporal de lluvias recuperó su
> nivel a casi la mitad y por consecuencia la pesca de lobina se activó
> nuevamente.
>
>
>
> Cierta ocasión un amigo me invitó a pescar en su lancha y capturamos
> excelentes ejemplares. A diferencia de aquella época cuando la presa estaba
> recién construida la cantidad de lobinas era menor, pero obviamente por sus
> años de antigüedad era mayor la probabilidad de sacar algunas lobinas de
> tamaño trofeo.
>
>
>
> Ahí surgió de nuevo la inquietud de comprar una lancha y meses después
> adquirí una pequeña embarcación de aluminio a la cual bauticé con el nombre
> de mi primera nieta que para ese entonces ya tenía.
>
>
>
> Como en el trabajo había sido ascendido de la gerencia de sucursal a un
> área del nuevo corporativo, ahora tenía suficiente tiempo para pescar sin
> presiones los fines de semana, lo cual por lo regular hacía en compañía de
> mi esposa e hijas, o algunos familiares y amigos cercanos.
>
>
>
> Y se comprobó una vez más aquella frase que dice que lo que bien se aprende
> no se olvida. La intuición de pescador que había desarrollado en aquellos
> años de guía y que tantas satisfacciones me había dado de nueva cuenta salió
> a relucir. Mis acompañantes y yo comenzamos a tener excelentes jornadas de
> pesca y en infinidad de ocasiones hemos logrado capturar lobinas de gran
> tamaño, cuyas fotos y videos de su liberación he presumido con orgullo en
> algunos portales de Internet especializados en la pesca deportiva.
>
>
>
> Con el tiempo cambié mi pequeña lancha de aluminio por una de fibra de
> vidrio mejor equipada y un año después cambié esa embarcación por otra mejor
> hasta llegar a tener en la actualidad una preciosa lancha último modelo, la
> cual espero me acompañe por muchos años. Ahora sólo deseo con ansia que mis
> pequeños nietos crezcan un poco más para enseñarles a pescar y disfrutar en
> su compañía de este hermoso deporte.
>
>
>
> Tal vez ya sea demasiado, sin embargo por enésima vez le pido a Dios que me
> conceda vida y salud para hacer realidad este otro sueño, pues al hacer el
> recuento de todo lo bueno y malo que me ha acontecido en mis años de
> existencia, estoy plenamente convencido que Él es el único que decide y
> tiene… ¡la última palabra!    FIN.
>
>
>
>
>
> ----------------------------------------------------
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>



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CARPE DIEM
Jose M. "Bacho" Trevino
(81) 1255- 8655
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