Saludos a todos.
En primer lugar, comentar� algo sobre la batallona cuesti�n del nombre
de la lengua cervantina.
La ling��stica no es una actividad pol�tica, y la verdad ling��stica es
radicalmente diferente de la conveniencia o el inter�s pol�ticos. Son
realidades de �mbito muy diferente. Pero, y aqu� viene lo delicado, son
realidades conectadas.
Para empezar, la lengua es un hecho pol�tico (entre otras cosas). La
ling��stica, actividad no directamente pol�tica, estudia la lengua,
actividad que s� es directamente pol�tica.
En castellano, expresiones como "eres m�s taca�o que un jud�o" o "cuando
llueve y hace sol, sale el arco del se�or; cuando llueve y hace fr�o, sale
el arco del jud�o" indican una tradicional pol�tica antisemita en mucha
gente de lengua castellana. Entonces, a veces nos preguntan a los
ling�istas: �Es conveniente eliminar estas expresiones del castellano?
Respondemos que son perfectamente funcionales, que se entienden claramente.
No hay "disfunci�n ling��stica" alguna con ellas. El signo ling��stico es
convencional, y la convenci�n antisemita es indudablemente eficaz en
numerosas palabras y expresiones del castellano. Es obvio que no se usan
esas convenciones en el sefard�, tambi�n una forma del castellano. La
ling��stica, pues, no aconseja eliminar ni mantener esos tradicionales
castellanismos antisemitas. Posiblemente esto encolerizar� a los sionistas
que presionan a la Real Academia y llenar� de alegr�a a Ben Laden, pero no
es culpa nuestra, no es culpa la investigaci�n experimental hacia verdades
objetivas provisionales que hacemos los llamados ling�istas.
Lo mismo con el "castellano" o con el "espa�ol". La ling��stica no se
decanta ni puede decantarse por ninguna de ambas alternativas. Lo mismo con
el "catal�n" o con el "balcavar�s". Lo mismo sobre usar los top�nimos y
antrop�nimos con forma original o con forma castellanizada.
Esto ya nos atrae la acusaci�n de "se�oritos que no se pringan desde sus
c�modos sillones". Al margen de que la ling��stica no es generalmente una
profesi�n hemosamente remunerada que d� para sentarse en sillones c�modos de
caoba, hay m�s cosas.
El gallego, por ejemplo, se habla en Espa�a. Y en Portugal tambi�n,
donde se escribe con ortograf�a distinta. Si se nos exige a los ling�istas
la afirmaci�n de que "el gallego no se habla en el norte de Portugal", ser�
como si se exige a los ge�logos la afirmaci�n de que el carb�n asturiano es
muy f�cil y barato de extraer. Hay verdades cient�ficas objetivas bastante
inc�modas. El gallego se habla en el norte de Portugal; no se pliega a la
frontera estatal, como no se pliega el catal�n ni se pliegan las lenguas
vascuences.
Luego, los fen�menos de protesta por la introducci�n de lenguas
oficiales con exclusi�n de otras lenguas territoriales existen en casi todas
partes. Las famosas "paz francesa" y "paz italiana" en temas ling��sticos
combinan censura y presi�n tradicionales en estos temas con choques
pol�ticos desde siempre; v�anse el secesionismo ling��stico en la Padania y
la actitud de la juventud corsa. Toda uniformizaci�n ling��stica en
territorios extensos se ha hecho y se sigue haciendo de modo autoritario,
marginando lenguas y culturas. Los medios de comunicaci�n franceses e
italianos no lo andan diciendo todo el d�a, desde luego.
Pero, adem�s, dif�cilmente puede hacerse de otra manera. Me explico. La
ley del m�nimo esfuerzo es la primera ley que se explica al estudiante de
verdadera ling��stica (la filolog�a es otra cosa). Toda el habla real est�
bajo esa ley causal, igual que toda la vida biol�gica est� bajo la ley de la
adaptaci�n pasiva y activa al ecosistema del ser vivo.
Vayamos, por ejemplo, a la pretensi�n de acabar con la diglosia
gallego/castellano introduciendo una triglosia gallego/castellano/ingl�s, o
simplemente sustituyendo el castellano por el ingl�s (o por el esperanto).
Quiz�s la naturaleza humana cambie mucho en el futuro, pero si se parece a
lo que ha sido hasta ahora, entonces el individuo no ser� biling�e. El
porcentaje de individuos que saben a fondo dos lenguas o m�s es menor del
uno por ciento en todo el mundo. Los gallegos de Espa�a no son biling�es,
son digl�ticos (y muchos de ellos simplemente monoling�es). El castellano
suplanta de ordinario al gallego en Galicia, con fen�menos sectoriales de
suplantaci�n inversa. Entonces, la sustituci�n del castellano por el ingl�s
actuar�a tan fuertemente contra la ley del m�nimo esfuerzo en la Galicia
espa�ola que resulta muy improbable. La adici�n del ingl�s como lengua
terciaria en Galicia s� es real, y erosiona a las dos lenguas habituales de
esa zona.
No hay ning�n indicio de un reemplazo masivo de lenguas rom�nicas por el
ingl�s en Europa. Puede ocurrir en el futuro. Pero, si ocurre, es casi
seguro que ese reemplazo no atacar� �nicamente a las lenguas oficiales muy
extendidas, como el rumano o el castellano. Porque tambi�n har� superfluas
las dem�s variantes rom�nicas, como el alguer�s, el corso o el romanche. El
contacto estrecho entre gallego e ingl�s en Galicia tiene todas las
perspectivas de ser beneficios�simo para el ingl�s y de hundir al gallego. Y
lo mismo pasar�a con cualquier otra lengua �tnica o planificada que
coexistiese (y compitiese) con el gallego en Galicia para usos extralocales.
Las lenguas no conviven arm�nicamente, sino que se absorben o fusionan. El
individuo medio se niega a ser biling�e, pues no est� dispuesto al enorme
esfuerzo del biling�ismo. As� que tiende a usar la lengua m�s �til, o sea la
m�s extendida. Puede adaptarla a sus necesidades, y de ah� cosas como el
ingl�s de la India o como el europanto. Pero no aprender� dos lenguas a
fondo, romanticismos aparte de la minor�a con capacidad y afici�n para ello.
Puede ocurrir lo contrario. El franc�s, o el gallego, o el brasile�o,
pueden desbancar al ingl�s y al castellano. El futuro est� abierto. Pero lo
de la "armon�a ling��stica en el biling�ismo generalizado" suena tan
antiemp�rico y tan improbable como encontrar una lengua �tnica donde las
palabras de m�s uso sean el doble de largas que las dem�s.
Cuando no se fuerza a un hablante de una lengua a aprender otra, no la
aprende. Y, por tanto, resulta imposible que una lengua se haga vehicular en
un extenso territorio a base de amables sugerencias. Puede, pues,
renunciarse a imponerla y s�lo expandirla por la persuasi�n. Hasta aqu�,
ning�n gobierno de un pa�s multiling�e ha practicado tal amabilidad, a menos
que las circunstancias hagan muy contraproducente la ausencia de esa
amabilidad para la persistencia de tal gobierno.
A menudo, los recelos a "la pol�tica" esconden simplemente el deseo de
ocultar ciertos hechos de gran trascendencia pol�tica, aunque no pol�ticos
en s� mismos. Los descubrimientos de la ling��stica abundan en hechos de
este tipo. La reacci�n habitual es "matar al mensajero", con ataques
personales m�s o menos velados, o con el ostracismo cuando la situaci�n no
lo permite. Ling�istas y sicoanalistas compartimos habitualmente un fuerte
escepticismo sobre la sinceridad y el amor a la verdad del ser humano. Freud
sac� a la luz el componente sexual premoral del ser humano, y se carg�
contra �l, o se "super� su vulgar pansexualismo", presentando "nuevas y m�s
objetivas teor�as" que pon�an el impulso sexual al nivel del inter�s por dar
paseos. El laboratorio y la observaci�n de campo, naturalmente, dicen lo
contrario. La ling��stica dice que los individuos se niegan persistente y
constantemente a ser biling�es, por mucha presi�n y muchos incentivos que
intenten inducirlos a ello.
Entonces, la ling��stica experimental quita base a los intentos de
establecer un biling�ismo generalizado. Se dir�, l�gicamente, que los
ling�istas exageran, que es perfectamente posible el ingl�s en casa de todos
y cada uno en la suya. De nuevo el laboratorio y la observaci�n de campo
dir�n lo contrario. O se jugar� con la imprecisi�n del t�rmino
"biling�ismo", intentando emborronar que esa palabra significa
preponderantemente "buen conocimiento de dos lenguas". Y, en ese sentido, no
hay ni un uno por ciento de biling�es en el mundo.
As� que pretender que "la ling��stica vaya por su camino sin interferir
en la pol�tica" es sencillamente imposible.
Yo no estoy particularmente interesado, en esta lista, por asuntos de
ling��stica muy alejados de las auxilenguas. Pero, si surgen, estimo justo
que se puedan exponer aqu� los hechos ling��sticos relacionados, por muy
pol�micos que resulten.
Hasta otra, de Alexandre Xavier Casanova Domingo.
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